Muhammad VIII el Pequeño

Datos biográficos

Sultán nazarí: 1417-19/1427-30
Sobrenombre: al Mutamassik billah
Predecesor: Yusuf III
Sucesor: Muhammad IX

Biografía

Muhammad b. Yusuf III b. Yusuf II b. Muhammad V se convirtió en Muhammad VIII el 9-XI-1417, día de la muerte de su padre, del que era hijo primogénito. Adoptó el laqab al Mutamassik billah, como indican las monedas que se acuñaron durante su primer reinado, pero que cambiaría en su segundo periodo de gobierno por el de Gani billah, como se indicará más adelante.

Fue conocido como el Pequeño en las fuentes cristianas, traducción probable, aunque no documentada en textos árabes, de al Sagir, apelativo derivado de su minoría de edad (tenía unos ocho años) en el momento de su destronamiento frente al futuro sultán Muhammad IX. Esta minoría fue la que propició que se adueñase del gobierno y llegara a alcanzar un enorme poder el visir Ali al Amin, el alcaide Alamin de las fuentes cristianas, que ya bajo Yusuf III había sido primer ministro y fue el que se apresuró a proclamar al niño primogénito de Yusuf III a su fallecimiento.

A partir de este reinado, si bien anteriormente tampoco se puede considerar, como se ha visto, que la situación fuera sólida y estable, se entró en un proceso de descomposición que, con algunos respiros y altibajos, se mantuvo ya hasta la caída final de Granada en poder cristiano. La casi permanente conflictividad que convulsionaba la Alhambra generó divisiones y luchas intestinas en las que los influyentes y ambiciosos Banu l Sarray, los célebres Abencerrajes de la leyenda, fueron los principales protagonistas. De hecho, a la vista de los acontecimientos políticos que se desarrollan a partir de la toma de Antequera, parece que son tres cuartos de siglo entre la vida y la muerte. La división interna era demasiado profunda y todo hacía apuntar a un final próximo.

Sin embargo, esta es la perspectiva política, que, además, si se observa aisladamente, ofrece una imagen de continuo enfrentamiento y casi permanente guerra, sobre todo en este siglo XV, cuando la realidad es que fue claro el predominio de los tiempos y relaciones de paz. Por lo que respecta a las relaciones exteriores, la tregua con Castilla firmada por su padre seguía vigente hasta el 18-IV-1419, pues había sido firmada por un periodo de dos años.

En cuanto a Aragón, Muhammad VIII desarrolló una constante actividad diplomática con Alfonso V el Magnánimo aunque, finalmente, las negociaciones no obtuvieron los resultados deseados y ello a pesar de que consiguieron materializarse en un tratado que incluso fue redactado y firmado por el soberano aragonés en 1418 pero que no llegó a entrar en vigor. Este primer reinado de Muhammad VIII fue muy breve, pues al cabo de catorce meses de gobierno aparente y tutelado absolutamente se tramó una conspiración y levantamiento que lo derrocó.

Así, entra en escena por primera vez en la historia granadina uno de los principales personajes del s- XV: Muhammad b. Nasr, el futuro Muhammad IX al Aysar (el Izquierdo o el Zurdo, como lo llaman las crónicas cristianas). Este nieto de Muhammad V era tío de Muhammad VIII y primo de Yusuf III, quien lo había encarcelado en Salobreña, sin duda con el objetivo de apartarlo de la corte y alejarlo de la vida política, con lo que conseguía garantizar la sucesión de su hijo, todavía muy pequeño, frente a un candidato peligroso y cualificado.

Pero los Abencerrajes no podían soportar el excesivo poder que el visir de Muhammad VIII detentaba y, encabezados por dos de sus principales, que eran jefes militares de Guadix e Íllora, liberaron a Muhammad b. Nasr de la cárcel de Salobreña y lo proclamaron sultán; pero cuando llegó a la capital, la ciudad se resistió a su entrada. Entonces, sus partidarios, en una clara maniobra política, recurrieron a los muftíes para pedirles una fatwa que declarase ilegítimo el gobierno de Muhammad VIII por su minoría de edad.

Los muftíes, aunque había casos de sultanes que fueron entronizados antes de su mayoría de edad, sin duda sucumbieron a la presión y no les resultó difícil encontrar argumentos jurídicos necesarios para emitir la fatwa en contra de Muhammad VIII y favorable al pretendiente al trono, con lo que este pudo entrar en la ciudad y se proclamado sultán. A continuación tomó posesión de la Alhambra, rendida por el visir Ali al Amín tras obtener garantías sobre su seguridad, aunque no le sirvieron de nada porque fue ejecutado días después por orden de Zahr al Riyad, esposa de Muhammad IX, mientras que Muhammad VIII, que era su sobrino, fue reducido a prisión entonces, hacia el 20-III-1419.

Su reinado tan solo había durado poco más de dieciséis meses. A partir de este momento, con el destronamiento de Muhammad VIII el Pequeño por el candidato de los Banu l Sarray, Muhammad IX al Aysar, comenzó una etapa de continuos derrocamientos, sublevaciones, asesinatos, encarcelamientos de sultanes e inestabilidad política que sumió a Granada en una permanente crisis de gobierno. Igualmente, estas constantes luchas dinásticas y querellas sucesorias provocaron un debilitamiento del poder real que puso al reino a merced de sus enemigos. Si estos no aprovecharon la ocasión fue, sin duda, porque no pudieron, envueltos como estaban los cristianos en sus conflictos internos y entregados a otros objetivos políticos y de Estado.

Segundo reinado 1427-1430

A partir de enero de 1427 Muhammad VIII volvió al trono que legítimamente le pertenecía y cambió el laqab o sobrenombre honorífico que había ostentado en su primer reinado al Mutamassik billah)para tomar el de Gani billah, y así aparece en documentos cancillerescos, monedas y fuentes árabes. Además de rodearse de sus partidarios legitimistas y de sus primos Yusuf y Sa´d, también nietos de Yusuf II y con un importante futuro político, el sultán realizó algunos nombramientos de alcaides en diversas plazas, como la malagueña de Comares.

Lógicamente, una de las principales acciones de su gobierno tenía que ser la renovación de la tregua que Granada tenía firmada con Castilla desde 1424 y que expiraba unos meses después, en febrero de 1428. De nuevo, las circunstancias internas de Castilla obligarían a Juan II a renovar el tratado hasta final de 1428, aunque ello no impidió, como sucedió en otros periodos de treguas, que se produjeran incidentes y altercados fronterizos de poca importancia. No obstante, las siguientes negociaciones plantearon algunas dificultades. Próxima a vencer esta tregua, Juan II difería su respuesta con el fin de ganar tiempo para preparar un ataque a Granada. Sin embargo, la amenaza de guerra con Aragón obligó a aplazar su objetivo bélico y conceder una tregua a finales de enero de 1429.

También con los aragoneses intentó el sultán granadino estrechar lazos y para ello envió una serie de embajadas y mensajeros desde su retorno al trono hasta marzo de 1429, con lo que se consiguieron unas buenas relaciones oficiales. En estos contactos y correspondencia participaron tanto el sultán como otros miembros de la familia real y tuvieron como destinatarios a Alfonso V el Magnánimo, lógicamente, pero también a la reina María.

Sin embargo, esto no le impidió acoger a los partidarios de Muhammad IX, huidos de Granada con la recuperación del trono de Muhammad VIII el Pequeño, y facilitarles el apoyo y los medios para viajar a Túnez, donde se había refugiado el sultán destronado y a favor de quien también emitió un salvoconducto para facilitarle el regreso de Túnez a Aragón. En el interior de Granada la paz, sin embargo, no llegaba.

Los Abencerrajes conspiraban para llevar a Muhammad IX, exiliado en Túnez, de nuevo al trono. Ante el descubrimiento de sus actividades, Muhammad VIII el Pequeño ordenó detenerlos, pero lograron escapar a Castilla en noviembre de 1428. Los huidos eran unos treinta caballeros, casi todos abencerrajes, dirigidos por Yususf b. al Sarray, quien decidió solicitar ayuda al rey castellano, que se encontraba entonces en Illescas.

A Juan II, sin duda, no debió costarle mucho esfuerzo conceder su apoyo a una causa que atizaba el fuego de la discordia en Granada, de manera que recibió positivamente la petición que favorecía sus intereses y, además de prometerles sus ayuda, envió un embajador a Túnez para solicitar al sultán Abu Faris que ayudase a Muhammad IX al Aysar, el Zurdo, a regresar y le facilitase medios para ello. Así lo hizo el tunecino y tras el desembarco de al Aysar en Vera poco antes del 18-X-1429, Almería lo reconoció y desde esta ciudad se dirigió a la capital. En las inmediaciones de Guadix le salió al encuentro el ejército de Muhammad VIII el Pequeño al mando de su hermano, Abu l-Hasan Ali, pero muchos de sus soldados decidieron unirse al pretendiente, mientras que otros huyeron a Granada.

El camino hacia la Alhambra quedó abierto así, tras el sometimiento de Guadix y de la capital, aunque el Pequeño se atrincheró en la ciudad palatina y obligó al Izquierdo a asediar el recinto mientras iba recibiendo cada vez más adhesiones de ciudades, hasta que todo el reino lo reconoció. Durante el enfrentamiento, el rey de Castilla, que había recibido embajadores de ambos contendientes —de Muhammad VIII solicitándole ayuda en virtud de las estipulaciones de la tregua firmada y de Muhammad IX por el compromiso por él adquirido para ayudarle a recuperar el trono—, intentó sacar partido del enfrentamiento.

Pero sus taimadas operaciones diplomáticas no fructificaron porque Muhammad VIII el Pequeño tuvo que rendirse en los primeros meses de 1430. Terminó así su segundo reinado, que solo duró tres años. Muhammad IX le perdonó la vida pero lo encarceló en Salobreña, junto con su hermano Abu l-Hasan Ali, uno de sus mayores partidarios y defensores.

VIDAL CASTRO, Francisco, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 2000, Tomo VIII págs. 153-160.