Almorávides en España

Historia de los almorávides

Califas almorávides

Yusuf b. Tasufin, 1061-1106
Ali Yusuf Tasufin, 1106-1143
Tasufin Ali Yusuf, 1143-1145

Historia de los almorávides

Introducción
Unificación occidente islámico
La predicación de Ibn Yasin
Luchas contra los almorávides
Las taifas post almorávides

Introducción

Los almorávides llegaron a la Península Ibérica, por primera vez, en el verano de 1086, con casi medio siglo de historia magrebí bajo sus espaldas. Esa primera visita solo tuvo como propósito, de momento logrado, ayudar a los reinos de taifas contra las conquistas y presión económica de Alfonso VI de León y Castilla. Volvieron brevemente y también encabezados por el emir Yusuf b. Tasufin, como expondremos enseguida, en 1088, pero no empezaron a conquistar las taifas sino a partir de septiembre de 1090. Así se produjo un considerable cambio histórico, pues de este modo comienza un extenso periodo de intervención de las dinastías magrebíes en al Andalus. Los almorávides (desde finales del s. XI hasta casi mediados del s. XII); los almohades (desde la mitad del s. XII hasta el primer cuarto del s. XIII); los benimerines (finales del s. XIII y algo más de la primera mitad del XIV), aunque estos no implantaron su Estado en la Península Ibérica, donde al Andalus estaba representado por el independiente reino nazarí de Granada.

Situación territorial de la península ibérica en el 1080Situación de la península 1080.

Los almorávides iniciaron, pues, el nuevo y trascendental periodo de intervención del Magreb en al Andalus, pasando el primero de estar parcialmente supeditado al segundo, a regirlo, imponiendo desde el N. de África un estado centralizado, y realizando así la reunificación política (con sus secuelas de unificación económica, social y cultural, aunque todo ello en proceso variable) del occidente islámico, seguidos en tan flamante resultado, con un breve intervalo, por los almohades, de modo que casi durante un siglo y medio el Islam andalusí y magrebí formó un bloque conjunto, fundiéndose dentro de él elementos de población y civilización muy característicos, a pesar de más o menos estereotipadas reacciones, que en realidad certifican esa fusión, que tuvo intensidad progresiva y que, aunque presente en toda la historia islámica de estas tierras, se fundamenta en bases y dimensiones nuevas desde los almorávides; por todo ello, los especialistas coinciden en caracterizar este cambio traído por los almorávides como una de las sorpresas de la historia.

Esas nuevas dimensiones y bases se derivan de una rigurosa aplicación de la ortodoxia islámica sobre la población existente, pero enarbolando su protagonismo grupos humanos en la zona periférica del Islam, cuyo berberismo sahariano contrasta con los grados de arabización que se hallan en el Magreb más septentrional, y sobre todo en al Andalus, y que recurrieron a los cauces doctrinales, también existentes, del puro malikismo, recuperado así de su enfrentamiento con la si a de los fatimíes, y tras este lance tan reforzado como para servir de barniz aglutinante de la época almorávide.

Nótese que tanto el berberismo como el malikismo estaban presentes en aquel escenario antes que los almorávides, pero estos les dotaron, a ambos elementos, de un nuevo proceso, con cambio de ritmo y función histórica.

Unificación occidente islámico

Gran novedad de la política de los almorávides, como señalamos, esta unificación partió desde los confines del Magreb, como firme propuesta ortodoxa frente a la fragmentación anterior, que atentaba contra el principio de la unidad de la Umma o comunidad islámica, por muy teórico que esto fuese.

A lo largo del s. XI tanto al Andalus como el Magreb se habían disgregado interiormente en numerosas taifas, y además en esa disgregación se habían intensificado el aislamiento principalmente político de ambas entidades, con todas sus consecuencias.

Los almorávides consiguieron reparar, durante un tiempo, ambas divisiones, la interna de cada uno de esos dos ámbitos y la exterior, entre ellos. Y es interesante el reflejo cronístico de tal reforma ortodoxa, pues las fuentes suelen contraponer, para ensalzarles, las caóticas banderías anteriores con la gran extensión unificada que lograron. Así lo refleja, por ejemplo, Ibn Idari.

El nexo entre ambas orillas del Estrecho, tras la separación en pleno s. XI, solo se restableció tras la conquista del Magreb por los almorávides, siendo decisiva al efecto su toma de Ceuta, definitivamente en 1084, arrebatándosela a Diya al Dawla, cuya dinastía bargawata venía actuando, desde sus propios intereses, como una barrera entre al Andalus y el Magreb.

En al Andalus, mientras tanto, maduraba el afán de reunificación andalusí, ante el acoso expansivo de los reinos cristianos, justificándose tal afán por los dictados de la legalidad islámica.

Estas ansias reunificadoras se manifiestan en muchos textos de la época, y parecen haber sido sustentadas por la generalidad del pueblo, encabezado por los legitimistas de las clases cultivadas, especialmente por los más rigurosos ulemas —doctores de la ley mahometana— y alfaquíes, y en general por cuantos mantuvieron un espíritu crítico frente a los quebrantos políticos de las taifas, como se aprecia en numerosos y agudos pasajes del polígrafo Ibn Hazm y del extraordinario cronista Ibn Hayyan, en los notables secretarios Yusuf b. Abd al-Barr y su hijo Abdállah, en Umar al Hawzani, entre otros.

Alfaquí con discípulos.Alfaquí con discípulos. Los alfaquíes fueron partidarios decididos de los almorávides, a los que veían como revitalizadores de la ortodoxia islámica y azote de los licenciosos monarcas andalusíes.

Tales ansias unionistas, convocadas desde el puro legitimismo, irían aumentando cuando las pérdidas musulmanas de Barbastro (uniéndose las fuerzas andalusíes para recuperarlo) y de Coimbra, ocurridas ambas en 1064, tornándose en clamor generalizado tras la conquista cristiano de Toledo en 1085. En algunas referencias, cuajada la ascensión de los almorávides en el N. de África, se relaciona la necesidad de unión andalusí con la ayuda que pueda aportar el nuevo poder magrebí.

Un ejemplo típico de esta reacción andalusí, que llegaba a cifrar en los almorávides la salvación de al Andalus frente a la sentida ilegitimidad de los reyes de taifas y su incapacidad contra los cristianos, se haya en los dichos y hechos del gran alfaquí al Bayi; varias fuentes mencionan sus esfuerzos en pro de la unidad de los musulmanes frente a las acometidas de Alfonso VI, y el caíd Iyad, al biografiarle, resalta como falleció en Almería, en 1081, hasta donde había ido en sus recorridos para procurar que los taifas se aprestaran unidos a la defensa del Islam, junto con los soldados de los almorávides; no olvidemos que estos, en sus comienzos, representaron la ortodoxia más rigurosa.

Aunque la idea del recurso a los almorávides fue cuajando según estos se iban imponiendo en el Magreb, el hecho decisivo de la conquista cristiana de Toledo, en 1085, precipitó los acontecimientos. Ibn al Kardabus refleja los decaídos ánimos, diciendo que en al Andalus nadie osaba enfrentarse con el más pequeño de los perros de Alfonso VI.

Antes de aquel mayo de 1085 en que al Andalus retrocedió hasta el centro de la Península ya se habían entablado contactos con los almorávides, sobre todo por iniciativas aisladas e individuales, e incluso a veces por razones particulares, como nos cuenta el emir Abdállah en sus Memorias: que su hermano Tamim, régulo de Málaga, pidió ayuda a los almorávides contra él, aunque ellos no le hicieron caso, pero después de tan alarmante fecha, el recurso a los almorávides, fue oficial y por intereses generales, protagonizado tal recurso incluso por los reyes de las taifas de Sevilla, de Badajoz y de Granada, en realidad solo entonces unidos en una acción conjunta, tan crítica la situación resultaba.

Con caídes de esas taifas, y algún otro personaje significativo, partió entonces una embajada para pedir auxilio a los almorávides, cuyos ideales de guerra santa o Yihad, requeridos también por sus planteamientos ortodoxos, armonizaban con su intervención en al Andalus, adonde llegaron por primera vez, y donde, cuatro años después, empezaron a aplicar su política ortodoxa de unión centralizada. Veamos los antecedentes de todo esto.

La predicación de Ibn Yasin

La reacción que puso en movimiento a varias tribus beréberes, de la confederación de los sinhaya, que nomadeaban entre el sur del Dar´a y el Níger, ocurrió porque, hostigados por los negros, a principios del s. XI, perdieron el control de una parte del comercio caravanero, centralizado en Awdagust.

Las proporciones de esta alteración son difíciles de calcular en su conjunto, pero sí está claro que estas acometidas meridionales de los negros, unidas a la secular hostilidad que desde en N. del Magren sufrían los imperantes beréberes zanata, les encaminó a tomar conciencia de grupo, y relativamente a unirse en una especie de confederación, hasta cierto punto precedente de la que cuajará en torno a los almorávides, mucho más eficaz, esta segunda, al estar cimentada además por su, en principio muy pujante, reformismo religioso.

¡Que mejor aglutinante que un renovado impulso espiritual! En esa primera confederación de los sinhaya sobresalía como eje rector, la tribu de los yudala, junto con los banu warit, los lamtuna y los massufa. Hasta aquellos confines del Sáhara occidental, el Islam había llegado desde los primeros conquistadores, a finales del siglo I de la Hégira VII de nuestra Era, pero seguía mezclado con prácticas autóctonas, heterodoxas. Varios de sus jeques venían cumpliendo con el deber de la peregrinación a la Meca, y así lo hizo también Yahya b. Ibrahim, emir de los yudala, hacia 1035-36.

Las fuentes, significativamente, discrepan en esta fecha: Ibn Idari, en general certero, lo pone de regreso, en Qayrawan, en 1048-49, pero otros señalan que estaba allí de vuelta en 1053-54., 1056-57, 1035-36 ó en 1037-38; ahora bien, como allí se encontró con el gran alfaquí Abu Imran al Fasi, a quien pidió ayuda para implantar la ortodooxia en su lejana tierra, y este murió en 1039, el viaje ha de adelantarse hasta entonces.

Tras varias peripecias, el emir Yahya b. Ibrahim al Yudali logró que un piadoso y docto alfaquí malikí, Abdállah b. Yasin, volviera con él y se instalara a su lado para enseñar y hacer cumplir las normas verdaderas del Islam a su gente. Ibn Yasin (nacido hacia el 1015-20, murió en julio de 1059) actuó, pues, como un misionero al-da i de la ortodoxia islámica, según la interpretación de la escuela jurídica malikí, utilizada en base espiritual por algunos emires sinhaya como aglutinante político y motivo de su expansión territorial.

Primero los yudala obligan por las armas, a los lamtuna a acatar las normas de Ibn Yasin, y ambas tribus lo imponen a continuación sobre otros grupos del Sáhara, hasta que muere el emir Yahya b. Ibrahim, y los yudala expulsan a b. Yasin, acogido entonces por el emir de los lamtuna Abu Zakariyya Yahya b. Umar b. Bulankain.

Bien, literalmente, refugiado en un convento-fortaleza o ribat con sus fieles (por tanto denominados gentes del ribat, o almorávides murabitum, o bien formando un grupo tan estrechamente vinculadomurabitum, y cuya cohesión se probó en batalla contra los yudala, en 1042, que a partir de entonces lucieron este nombre, otorgado por Ibn Yasin, como divisa de su firme propósito conjunto de reformismo religioso que, en ello conjuramentados, se proponían extender, a través de la guerra santa, por los territorios de su entorno, empezando por el ataque de las tribus heterodoxas o no islamizadas de su alrededor, y enseguida la marcha hacia el Dar y Siyilmasa, más la recuperación de Awdagust.

La confederación almorávide nació así, .

levantándose para proclamar la verdad, arremeter contra las infracciones y suprimir los impuestos ilegales, basándose en la Zuna, según lo proponía [Ibn Yasin, el cual], cuando estuvo seguro de la rectitud de los lamtuna, de su capacidad y aliento, quiso hacerles triunfar y convertirlos en dueños de todo el Magreb, como indicó, tres siglos después, el gran compendiador de crónicas Ibn Idari.

Muerto el emir de la confederación almorávide, el lamtuni Yahya b. Umar, seguramente en 1055, Ibn Yasin colocó al frente del poder político a Abu Bakr b. Umar, hermano del emir anterior, a quien hizo incluso reconocer oficialmente como tal emir en Siyilmasa, en 1058.

Hasta allí se habían consolidado por entonces los almorávides en su expansión, con ejércitos que pasó a dirigir un primo de este emir Abu Bakr, el pronto famoso Yusuf b. Tasufin, cuyo genio militar y político hizo culminar el éxito de los almorávides, asumiendo de forma plena la tensión expansiva enarbolada con la certeza de portar una ortodoxia, sabiendo aprovechar la desunión tribal que había alrededor utilizando con gran tacto el sutil juego de alianzas y querellas. Los almorávides ocuparon Agmat en 1058, y atacando, desde allí hacia el norte a los Bargawata, murió en combate Ibn Yasin (julio de 1059).

VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo VIII.2 págs. 41-49.

Alzamientos contra los almorávides

Desde comienzos del s. XII, se aprecian agitaciones diversas en contra de la dinastía de los almorávides, que rigen entonces el grande y diverso espacio de la Andalus más el centro y el occidente del Magreb.

Expansión del imperio almorávide.Expansión del imperio almorávide y máxima extensión territorial, a principios del siglo XII.

Tales agitaciones se reflejan, principalmente a través de reacciones religiosas, cargadas de reivindicaciones políticas, y sin duda, aunque es mucho más problemático entreverlas, de esenciales motivaciones sociales y económicas, dentro de una repetida dinámica de continuas sustituciones entre imperios medievales del occidente islámico que explicó con su genial planteamiento Ibn Jaldun, ya que en su balance del s. XIV, con su famosa teoría concentrada [comprender es por lo pronto, simplificar, comentó de él Ortega y Gasset] acerca de las tres fases con que en este espacio habían venido produciéndose los ciclos políticos:

Levantamiento de un grupo tribal, marginal, que asalta el poder constituido; instalación dinástica y ascenso al máximo de su plenitud cultural urbana y decadencia y sustitución por la siguiente reacción tribal, con lo cual se desencadena todo el proceso otra vez

Así aparece esquematizada la ascensión política de los almohades, como antes la de los almorávides, y la de los benimerines inmediatamente después, acompañadas tales ascensiones con más o menos reacción religiosa, tan fuerte y novedosa la de los almohades, menor la de los otros dos poderes, aunque no olvidemos otras indicaciones socioeconómicas que también nos orientan hacia la trama de los cambios políticos, ascendencias y caídas complejas, desveladas sobre todo por algunas referencias jalduníes, como que en los inicios de una dinastía los grandes ingresos tributarios se obtienen de gravámenes reducidos.

En su declive, se consiguen ingresos reducidos de grandes gravámenes, experimentada afirmación que nos coloca, entre otros panoramas, ante las variables relaciones entre estructuras estatales y tribales, sin duda profundamente determinantes, también, del éxito concreto de los almohades frente al poder constituido de los almorávides que les precedían, desgastada su primera economía de oferta, comenzada con su pujante y eficaz reducción impositiva a los límites legales, reducción pronto tocada, y así proporcionalmente afectado su inicial equilibrio sociopolítico.

Captamos, sobre todo, la incapacidad en aumento del Estado de los almorávides para aglutinar las diversas corrientes ideológicas, y de regulación religiosa y jurídica, a ellos preexistentes o surgidas en su tiempo.

Su anquilosada doctrina malikí, rígida en sus concepciones y en su aplicación prepotente, dejó de cumplir como capa de unidad espiritual de su vasto territorio, y brotes discordantes cada vez con mayor gravedad fueron surgiendo y divergentes propuestas fueron minando desde dentro el bloque almorávide, incapaz de incorporarlas por autorrenovación e incapaz también de imponerse a ellas, aunque empezara por atacarlas rigurosamente, con actos que buscaban gran ejemplaridad, como la quema pública, en Córdoba, de las obras de Algacel, en 1109, hasta que su capacidad de represión quedó reducida casi solo a su ciudad de Marrakech, convocando allí a destacados personajes insurgentes de al Andalus, como los místicos Ibn al Arif de Almería o Ibn Barrayan de Sevilla, el Algacel de al Andalus, cabezas visibles, junto con Abu Bakr de Mallorca e Ibn Qasi del Algarve, de movimientos religiosos-políticos inconformistas, llamadas al orden desde la capital magrebí, castigos máximos allí incluso impuestos, que, por descontado, no impidieron el triunfo de las propuestas antialmorávides.

Antes de que mediara el s. XII, la rebeldía andalusí contra los almorávides tuvo como aglutinante la ideología mística, simbolizada en al Gazali, cuyas obras, y sobre todo su famosa Revivicación de las ciencias religiosasIhya ulum al-Din fueron quemadas para público escarmiento ante la mezquita de Córdoba por las autoridades almorávides, pues, entre otros revulsivos, propugnaba la conveniencia de interpretar individualmente los textos doctrinales.

La escolástica malikí no podía tolerar tanta libertad. En esta atmósfera, al Andalus se fragmentó en taifas, mientras el Magreb era ocupado por los almohades, que fue, entre todos los brotes insurgentes, el más compacto y duradero, fuerte en el Atlas desde 1121, y que acabaron por tomar la capital almorávide de Marrakech el 22-III-1147, proyectando su unificación de nuevo sobre al Andalus también.

VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo Tomo VIII.2 págs. 66-70.

Las taifas post almorávides

Con la caída de los almorávides se forman en España nuevos reinos de taifa, cuyos jefes luchan con los antiguos conquistadores, llamando algunos de ellos en su auxilio a los almohades, que acaban por someterlos a todos. Los tres principales fautores de la rebelión contra los almorávides fueron Abencasi, en el Algarbe; Abenhamdin en Córdoba y Zafadola en Murcia y Valencia, formándose, además, muchos otros Estados.

Algarbe

Abencasi Abul-Casim Ahmed fue jefe de la secta de los sufíes, fanáticos anticristianos, a la que dio nuevo rumbo, titulándola de los hermanos moridin (adeptos), que atizó la rebelión contra los almorávides por la protección otorgada por estos a los cristianos. El alzamiento tuvo lugar en 1144, comenzando los sublevados por tomar a Mértola, reconociendo la soberanía de Abencasi: Aben-Almondir, que se había sublevado en Silves, y Sidrey, que también lo había hecho en Evora.

Huelva, Niebla, Alcázar, Tejada y Azahir fueron tomadas; pero Sidrey, disgustado, se sublevó en Badajoz; Aben-Almondir, lugarteniente de Abencasi, va contra él, siendo derrotado y cegado después de hecho prisionero, llegando Sidrey a poner sitio a Mértola, al propio tiempo que se sublevan otros sometidos.

Ante ello, Abencasi pide auxilio a los almohades, y fuerzas de estos, al mando de Barraz, le restablecen y de paso conquistan a Sevilla (1147); pero queriendo el emperador almohade apoderarse de toda España, se opone Abencasi, que sigue teniendo a su lado a Aben-Almondir; mas como Abencasi quisiera unirse con Alfonso Enríquez de Portugal. se subleva Almondir y le asesina, entregando Mértola a los almohades (1051), cuyo poder aceptan los otros jefes de la comarca.

Córdoba.

Aquí se sublevó Abenhamdin, también en 1144, tomando el título de cadí y lugarteniente, porque lo era de Zafadola. Este se presentó en Córdoba asumió el mando; pero lo hizo tan mal, que los cordobeses le depusieron, restableciendo a Abenhamdin (1145), que tomó entonces los títulos de Almansur bilá y Emir almuslimin, presentándose como sucesor de los antiguos califas y siendo reconocido por Sidrey (entonces en guerra con Abencasi) y los señores de Murcia, Granada, Arcos y Jerez, así como por muchos otros cadíes.

Abengania, que era gobernador almorávide de Valencia y Murcia, fue contra Abenhamdin, derrotandolo en Écija y entrando en Córdoba, sitiando después al vencido en Andújar. Uno y otro entraron en tratos con Alfonso VII para sostenerse; pero cansado Abengania de las exigencias de este, entregó Córdoba y Jaén a los almohades (1148), que, como hemos indicado, habían tomado a Sevilla. Abengania muere en Granada en 1149 y Abenhamdin, que se había refugiado en Málaga, le sigue al sepulcro en 1151.

Granada.

Zafadola (Almonstans Abenhud), al ser expulsado de Córdoba, tomó Jaén y pasó a Granada, logrando apoderarse de ella, instalándose en la Alhambra (1145), siendo reconocido como señor de Granada y su comarca; pero los almorávides se resisten en la alcazaba y logran derrotar a un ejército que desde Murcia iba en socorro de Zafadola, por lo que este, no pudiendo sostenerse, se retira a Jaén y desde allí a Murcia. Granada permanece fiel a los almorávides, hasta que su gobernador la entrega a los almohades (1154).

Murcia y Valencia

La sublevación de estas dos comarcas va íntimamente unida. Murcia fue la primera de ellas en sublevarse bajo el mando de Abenalhach, que reconoció la soberanía de Abenhamdin en Córdoba; pero poco después se pone la ciudad a las órdenes de Zafadola, entonces rey de Granada, al que envía un ejército que, según hemos visto, es derrotado por los almorávides (batalla de Almosala, y al poco tiempo Murcia pide auxilio a los sublevados de Valencia, que se apoderan de ella (1146).

Valencia se había sublevado al salir de ella su gobernador Abengania para hacer una excursión contra los almohades en 1145. La ciudad eligió como jefe a Aben-abd-el-Azis, que tomó a Játiba y Murcia (1146), siendo destronado por Abeniyad, el conquistador de esta última, que reconoció la soberanía de Zafadola. Este, al frente de las fuerzas valencianas, luchó contra los cristianos, siendo derrotado y muerto por estos en la batalla de Alloch (cerca de Chinchilla), conocida por batalla de Albacete (1146), quedando entonces Abeniyad como único señor de Valencia y Murcia.

En el mismo año fue despojado del poder por Abdallah el Zegri (que antes había sido en Murcia lugarteniente de Zafadola), si bien Abeniyad logró recuperarlo, muriendo al año siguiente (1147) luchando contra los cristianos. ron en el trono

Por indicación del mismo Abeniyad en sus últimos momentos, fue proclamado Abenmerdanix (Abu-Abdallah-Mohamed), llamado por los cristianos el rey Lobo y por el Papa el rey Lope, que se decía de origen árabe, pero era español y de ascendencia cristiana.

Tuvo bajo su poder no solo Murcia y Valencia, sino lo que quedaba a los musulmanes de Aragón, conquistando Jaén, Ubeda, Guadix y Carmona, de modo que aun cuando perdió Tortosa, Lérida, Fraga y Mequinenza, conquistadas por catalanes y aragoneses, y Uclés y Serranía, tomadas por los castellanos, fue el más poderoso monarca de la España musulmana en aquel periodo y el representante de la resistencia de esta contra los almohades.

Hizo tratados de paz con Pisa, Génova, Cataluña, Aragón y Castilla (siendo tributario del conde de Barcelona y del rey de Castilla, y aliado en sus últimos tiempos del de Aragón) para poder mejor combatir a los almohades. Tuvo por lugarteniente a Ibrahim Aben-Hemochico, también de origen cristiano, casándose con una hija de este, a la que después repudió. Trató de conquistar a Granada y a Córdoba, aunque sin resultado, siendo derrotadas sus fuerzas (1162 y 1165) por los almohades.

Aben Hemechico, disgustado por haber sido repudiada su hija, se pasó al servicio de estos, que entraron en Lorca, Baza, Almería, sublevándose Alcira y Ecija, enfermando y muriendo el rey Lobo (acaso envenenado por su propia madre) en Murcia (1171), recomendando a su hijo que se sometiera a los almohades, como lo hizo, alcanzando toda la familia un gran predicamento, casándose dos hijas de Abenmerdanix con califas almohades.

Málaga y otros reinos

Málaga se declaró independiente en 1145, bajo el poder de Abenhasim, pero ocho años después, por consecuencia de un alzamiento popular, entraron en ella los almohades. El mismo fin tuvieron otros principados que por breve tiempo se formaron, como los de Ronda, bajo Ahyal; Jerez y Arcos bajo Aben-Garrum; Badajoz, bajo Aben-Hacham, y Cádiz, bajo Alí Ben-Maimun.

Recuerdo merece el de Cáceres, fundado por Alha El Gausi (1143), después de derrotar a las tropas leonesas en Valencia de Alcántara y de arrebatar Alcántara a los cristianos, estableciendo su corte en esta ciudad, la que engrandeció, y trasladando después la capital a Cáceres (1159), reparando sus fortificaciones y dotándola de un hermoso Alcázar, conservando el poder bajo los almohades, hasta que fue Cáceres conquistada por la orden (1171) llamada entonces en Extremadura Fratres o Congregatio de Cáceres, si bien la ciudad se volvió a perder y reconquistar varias veces.

Baleares

En 1114 aparece como rey de Mallorca nada, al Mobaxer Nasirodaula, que antes lo había sido de Dénia. Dedicado a la piratería, fue atacado por dos catalanes, pisanos y genoveses, por lo que pidió auxilio al califa almorávide Alí; pero antes de que llegasen las tropas de este, murió Mobaxer y fue invadida la isla por los genoveses.

Las tropas almorávides, al llegar, expulsaron a los genoveses y se apoderaron de la isla, poniendo como gobernador a Mohamed Ben Ali Abengania, el que al desaparecer la dinastía almorávide quedó como rey de la isla (1146). En el año 1155 fue asesinado por su hijo Ishac, que le sucede, por haber matado también a su hermano Abdallah, proclamado heredero.

Ishac fue un terrible pirata del Mediterráneo, que realizó excursiones contra las costas de Gerona y contra Tolón, y cobró tributo a Génova y a Pisa. Se negó a reconocer a los almohades, encarcelando al embajador que le fue a proponer la sumisión y apoderándose de sus naves.

Muerto Ishac, le sucede su hijo Mohamed, que, destronado por sus hermanos Alí y Yahia, pidió auxilio a los almohades, que lo repusieron en el trono, reconociendo la soberanía de ellos; pero se le adelantaron sus otros hermanos Abdallah y Algaci, quienes desde Sicilia vinieron rápidamente a Mallorca, la conquistaron y rechazaron a una escuadra almohade, sosteniéndose Abdallah hasta el año 1202, en que los nuevos invasores se apoderaron de la isla, dándole muerte.

No puede pasarse en silencio la epopéyica lucha sostenida por Alí Abengania contra los almohades en África. Después de destronar a Mohamed en Mallorca y dejado en ella a su hermano Yahya, sorprende a Bugía, conquista a Argel, Miliana y Cala y sitia a Constantina. Atacado por fuerzas superiores, que reconquistan las plazas perdidas, se refugia en el desierto y pasa a Trípoli, volviendo a encenderse la guerra, hasta el punto de que el califa almohade Almansur, que fue personalmente contra él, fue derrotado en Gomra, y si bien el califa triunfó en Alhama (1188), no se dio por vencido Alí, que se sostuvo hasta que el califa siguiente, En Nasir, logró derrotarlo definitivamente.

VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 21 págs. 916-917.