Muhammad X el Chiquito

Datos biográficos

Sultán nazarí: 1453-54/55
Sobrenombre: al Sagir
Fallecimiento: 1455
Predecesor: Muhammad IX
Sucesor: Abu Nasr Sa´d

Biografía

Sultán nazarí 1453-54/55. Muhammad X: Abu Abd Allah Muhammad b. Muhammad b. Yusuf b. Muhammad b. Yusuf b. Isamil b. Faray b. Ismail b. Yusuf b. Muhammad b. Ahmad b. Muhammad b. Jamis b. Nasr b. Ways al Jazrayi al Ansari, al sagir (el Chiquito). Emir de al Andalus, decimonoveno sultán de la dinastía de los nazaríes de Granada, precedido por Muhammad IX y sucedido por Sa´d.

Nació en Granada en una fecha situada entre finales de 1427 y 1430, pues su padre, Muhammad VIII el Pequeño (1417-1419 y 1427-1430), estuvo preso en Salobreña desde que tenía unos nueve años hasta enero de 1427 y volvió a ser recluido en marzo de 1430. Durante ese mismo periodo nacería un hermano del biografiado que, junto con él, son los hijos de Muhammad VIII el Pequeño que el emir Muhammad IX al Aysar (1419-1427, 1430-1431, 1432-1445 y 1447-1453) se llevó a Almería como rehenes en 1431-1432, cuando fue derrocado por Yusuf IV al-Mawl (1432).

Nieto de Yusuf III y tataranieto del gran Muhammad V (1354-1359 y 1362-1391), recibió el apelativo de al Sagir. el Pequeño, probablemente para distinguirlo de su homónimo y coetáneo de mayor edad Muhammad IX, aunque alguna fuentes cristianas señalan que era para distinguirlo de Ismail IV (1462-1463). El apelativo fue adoptado por las fuente cristianas traduciéndolo como el Chico o el Chequillo, denominaciones que volverían aplicarse decenios después a Muhammad XI Boabdil.

Las primeras noticias directas sobre su vida coinciden con el inicio de su actividad política, que tuvo lugar en el cuarto emirato de Muhammad XI al Aysar (1447-1453). Las fuentes árabes nazaríes de la época coinciden consideran que este príncipe victorioso fue un don de Dios a dicho Emir, que tomó la sabia decisión de designar heredero a su sobrino tercero Muhamamd (X) al Sagir o el Chiquito, que por entonces apenas alcanzaba los veinte años de edad. La elección se fundamentaba en sólidos argumentos y tuvo excelentes consecuencias: El Emir no tenía hijo varón que pudiera reclamar el trono, el Chiquito era hijo de Muhammad VIII (que había sido ejecutado en 1431 por al Aysar) y por esto se producía la reconciliación y se conseguía el apoyo de la oposición legitimista partidaria del Pequeño y hasta entonces constante amenaza del poder de al Aysar.

Para sellar la alianza y consolidar los vínculos, Muhammad X contrajo matrimonio con una de las hijas del sultán al Aysar, Umm al-Fath. Igualmente importante fue que asumió en mando del ejército. No obstante, en contra de lo que señalan las fuentes cristianas que lo llaman rey al mismo tiempo que a Muhammad XI, no pudo ser proclamado sultán hasta la muerte del Emir oficial, si bien ejerció muchas de sus funciones por delegación, dada la avanzada edad de al Aysar, de cuya absoluta confianza gozaba. De hecho, el papel de Muhammad X en este periodo fue fundamental para el fortalecimiento del poder central andalusí, la estabilidad política del trono y la consecución de objetivos y triunfos militares.

Como jefe del ejército, dirigió numerosas incursiones en territorio castellano que obtuvieron abundante botín y esclavos a lo largo de 1447 y, tras el rechazo nazarí de solicitud de treguas por Castilla, sumida en divisiones internas, prosiguió su intensa actividad militar durante 1448 y 1449. El ejército nazarí efectuó una serie de campañas victoriosas por toda la frontera, desde Murcia (Hellín) a la zona occidental (Utrera), pasando por la septentrional (Jaén, Baena) y Antequera; además de debilitar al enemigo mediante la destrucción de campos y aldeas, obtuvo una gran cantidad de botín, ganado y esclavos.

Muhammad X realizó otra intervención importante entre mayo y junio de 1450, cuando Juan II, incapaz de detener militar y diplomáticamente las campañas andalusíes, envió una vez más a un pretendiente refugiado en la Corte castellana, Ismail III, para provocar divisiones internas y ocupar el trono nazarí. La reacción de al Aysarcontó con el apoyo del Chiquito y acabó con la sublevación del aspirante, que se había apoderado de Málaga y otras localidades de la región.

A partir de entonces y mientras al Aysar seguía gobernando desde la Alhambra, Muhammad X, ya como gobernador de Almería —cuya alcaidía solían ocupar los príncipes herederos nazaríes en la cuarta etapa nazarí—, desarrolló una nueva serie de campañas militares que también fueron exitosas; desde su posición en la parte oriental de al Andalus, dirigió numerosas incursiones hacia tierras murcianas y atemorizó a las comarcas valencianas más próximas a la frontera. Además del botín, en una de las expediciones, se llevó con él gran número de mudéjares del valle de Ricote.

Además, en este periodo y como gobernador de Almería, realizó cierta actividad diplomática (recibió al mismo tiempo que el Emir las reclamaciones de cautivos y presos cristianos en la zona de Almería). En relación con esto, hay que destacar que también firmó, junto con Muhammad XI, la tregua con Castilla en 1452. Al año siguiente al Aysar murió y fue entronizado el ya Muhammad X, con una edad en torno a los veinticinco años. Ambas noticias fueron comunicadas por el gran visir Abu l-Qasim b. al Sarray en una carta fechada el 24-VII-1453 y dirigida al concejo de Sevilla y otros lugares de la frontera, como Alcalá la Real.

Adoptó el nombre honorífico de al Mansur bi-llah (el victorioso por Dios) y su primera actuación fue de carácter diplomático: envió la citada carta en la que manifestaba su decisión de mantener la tregua vigente e informaba de que ya había tomado las medidas oportunas para ello al tiempo que pedía lo mismo a la otra parte. Los castellanos también siguieron manteniendo la paz, tanto el rey Juan II como, posteriormente, a partir de 1454, su sucesor, Enrique IV el Impotente.

A pesar de la situación de estabilidad y sucesión ordenada que había dejado el anterior emir al Aysar, el asentamiento en el trono de Muhammad X fue complicado, porque la mayor parte de la población estaba a favor del príncipe Sa´d, nieto de Yusuf II, hasta el punto de que, según las noticias llegadas a la frontera castellana, se preveía que hubiese algún movimiento político en Granada. Ello no impidió que el nuevo Emir se ocupara de la administración del Estado y así lo indican la acuñación de moneda que ordenó (se ha conservado un dinar de oro batido a su nombre) y los decretos que emitió, como el dahír concediendo diezmos a la población de Huércal a mediados-VIII-1453.

Las previsiones de movimiento se cumplieron y, en circunstancias que se desconocen se produjo un relevo en el poder. El mismo gran visir Abu l-Qasim b. al Sarray comunicó nuevamente a Sevilla la noticia, en una carta fechada el 16-VIII-1454 donde informaba de que Muhammad X había abdicado en favor de Sa´d.

Segundo reinado 1455

Sin embargo, su alejamiento del poder duró muy poco tiempo y enseguida recuperó el Trono, pues a finales de 1454, Sa´d fue derrocado y expulsado de Granada por Muhammad X. No se conocen las razones ni el desarrollo de los acontecimientos que desembocaron en este nuevo vuelco en la posesión de la Alhambra, aunque si se sabe que antes del día 20-I-1455 comenzó el segundo reinado de Muhammad X. Por su parte, Sa´d se refugió en Casarabonela y se hizo vasallo del rey castellano a cambio de conseguir su ayuda para recuperar el Trono. También quedó sometido a vasallaje su hijo Muhammad (XII), el futuro sultán al Zagal, que se hallaba en Almería como gobernador de la ciudad y de la región oriental.

Como garantía y prueba de sus buenas intenciones, Sa´d envió a la corte castellana a prestar vasallaje a su otro hijo, el primogénito y heredero Ali, a su gran visir y a otros nobles y dignatarios, como el alcalde Myfarriy, dos arráeces de los Banu l-Qabsani y diversos alcaides, como los de Íllora y Cambil; en total, fueron unos ciento cincuenta caballeros. Muhammad X al Sagir se apresuró a sofocar la rebeldía de Sa´d, al borde de la guerra civil, y emprendió una operación contra él, para lo que no dudó en trasladarse a Málaga, en donde se hallaba el 14-II-1455 y desde cuyo alcázar continuó su actividad administrativa, como muestra un dahír de nombramiento de alcaide de Huércal.

Sa´d, asediado en Casarabonela ya antes del 10-II-1455, solicitó ayuda a los castellanos en su condición de vasallo de Enrique IV. El conde de Arcos, Juan Ponce de León, remitió cartas a primeros de febrero a los fronteros andaluces para que apoyaran y defendieran al rebelde, pero parece que no se cumplieron las órdenes por el deseo de mantener la paz que tenían las poblaciones de ambos lados de la frontera. Ello obligó a Enrique IV a recordar el 5-III-1455 a los concejos de Sevilla y Jerez que debían socorrer a Sa´d y que para ello pusieran sus milicias a disposición del conde de Arcos.

El 15 de marzo el rey castellano se dispuso a realizar una campaña contra el emirato nazarí y en apoyo de su vasallo; en abril entró hasta los campos de la capital granadina, pero esta se mantuvo leal a Muhammad X y el castellano se retiró, aunque de regreso atacó Íllora y Monclín. Igualmente, a principios de mayo atacó Málaga, pero no consiguió tomarla por los refuerzos enviados (mil quinientos caballeros) desde Granada al mando de Ibn Abd al Barr e Ibn Kumasa y se limitó a talar su vega. Poco después tuvo lugar una entrevista entre Enrique IV y Sa´d, tras la cual el primero regresó a Castilla dejando ya a Abu l-Hasan Ali con su padre.

Mientras tanto, Muhammad X, tras enviar los refuerzos mencionados con sus visires Ibn Abd al Barr e Ibn Kumasa a Málaga, antes del ataque de Enrique IV, se dirigió personalmente a Almería para someter al otro hijo de Sa´d, Muhammad (XII). Al pasar por Guadix se encontró con un grupo de almogávares giennenses contra los que estaban luchando las fuerzas musulmanas el 24-IV-1455. El Sultán intervino en la batalla, pero los castellanos vencieron a pesar de la inferioridad numérica; los de Guadix reprochan la derrota al Emir, que intentó justificarla para evitar males mayores.

Nuevamente, en junio de 1455 Enrique IV entró en la vega de Granada y aunque evitó las escaramuzas, realizó una tala de los campos a partir de 11 de junio y durante tres semanas, lo que forzó a los granadinos a forzar una tregua. El representante granadino Ibrahim b. Abd al-Barr, solicitó una paz permanente que el rey castellano rechazó e impuso exigencias demasiado altas para los nazaríes. A falta de un acuerdo, pactaron la retirada del ejército castellano el 29 de julio a cambio de unas parias y un número limitado de cautivos, para proseguir luego las negociaciones de la tregua entre Diego Fernández de Córdoba, futuro conde de Cabra, y el citado visir nazarí.

Al mes siguiente, agosto de 1455, se sabe que Muhammad X había perdido el Trono porque ya lo ocupaba Sa´d. Al igual que en su primer destronamiento y en su posterior recuperación del Trono, se desconocen las circunstancias y los hechos de este segundo y definitivo derrocamiento. Según el relato del cronista castellano Hernando de Baeza, que incurre en diversos errores y confusiones, el Rey castellano habría enviado cartas a Granada y el Albaicín anunciando su apoyo a Sa´d, quien también envió allí seguidores suyos; la capital se habría sublevado y expulsado al Emir, que se refugió en las Alpujarras.

Pero, como en la anterior pérdida del trono y en consonancia con la inestabilidad política de la época, los granadinos partidarios de Muhammad X le escribieron al poco tiempo solicitando su regreso. Así lo hizo el derrocado Muhammad X, que se dirigió a la capital a través de Sierra Nevada para no ser descubierto. Sin embargo, Sa´d fue informado y envió a su hijo Abu l-Hasan para tender una emboscada a Muhammad X, al que capturó y llevó a la Alhambra, donde fue degollado en la sala derecha del patio de los Leones mientras sus dos hijos de muy corta edad era ahogados con una toalla. El final de Muhammad X, que solo narra Baeza, puede situarse a finales de 1455.

VIDAL CASTRO, Francisco, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXXVI, págs. 347-354.