El Califa Muhammad II

Datos biográficos

Califa omeya de Córdoba: 1009-1013
Sobrenombre: al Mahdi
Fallecimiento: 1013
Predecesor: Hisam II
Sucesor: Sulayman al Mustain

Biografía

Un príncipe omeya, biznieto de Abderramán III, Muhammad, había logrado concertar a las muchedumbres obreras de Córdoba, fervientemente dinásticas, y consiguió apoderarse del palacio califal, en donde obtuvo la abdicación de Hisam II. La revolución fue pronto incontenible. Zahira, el palacio de los Amiríes, resultó saqueado e incendiado, y Abderramán Sanchuelo, alcanzado en el camino por las tropas de Muhammad, fue muerto en compañía de su feudatario, el conde de Carrión.

El régimen Amirí desapareció en el año 1009. Los restos del hijo de Almanzor, sirvieron de sangriento trofeo junto a una de las puertas de palacio. Fue el primer golpe de estado en 253 años de historia andalusí. El golpe de estado abrió una época y cerró otra. Abrió la fitna o guerra civil y clausuró el consenso anterior. La restauración de los omeyas no trajo a Córdoba la paz. Permanecía el fermento revolucionario de los eslavos y de los beréberes atraídos a Córdoba por los últimos califas como único medio de proseguir victoriosamente la guerra contra los cristianos, favorecidos por la política de Almanzor.

Además Muhammad al Madhi, era incapaz de gobernar un pueblo en circunstancias tan difíciles y propició reacciones populares contra bereberes y desterró a poderosos eslavos. Los bereberes vejados y perseguidos, dirigidos por su jefe Zawí b. Zirí, proclamaron califa a otro omeya, Sulayman, también biznieto de Abderramán III, que tomó el nombre de Al Mustain y tomaron el camino de Guadalajara. Desde allí quisieron atraerse al gobernador de la frontera, el eslavo Wadih, el cual se negó al pacto, y les obligó a pedir ayuda al conde Sancho I García.

El conde se encontraba erigido en árbitro de la España musulmana. Los berberiscos encontraron en su corte otra embajada de Muhammad al Madhi, que había entregado a Sancho I García un riquísimo presente de dinero, telas preciosas, pedrerías, caballos y mulos. La austera y pobre Castilla comenzaba a enriquecerse con los despojos del califato. Bien informado, Sancho I García se inclinó a los africanos y le envió un gran socorro de víveres.

El ejercito de Muhammad al Madhi, compuesto por burgueses faquíes y obreros de Córdoba, fue deshecho y acuchillado en Cantich, a orilla del Guadalquivir. Muhammad intentó en vano conjurar el peligro proclamando de nuevo a Hisam II. Córdoba fue espantosamente saqueada por cristianos y berberiscos y el conde abandonó la ciudad con un inmenso botín de los tesoros acumulados en ella durante los dos siglos de gobierno de los Omeyas.

Los sublevados proclaman califa a Sulayman con el título de al Mustain bi allah, el que implora la ayuda de Dios. Muhammad al Mahdi, se refugia en Toledo, y su lugarteniente Wadih se establece pacíficamente en Tortosa. Desde allí entró en negociaciones con el conde de Barcelona, Ramón Borrell III, hijo de Borrell II Bonfill, que había presenciado el saqueo de Barcelona por las tropas de Almanzor.

El ya poderoso condado catalán, del todo desintegrado de la influencia franca, había entrado de lleno en la política peninsular, unas veces reconociendo la supremacía del califato de Córdoba, como en el caso de Borrell II Bonfill, que en 970 y 974 envió a sus embajadores a Al Hakam II, otras aliándose con los príncipes cristianos en contra de los musulmanes. El conde de Barcelona aceptó las dádivas y las ofertas de Wadih y en compañía del conde de Urgel, Armengol, tomó el camino del sur. A comienzos de Junio de 1010, los eslavos de Muhammad, reforzados por los contingentes catalanes, lucharon contra los berberiscos de Sulayman en Acaba al Bacar, cerca de Córdoba.

La batalla fue dura y en ella murió el conde de Urgel, pero la victoria se decantó por Muhammad y sus aliados. Los bereberes levantaron sus asentamientos en Medina Azahra y partieron hacia el sur, perseguidos por las tropas de Muhammad, que esta vez fue derrotado por ellos en el Guadiaro. Córdoba fue de nuevo saqueada por los catalanes que tuvieron distinta suerte en otro combate en Guadiaro, que debilitó las fuerzas del conde catalán y decidió retornar a Cataluña y dejó la ciudad califal bajo la amenaza de las represalias berberiscas.

Wadih, jefe de los eslavos, convencido de la nulidad de Muhammad, le hizo asesinar y devolvió el trono a Hisam II, acaso con la esperanza de ser a su lado un nuevo Almanzor. Los bereberes comenzaron a pedir contrapartidas. Exigieron territorios, recogida de impuestos, a cambio de protección, lo cual derivaría en la instalación de los ziríes en y Granada Jaén, de los Jizruníes en Arcos, de los Birzalíes en Carmona, de los Dammaríes en Morón y de los Yafraníes en Ronda.

BALLESTEROS y BERETTA, Antonio, Historia de España y su influencia en la historia universal, Editada por Salvat; 1944, Vol II.