Emirato dependiente

Índice

Historia del Emirato dependiente de Damasco
Emires dependientes
Abd al Aziz b. Musa711-716
Ayyub Habib al Lajmi716-716
Hurr b. Abderramán716-719
Al Samh b. Malik719-721
Abderramán Gafiqi721/30-32
Anbasa Suhayn Kalbí721-726
Udra Abdállah al Firhi726-726
Yahya Salama Kalbí726-728
Hudayfa Ahwas728-728
Utman b. Abi Nisa728-729
Al Haytam b. Ubayd729-730
Muhammad Abdállah730-730
Abd al Malik732-34/40-41
Uqba al Hayyay Saluli734-40
Baly Bisr Qusayri741-742
Ta´laba Salama Amili742-43
Abu al Jattar Dirar743-745
Tawaba Salama745-747
Yusuf Abderramán747-756

Historia del Emirato dependiente

Índice

Introducción
Guerras civiles

Introducción

Dice Lafuente Alcántara que la relación de los gobernadores de España representantes de los omeyas es uno de los puntos más obscuros de nuestra Historia; confusión que se patentiza por las contradicciones incesantes entre los escritores arábigos y cristianos. Este periodo es por demás interesante, pues, como indica muy bien el citado autor, en él se termina la conquista de la península, se verifican las expediciones musulmanas a Francia con intento de conquistarla, nacen los núcleos cristianos de resistencia y tienen lugar las sangrientas luchas civiles del emirato español.

Proporciona noticias acerca de los gobernadores la Crónica llamada de Isidoro de Beja y suministran algunos datos los cronicones Albeldense y el de Sebastián de Salamanca; pero el mayor caudal de informaciones se halla en las obras árabes de Abderrahman ben Abdelhakem, Ibn Al-Kotiya, Ibn Adzari, Ibn Baxcual, Ibn Alabbar, Ibn Jaldun o Abenjaldún, Al-Noguairi, Al-Makkari y en pasajes de Ibn Habiby Ibn Al-Jatib. No se pueden omitir las crónicas del Mediodía de Francia y en especial la de Moissiac. Modernamente el Sr. Lafuente Alcántara en su publicación del Ajbar Machmua ha fijado la cronología de los emires dependientes del califato oriental y D. Francisco Codera señala con precisión científica el límite de sus conquistas en la región pirenaica.

Puede decirse que el primer gobernador de España fue Abdelaziz ben Muza, a quien su padre dejó en la península al ser llamado por el califa Walid a Damasco. La fecha de la partida de Muza fue entre Octubre y Noviembre del año 713, comenzando en esta data el gobierno de Abdelaziz. Parece ser que sus conquistas no fueron de mucha importancia, residiendo en Sevilla, donde hubo de casarse con la viuda de Rodrigo, Egilona, a quien llaman los escritores árabes Um Asim. Celebró un tratado con Theodomiro, jefe godo, por el cual le reconocía la soberanía en las ciudades de Lorca, Mula, Orihuela, Alicante y otras.

Afirman los historiadores arábigos que Abdelaziz quiso independizarse del califa de Damasco, siendo asesinado (Marzo de 716). Algunos autores opinan fue muerto por orden, o al menos sin pesar, del ingrato califa Soleimán; por el contrario, el Ajbar Machmua sostiene que el califa mandó castigar a los culpables. Dice Codera que las fuentes árabes aseguran haberse conquistado durante el waliazgo de Abdelaziz las restantes ciudades de la península, pero no se menciona cuáles fueron; el autor de un códice de la Biblioteca de Argel dice que llegó a Narbona.

Ayub, primo y sucesor de Abdelaziz, gobernó seis meses. No parece probable que la población de Calatayud, la antigua Bilbilis, deba su nombre de Castillo de Ayub a este emir. En Agosto del año 716 le sucede Al-Horr (el Alahor de nuestras crónicas), el cual, nombrado por el gobernador de África, Mohammed ben Yezid, desempeña sus funciones de emir durante dos años y ocho meses. El Anónimo de Córdoba dice que luchó en la Galia Narbonense, pero los autores árabes nada refieren sobre el particular, coincidiendo en su silencio con los francos, induciéndonos a creer con Codera que el escritor hispano se hallaba en un error. Sin embargo, Codera es de opinión que en esta época Narbona estaba en poder de los musulmanes y, por consiguiente, es de colegir que Barcelona y Gerona, que se hallaban en el camino, formasen también parte del dominio mahometano.

Al subir al trono el califa Omar, nombraba para el gobierno de España al jawlani Asama (el Zama y Senia de nuestras crónicas): era este de probidad conocida y por ello le confió su señor destinase el quinto de las conquistas para Dios, dejando las alquerías a los vencedores. Llega a la península el año 719, emprendiendo una expedición a la Galia; ocupa o recobra Narbona, dirigiéndose luego contra Tolosa, donde se da una batalla entre las fuerzas musulmanas y las del duque Eudes de Aquitania, venciendo este y muriendo en la refriega el emir Asama (721). Algún autor afirma tuvo lugar la acción en los campos de Tarazona, pero indica Codera debió confundirse la lectura del nombre árabe y ser este Tarascon.

Las mismas tropas nombraron jefe interinamente a Abderrahman ben Abdala el Gafequi, el cual fue pronto sustituido por Ambasa, hijo de Xohaim el Quelbi. Más afortunado que Asama, sitia a Carcasona, que capitula, apoderándose también de Nimes y saqueando Autun. Durante el gobierno de Ambasa tuvo lugar, según algunos, la sublevación de Pelayo. Muerto Ambasa en 726, le suceden una serie de emires de poca importancia y de gobierno efímero; son éstos Odzra, Yahia ben Salema el Quelbi, Hodzaifah, Otsmen, Al-Haitsam y Mohammed ben Abdallalil.

Sucesor de Mohamed y designado por este, según orden superior, fue Abderrahman ben Abdallah el Gafequi, durante cuyo gobierno acaecen hechos de señalada importancia, sobre los cuales ha rectificado la crítica moderna más de un detalle interesante.

El primer problema es el referente a la leyenda del berberisco Munuza, propagada por Conde y admitida con todos sus pormenores por autores serios como D. Emilio Lafuente Alcántara y los franceses Jaurgain y Reinaud. El relato legendario, transmitido por el Anónimo de Córdoba, es como sigue:

un moro bereber llamado Munuza, sabedor de la dura condición de sus hermanos berberiscos en África, hace paces con los francos y se prepara a tiranizar a los sarracenos de España; el emir Abderrahman persigue al rebelde, que se refugia en las anfractuosidades de la sierra, despeñándose al verse cercado por los musulmanes; su mujer, hija del duque Eudón, que la había dado en matrimonio para ponerse a cubierto de los ataques de Munuza, es enviada al califa.

Hasta aquí la leyenda, a la cual con su sagacidad peculiar ha puesto algunos reparos el eminente arabista Sr. Codera. Primeramente es inverosímil que Munuza se sublevase porque los bereberes fueran oprimidos en África, cuando la rebelión general de los berberiscos tuvo lugar diez años más tarde; además, el hecho sucedía en la Frontera superior, donde los árabes eran más numerosos y donde los berberiscos ni en la sublevación general pensaron en sublevarse. Es también poco creíble el que Eudón calculase que casando a su hija con el jefe bereber libraba a la Aquitania de los ataques del gobernador general del Andalus. Además, habla la leyenda de una persecución contra los cristianos, de la cual ni el más leve rastro tradicional ha quedado en la historia eclesiástica del obispado de Urgel. Por último, la parlera historieta narrada por el Anónimo de Córdoba, el llamado antes Isidoro de Beja o Pacense, no tiene referencia alguna en los autores árabes, que hablan solamente de una expedición contra el país de Munuza, creyendo Codera no sea nombre de persona, sino de región, probablemente Manresa. Sorprende que el mismo Dozy, crédulo esta vez, afirmase que Munuza murió en Cerdanya.

La batalla de Poitiers es el segundo de los hechos, diferente en su esencia del anterior con respecto a la crítica, pues no se duda de su autenticidad, aseverada de consuno, sin previo acuerdo, por historiadores árabes y cristianos. Parece ser que Abderrahman el Gafequi atraviesa los Pirineos por Pamplona, sitia a Burdeos, va contra los francos de Aquitania, derrota al duque Eudón, y persiguiendo los restos de su ejército pensaba ya el emir en la toma de Tours cuando tiene lugar el encuentro del ejército, mahometano con las fuerzas que en socorro del aquitano traía Carlos Martel. Los soldados de Austrasia luchan denodadamente contra la caballería muslímica y las pesadas franciscas de los occidentales deciden la suerte de Europa en su choque contra los corvos alfanjes de los hijos del desierto.

Poco importa que los autores árabes no estén conformes en la fecha de la batalla, lo importante es la confesión de la derrota, diciendo que el emir murió en el Afranch durante el ramadán y fue mártir, pereciendo en la Calzada de los Mártires. El Anónimo de Córdoba exagera el número de combatientes musulmanes y Paulo Diácono confunde las dos batallas de Tolosa y Poitiers, dando una cifra fabulosa de muertos musulmanes. Este acontecimiento memorable tuvo lugar el año 732.

El nuevo emir Abdelmélic reunió los restos de Poitiers y poco después verificaba una expedición al país de los vascones, que, según el Anónimo de Córdoba, no fue próspera; su relato parece cierto, pues coincide con un pasaje de Almacari donde se significa que volvió ileso, sin consignar ningún triunfo (733). Es posible que a esta incursión pirenaica se refiera la Crónica anónima de San Juan de la Peña, al hablar de las tradiciones sobre la destrucción de la fortaleza de Pano.

Nombrado por el wali del África, Obaidalla, llegaba a España el emir Odba ben Alhachach el Saluli, unido por lazos de clientela con el wali; era Ocba un ferviente musulmán que había escogido el gobierno del Andalus por hallarse en continua ocasión de luchar contra los politeístas. Convienen todos los historiadores árabes en el carácter belicoso de este emir, pero las noticias acerca de su mando son algo vagas: Almacari y Abenadari dicen que conquistó Narbona y el último escritor refiere dominó Galicia y tomó a Pamplona. El dato de Pamplona está confirmado por el autor anónimo del Fathalandalis y constituye una cuestión crítica, abordada con singular acierto por el maestro de arabistas D. Francisco Codera. Encontró el sabio arabista en unos manuscritos de la mezquita mayor de Túnez la noticia de que Pamplona se sometió a los musulmanes por pacto hacia el año 718; la capitulación debía ser parecida a la de Orihuela, quedando en Pamplona un jefe vasco como senior independiente, lo mismo que Teodomiro en el SE. La indicación del manuscrito tunecino tiene íntima conexión con las conquistas de Ocba; infiere Codera que por una u otra parte se faltaría a lo pactado, apoderándose Ocba de la plaza, donde hubo de poner guarnición musulmana. El Ajbar Machmua afirma que el emir dominó toda España excepto la Peña donde se había refugiado Pelayo.

Por la crónica de Moissac sabemos que el gobernador de Narbona, Yusuf ben Abderrahman, verifica varias correrías hacia el interior, el año 735 pasa el Ródano y entra en Arlés, saqueando toda la provincia; Carlos Martel cae sobre Aviñón con un ejército de francos y borgoñones y sitia la ciudad de Narbona. En vista de esto, Ocba envía contra él un ejército mandado por su lugarteniente Amor: Carlos sale a su encuentro y lo derrota junto al río Berre. Estos sucesos llaman la atención de Codera, a quien sorprende, entre otras cosas, que la ciudad de Arlés no estuviera antes en poder de los musulmanes. Ocba gobernó desde el año 734 al 740, muriendo en Carcasona.

Hemos de observar un hecho constante en el gobierno de estos primeros emires y es que sus expediciones militares se dirigen con frecuencia a la Galia, esto, a nuestro entender, que la península, a excepción de algunas breñas aisladas, se hallaba íntegramente en poder de los musulmanes, cuando éstos podían con absoluta seguridad atravesar el Pirineo, cosa que naturalmente no hubieran realizado por un criterio de elemental prudencia, si hubiera probabilidades de dejar un enemigo poderoso a sus espaldas.

Las guerras civiles

Habían de persistir en España las contiendas de raza, causantes de tan sangrientas luchas en los dominios orientales del islamismo. Las diversas estirpes asiáticas y africanas debían traer a nuestro suelo sus odios familiares y sus seculares agravios.Se manifiestan las primeras rivalidades entre caisitas y quelbitas; gobernadores quelbitas habían sido Ambasa y Yahia ben Salema, pero las persecuciones se inician durante el mando del emir Al-Haitham, de la tribu Quilabi, furibundo caisita que, por orden del wali de África, Obaida, se mostró riguroso y autoritario frente a los árabes españoles; estos conspirarían contra el caisita o este pérfidamente les acusó de una pretendida conjura, lo cierto fue que gran número de yemenitas fueron víctimas del emir, pereciendo entre otros un prestigioso quelbita llamado Sad, hijo del poeta Chauwas. El califa Hixem, inducido por el quelbita Abrach, envía a España a Mohammed ben Abdalla que venga la muerte de Sad, imponiendo en Córdoba un ignominioso castigo al emir Al-Haitham, que, destituido, pasa al África.

La imprevisión del califa Hixem produjo otra guerra que, como voraz incendio, iba a propagarse del continente africano a la remota España. Entregado en cuerpo y alma a los caisitas, pues convenía esta política a sus intereses financieros, confió el gobierno de África (734) al caisita Obaidalla; éste nombró a Ocba gobernador de la península. Obaidalla sentía un profundo desprecio por los pueblos vencidos, y llevado por este desdén, trató de enriquecer las arcas del tesoro a costa de los berberiscos, a quienes arrebataba la lana de sus rebaños y sus mujeres e hijas para poblar los serrallos de Damasco; la insurrección se prepara en secreto y la raza bereber, eminentemente religiosa, acoge las doctrinas no-conformistas, llamadas acertadamente por Dozy el calvinismo musulmán, disponiéndose a la guerra contra el árabe opresor. Faltaba la ocasión, y esta se presentó el año 740 con la expedición a Sicilia y la imprudencia del gobernador de la Tingitana, exigiendo a los berberiscos doble tributo, como si no fueran musulmanes; estalla la revuelta y el movimiento toma tales proporciones, es tan general la sublevación de los bereberes, que Obaidalla llama en auxilio de las costas africanas a Ocba, cuyas primeras tropas son derrotadas, pasando luego él mismo al África para continuar la campaña. Sin embargo, los lugartenientes del wali árabe fueron derrotados por los berberiscos.

Irritado sobremanera por estos sucesos, el califa Hixem organizó un poderoso ejército, confiando su dirección al caisita Coltum, de la tribu de Coxair. Nuevo conflicto; la intemperancia de los sirios les malquista con los árabes y esta división contribuye a la victoria de los berberiscos, que persiguen los restos del derrotado ejército sirio, refugiado en Ceuta, a las órdenes de Bálech, sobrino del caisita Coltum, muerto en su lucha con los africanos.

El sitio de Ceuta, por extraña circunstancia, iba a ser la causa de comenzar en España la época más cruenta de las guerras civiles. Gobernaba entonces en la península el partido medinés, compuesto por los defensores o emigrados, que había sucumbido en Oriente en la batalla de Harra, donde triunfaron los sirios; los medineses, viendo saqueada su ciudad, acudieron a la conquista de las regiones occidentales con Muza. Este partido había llegado al poder después de la batalla de Poitiers y estaba representado por el emir Abdelmélic ben Catán, que había combatido en Harra; su gobierno tiránico había sido substituido por el del valeroso Ocba, pero el año 741, hallándose en plena guerra de los berberiscos, y enfermo Ocba, designó por sucesor al anciano Abdelmélic.

El odio contra los sirios era el precepto fundamental de la teoria política del emir medines, por lo cual en vano el sitiado Bálech imploró víveres y socorros; un caritativo musulmán que le envio dos barcas cargadas de trigo fue cruelmente castigado. Pero la actitud de Abdelmélic cambiaba repentinamente por la presión de acontecimientos inesperados.

Los berberiscos de España, verdaderos conquistadores del país, que habían sido relegados a las regiones más inhospitalarias de la península, como la Mancha, Extremadura y las montañas de Asturias y León, decidieron sacudir el yugo insoportable de la raza árabe. La rebelión estalló en Galicia y pronto se reunieron los bereberes de Mérida, Coria y Talavera, que, unidos a los de las montañas galaicas, eligieron un imán, formando tres ejércitos, de los cuales uno debia asediar a Toledo, otro atacar a Córdoba y el tercero llegar a Algeciras, apoderándose de la escuadra para secundar a sus hermanos de Africa.

El peligro para el emir árabe era tan inminente que, venciendo sus rencores, se vio en la precisión de solicitar el auxilio de los aborrecidos sirios de Ceuta; pasaron estos al Andalus y con su eficaz cooperación fueron derrotados los berberiscos en Medinasidonia y en Guadalete, siendo detenida su marcha sobre Córdoba. Los sirios de Bálech, que habían llegado harapientos a España, se habían enriquecido con el botín cogido a los berberiscos y no demostraban muchos deseos de volver a tierra africana; Abdelmélic, por otra parte, no disimulaba su perfidia, no cumpliendo las condiciones del tratado celebrado con ellos, a cuyo tenor debía transportarlos juntos, desembarcándolos en una playa africana que estuviera fuera de los ataques de los berberiscos. El resultado no se hizo esperar, los sirios aprovecharon una coyuntura, sorprendieron la guarnición de Córdoba y. expulsando de su palacio a Abdelmélic, proclamaron a Bálech (741).

El jefe sirio quiso restablecer el orden, pero los odios contenidos hicieron explosión y poderosos los sirios quisieron vengar sus ultrajes, resucitando las antiguas contiendas contra el partido medinita y el recuerdo de la batalla de Harra; la victima de las primeras explosiones fue el nonagenario Abdelmélic, que sufrió ignominioso suplicio. Esta fue la señal de la guerra entre sirios y medineses; los caudillos del partido medinės fueron los hijos de Abdelmélic auxiliados por Abderrahmen ben Alcama, gobernador de Narbona, y el fihrita Abderrahmen, hijo del africano Habib y amigo de Bálech.

Los sirios unidos a los yemenitas y reclutando esclavos cristianos derrotaron en la batalla de Aqua-Portora (742) a los medineses, pero Bálech moría poco después a causa de las heridas recibidas en la refriega de mano del valeroso gobernador de Narbona. Los sirios eligieron emir al yemenita Tsaalaba; este se mostró aún más cruel, pues habiéndose apoderado en Mérida de gran número de prisioneros medinitas, los vendió a bajo precio en Mozara, cerca de Córdoba.

Acabó con estas rivalidades la llegada del quelbita Abuljatar, nombrado por el wali de Africa; se trataba de un noble de Damasco y los sirios lo reconocieron. Una de sus primeras medidas fue el dar libertad a los diez mil cautivos que se vendían en Mozara; concedió amnistía a los rebeldes excepto a Abderrahmen, hijo de Habib, que huyó al Africa, y para evitar nuevos disturbios alejó a los sirios de la capital, concediéndoles feudos en la península: la división de Egipto se estableció en los distritos de Ocsonoba, de Beja y Todmir; la de Emesa en las comarcas de Sevilla y Niebla; la de Palestina en las tierras de Sidona y Algeciras; la del Jordán en el distrito de Regio; la de Damasco en el de Elvira, y la de Quinnesrin en la región de Jaén.

Los defensores del Profeta no vuelven a gozar de preponderancia, si bien de su raza son los Beni-Chad, opulentos propietarios de Sevilla, los Beni-Casi valencianos y los Beni-Ahmar de Granada, fundadores de una dinastia y descendientes del medinita Sad ben Obada, uno de los compañeros del Profeta. Poco duraron los buenos propósitos de Abuljatar y renació el antiguo espiritu de venganza del quelbita contra los caisitas que habían dado muerte años atrás a su amigo y contributo Sad, el hijo del poeta Chauwas; la persecución contra los caisitas se hace sistemática hasta que su jefe, Somail, es ultrajado por el gobernador.

Los caisitas eran en España poco numerosos para contrarrestar el poder de los yemenitas, pero a fin de igualar las fuerzas se aliaron a dos tribus yemenitas, las de Lahm y Chodam, ofreciendo a Tsueba, jefe de esta tribu, el mando de la coalición. Alma de la conjura era el caisita Somail, tipo extraordinario, mezcla de las más opuestas condiciones: activo cuando las circunstancias lo exigian, muelle y perezoso después del triunfo; cruel y valeroso, espléndido y munifice, árabe de los antiguos tiempos anteislámicos, bebedor empedernido, irreligioso y de arraigado espiritu aristocrático, desdeñaba la plebe por instinto patricio de sangre, sin autorizarle para ello su cultura, pues era analfabeto.

El partido dirigido en la penumbra por Somail se levantó en armas en el distrito de Sidona (745). Abuljatar sale contra los sublevados y la acción tiene lugar junto al Guadalete, la victoria se declara a favor de los rebeldes y el emir cae en sus manos. Tsueba es proclamado gobernador de España, pero habiendo muerto poco después, se disputan el primer puesto el hijo de Tsueba y el ambicioso Ibn-Horast, enemigo declarado de los sirios. La habilidad de Somail triunfo de nuevo, llevando al emirato a un instrumento de sus designios, el anciano Yusuf, de estirpe fihrita, la nobleza más apreciada entre los árabes después de los coraixitas puros, pues los fihritas eran también de la tribu de Coraix, pero no de la misma Meca sino de sus arrabales y distrito.

Los jeques elegian emir a Yusuf el año 747, dando el gobierno de Regio a Horast. Desde este momento Somail fue dueño absoluto del emirato, gobernando por medio el astuto caisita había esperado con ansia el momento en que los maaditas fuesen bastante fuertes para vencer y exterminar a los yemenitas. La señal de la lucha fue el despojo de Horast, que se refugió entre los quelbitas, donde se hallaba Abuljatar, libertado tiempo antes por los suyos. Organizadas las fuerzas de ambos partidos, Yusuf y Somail se aprestaron al combate con el ejército contrario; avistáronse los bandos rivales en Xecunda, ciudad romana en la ribera izquierda del Guadalquivir, frente a Córdoba; la batalla estaba indecisa cuando la intervención del populacho de Córdoba, llamado por Somail, inclinó la balanza a su favor.

Los dos caudillos Abuljatar y Horast fueron degollados, desarrollándose entonces una de las escenas más repugnantes de las guerras civiles, presidiendo Somail un tribunal en la catedral cristiana de San Vicente, de Córdoba, donde eran sumariamente juzgados los yemenitas para ajusticiarlos luego. No tardó Yusuf en hallar un poco pesada la tutela de Somail y, con intención de alejarlo, le ofreció el gobierno de Zaragoza, que gustoso aceptó el caisita con la esperanza de oprimir a los yemenitas del Norte, muy numerosos en aquella región; pero al llegar a Zaragoza, el año 750, comenzaba en España un hambre desoladora que duró cinco años, despoblando las provincias septentrionales, pues los berberiscos establecidos allí emigraban al Africa en masa.

En esta ocasión, Somail se mostró compasivo y generoso con amigos y enemigos, transcurriendo en paz dos o tres años. Pero los coraixitas puros no veían con buenos ojos que un fihrita ocupase el poder, por lo cual, secundando los planes del coraixita cordobés, Amir, comenzaron a conspirar; Somail aconseja a Yusuf mande dar muerte a Amir, pero este, avisado a tiempo, se une a otro jefe coraixita, Habab, y juntos van contra Somail, a quien derrotan, sitiándole en Zaragoza (753-4). Después de algunas vacilaciones las tribus caisitas decidiéronse a auxiliar a Somail, ya a punto de rendirse; se dirigieron camino de Toledo (755) y a la sola noticia de la llegada de los maaditas, los jefes coraixitas con su ejército de yemenitas y berberiscos levantaron el cerco de la plaza.

BALLESTEROS Y BARETTA, Antonio, Historia de España y su influencia en la historia universal, Ed. P. Salvat, 1922, Vol III.

Ayyub b. Habib al Lajmi

Datos biográficos

Emir dependiente: 716
Predecesor: Abd al Aziz
Sucesor: Hurr b. Abderramán

Biografía

Poquísimo es lo que se sabe de Ayyub. Dato que recogen todas las fuentes es que era hijo de la hermana de Musa b. Nusayr. Por tanto tendríamos el gobierno, ininterrumpido, de tres miembros sucesivos de la misma dinastía de al Andalus. Un hecho inaudito en los anales del califato omeya. La designación de Abd al Aziz había sido hecha, antes de volver a Oriente, por el propio Musa; el gobierno de Ayyub, (tras el asesinato de Abd al Aziz) se debió a su proclamación por parte de los moradores de al Andalus.

La situación era la siguiente. Abd al Aziz acababa de ser asesinado por la aristocracia del yund árabe. Entre los que achacan su muerte a un levantamiento local y aquellos que la atribuyen al cumplimiento de una orden califal, hay que decantarse por lo primero. Sabido es que Sulayman no sentía afecto alguno por los nusayríes, pero no es menos cierto que, de haber programado su eliminación, no habría dejado de designar o enviar a un nuevo gobernador.

Ayyub se encontraba en al Andalus en 716. Tal vez entrase con las tropas de Musa en 712, pero el silencio de las fuente parece avalar que lo hiciera dos años más tarde, como consecuencia y dentro de la política de atracción de Abd al Aziz et mando dezir [...] que se viniesen para él, et que les daria mui buenas tierras, et muchas bondades [...] fueron con él muchos buenos hombres que dejaron sus tierras y sus averes, et se fallaron después bien de lo que hicieron.

El asesinato de Abd al Aziz abre un periodo de desconcierto y de vacío de poder. Es entonces cuando Ayyub fue elegido. Se trata de una evidente designación de compromiso. Propuesto por la mayoría (partido nusayrí: beréberes y clientes) y aceptado o tolerado por la aristocracia árabe. Una persona entrada en años, gran prestigio moral (hombre piadoso, virtuoso, de mui buena vida, secta Mahometi Prudentissimus y un hombre politicamente neutro. Es elegido como iman que dirige la oración.

Un símbolo o representante de la comunidad, un interino en funciones que no gobierna. Ibn al Quttiya dice claramente que [cuando vino al Hurr] al Andalus estaba sin gobernador. Tanto la Crónica 754 como todas las fuentes árabes subrayan que dicho al Hurr fue nombrado por la autoridad competente (gobernador de Ifriqiya o califa). En cualquier caso, la imposición o aceptación de Ayyub implica el peso del prestigio nusayrí, respaldado por la mayoría de la gente y la fuerza de sus clientes.

Ibn al Quttiya dejaba sentado que esa designación se debió a los beréberes; precisamente aquellos que habían respondido a las llamadas de Abd al Aziz. Algunas fuentes Crónica 754, Fath, Imama, Historia Arabum afirmaban que algo había tenido que tener con el asesinato de su primo. Abdulaziz [...] concilio Ayub Avenhabib [...] occiderunt, aceptó la propuesta de ser nombrado gobernador con tal de consentir en la muerte de [...]. Pero la mayoría de los autores ignoran esta instigación. Además, semejante acusación desentona y choca frontalmente con lo que se sabe de la persona moral de Ayyub.

Y, a mayor abundamiento, clientes y beréberes jamás habrían prestado su respaldo a quien se hubiera visto mezclado en el asesinato de su patrón. El gobierno de Ayyub duró seis meses. Rasis puntualizaba reinó cinco messes y veinte días. Ajbar y Bayan le atribuyen el traslado de la sede del gobierno/ dar al imara a Córdoba, posiblemente para alejarse de la turbulenta aristocracia árabe.

Allí se establecerá en el palacio balat Mugit que, desde entonces, será el alcázar. Ibn al Quttiya afirmaba: Este Ayyub dejó descendencia en las inmediaciones de Peña, en la provincia de Málaga. Según Ximénez de Rada, Et ab isto [Ayub Avenhabib] dicitur Calatayud/Calatayud fuiste hedificata, [...]. Parece que Ayyub murió en al Andalus.

CHALMETA GENDRÓN, Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol VI, págs. 306-307.

Al Hurr b. Abderramán

Datos biográficos

Emir dependiente: 716-719
Predecesor: Ayyub b. Habib
Sucesor: al Samh

Biografía

Al Hurr b. Abderramán b. Utman al Taqafi. ?, s. m. s. VII-p. s. VIII. Tercer emir de al Andalus tras el gobierno interino de Ayyub b. Habib. De al-Hurr [Alaor para Crónica 754 y Alohor en Arabum] b. Abderramán al-Taqafi [al-Qaysi según al-Dabbi y al Humaydi] solo se tienen datos referidos a su estancia y actividad en la Península.

La muerte violenta de Abd al Aziz, seguida por la interinidad de Ayyub b. Habib, dieron paso a una situación harto insatisfactoria, para el gobierno de Damasco. Por tanto, el cometido que este asignó al nuevo gobernador fue el de restablecer el control político-administrativo de aquella lejana provincia. Cuando en agosto de 716, al Hurr se incorporó, no lo hizo a título de amir, virrey, sino de simple amil, gobernador de al Andalus. No era un enviado califal con autonomía propia, sino un mero subordinado, dependiente de Ifriqiya.

Conocedor de que se enfrentaba a una difícil situación, vino al frente de una fuerza suficiente para imponer sus decisiones. Acompañado por 400 personas destacadas de Ifriqiya [con sus clanes] y estos son los primeros [nobles que se establecieron] en al Andalus que se puedan enumerar. Parece que era una fuerza militar capaz de equilibrar —y neutralizar su fuese necesario— a los conquistadores.

De hecho, cuando, menos de tres años después, el califa Umar b. Abd al Aziz consideró que debía evacuar al Andalus, se le pudo disuadir arguyendo que allí había muchos musulmanes, número que, dado que el proceso de islamización todavía no había tenido resultados apreciables, era consecuencia de la controvertida política de atracción de Abd al Aziz, así como de la permanencia de los efectivos que vinieron acompañando a al Hurr. Fueron gentes que asentó en Córdoba, distanciándose así de los primeros efectivos [concentrados alrededor de Sevilla y responsables del levantamiento que había acabado con Abd al Aziz]. Esta decisión fue tomada ad cautelam para dificultar posibles reincidencias del inquieto yund local.

Fuera suya la iniciativa [siendo el primero en ocupar el balat Mugit que se convierte en palacio de al Hurr] o continuación de la de Ayyub b. Habib, el protagonismo político había sido retirado de Sevilla y trasladado a la nueva capital. Restablecido ya el control, se pasó a la fase siguiente, la de implantar una organización administrativa regular. Esta tuvo una doble faceta: de incautación de apropiaciones indebidas, y de asegurar la aplicación continuada de las normas tributarias, tanto a sometidos como a musulmanes.

La necesidad imperiosa de retribuir a la tropa de al Hurr le obligó a tratar de recuperar parte de lo apresado tumultuosamente por los primeros conquistadores, proceso que llevó a cabo de forma ruda, y también discriminatoria, puesto que los afectados compartían una misma característica étnica; todos eran beréberes. Esta actuación desentonaba claramente con la línea instaurada por el califa Sulayman, con su política de suprimir la marginación anterior, haciendo participar a los no-árabes en la gestión del Estado.

Cabe suponer que al Hurr trataba de ganarse así las simpatías de los primeros conquistadores [violentamente opuestos a la política de atracción llevada a cabo por Abd al Aziz] y de reducir el poder de los norteafricanos [partidarios de los nusayríes y quienes habían nombrado a Ayyub b. Habib.

Fueran cuales fuesen las razones del nuevo gobernador, lo cierto es que actuó con extraordinaria dureza y sin miramientos: [Alaor] castiga a los norteafricanos que andaban por Hispania, por haber ocultado tesoros. Los retiene en prisión, vestidos con sacos y cubiertos de ceniza, llenos de gusanos y piojos, con grillos y cargados de cadenas, sometiéndoles a interrogatorios e imponiéndoles diversas penas los [hace] azotar.

Pero este no es más que uno de los aspectos de la reorganización administrativo-fiscal que se estaba implantando. Moro Rasis resumía dicha actividad afirmando que et este Alaor era por Mirabomelin proveedor, et recividor de todos los derechos que él avía en Espanya. La tributación instaurada —o cuanto menos restablecida— lo fue de forma progresiva, afectando primordialmente a las regiones real y efectivamente dominadas por los musulmanes, y controladas por el Estado.

Crónica 754 aludía a ello por dos veces: [...] et paulatinum Spaniam ulteriorem vectigalia censiendo conponens [...] atque resculas pacificas Xpianis ob vectigalia thesauris publicis inferenda instaurat. Este es un texto fundamenteal, de una fuente prácticamente coetánea a los hechos, que documenta y fecha para al Andalus la implantación generalizada de una tributación territorial regular.

Las resculas pacificas designan el canon que las gentes el libro han de satisfacer para conservar dentro del estatuto de dimmi —protegido— sus creencias, legislación y propiedades. Es lo que Ximénez de Rada describía como: [...] foedus Sarraceni [...], cleros et Christiani [...] qui in Hispanis servituti barbaricae mancipati elegerunt degere sub tributo permissi sunt uti lege et ecclesiatis institutos, et habere pontifices et evangelicos sacerdotes. Situación que, al prolongarse institucionalmente, dio lugar al fenómeno mozárabe [...] iste dicti sunt mixti Arabes, eo quod misti Arabibus convibevant, quorum hodie apud nos nomen perseverat et genus.

La actuación de al Hurr no significó uniformización alguna de la cantidad devengada contratada por cada una de las diversas capitulaciones. Lo único impuesto fue la regularidad anual de su entrega por las regiones dominadas-conquistadas.

Naturalmente, el restablecimiento de la autoridad por el nuevo gobernador y la implantación de un régimen tributario regular —incluso moderado como indica el uso del término resculas— hubo de imponerse. Alaor per Spaniam lacertos iuducum mittit, atque debellando et pacificando [...], acciones militares que tuvieron como primeros objetivos inmediatos aquellas zonas indígenas que, habiéndose olvidado del dominio musulmán incumplían las obligaciones tributarias que contrajeron [...] Esto en lo tocante a los autóctonos, pero, subsidiariamente, tuvo también que ocuparse de los musulmanes.

Hubo que presionar a los Mauri, beréberes, para convencerles de que accedieran a desprenderse y entregar aquellos thesauros absconsos suyos. Asimismo, fue necesario recordar a los arabo-musulmanes el cumplimiento de la obligación coránica de entregar anualmente el diezmo de la renta de sus bienes.

Crónica 754 e Hª Arabum son las únicas en atribuir a al Hurr una actividad conquistadora: Galliam Narbonensem petit et [...] ab Iberiam strongriorem Hispaniam in qua Christiani aliqui rebellaverant, subiugaret, qui et praedictam Galliam et utramque Hispaniam, vi, fraude, et deditione receptans, vectigali subdidit servitudi. reflejo de una realidad: la Hispania anterior había recobrado la autonomía en fecha indeterminada, muy probablemente tras el asesinato de Abd al Aziz.

Reactivación de la actividad militar musulmana, confirmada por la capitulación y sumisión de Huesca, que debe corresponder a 719. Curiosamente, los Ajbar ignoran estos cometidos de reorganización, instauración de una fiscalidad regular y ampliación de los dominios musulmanes. En cambio, aseguraba que Sulayman, tras el asesinato de Abd al Aziz, mandó al gobernador de Ifriqiya [...] que [investigase] lo ocurrido, tomándoselo muy en serio y remitiéndole aquellas personas de nota que habían participado en el homicidio [...]

[El gobernador] envió a al Hurr a al Andalus con orden de estudiar el asunto de la muerte de Abd al Aziz [...]. Afirmación [avalada por ninguna otra fuente y contradiciendo cuanto sabemos] cuya única finalidad parece encaminada a exonerar al califa de responsabilidad [...] Al Hurr, tras un gobierno de dos años y ocho [otros lo cifran en siete, nueve, diez] meses fue sustituido en 719 por al Samh.

CHALMETA GENDRÓN, Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXVI, págs. 504-506.

Al Samh b. Malik

Datos biográficos

Emir dependiente: 719-721
Predecesor: Hurr b. Abderramán
Sucesor: Abderramán al Gafiqui

Biografía

Cuarto emir de al Andalus. sucesor de Hurr b. Abderramán b. Utman al Taqafi. Al subir al trono el califa Umar, nombra para el gobierno de España a Al Samh b. Malik al Jawlani. Este valí llegó con consignas precisas del califa Umar b. Abd al Aziz. El soberano omeya quería saber con exactitud la configuración geográfica de la Península y la seguridad de las comunicaciones marítimas que podía haber entre este país y el resto del mundo musulmán. Incluso dicen que pensó en una evacuación simple y pura de España, y solo renunció a este proyecto por las dificultades que entrañaba.

La época del valí al Jawlani significó una nueva ofensiva por parte del Estado para garantizar el cobro del quinto jums que le era debido. En efecto, fue el único valí nombrado directamente por el califa Umar con el deliberado propósito de investigar los derechos de cada uno de los ocupantes de las tierras y de hacer una descripción catastral de al Andalus; sin embargo de nuevo se produjo la reacción de los antiguos conquistadores, quienes volvieron a ver peligrar sus tierras, debido al hecho de que durante la época de al Hurr y al Samh hubo nuevas oleadas de emigrantes, que implicaron la reducción de las dotaciones anteriores.

Una comisión se dirigió al califa para que les ratificase sus posesiones, y, en efecto Umar ordenó a al Samh que confirmase el usufructo de las aldeas a los conquistadores y a tal fin el nuevo valí comenzó a tomar informes para distinguir las tierras conquistadas por la fuerza de las armas de las entregadas por capitulación. Lo cierto es que estas tierras quedaron, de hecho, en un estado de dudosa legalidad, pues eran consideradas como una propiedad particular de los soldados, como una concesión iqta un tanto ilegal, aunque justificada por la participación activa de las tropas en la yihad (guerra santa) en el Norte de la Península, y en este estatuto de semi legalidad permanecerían hasta la llegada de los sirios de Baly.

Estas medidas se complementaron con la acuñación de dinares epigráficos por parte de al Samh, lo que significó la adopción definitiva de los tipos monetarios árabes surgidos de la reforma del califa Hisam b. Abd al Malik.

La reorganización fiscal del territorio ocupado tras las medidas de al Hurr y al Samh produjo ya unos ingresos importantes y lo confirma el hecho de que se reconstruyese el gran puente romano de Córdoba sobre el Guadalquivir, paso de la calzada Augusta y razón principal de la existencia de la ciudad, se arreglase la orilla izquierda del río y se reconstruyesen las murallas de la ciudad. Nombró a Córdoba capital de al Andalus y durante su reinado se erigió el primer cementerio islámico, llamado del Arrabal.

Al Samh, al solicitar permiso del califa de Damasco Umar Ibn Abd al Aziz, (720) para restaurar la muralla o, con la piedra procedente de ella, levantar los arcos caídos del puente, le decía expresamente que tenía medios para ello con lo que le sobraba de los impuestos, una vez pagados los estipendios del asentamiento militar, yund, y de proveer todo lo necesario para la guerra santa. El califa accedió a esta proposición y a que se reconstruyera la cerca con ladrillo.

El emir había llegado a la Península en el año 719, en 720, ocupa o recobra Narbona. En el año 721 se dirigió contra Tolosa, en donde se da una batalla entre los musulmanes y el duque de Eudes de Aquitania, en la cual vence este y en la refriega encuentra la muerte el emir al Samh, el 10 de Junio de 721. Su sucesor en el trono fue el valiente al Gafiqi.

CHALMETA GENDRÓN, Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 163-165.

Anbasa b. Suhayn al Kalbí

Datos biográficos

Emir dependiente: 721-726
Predecesor: Abderramán al Gafiqi
Sucesor: Udra b. Abdállah

Biografía

Cuando al Samh cayó frente a Eudes en Aquitania, 721, los andalusíes eligieron a Abderramán al Gafiqi. Designación que podía tomarse como una muestra de autonomía y autogestión por parte de los andalusíes o reducirse a una simple ‘interinidad de funciones’, que es como lo entendió Yazid b. Abi Muslim, gobernador de Ifriqiya. Porque lo cierto es que, tras la muerte del califa Umar b. Abd al Aziz, al Andalus dejó de ser autónomo y volvió a depender del N. de África.

Dicho Yazid era un liberto de al Hayyay, del que había sido secretario o zabalsorta, y se había formado en la ‘escuela de gobierno’ del implacable rey del Iraq, el representante más señalado de la política Qaysí. Naturalmente Yazid aplicará aquel modelo de apartheid de los indígenas, imponiendo a los neomusulmanes el pago de la capitación, tomando medidas discriminatorias e inclusive vejatorias, que terminarán provocando la gran rebelión beréber del 740.

El que un Qaysí nombre a un kalbí como Anbasa b. Suhayn implica que: 1º este hubo previamente de comprometerse a aplicar el programa del partido en el poder; 2º la mayoría de la población andalusí debe pertenecer al grupo yamaní-kalbí. Anbasa tomó posesión de su gobierno peninsular en (VIII-721), rigiéndolo firmemente, principatum Spanie aucte retemtat.

Dado que Yazid está siguiendo una política de mano dura para con los indígenas norteafricanos la actuación de Anbasa debe constituir una réplica local de la de su nombrante. Ahora, bien, en el al Andalus existen dos etnias no árabes: la población autóctona y los beréberes (aquellos que constituyeron más de la mitad de las tropas invasoras, amén de los atraídos por las ofertas de Abd al Aziz b. Musa). Ambos grupos se resintieron de la aplicación de esta nueva línea política.

Por lo pronto se reanudaron las campañas expansivas. Sobre este extremo coinciden tanto las fuentes latinas como las árabes. Ibn Idari señala que, en el 725, Anbasa salió en campaña contra al Rum bi-l-Andalus. Expediciones que no solo van dirigidas contra tierras hispanas, sino también por tierras francas, haciendo amplio botín. Fueron capitaneadas personalmente por el gobernador, utilizando todos los recursos de los que puede disponer, Ambiza per se expeditionem Francorum ingeminat, cum omni mano publica incursionatem illorum ilico meditat.

Son campañas populares, [le siguen] los andalusíes que eran entonces hombres de bien y de mérito, gentes movidas por el propósito del yihad, ansiosos de la [divina] recompensa. Efectivos con los cuales abrumó a los Rum con combates y asedios hasta que pidieron la paz. Durante el transcurso de sus ataques transpirenaicos, asedió la ciudad de Carcasona. Los habitantes no obtuvieron la paz hasta entregar la mitad de sus bienes, cuantos cautivos musulmanes y botín hecho a estos hubiera en la ciudad, pagar la yizya y someterse a las obligaciones del contrato de protección / dimma en lo tocante a combatir a aquellos que luchasen contra los musulmanes y estar en paz con quienes estuvieran con estos.

Se trata de campañas muy profundas, pues también consiguieron ocupar Nimes y Autum como reconoce Crónica de Moissac Amiza rex Sarracenorum cum ingente exercitu post quintum annum Gallias aggreditur, Carcasonam expugnat et capit, et usque Noemauso pace conquisivit, et obsides eorum Barchinona transmitit. Anno DCCXXV, Sarraceni Augustudunum civitatem destruxerum, IV. feria, XI. Calendas Septembris, thesaurumque civitatis illius capientes, cum praeda magna Spania redeunt. Expedición correspondiente al quinto año de gobierno de Ambasa y correctamente fechado en 725. Falleciendo de muerte natural al regresar de aquella campaña para el Fath o, si se prefiere, morte propria vite terminum parat.

Esto en cuanto a actividad exterior, veamos las consecuencias que, en la Península, tuvo la política Qaysí. Programa que no responde a irracional racismo discriminatorio sino a motivos fiscales. Aquellos que no son arabo-musulmanes pagan más. En consecuencia se estorbará la nacionalización y se mantendrá que las conversiones no son sino intentos de defraudación tributaria, porque lo esencial mantener —y si es posible incrementar— los ingresos en una época durante la cual los gastos del aparato de Estado están creciendo. Avidez fiscal que repercute también en al Andalus donde los principales sujetos pasivos eran los autóctonos.

Los afectados no fueron exclusivamente los moradores de Septimania y Gallia Gotica sino todos los indígenas no musulmanes de al Andalus, que vieron doblarse el monto de sus impuestos / vectigalia Xpianis duplicata. Aquello no gustó y, para convencerlos , fue preciso reprimirlos duramente / nonnullas civitates vel castella dimutilando stimulat. El malestar podía manifestarse más claramente en aquellas zonas periféricas de difícil acceso y alejadas del poder central.

Es en este contexto donde hay que ubicar un incipiente descontento, mejor o peor encubierto, atribuido a Pelayo, recogido por el Fath e Ibn Hayyan, [apud al Maqqari]. Pero sin reconocer que dicho descontento implique en absoluto admitir que Pelagius [...] [un desconocido] Alkama/Alchamam, principem militae, cum maximun multitudine Arabum interfecit. La contemporánea Cronica 754 afirma claramente que [Anbasa], cargado de honores, triunfalmente gobierna España. Asimismo fechaba inequívocamente el primer fracaso árabe en anno [...] Arabum CXVI.º. Es decir en 734, durante el gobierno de Abd al Malik, cuando se proponía subvertere nititur Pirinaica inhabitantium iuga. Las fuentes árabes lo localizaban también en territorio vasco / ard al Baskunis y la Crónica del Moro Rais afirmaba que et destruyo la tierra de los Bacazos et de los Viscares.

Por tanto, desplácese y retrásese correctamente el mito de ‘Covadonga’ [...] Tanto si persistimos en colocar aquel primer descontento en Galicia como si lo ubicamos en los Pirineos, resulta evidente que aquello debió verse facilitado por la pasividad benevolente de los beréberes vecinos. Los mismos que poco después se marginarán y desguarnecerán las frías tierras norteñas, o inclusive provocarán sublevaciones (y alianzas con los cristianos) como la de Munusa circa 729, en tiempos del segundo gobierno de al Gafiqi.

Incidentalmente, el Munnuza/Monnuza que Crónica de Alfonso III y Crónica Albeldense, movidas por su empeño de asturianizar Covadonga, ascendían a super Astures procurante/Asturiensium prefectus no es otro que el siempre pirenaico beréber, yerno de Eudes de Aquitania, muerto en 731. Debía ir oculto dentro de los Pirinaica inhabitantium cuando la mudanza desde aquellas montañas / Pirinaica iuga hasta el montem magnum, cui nomen es Aseuva y los loca angosta [...] per dubia/deva son cristianizados en ripam fluminis cui nomen es Devae.

El gobernador, siempre mirando por las arcas públicas, tampoco había de desaprovechar la ocasión que le brindaba el movimiento de abandono de sus bienes, preconizado por Sereno a sus seguidores judíos, incautándose de estos omnia que amiserant fisco adsociat. Anbasa, antes de extinguirse en 726 (aunque alguna fuente se empeña en hacerle morir mártir de la fe), tuvo la precaución de designar sucesor. Hoder / Udra consulem patrie sibi comisse vel principem exercitus rependantis [...] in extremo vite positus ordenat.

Las crónicas dan un abanico para la duración del gobierno de Anbasa. Imama lo reducía a dos años y nueve meses, mientras las otras fuentes le asignaban cuatro años y cuatro, cinco, seis siete, ocho meses; la cifra correcta es la de cuatro años y cinco-seis meses.

CHALMETA GENDRÓN, Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol IV, págs. 191-193.

Udra b. Abdállah al Firhi

Datos biográficos

Emir dependiente: 726
Predecesor: Anbasa
Sucesor: Yahya b. Salama

Biografía

Udra b. Abdállah al Firhi. ?, ú. t. s. VII p. m. s. VIII. Gobernador de al Andalus (emir interino) tras Anbasa. Antes de apagarse enero de en 726, accedió i, Anbasa tuvo tiempo de nombrar a alguien que hiciese de sucesor, siquiera a título interino: Udra b. Abdállah al Firhi.

Este (llamado Hodera, Odzra, Odra en las crónicas latinas no ejerció más que el tiempo estrictamente necesario para que la noticia de la muerte de su antecesor llegase a Qayrawan y se enviase a un nuevo gobernador. La insignificancia y lo reducido (dos meses) del mando de Udra es tal que la inmensa mayoría de los autores árabes ni siquiera lo nombran.

Parece que la designación de Udra por Anbasa tuvo bastante de improvisada. Bisr b. Sahwan, gobernador de Ifriqiya, entendió aquello como un conato de autogobierno andalusí. Y, al no estar dispuesto a permitir que los peninsulares eligiesen a la persona que les había de regir, le faltó tiempo para nombrar y enviar a un nuevo gobernador Yahya b. Salama al Kalbí. Rápida sucesión que Historia Arabum describe gráficamente como Arabes in continenti Amiramomeno Ambize obitum nunciatur, et Odre pariter successionem. Izit autem in continenti misit eis quendam, qui Yahye dicebatur et erat filius Caleme, anno regni Arabum CVII.

Al Hiyari [apud Nafh] afirmaba que fue hombre de bien y esforzado caballero. Los descendientes de Udra fueron famosos. Su hijo Hisan b. Udra se apoderó de Toledo. El linaje [de Udra] se perpetuó ininterrumpidamente en Guadix, del Reino de Granada, donde tenían casa y gozaban de notoriedad y fama de cultos. Parece que Udra corresponde al Udraca fijo de Cacin, que según Moro Rasis, ey reinó dos meses et siete dias.

CHALMETA GENDRÓN, Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XLVIII, págs. 563.

Yahya b. Salama al Kalbí

Datos biográficos

Emir dependiente: 726-728
Predecesor: Udra b. Abdállah
Sucesor: Hudayfa b. al Ahwas

Biografía

Séptimo emir de al Andalus tras el gobierno interino de Udra b. Abdállah. Yahya b. Salama (Maslama para Ajbar nuevo gobernador, designado por el de Ifriqiya Bisr b. Safwan (para suceder al difunto Anbasa, al no refrendar la designación andalusí de Udra en febrero-marzo de 726 era Kalbí. Característica que desentona por estar entonces en el poder el partido Qaysí. El gobierno de Yahya también se desmarca (¿por voluntad política o ineptitud?) de la tónica general del imperio omeya de aquel momento. Máxime, cuando su nombrante, el propio Bisr, había realizado una fructífera campaña contra Sicilia.

El caso es que el nuevo encargado peninsular no llevó a personalmente a cabo campaña alguna en al Andalus. Afirmación de las crónicas árabes que conlleva una cierta desaprobación; dejando entrever una relación causal con su destitución por el nuevo gobernador de Ifriqiya Ubayda b. Abderramán en junio-julio de 728. Fath lo fecha en 729, probablemente por su inactividad militar; tal como le ocurrirá en 734 a Abd al Malik b. Qatan.

la actuación andalusí de Yahya, tan desdibujada en las fuentes árabes, cobra sombrío relieve en las latinas. Para la coetánea Crónica de 754: [anno] Arabum CVII, Sarracenus Iahia nomine monitu Principum succedens, terribilis potestator fere trienio crudelis exaestuar, atque acri ingenio Hispaniae Saracenos ey mauros pro pacifis rebus olim ablatis exagitat, atque Christianis plura restaurat.

Visión que es paralela a la de H.ª Arabum: ... qui Yahye dicebatur el erat filius Caleme, anno regno Arabum CVIIº. Et fuit terribilis potestator et regnavit duobus annis et dimidio; homo acri ingenii, crudelis dominii tamen iusticie intendebat, nam Arabes sive Mauros, qui res pacificas abstulerant. Christianis coegit debite restaurare.

Textos donde se refleja la valoración subjetiva de unas medidas administrativas. Los términos terribilis, crudelis, acri se refieren a una actuación que desde el punto de vista del narrador [un indígena], agrava su situación. Pero también está claro que aquello afecta simultáneamente a diversos colectivos: Saracenos/Arabes, Mauros, Christianis.

De estos los dos primeros designan al grupo dominante, a los invasores, mientras el tercero se refiere a los sometidos, a la población autóctona. Estamos ante un ajuste de las relaciones entre ambos grupos. Reajuste cuyo objeto son la pacifis rebus/res pacificas. Se está aludiendo a una alteración de las relaciones económicas, no a una cuestión que cambiase la situación política.

Saracenos/Arabes et Mauros se ven privados de algo que antes percibían de los cristianos. No es que se devuelva nada a estos, sino que dejan de entregarlo. Pese a ser 'de justicia' (léase legal) tuvo que ser impuesta ya que, no siendo cosa de poca monta, generó resistencias que fueron duramente reprimidas. Algo cuya interrupción, sin beneficiar a los sometidos, perjudica a los invasores... Las pacíficis rebus que ya aparecían en época de al Hurr como resculas pacíficas era algo cuya entrega iba ligada a la consecución de un cese de hostilidades.

Las capitulaciones de los sometidos recogían el pago de una cantidad anual en metálico, más otras mensuales en especie. Se trata de unas disposiciones 'standard' que se impusieron en todas las regiones ocupadas, en el momento de la conquista, y del que tenemos una muestra en el tratado de Teodomiro de Orihuela. Las módicas entregas mensuales de trigo, cebada, aceite, vinagre están destinadas al mantenimiento de las tropas invasoras, son requisas, provisiones o 'raciones'.

Rizqlarzaq árabe que debió, por proximidad fonética, sugerir el resculas, siempre diferenciado de los pagos en metálico_ vectigalia, census, tributum. Pero las raciones imprescindibles para unas tropas de paso, ya no lo son cuando estas se han establecido y disponen de propiedades y concesiones territoriales.

Llegado a esta fase el Estado, suprime la requisa de dichas 'raciones', privando de ello a los conquistadores. Las pasadas imposiciones en especie se ven sustituidas por la entrega de su valor el cual, sumado al tributo en metálico, van a parar a las arcas de la administración. Los herederos de los invasores han sido privados de un beneficio apreciable, mientras la carga tributaria de los contribuyentes indígenas no sufre variación apreciable...

Yahya b. Salama fue destituido en julio de 728, fecha que Fath retrasa a 729. las fuentes divergen sobre la duración de su gobierno asignándole: in año y tres, seis meses, dos años y dos, seis, diez meses, casi tres años. La cifra adecuada parece ser la de dos años y dos meses.

CHALMETA GENDRÓN, Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol L, págs. 504-505.

Hudayfa b. al Ahwas al Qaysi

Datos biográficos

Emir dependiente: 728
Predecesor: Yahya b. Salama
Sucesor: Utman b. Abi Nis`a

Biografía

Noveno emir de al Andalus. El periodo comprendido entre junio-julio de 728 y abril de 729 resulta a la par intranscendente y confuso. Corresponde a los gobiernos de Hudayfa y de Utman b. Abi Nis`a. Pero los autores divergen de quien precedió a quien. Kamil, Bayan II, Dikr, Ibn Habib, Ibn Abi Fayyad, Crónica del 754 e Hª Arabum anteponen a Hudayfa; mientras Ajbar, Ifitah, Bayan I, Ibn Baskuwal creen que el primero fue Utman, seguidos por Ibn Jaldun, que lo da como Hudayfa b. al Ahwas al Utbi y le asigna un año de gobierno; Fath ignora hasta la existencia de Utman.

Lo que si es seguro es que se llamaba Hudayfa b. al Ahwas al Asya i / al Qaysi / al Absi y que fue nombrado por el gobernador de Ifriqiya Ubayda b. Abderramán al Sulami. Paradójicamente, quienes suministran más datos son la Crónica del 754 e Hª Arabum: Anno Arabum CXIº Oddifa viv levitate plenus [...] per sex menses absque ulla gravitate retemptas pro paucitate regni nihil dignum animadversione ingeminat y Odayfa Alcayci [...] quinque mensibus Hispanias gubernavit, post quos vitam finivit, et missus fuit alius Autuman nomine [...].

Para Moro Rasis, [...] alçasron a Udeyface fijo de Laut, et reino seys messes et tres dias, et mataronle afogado. El gobierno de Hudayfa duró desde junio-julio a noviembre de 728. Es decir los seis meses que le atribuyen la mayoría de las fuentes, excepto Historia Arabum (R. Jiménez de Rada), que lo reducía a cinco, mientras Ibn Habib e Ibn Jaldun lo alargaban un año.

CHALMETA GENDRÓN, Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 163-165.

Utman b. Abi Nis`a

Datos biográficos

Emir dependiente: 728-729
Predecesor: Hudayfa
Sucesor: al Haytam

Biografía

728-729Utman b. Abi Nis`a al Jathami. ?, ú. t. s. VII Qayrawan (Túnez), 730 post. Noveno emir de al Andalus en el año 728-729. Poquísimo se sabe acerca de Utman b. Abi Nis´a [Tis´a en Ajbar e Iftitah, Sa´ba en Dikr] al Jathami (Attuman/Autuman/Otzman Ibn Abinsa). Tan poco que ni siquiera hay acuerdo sobre si vino después o, por el contrario, precedió a Hudayfa.

Consta fue nombrado por el gobernador de Ifriqiya, Ubayda b. Abderramán al Sulami. Habría venido sigilosamente tacitus properat, concretamente en noviembre-diciembre de 728. La Crónica del 754 parece achacarle una cierta vanidad Qui dum quattuor per menses alium sustentando honoribus infolat.

Fue destituido en abril de 729, sustituido por al Haytam. Utman permaneció en al Andalus intrigando hasta que, en 745, fue expulsado por Abu al Jattar dentro de su política de destierro de los autores de discordia entre baladíes y sirios. Es entonces cuando Utman se estableció en Qayrawan, donde murió, en fecha desconocida. La duración de gobierno andalusí de Utman oscila entre cuatro meses Crónica del 754, Albeldense, Hª Arabum, cinco (Ibn Habib, Ibn Jaldun, Bayan, Ibn Baskubal [apud Nafh], seis Imama, A´mal y año y medio para Dikr.

CHALMETA GENDRÓN, Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XLVIII, págs. 823-824.

Al Haytam b. Ubayd al Kilabi

Datos biográficos

Emir dependiente: 729-730
Predecesor: Utman
Sucesor: Muhammad b. Abdállah

Biografía

Al Haytam b. Ubayd al Kilabii. ?, ú. t. s. VII 730 post. Décimo gobernador de al Andalus en 729, destituido por Muhammad b. Abdállah al Asyai. Las fuentes árabes son de un laconismo irritante, los más que señalan es que: fue nombrado por el gobernador de Ifriqiya Ubayda b. Abderramán al Sulami, según Bayán hizo una campaña contra Munusa. Tanto Bayán como Kamol parecen indicar que no fue destituido sino que murió.

Tan desvaído gobierno cobra acusados y sombríos rasgos en la coetánea Crónica del 754 (seguida por Hª Arabum). También parece aflorar en Moro Rais, desfigurado el nombre y ligeramente agrandada, en el novelesco relato de cómo Cabat fijo de Theo hizo descabezar a quienes le eligieron.

Al Haytan habría tenido casi un año de agitado gobierno decem per menses turbidus regnat que provocaron profundo malestar, fraguándose una conspiración. Descubierta la trama, encarcela a los conspiradores que encarcela y decapita. Parece que se le fue la mano en la represión y que no todos los ejecutados eran responsables.

Entre los muertos estaba Zat Saracenum genere plenum, facundia clarum atque diversarum rerum opulentissimum dominum. Ejecuciones que provocaron la denuncia y reclamación de los parientes de los finados ante el gobernador de Ifriqiya. Este envió a Mammet Alascila / Mahomat Avenabdalla / Muhammad b. Abdállah al Asyai que destituye y prende ignominiosamente a al Haytam que remite a Qayrawan.

La duración de su gobierno es variopinta. Oscila desde los cuatro meses (Ibn Habib e Ibn Baskubal [apud Nafh], Dikr, A´mal, diez meses Bayán, Kamil, un año y dos meses Imama, Bayán, dos años y días (Ibn Baskubal [apud Nafh]. Hay que asignarle diez meses puesto que empezó en abril de 729, cesando en febrero-marzo de 730.

CHALMETA GENDRÓN, Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXV, pág. 619.

Muhammad b. Abdállah

Datos biográficos

Emir dependiente: 730
Predecesor: Al Haytam
Sucesor: Abderramán al Gafiqui

Biografía

Brevísimo gobernador de al Andalus en 730 que destituyó al décimo emir Al Haytam. Muy poco es lo que se sabe de Muhammad b. Abdállah al Asyai (Mamet Alascila, Mohomad Halasci, Mafomad fijo de Albeldola, Mohomat Avenabdalla) la persona que sucedió a al Haytam y precedió a Abderramán al Gafiqui.

El cortísimo gobierno de Muhammad hace que no lo mienten siquiera Ajbar, Fath, Dikr, Ifitah, Ibn Habib ni Ibn Jaldun. Según Bayan, Kamil, Ibn Baskuwal [apud Nafh], Muhammad fue proclamado por los andalusíes, después alçaron por rey a Mafomad... de Moro Rasis. Ibn Baskuwal lo hace hombre excelente. Todas las fuentes le asignan dos meses de gobierno, excepto Crónica del 754 y Albeldense que lo reducen a uno.

CHALMETA GENDRÓN, Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXXVI, págs. 740-741.

Uqba b. al Hayyay

Datos biográficos

Emir dependiente: 734-740
Predecesor: Abd al Malik
Sucesor: Abd al Malik

Biografía

Uqba b. al Hayyay al Saluli. ?, f. s. VII-Córdoba 741. Décimo tercer emir de al Andalus tras el primer gobierno de Abd al Malik. El gobierno de Uqba b. al Hayyay resulta especialmente interesante por la convergencia de tres hechos transcendentales: la gran rebelión beréber, la interrupción de las campañas pirenaicas, el inicio de los gobiernos autónomos. En claro contraste con la de su sucesor Abd al Malik, la figura del nuevo gobernador concita elogios en las fuentes. Todas, cristianas y árabes, coinciden en el aprecio a la persona y conducta de Uqba.

Es administrador correctísimo e irreprochable, justísimo, de excelente y alabada conducta, dedicado al yihad, victorioso. Fue nombrado por Ubayd Allah b. al Habhab (que acababa de incorporarse a su gobierno de Egipto, Ifriqiya y dependencias, que —a diferencia de sus hijos— no ha olvidado los lazos de clientela que le ligaban a la familia de su patrono) quien le había dado a escoger que provincia quería gobernar.

En 734, Uqba eligió al Andalus porque me gusta el yihad y es lugar [donde se practica]. Elección que está augurando la reactivación de una activa política expansiva y la supresión de las autonomías/resistencias indígenas. El nuevo gobernador entregado al yihad, lanzaba algaras todos los años. Todos los años conquistaba territorios, hasta que la zona poblada por los musulmanes incluyó Narbona y sus avanzadillas sobre el Ródano.

Efectivamente, aquella incursión del 734 ocupó Arles (entregada por Mauronto duce Massiliae), tomó Saint Rèmy-de-Provence, la peña de Aviñón y remontó el valle de la Durance, ocupación de la Provenza rodana que será incontestable hasta que en 737 ó 738, Carlos Martel con numerosas tropas francas y burgundas, tome Aviñón y asedie Narbona. La columna de socorro enviada por Uqba, bajo las órdenes de Amr b. al Layt fue aplastada a orillas del Berre.

En 739, Uqba estaba en Zaragoza, reuniendo numerosos efectivos para restablecer su dominio del sur de las Galias. Es allí donde le llegaron cartas, informándole del levantamiento de los beréberes norteafricanos y urgiéndole que acudiera a someterlos. Forzado a abandonar sus proyectos transpirenaicos, tuvo que regresar a Córdoba, para dirigirse después al Estrecho. No logrando, pese a sus esfuerzos, sofocar el alzamiento, les cerró el paso marítimo.

Al margen de las campañas externas de Uqba, su decidida política de supresión de autonomías/resistencias peninsulares fue también importante. para Moro Rasis et allego mui grant poder, et fue sobre Galicia et ganola, et fue luego sobre Pamplona et ganola et entrola por fuerça, et partiosse dende et vinosse para Navarra et ganola, et gano a Lupo (Álava) et Magarona, et gano otras muchas tierras que aun tenian los cristianos.

Es dentro de este contexto de crear un continuum que abarcase todo el norte, donde se menciona por primera vez una resistencia asturiana. episodio que sería posterior al 735, y dará una visión menos gloriosa de 'Covadonga'. Uqba conquistó todo el país hasta llegar a Narbona, ocupando Yilliqiya, Álava y Pamplona, sin que quedase en Yilliqiya caserío por conquistar, excepto la Peña.

Allí se había refugiado un rey al que llamaban Pelayo, con trescientos hombres. Los [musulmanes] no cesaron de combatirles y acosar hasta que muchos de sus compañeros murieron de inanición, mientras otro grupo [optó por] rendirse. Fueron menguando los resistentes hasta no quedar más de treinta hombres que, según se dice, no tenían ni diez mujeres, sustentándose de miel silvestre y guarneciéndose en la peña.

Siguieron alimentándose con la miel de las abejas cuyos enjambres vivían en las hendiduras de la peña, hasta que los musulmanes, no logrando acabar con ellos, les tuvieron en poco y les dejaron, diciendo: 'treinta bárbaros no pueden hacer gran cosa'.

las crónicas latinas reflejan la justicia y el rigor administrativo de Uqba. Desterró a los perversos Hispaniae, vel diversos viciis implicatos que habían medrado durante el gobierno de su antecesor, realizó un censo, adoptó medidas fiscales. Siendo de admirable conducta se esforzó por cumplir las nomas musulmanas. Aplicó el principio de ordenar el bien y prohibir el mal. Los protegidos son juzgados con arreglo a sus leyes.

Nunca ejecutaba a un politeísta sin, antes, haberle expuesto [las bondades] de la religión musulmana, le invitaba a convertirse, haciéndole ver su excelencia, le mostraba los errores de su [anterior] religión y afeaba la adoración de los ídolos. Se dice que gracias a esta costumbre suya, islamizaron más de mil hombres.

Según unos Abd al Malik se sublevó y depuso al gobernador, mientras otros afirman que este, enfermo de muerte, habría designas a aquél. Uqba falleció en Zaragoza, en enero de 741. Su gobierno había durado cuatro años y cinco meses Albeldense, cinco años Crónica 754, Arabum, Kamil, cinco años y dos meses (Ibn Habib, Bayan, Dikr, A´mal, cinco años y tres meses Imama, seis años y cuatro meses (al Razi [apud Nafh].

CHALMETA GENDRÓN Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XLVIII, pág. 651-652.

T´alaba b. Salama

Datos biográficos

Emir dependiente: 742-743
Predecesor: Baly
Sucesor: Abu al Jattar

Biografía

Emir dependiente 742-743. Ta´laba b. Salama al Amili. ?, p. s. VIII-Iraq o Egipto 750. Décimo sexto emir de al Andalus tras el gobierno de Baly Tras la muerte de Baly , en agosto de 742, los sirios designaron como gobernador a Ta´laba b. Salama al Amili.

De acuerdo con Ibn Hazm, la genealogía de este noble árabe (ignorado de Crónica 754, Albeldense e Historia Arabum era : Ta´laba b. Salama b. Yahdam b, Amr b. al Aydam b. Ta´laba b. Mazin b. Muzain b. Abi Malik b. Abi Azm b. Awkalan b. al Zuhad b. Sa´d b, al Harit [b. Amila], gobernador del Jordán y de al Andalus. Fue muerto [luchando] al lado del [califa] Marwan b. Muhammad en [750].

El reconocimiento sirio de Ta´laba era obligado, por cumplir la sucesión Kultum-Baly-Ta´laba decretada por el califa Hisam en 741. En cambio, no lo acataron los [seguidores de los] Fihríes que hicieron secesión y se negaron a obedecerle. Es más, las primeras gentes de al Andalus, árabes y beréberes, se levantaron en contra suya, buscando desquitarse de la derrota [de Aqua Portora].

Es un contexto de guerra civil. Otras fuentes árabes hay que presentan a las gentes de al Andalus escindida [entre la obediencia] a cuatro emires. Apreciación exacta puesto que coinciden: T´alaba (por los sirios), los dos hijos de Abd al Malik (uno por Extremadura y el otro por la frontera), más el jefe de los beréberes que andan buscando tomarse el desquite de su pasada derrota en Guazalete.

Las fuerzas contrarias son tan numerosas que T´alaba se vio obligado a refugiarse en Mérida. La situación de los sirios era desesperada y sus enemigos no dudaban de su exterminio. T´alaba, aprovecha un descuido de los asediantes, efectúa una salida desesperada, haciendo gran matanza y cogiendo mil prisioneros. Después, redujo a cautiverio las mujeres e hijos de los vencidos cuando anteriormente Bali nunca había llegado a esclavizar a las mujeres.

El número de cautivos ascendió a diez mil o más. Marchó con los prisioneros y esclavos a Córdoba, acampando en la almuzara, donde empezó a vender a las mujeres e hijos de los baladíes. Subastaba los varones árabes a la rebaja, hasta adjudicar a dos medinenses por un perro y un cabrito. Pensaba pasar a espada a los prisioneros beréberes después de la oración del viernes, y la gente se había congregado para presenciar la ejecución, cuando divisaron una bandera y un cortejo, era Abu al Jattar que llegaba como gobernador de al Andalus.

Obsérvese como el odio carga sobre los beréberes. Los sirios llegan a tratarles de una forma que no responde ni las viejas normas preislámicas referentes a los familiares de los vencidos: maniatando al padre con el hijo, repartiéndose y vendiendo como botín a las mujeres y niños. En cambio a los árabes paisanos o baladíes se les humilla y escarnece, pero no se les ejecuta.

Una situación insostenible, y suicida, en términos del mantenimiento del dominio musulmán de la Península, dadas semejantes circunstancias era vital poner fin a este enfrentamiento armado entre descendientes de conquistadores y los recién llegados. Es entonces cuando, las gentes de bien y sensatas de al Andalus —tanto sirios como baladíes— recurrieron al gobernador de Ifriqiya, rogando que les enviase a un gobernador que los reuniese, al que todos acatasen y fuese reconocido por sirios y baladíes; sino las luchas intestinas acabarán con nosotros y no dudamos que el enemigo termine por vencernos y apoderarse de nuestras familias.

El gobierno de T´alaba ha abarcado de agosto de 742 a mayo de 743. Son los diez meses que consignan Fath, Bayan, Nafh e Ibn Jaldun; en cambio Ibn Habib, Imama [ambos le hacen morir en combate, confundiéndole con Bali], Dikr y A´mal lo reducen a cinco meses.

CHALMETA GENDRÓN Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XLVII, págs. 545-546.

Abu al Jattar b. Dirar

Datos biográficos

Emir dependiente: 743-745
Predecesor: T´alaba
Sucesor: Tawaba

Biografía

Decimonoveno emir de al Andalus. Sucedió en el emirato a T´alaba b. Salama al Amili. Nombrado por el valí de África, desde el primer momento demostró su favoritismo hacia los kalbíes. Pertenecía a la aristocracia de Damasco y su personalidad se impuso a los sirios, que no se atrevieron a oponérsele. Libertó a 10.000 cautivos que se vendían en Musara, concedió amnistía a los rebeldes y para evitar nuevos disturbios, se atrajo a los chundis (divisiones) sirios alejándoles de la capital, concediéndoles feudos en la Península, pero con la obligación del servicio militar y el compromiso de responder a posibles movilizaciones.

Los compañeros de Baly aceptaron esta proposición y así el yund o chund (división) de Damasco quedó establecido en Elvira; el del Jordán en el Regio (Archidona y Málaga); el de Palestina en Medina Sidonia y Algeciras; el de Enesa en la región de Sevilla y Niebla; el de Quinnasrin, en el territorio de Jaén y el de Egipto recibió los fondos del Algarve y el distrito de Tudmir (Murcia).

Los 10.000 ó 12.000 sirios que había que instalar fueron asentados en tierras nuevamente amputadas al quinto jums estatal; pero ni con todo lo que quedaba de ese quinto hubiera bastado para aposentarlos. Abu al Jattar realizó entonces una reforma importante. En primer lugar vació las tierras incautadas y ocupadas violentamente por los sirios, asentándolos en unas zonas determinadas mediante un nuevo tipo de concesión territorial, llamada de soldada iqta istiglal.

En efecto, los sirios no recibieron iqtas territoriales —no se debe mantener el tópico distorsionador de que les fueron concedidos feudos—, sino una parte de los tributos que pagaban los dimmíes (población autóctona sometida). Probablemente era el propio Estado el que, en principio, cobraría los tributos que después abonaría a los sirios.

Pero la reforma de Jattar tuvo también otra fase no menos importante: una vez asentados los sirios, se trataba de indemnizar a los baladíes (veteranos ocupantes de al Andalus) por los agravios sufridos por las confiscaciones de aquéllos y hacerles olvidar futuras represalias.

La forma de compensarlas no fue otra que refrendar y ratificar la incierta y semilegal propiedad de que disfrutaban, según ellos desde el hipotético reparto de Musa. Y, es más, los que ya disfrutaban de las auténticas iqtas territoriales —concedidas por al Samh— debieron ampliar sus derechos de propiedad y convertirlas en propiedad libre, exenta de contrapartidas hacia el Estado. Fue así, como, ratificando propiedades poco claras y ampliando los límites de las que ya eran legales, Jattar neutralizó dde momento el peligro de guerra civil entre sirios y baladíes.

Tras unos comienzos de gobierno ecuánime, Jattar realizó una política parcial hacia los árabes del Sur (yemeníes). Poco duraron los buenos propósitos y renació el espíritu de venganza del quelbita (Abu al Jattar), contra los Qaysíes (capitaneados por Sumayl). Sumayl b. Hatim al Kilabi, jefe de los Qaysíes, había llegado a España en el séquito de Baly, figuraba en el chund de Quinnasrin y sin duda, no se había retirado todavía a la hacienda de Jaén, cuando se declaró una guerra implacable entre Abu al Jattar y el jefe qaysí.

Sumayl se alió con dos tribus yemenitas, los de Chudam (yudamíes) y Laju (lajudíes), quienes aunque yemeníes estaban enfrentados con al Jattar. Al Sumayl recorrió Sevilla, Écija y Morón, buscando apoyo a su partido y ofreciendo a Tawaba, jefe yudami, el mando de la coalición. Abu al Jattar b. Dirar sale contra los sublevados y se enfrenta a ellos junto al río Guadalete, en 745. La victoria se decanta a favor de los rebeldes y el emir cae en sus manos, siendo hecho prisionero y Tawaba b. Salama al Yudami se encaminó a Córdoba donde se proclamó gobernador de España, aunque los resortes del mismo eran movidos por al Sumayl.

Se instauraba así un gobierno pro-Qaysí, prolongado después cuando la muerte de Tawaba. Desde entonces los medinenses dejaron de figurar como partido político; y solo más tarde algunas ilustres familias medinenses vuelven a figurar en la Historia.

CHALMETA GENDRÓN Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, pág. 538.

Tawaba b. Salama

Datos biográficos

Emir dependiente: 745-747
Predecesor: Abu al Jattar
Sucesor: Yusuf

Biografía

Emir dependiente 745-747. Tawaba b. Salama al Yudami. Siria, f. s. VII Córdoba, 746. Décimo octavo emir de al Andalus tras el gobierno de Abu al Jattar. Tuwaba [parece preferible esta vocalización a la de Tawaba era un noble sirio (probable hermano de Ta´laba), perteneciente a la división de Palestina que, en el momento del alzamiento de al Suamyl contra Abu al Jattarestaba establecido en Morón y se verá ofrecer la jefatura de los Mudaríes.

Parece ser que se consideraba tenido en menos al haber sido destituido del gobierno de Sevilla por Abu al Jattar. Molesto por este agravio, habría acogido favorablemente la propuesta de secundar la sublevación anti-Yaman hecha por al Sumayl. Este, siguiendo su propósito de halagar (para ganárnoslos) a Lajmíes y Yudamíes, ofrece la jefatura —nominal— del movimiento a Tuwaba, pero todo el poder pertenecía a al Sumayl. Habiéndose reunido las fuerzas rebeldes en Sidonia, derrotaron e hicieron prisionero a Abu al Jattar en Guadalete.

Hechos que son ligeramente anteriores a abril de 745. Tuwaba se instala en el alcázar cordobés y recaba de Abderramán b.Habib, gobernador de Ifriqiya, un diploma de nombramiento. Preocupado por la hegemonía de la coalición Qays-Lajm-Yudam, Abderramán al Kalbí consigue liberar a Abu al Jattar, que recluta un ejército yamaní en el Algarbe. El encuentro cerca de Córdoba, se resuelve sin lucha, desarmados los atacantes por al observación de que Tuwaba es también uno de los suyos. Parece que se llega a una especie de acuerdo informal y Abu al Jattar se retira a Beja. Situación de no beligerancia que se mantiene hasta el fallecimiento de Tuwaba.

La fecha de su muerte no está nada clara, Bugya y Bayan la colocan en 745, mientras Ajbar y Kamil la llevan a 746. Tampoco hay acuerdo sobre la duración de su gobierno. Ibn Habib, Ajbar, Bugya, Imama, Albeldense, Arabum e Ibn Baskuwal en Nafh dan un año, y un mes, y dos meses; mientras Bayan, A´mal, Dikr e Ibn al Faradi en Nafh le asignan dos años, dos años y dos meses... En cualquier caso, tuvo que terminar unos meses antes del gobierno de Yusuf que fue reconocido en diciembre de 746.

CHALMETA GENDRÓN Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XLVIII, pág. 538.