Ali Ibn Yusuf Ibn Tasufin

Datos biográficos

Califa almorávide: 1103-1143
Nacimiento: 1083
Fallecimiento: 11-II-1143
Predecesor: Yusuf Ibn Tasufin
Sucesor: Tasufin Ibn Ali

Biografía

Ali b. Yusuf b. Tasufin nació en Ceuta en 1083 y murió en Marrakech el 11-II-1143. Segundo emir almorávide de al Andalus. Fue el fruto de una relación de Yusuf b. Tasufin con una concubina cristiana llamada Faid al Husn. Se ignora el lugar que ocupaba entre la descendencia de su padre, aunque no era su primogénito, pues entre los almorávides seguía vigente un cierto carácter electivo que obligaba al gobernante a consultar a los principales jeques la idoneidad de los distintos candidatos al poder soberano.

Alí fue proclamado oficialmente como heredero en Marrakech en 1102 y posteriormente en Córdoba en 1103, con motivo del quinto y último viaje de Tasufin a al Andalus. Al igual que su padre gobernó con el título de príncipe de los musulmanes, aunque no llegó a tener el reconocimiento oficial del califa Abbasí. Alí accedió al poder a la edad de veintidós años, ejerciéndolo durante largo tiempo, durante casi cuatro décadas, de forma que el grueso de la Historia del Imperio almorávide la integran los más de ochenta años durante los cuales él y su padre Yusuf b. Tasufin detentaron el poder.

En su largo periodo de gobierno cabe distinguir dos etapas claramente diferenciadas y marcadas por signos opuestos, la inicial, más breve, señalada por los éxitos, y una larga etapa, que abarca las tres últimas décadas, durante las cuales los problemas internos y externos fueron la tónica dominante, suponiendo el inicio del declive del imperio almorávide.

Durante los primeros quince años posteriores a su proclamación, Alí supo continuar la trayectoria política de su padre, siendo capaz de continuar su tarea expansiva, de tal forma que, bajo su gobierno, el Imperio almorávide alcanzó su máxima extensión territorial. Al igual que hizo Yusuf b. Tasufin, convirtió la lucha frente a los cristianos en la Península ibérica en una de sus principales prioridades políticas y obtuvo ante ellos importantes éxitos. Sin embargo, la segunda etapa de su reinado dio lugar al inicio de su decadencia política, provocada por la doble actuación del naciente movimiento almohade y el renovado empuje de los cristianos en la Península, a lo que se debe añadir el propio descontento de la población andalusí.

La 1ª expedición peninsular

Lanzó su primera expedición en julio-agosto de 1107, dirigiéndose a Algeciras con la única finalidad de recibir el reconocimiento de los andalusíes. A partir de este momento tuvieron lugar sus dos principales éxitos, la victoria ante Alfonso VI en Uclés, a pesar de que el rey Alfonso, ya muy anciano, envió a la mejor hueste que podía reunir. Iba en ella Sancho, su único hijo varón, hijo de la mora Zaida, con los insignes Alvar Hañez y el conde García Ordóñez, el favorito del emperador. La batalla se dio en los campos de Uclés el 30 de mayo y debió ser muy reñida. Al cabo se convirtió en un nuevo desastre para los cristianos. Murieron en la batalla de los siete condes, el infante y siete magnates de la corte de Alfonso y supuso el fin de la dinastía Navarra (vascones).

La victoriosa política inicial de Alí al frente de los cristianos se vio favorecida por la situación de crisis por la que atravesó el reino castellano leonés desde la muerte de Alfonso VI en 1109 hasta 1126, año de la proclamación de Alfonso VII, quien hasta 1131 no pacificó completamente el país. En estas circunstancias, tras las obtenidas por su padre en la batalla de Sagrajas (1086) y Consuegra (1097), Alí se cobró la gran tercera victoria almorávide sobre el ya anciano Alfonso VI, siempre derrotado frente a los bereberes, si bien el emir no participó directamente en la campaña, siendo las fuerzas musulmanas dirigidas por su hermano mayor Tamim b. Yusuf, gobernador almorávide de al Andalus.

El gran objetivo era la recuperación de Toledo y el encuentro se produjo el 14-V-1108 en Uclés, principal baluarte defensivo cristiano en la línea del Tajo, que cayó en manos musulmanas. El castigo sobre el rey castellano leonés fue doble, pues además, la derrota fue acompañada de la muerte de Sancho, su hijo y heredero. La toma de Uclés posibilitó además, la recuperación de las fortalezas de Ocaña, Huete y Cuenca, reforzando las posibilidades de volver a conquistar Toledo.

Al año siguiente (1109), tras la segunda venida del emir a al Andalus, los almorávides lograron tomar la fortaleza de Talavera, pero Alvar Hañez se hizo fuerte en la capital de Tajo y el emir hubo de retirarse tras un mes de asedio sin lograr el objetivo. En 1110, la ocupación de Zaragoza y de las Baleares poseen una fuerte carga simbólica, pues significa el momento de máxima expansión territorial del imperio almorávide, que, en ese momento unificaba los territorios magrebíes y peninsulares, desde el valle del Ebro hasta el Níger.

En 1117, Alí cruzó por tercera vez a al Andalus con la intención de volver a dirigir la yihad contra los cristianos. Aunque logró la recuperación de Coimbra, al cabo de pocas semanas la ciudad fue abandonada. El fracaso de esta campaña anunciaba el inicio del declive almorávide. El primer descalabro importante fue la pérdida de Zaragoza (18-XII-1118), segundo núcleo relevante, tras Toledo, que pasaba a manos de los cristianos, y primera pérdida territorial de los almorávides en la Península.

Por esos mismo años comenzó a manifestarse el rechazo de la población andalusí al dominio político de los almorávides, en parte producido por el fuerte contraste social y cultural existente entre la sociedad autóctona y los bereberes norteafricanos, que convertía a estos en una casta gobernante poco identificada con sus gobernados. La primera manifestación de este fenómeno fue la revuelta de Córdoba de 1121, provocada por un incidente puntual entre un miembro de las milicias almorávides y una mujer cordobesa, que acabó con la expulsión del gobernador local y el saqueo de su palacio. El emir Alí no dudó en enviar un contingente contra la capital cordobesa, pero la intervención de los Alfaquíes cordobeses, que defendieron la postura de sus conciudadanos, impidió que el asunto acabase en un baño de sangre, dado el gran respeto de los emires almorávides a las opiniones de los juristas malikíes.

Incursión de Alfonso I

Hacia la misma época tuvo lugar una de las más claras manifestaciones de poder del rey Alfonso I de Aragón, quien entre 1125 y 1126 y durante quince meses realizó una profunda incursión por el territorio musulmán sin que los almorávides fuese capaces de repeler su presencia. Con un contingente de unos cuatro mil caballeros y descendiendo por Levante se dirigió a Granada, que no logró tomar, desde donde se encaminó a la campiña de Córdoba, en pleno corazón del dominio musulmán, donde derrotó a las tropas de Tamim en marzo de 1126 cerca de Lucena (Córdoba).

Pese a esta demostración de fuerza, los cristianos todavía no estaban en condiciones de mantener posiciones tan avanzadas en territorio musulmán, por lo que Alfonso I regresó a sus bases de partida, siendo acompañado por un importante contingente de pobladores cristianos, que regresaron junto a él a Aragón. Esta incursión tuvo graves consecuencias para la población cristiana del sur de al Andalus.

Un dictamen jurídico o fetua del eminente alfaquí cordobés Ibn Rusd, abuelo del célebre filósofo Averroes, sirvió de justificación legal para la deportación de muchos cristianos al norte de África bajo la acusación de haber suscitado y apoyado la expedición del rey aragonés, rompiendo, así, el pacto que los unía al estado musulmán como protegidos.

La llegada de los almohades

A partir de 1132, tras la proclamación como califa almohade de Abd al Mumin, se inicia el proceso de lucha encarnizada entre almorávides y almohades, que culminará quince años después con la caída de Marrakech. Fue en esta época, al convertirse la lucha contra los almohades en la principal preocupación del emir almorávide, cuando surge la figura de Reverter, el caballero catalán que actuó al servicio de Ali b. Yusuf y fue el lugarteniente de su hijo y sucesor Tasufin, convirtiéndose en el principal baluarte de su ejército.

Hacia las mismas fechas se reanuda la política expansionista de los cristianos en la Península Ibérica, siendo su principal baluarte Alfonso VII, quien contó con la ayuda del señor musulmán llamado Sayf al Dawla, Zafadola en las crónicas árabes, último descendiente de los hudíes de Zaragoza, refugiados en la inexpugnable fortaleza de Rueda. Con ello trataba de explotar el descontento de la población andalusí hacia el dominio almorávide, convirtiendo a Zafadola en el símbolo de su resistencia.

La intensificación de la amenaza almohade y el consiguiente traslado a Marruecos de Tasufin, hijo y futuro heredero del emir Alí, que se había encargado hasta entonces de dirigir la lucha frente a los cristianos, marca el inicio del derrumbe almorávide en al Andalus, jalonado por las tomas de Oreja (1139) y Coria (1142) y el abandono de Albalat, lo que significaba el desmantelamiento de las posiciones musulmanas en la frontera del Tajo.

De esta forma, el imperio almorávide se veía acosado simultáneamente por dos frente, el almohade en Marruecos y el cristiano en la Península. El emir almorávide empezó a dar síntomas de enfermedad ya desde el año 1135-1136. Las crónicas afirman que en sus últimos tiempos y ante la creciente gravedad de los problemas, Ali b. Yusuf tendió progresivamente a desentenderse de los asuntos de gobierno y se entregaba cada vez con más frecuencia e intensidad a la actividad religiosa, a la que era tan dado, pasando las noches en prácticas devotas y ayunando durante el día.

Murió finalmente en Marrakech el 11-II-1143, a la edad de 56 años, si bien su fallecimiento no se anunció públicamente hasta tres meses después. En la práctica su desaparición marca el final de la dinastía almorávide, que solo sobrevivió cuatro años más, de manera que sus sucesores apenas ejercieron poder efectivo. Debido a la prematura muerte del príncipe heredero Sir, Alí fue sucedido por su hijo Tasufin, quien solo gobernó hasta 1145, y tras dos efímeros y casi nominales emires (Ibrahim e Ishaq b. Alí), los almohades tomaban Marrakech en 1147 y ponían fin al gobierno almorávide de manera definitiva.

GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol II, págs. 816-819.