Yusuf b. Abderramán

Datos biográficos

Emir dependiente: 747-756
Sobrenombre: al Fihri
Predecesor: Tawaba Salama
Sucesor: Abderramán I

Biografía

Qayrawan (Túnez), 691/692 Toledo, 759. Décimo noveno y último emir de al Andalus dependiente de Damasco. Yusuf b. Abderramán b. Habib b. Abi Ubayda b. Uqba b. Nafi al Fihri era descendiente de Uqba, el conquistador del norte de África y fundador de Qayrawan. Antes de que su padre participase en la invasión de Hispania, acompañando a Habib b. Abi Ubayda al Fihri, y regresase posteriormente a Ifriquiya, Yusuf había nacido en Qayrawan, en 691-2 (puesto que tenía cincuenta y siete años en 746).

Consta que no se llevaba bien con su progenitor, con el que se enfadó, pasando a al Andalus en tiempos de Bisr b. Safwan al Kalbi (721-727). Parece que se estableció en Elvira, pues allí tenía grandes propiedades. La actuación de Yusuf coincide con el último año de Abu l Jattar y los tres primeros de Abderramán b. Muawiya, solapándose con la de al Sumayl.

Era hombre principal, noble [Crónica Albeldense] llega a incluirle entre los regem ex origine Beni Umeia, piadoso, entrado en años, respetado y sesudo; pero también débil e influenciable, puesto que nunca llegó a zafarse de la influencia y dominio de al Sumayl, del que era hombre de paja. Yusuf, apartado de la política, no se había mezclado en las luchas entre baladíes y Sirios, participado ni intervenido en el levantamiento de Tawaba contra Abu l Jattar.

Circunstancias que, cuando tras el fallecimiento de Tawaba, los andalusíes no lograron ponerse de acuerdo (pugnando durante cuatro meses, tanto Mudaríes como Yamaníes por imponer un gobernador suyo), hicieron de Yusuf un candidato de compromiso aceptable por ambas partes. Es de señalar que, no albergando ambiciones políticas, no se presentó ni autoproclamó. Antes bien, fue escogido, propuesto por indicación de al Sumayl (siguiendo su política de designar a quienes tuviesen el nombre mientras nosotros obtengamos los beneficios e inclusive presionado si no aceptas serás responsable de la guerra civil.

En un contexto de perturbación del poder omeya en Oriente, estaba el califa Marwan atareadísimo con el surgimiento de la revolución abbasí y la anarquía reinante entre las gentes de al Andalus. Yusuf no fue nombrado (por el califa o gobernador de Ifriquiya), sino elegido: ab omni senatu palatii mirifice adclamatur in regno, proclamación influida por el que fuese senior et longevus. Un hombre gris, de transición, que con unanimidad de aceptación y obediencia), y que dé paso al establecimiento de una solución de compromiso: repartir el mando entre Mudaríes y Yamaníes, turnándose cada partido en el mando al cabo de un año. Yusuf inició el primer turno, mientras Ibn Hurayt, candidato del partido Yudami/Yamani, obtuvo la concesión de la provincia de Reyo.

Todo parecía solucionado cuando al Sumayl, habiendo forzado su posición, logró la artera destitución de Ibn Hurayt. Este, ante tamaño incumplimiento del acuerdo, se alió con Abu l Jattar, para conseguir por las armas que la hegemonía volviera a los Yamaníes. Yusuf, en un vano intento de evitar el enfrentamiento se retiró en su morada. Pero las posiciones se habían radicalizado y.

cada uno se apartaba de su vecino, para unirse a su clan propio. Esta fue la primera guerra que hubo en el Islam entre estos partidos [Yaman y Mudar], pues nunca antes se había luchado por este motivo. Tal fue la gran contienda que hizo temer se perdiera el Islam en al Andalus; siendo de un encarnizamiento tal como no se había visto otro igual en Oriente ni Occidente.

El choque tuvo lugar en Secunda y la lucha fue larga y enconada, permaneciendo muy igualada durante toda la jornada. Al atardecer, viendo que los Yamaníes estaban consiguiendo una ligera ventaja, al Sumayl recurrió a las gentes del zoco de Córdoba. La intervención de estos cuatrocientos hombres, armados de palos, chuzos y cuchillos de carnicero, atacando a unas tropas agotadas de cansancio, decidió la batalla, con numerosas bajas de Yamaníes y muerte de sus jefes.

Al Sumayl, instigador y verdadero responsable del enfrentamiento, donde capitaneó a los Mudaríes, aprovechó su victoria para ejecutar a setenta prisioneros. Y estaba decidido a continuar aquella carnicería, de no haberse resueltamente interpuesto Abu Ata, jefe de los Gatafán.

Tras el encuentro de Secunda (747), Yusuf gobernó con el asentimiento de las tropas de Mudar, Yamán y Siria, siguiéndole la gente de al Andalus. El gobernador había regresado a su residencia oficial, pero quien mandaba era al Sumayl, cuyo poder creció y ejercía realmente el gobierno, mientras los demás solo tenían el nombre. Situación que empezó a pesarle al gobernador que se inquietó y concibió recelos, decidiendo alejar a al Sumayl, confiriéndole parte de su poder. Así que, el año 749, le dio el gobierno de Zaragoza y su territorio.

La incorporación de al Sumayl a su jurisdicción coincidió con el inicio de una hambruna generalizada que duró varios años. A las desastrosas consecuencias de aquella calamidad vino a sumarse el que los manejos de al Sumayl por lavar su agravio habían provocado que todos los recursos se hubiesen volcado en la lucha por hacerse con el poder en Córdoba, desatendiendo las fronteras norteñas.

Circunstancia aprovechada por las gentes de Yilliqiya que se sublevaron contra los musulmanes, creciendo su poder hasta adueñarse de la región de Asturias. Los musulmanes de Yilliqiya y Astorga les combatieron mucho tiempo, hasta que ocurrió la guerra civil entre Abu l Jattar y Tawaba. Así, durante el año 750, los cristianos derrotaron y expulsaron a los musulmanes de toda Yilliqiya, se tornaron cristianos aquellos de fe vacilante y disminuyeron los ingresos de la tributación. De los musulmanes restantes, unos fueron muertos, mientras otros huyeron tras la cordillera, hacia Astorga, Coria y Mérida.

En fecha indeterminada, pero que debe ser posterior a la rebelión de Urwa y, quizás también a la gran hambre, Yusuf mandó hacer un censo de la población superviviente y ordena que se borre de los registros públicos los nombres de aquellos contribuyentes cristianos víctimas de tantas matanzas. Lo cierto es que aquella unanimidad de aceptación y obediencia posterior a Secunda, no duró mucho, produciéndose diversos levantamientos: Abderramán b. Alqama en Narbona, Urwa b. al Walid en Beja, Emr b. Yazid al Azraq en Sevilla...

Estando al Sumayl en Zaragoza un noble quraysi Amir al Abdari, considerándose postergado por Yusuf, recaba un nombramiento del califa abbasi para iniciar un levantamiento en Córdoba. Pero, no sintiéndose seguro ante la perspectiva de terminar asesinado por el gobernador, huyó a la zona aragonesa (de mayoría yamaní), donde se alió con otro rebelde, al Hubab al Zuhri.

Juntos asediaron a al Sumayl que, reducido a la última necesidad, solicitó la ayuda de Yusuf. Al no lograr (o no querer) este reunir tropas, al Sumayl envió una desesperada de auxilio a los Qaysíes de las divisiones de Qinnasrin y Damasco, que consiguieron alistar algunos efectivos. Pese a lo reducido de su número, la llegada de esta pequeña columna de socorro (donde iban treinta clientes omeyas) bastó para que los asediantes levantasen el cerco. El encubierto propósito de estos clientes no era otro que sondear la posición que al Sumayl adoptaría ante la llegada y establecimiento de Abderramán b. Muawiya el al Andalus.

En 755, durante la preparación de la campaña convocada por Yusuf para reducir a los rebeldes de la zona aragonesa, los emisarios omeyas volvieron a tantear a al Sumayl quien, tras una inicial promesa de apoyo, se retractó y amenazó con oponerse. Defraudadas sus esperanzas, aquellos se quedaron rezagados para preparar encubiertamente el desembarco de Abderramán El Emigrado (y fundador de la dinastía omeya cordobesa).

La llegada de Yusuf y al Sumayl ante Zaragoza hizo que los rebeldes optasen por entregar a sus jefes (con implícita promesa de amnistía). Pese al insistente empeño de al Sumayl en que fueran ejecutados, la calurosa defensa de los dos jefes de los Kalbíes (y de los quraysíes) consiguió salvarles momentáneamente.

Con el fin de eliminar esta oposición que estorbaba sus sangrientos propósitos, al Sumayl envió (con fuerzas marcadamente insuficientes) a ambos jefes a reprimir un levantamiento de los vascones en Pamplona y, tan pronto como tuvo noticia de su derrota y desaparición en combate, hizo ejecutar a los rebeldes. Hechos que provocaron profundo malestar en las tropas y que el propio Yusuf viese en el desembarco e inicio del triunfo de Abderramán el castigo divino por aquellas muertes

Al Sumayl reaccionó ante la noticia, proponiendo un ataque inmediato, suspendido por la deserción de las tropas (indignadas por aquellos procedimientos y cansadas por la campaña) a lo que vino a sumarse lo avanzado de la estación.

Yusuf, siempre siguiendo indicaciones de al Sumayl (y con engañosos propósitos según Bayan envió emisarios al Emigrado con la proposición de que renuncie a buscar el poder, a cambio de entregarle dinero, darle a su hija en matrimonio, y establecerle al frente de las provincias ocupadas por las divisiones de Damasco y Jordán. Oferta que fue rechazada, por engañosa y no fiable, ya que su visir y regidor de su voluntad es al Sumayl, cuya palabra no es de creer.

La victoria de las tropas de Abderramán en al Musara (a las puertas de Córdoba) vio la derrota y fuga de Yusuf (hacia Toledo) y la de al Sumayl (a Jaén), así como el saqueo de los dos palacios de ambos, pero guardándole cortesía a las mujeres de la familia del primero. La fecha de esta batalla: 14-V-756 marcó el principio del emirato omeya andalusí, coincidiendo con el fin del gobierno de Yusuf/al Sumayl. Tras su derrota, ambos trataron de rehacerse y recobrar el poder, dirigiendo ataques desde Toledo y Jaén, llegando un hijo de Yusuf a ocupar Córdoba durante un día.

Pero, a los dos meses, optaron finalmente por someterse en la vega de Granada. Según los términos del acuerdo de paz, confirmado por todos los grandes del ejército, reconocían la soberanía de Abderramán, a cambio de gozar de una amnistía total y conservar sus propiedades, habiendo de residir en Córdoba y presentarse diariamente a palacio, Yusuf entregaba como rehenes a sus hijos, que estarían en dorado cautiverio en el alcázar cordobés, hasta tanto se enderecen los asuntos pues, cuando se aquietasen, serían puestos en libertad.

El antiguo gobernador fue inscrito en el rol del ejército, percibiendo un estipendio. Durante algo más de un año, el asunto parecía zanjado cuando, grandes familias que, bajo el gobierno de Yusuf habían gozado de consideración y concesiones territoriales, dejaron de disfrutarlas. Por lo que le incitaron a rebelarse y volverse atrás de lo acordado, no cejando hasta que le hicieron escribir a la gente principal. Los sirios de al Sumayl y los Qaysíes rehusaron seguirle, por lo que se dirigió a los baladíes, a las gentes de Mérida y Fuente de Cantos, quienes si aceptaron secundarle.

Abderramán, informado de la huida de Yusuf a Mérida, acusó a al Sumayl de complicidad o, cuando menos, de encubrimiento encarcelándole. Los numerosísimos partidarios de Yusuf fueron derrotados en Sevilla, por Abd al Malik al Marwani con tan pocos hombres que no pudo perseguirles. El propio Yusuf fue muerto en Toledo por árabes cuyo propósito era hacer que la gente descanse de su maldad, pues se ha convertido en un hombre que enciende constantes guerras.

Tan pronto Abderramán conoció aquella muerte ejecutó al mayor de los hijos de Yusuf (retenido como rehén), mientras al Sumayl fue envenenado o estrangulado en su celda.

El gobierno de Yusuf (siempre como títere de al Sumayl, por el que estuvo siempre totalmente dominado) habría durado siete años y nueve meses (para Ibn Habib), nueve años (Bayan), nueve años y nueve meses (Hulla, Ihata), nueve años y once meses (Amal, Dickr), diez años (Fath, Imama), once años Crónica Albeldense, Las fechas correctas son : 29-I-747 a 8-V-756).

CHALMETA GENDRÓN Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol L, pág. 624-626.