Abd al Aziz b. Musa

Datos biográficos

Emir dependiente: 711-716
Sucesor: Ayyub Habib al Lajmi

Biografía

Cuando, en 714, Musa se vio obligado a abandonar al Andalus, para presentarse ante el califa al Walid, dividió el regimiento de su gobernación entre sus tres hijos. Asignó Ifriqiya al mayor, Abd Allah; la zona de Tánger a Abd al Malik, y al Andalus a Abd al Aziz. Dispuso de estos territorios como si de bienes propios se tratase, cuando los hijos no heredaban nunca a los padres en el cargo [esto no sucederá hasta el nacimiento de la dinastía Tahirí en 822]. Ello daba pie a sospechas de una posible-presunta rebelión-secesión [...] (precisamente la preocupación de Sulayman).

El análisis de la figura y actuación de Abd al Aziz b. Musa b. Nusayr está condicionado por dos corrientes historiográficas antagónicas. Según la primera, sería dechado de gobernadores y creyentes, mientras la otra lo acusa de cripto-apostasía y de preparar una rebelión (legitimando así su eliminación). Abd al Aziz había luchado en compañía de su padre, colaborando eficazmente en su campaña andalusí. Mientras este sitiaba Mérida, Sevilla se sublevó, siendo Abd al Aziz el encargado de reducirla y someter el Algarve. Después, desde su base sevillana, va a someter la provincias de Málaga, Granada y Murcia.

Precisamente la capitulación de esta zona se ha conservado y puede servir de modelo para conocer la forma pactada de transferencia del orden godo a la soberanía musulmana de la Península.

En el nombre de Dios, Clemente y Misericordioso. Este es el documento [concedido] por Abd al Aziz b. Musa a Tudmir b. Gandaris/Todomiro, cuando se acogió a la capitulación. [Tudmir queda cubierto] por el pacto y la garantía de Dios y [las normas] que envió mediante sus profetas y enviados. Adquiere la protección de Dios —ensalzado y honrado sea— y la de Muhammad Dios le bendiga y salve. [No será destituido de su soberanía]. En nada será alterada [la presente situación] tanto suya como de cualquiera de sus compañeros. No serán reducidos a cautiverio, separados de sus mujeres ni hijos. No serán muertos. Sus iglesias no serán incendiadas [ni despojadas de sus objetos de culto]. No se les forzará a [renunciar] a su religión. Esta capitulación cubre siete ciudades: Orihuela, Mula, Lorca, Balantala, Alicante, Ello y Elche. [Tudmir] no dejará de observar el cumplimiento del pacto y no rescindirá lo acordado. Ha de cumplir sinceramente lo que le impusimos y está obligado a [seguir] lo que le ordenamos. No dará asilo a ningún siervo fugitivo nuestro, albergará enemigo nuestro, ni dañará a nadie que haya recibido nuestro amán]. A él y a sus compañeros les incumbe el pago de la gizya: todo hombre libre pagará un dinar [de oro], cuatro almudes de trigo, cuatro de cebada, cuatro cántaros de vinagre, uno de miel y otro de aceite. A todo colono le incumbe el pago de la mitad de estas cantidades. Actuaron de testigos de este pacto Utman b. Ubayda al Qurasi [...] Fue escrito en rayab del año 713.

A mayor abundamiento, compárese con los términos [resumidos] de la capitulación de Mérida (que había ofrecido larga resistencia).

et pleitearon que diessen [a los musulmanes] todo el aver de los muertos, et de los huidos, et de las iglesias, et de lo que en ellas estaba, ansi como piedras preciossas et otras nobles cosas; et todo el aver de los clerigos. Et después de que esto fue firmado por buenas cartas, abrieronsse las puertas, et acogieron [a Musa y a sus gentes] dentro y entregronlo de ella. Et aquellos chistianos que hi moravan no les facian mal, et los que irse querian ibanse, et no les facian mal.

Es esta una muestra de la pauta aplicada de reconocimiento general de las situaciones locales que tenía vigencia de facto. Gracias a la colaboración —interesada— de los obispos, los indígenas conservan sus anteriores estructuras y bienes, pero, ahora bajo la protección de una nueva superestructura arabo musulmana.

[episcopo suadente, ut subiecti Arabibus viverent sub tributo [...] foedus Sarraceni, [...], clerus et christiani [...] servituti barbaricae mancipati elegerunt degere sub tributo, permissi sunt uti lege et ecclesiastis institutis, et habere pontifices et evangelicos sacerdotes.

Tras la marcha de Musa, la actividad militar de Abd al Aziz parece haberse concentrado sobre las comarcas catalanas y portuguesas. Según un pasaje recogido por Sandoval habría ocupado pacíficamente Lisboa, saqueado Coimbra, y regiones norteñas, asolando Oporto, Braga, Tuy, Lugo y Orense.

Invasión de la Península IbéricaInvasión musulmana de la Península

Asimismo parece ser que fue durante su gobierno cuando son ocupadas de forma estable, Tarragona, Barcelona, Gerona y tal vez también Narbona. Como no son despreciables sus campañas, lo verdaderamente transcendental de Abd al Aziz fue ser quien inauguró y sistematizó la política de ocupación, sentando así las bases de lo que será al Andalus.

Su actividad estará condicionada por esta necesidad de asegurar las conquistas musulmanas. par ello tuvo que reclutar tropas, pues muchos de los árabes de pura cepa se habían retirado acompañando la marcha de Musa. Un doble problema: falta de hombres y escasez de medios para retribuirlos. Las pagas tienen que proceder de los recursos locales, ya sea mediante concesiones de tierras, ya mediante una reestructuración y redistribución de los ingresos obtenidos por el fisco.

Naturalmente ello había de provenir esencialmente de los indígenas, exigiéndoles el pago de los tributos establecidos por conquista, capitulación o reconocimiento de soberanía. Abdellazis omnem Spaniam per annos tres sub censuarioiugo pacificans. También se reclamó su cuota a los musulmanes: hubieron de satisfacer el diezmo (que no habían abonado durante la fase anterior). Por esto, desde Sevilla que ha elegido como sede de su nuevo gobierno.

et escrivo sus cartas, ey enviolas a su tierra [Norteafrica], et mando decir a todos aquellos que el mas queria, et que de derecho avian del amor, que se viniesen para el, et que les daria mui buenas tierras, et muchas bondades, et que les faria tanto de que ellos fueses pagados. Et tanto les enbio decir, et tanto fico, que luego se vinieron para el, et en mui poco tiempo fueron con el muchos bueno homes que dejaron sus tierras y sus averes, et se fallaron despues bien de lo que hicieron [...] Et ese fue mui buen home, et fico mucha merced a fijosdalgo.

Consegurir estos refuerzos fue en detrimento de la influencia y, sobre todo, a expensas de los primeros conquistadores que vieron como tenían que compartir. Ello generó tensiones económicas y sociales por cuanto los recién llegados eran en su mayoría libertos y beréberes. Tensiones que se traducen en un levantamiento seditione suorum, pese a ser excelente el gobierno de Abd al Aziz no duró por la sublevación del yund en contra suya, por cosillas que le achacaron.

Todas las fuentes coinciden en la autoría material del asesinato: la aristocracia árabe. Los motivos aducidos son distintos según se atribuya la iniciativa al yund o al califa. En el primer caso la acusación es la del mal musulmán una especie de antítesis de las cualidades atribuidas a Musa, pro-cristiano e, incluso, apóstata con visos de rebelde.

Todo envuelto en una historia —que todos cuentan y nadie cree— de corona áurea y prosternación ante Abd al Aziz, exigida por la viuda [hermana o hija] de Rodrigo. Influencia de Egilona que le habría llevado a una excesiva benevolencia para con los indígenas, interpretada como cripo-apostasía.

Más verosímil y consistente que el presunto ascendente nefasto de aquella goda es la acusación de propósito de rebeldía para proclamarse monarca. Abdillazis [...]iugum Arabicum a sua cervice conaret evertere et regnum invasum Iberie sibimet retemtare. Son varias las fuentes que relacionan esta intención con la indignación con el trato infligido a su padre Musa y la muerte dada a su hermano Abd Allah.

Pero diversos indicios parecen apuntar a que se trataría de un rumor creado y propalado por Sulayman, para justificar la eliminación de los nusayríes. El yund habría asesinado a Abd al Aziz por orden del propio califa. Y por esta razón le remiten la cabeza del muerto que exhibirá ante Musa.

CHALMETA GENDRÓN, Pedro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 123-125.