Mozárabes

Aguamanil en forma de pavoAguamanil en forma de pavo conservado en el Museo del Louvre que lleva una inscripción bilingüe en árabe y en latín encriptada pero que se puede interpretar como la fecha de la fabricación (año 972) y el nombre del artista, Abd al-Malik al-Nasrani, es decir el cristiano.

Término derivado del árabe mustacrib (el que quiere hacerse árabe o se arabiza) con que eran designados los cristianos que vivían en territorio musulmán, sirviendo luego para diferenciar la antigua liturgia empleada por las comunidades cristianas de la Península, y que continuó en uso por largo tiempo en las iglesias españolas. Desde el punto de vista religioso, los mozárabes conservaron, de ordinario, sus iglesias, en las que celebraban los cultos con la solemnidad acostumbrada, prohibiéndoseles únicamente, en ciertas ocasiones, el tocar las campanas. se conservaron, asimismo, numerosos monasterios, aludidos con frecuencia por los propios cronistas árabes. Al principio, los conquistadores tuvieron gran tolerancia, practicando más bien el camino de la atracción, como se comprueba por el tratado de paz concertado entre Abd al-Aziz Musa y Teodomiro, reyezuelo independiente en la provincia de Murcia, cuyo territorio recibió desde entonces el nombre de Tudmir para los cronistas árabes.

Los mozárabes llevaban casi siempre dos nombres: recordemos, por citar solo un ejemplo, que el obispo español Recemundo es citado por los cronistas árabes con el nombre de Rabí Ibn Zaid y el título de al-usquf, derivado del latín episcopus. Desde el punto de vista civil, los mozárabes siguieron teniendo su administración y gobierno peculiares, que desempeñaban funcionarios elegidos por ellos mismos con asentimiento del poder central musulmán. El jefe principal era el comes o conde. Los impuestos eran percibidos por un agente del servicio de finanzas, llamado exceptor. Los litigios entre cristianos eran juzgados por un magistrado cuyo nombramiento era confirmado en las oficinas de la administración califal: en árabe se llamaba qadi al-nasara o gadi al 'acham, el censor de la época visigoda. Aplicaba el Liber Judicum, denominado luego Fuero Juzgo, aunque no dejaron de sufrir la influencia de otras instituciones islámicas.

Las diferencias entre musulmanes y cristianos eran sentenciadas por los tribunales musulmanes, así como también los casos en que los cristianos infringían las leyes islámicas. Los mozárabes vivían en barrios separados, aunque no parece hubiese diferencia especial entre el elemento visigodo y el hispano-romano. El suceso político-religioso de más relieve en la historia de los mozárabes es el llamado de los mártires de Córdoba, que a tan dispares juicios se ha prestado. Por mezclarse con elementos nacionalistas musulmanes, que ansiaban sacudir el yugo de los dominadores, al fin extranjeros, más bien, tal vez, que por sus creencias religiosas, hubieron de sufrir los mozárabes cierta represión por parte de las autoridades musulmanas, que abandonaron por algún tiempo su anterior política de tolerancia.

Muy diversas y variadas fueron las causas que provocaron la explosión de la crisis mozárabe. Los nombres de los sacerdotes Eulogio y Perfecto, del monje Isaac, de los jóvenes Álvaro y Flora, nos recuerdan este período de inquietud entre los mozárabes cordobeses. El problema alcanzó tales proporciones, que hubo de reunirse un concilio, presidido por Recafredo, metropolitano de Sevilla; el propio Abd al-Rahmán II insinuó la convocatoria de esta asamblea, designando a un tal Gómez para representarle. El soberano deseaba que el concilio desautorizase a cuantos se presentaban voluntariamente al martirio, esperando que con este medio se calmarían los ánimos de los más exaltados, reanudándose de nuevo la mutua convivencia.

En el sacrificio de los mozárabes cordobeses escribe —García Gómez— hemos de ver el sublime holocausto de sí mismo, hecho por unos hombres aherrojados entre una civilización extraña en aras de un alto ideal, tanto más exasperadamente sentido cuanto más violentamente amenazado y en peligro. Así lo ha sentido la universal conciencia cristiana de todos los tiempos y lo comprueba el fervor con que los monjes de Europa venían a Andalucía para recoger las preciosas reliquias de los mártires de Córdoba.Historia de España, dirigida por Menéndez Pidal, IV, Madrid, 1950, página XVIII.

pasado tan difícil momento, volvió a renacer la calma, hasta que la condición legal de los mozárabes empeoró en la época de los reinos de taifas, y más aún bajo los almorávides. Alfonso I el Batallador fue en auxilio de los mozárabes, en su famosa excursión por tierras de Levante (1125-26), rescatando a unos diez mil, hecho que vino a hacer más crítica la situación de los que permanecieron en territorio musulmán. Este malestar se agudizó todavía más durante la época de los almohades, quienes, dando pruebas de una marcada intolerancia, demolieron las iglesias cristianas y llegaron a expulsar de Marruecos a los mozárabes, que hubieron de refugiarse en Castilla.

A medida que avanzaba la reconquista cristiana, se hacía más difícil la vida de los mozárabes en territorio musulmán, pero también podían acogerse con menor riesgo a las plazas nuevamente recobradas. Los núcleos más importantes de mozárabes, sobre todo los de Toledo, conservaron su carácter especial hasta bien entrado el siglo XIV.

CABANELAS, Darío, O. F. M. Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 1141.