Yahya b. al Nasir

Datos biográficos

Califa almohade: 1227-1229
Sobrenombre: al Mutasim bi-llah
Fallecimiento: 5-XII-1242
Predecesor: Abu al Allah al Adil
Sucesor: Abu Idris al Mamun

Biografía

Califa almohade 1227-1229. Yahya b. al Nasir al Mutasim bi-llah. ?,f. s. XII-6-VI-1236. Octavo califa almohade. Yahya b. al Nasir adoptó el título de al Mutasim bi-llah, era hijo de Muhammad al Nasir, el cuarto soberano almohade, y hermano de Yusuf II al Mustansir, quinto califa de la dinastía de los Banu Abd al Mumin. A partir de la derrota de su padre en las Navas de Tolosa en 1212, la descomposición interna del califato almohade se aceleró, aunque la crisis no estalló en toda su plenitud hasta el año 1224, cuando se produjo la muerte inesperada y accidental de Yusuf II al Mustansir, momento a partir del cual se rompe la unidad del califato, iniciándose un periodo de trece años de enfrentamientos internos debido a la doble proclamación del anciano Abd al Wahid al Majlu en Marrakech y de al Adil en Murcia.

Cuatro años después, en 1227, a la muerte de al Adil, tío de Yahya e inmediato antecesor suyo, de nuevo volvió a repetirse la misma situación, debido a la doble proclamación del propio Yahya, por un lado, y de su tío, hermano del califa fallecido, Abu-l-Udra Idris, que gobernó como al Mamun. Ambos simultanearon el poder durante cinco años que transcurren entre 1227 y la muerte del segundo en 1232, momento a partir del cual fue sucedido por su hijo Abd al Wahid, conocido como al Rasid.

De esta forma, como indica un cronista, las circunstancias apenas le fueron favorables, salvo durante dos años, por lo que su gobierno fue infortunado. En efecto, Yahya al Mutasim apenas llegó a ejercer como verdadero soberano, ya que en sus nueve años de gobierno es preciso distinguir entre dos etapas, una inicial en la que tuvo que hacer frente a la rivalidad de su tío al Mamun y la segunda en la que combatió a su primo al Rasid, con el que mantuvo la pugna hasta su muerte en 1236.

La existencia de dos soberanos que se disputaban la legitimidad del poder y el mantenimiento de una situación de división y enfrentamientos internos a lo largo de varios años son claro testimonio del estado de inestabilidad y fuerte crisis en el que se vio sumido el imperio almohade desde 1224. Yahya fue proclamado califa con el apoyo de los jeques de Marrakech, mientras que al Mamun había hecho lo propio en al Andalus, consagrando de esta forma la división en dos partes del imperio almohade.

La primera fase de su gobierno estuvo, pues, centrada en hacer frente al desafío de su soberanía por parte de su tío. En mayo de 1228, a los pocos meses de su proclamación, tuvo que refugiarse en el Atlas puesto que al Mamun para debilitar sus competencias pidió auxilio a Ibn Yuyyan; este no solo se lo dio sino que además consiguió el apoyo del caudillo de los Jult y del jefe de los Haskura.

Sin embargo, Yahya, volvió a Marrakech ayudado por el jefe de Hintata, y dispuesto al saqueo. Al Mamun no pudo evitarlo ya que tuvo que dedicarse al inicio de la rebelión protagonizada por Ibn Hud de Murcia desde mayo de 1228, convirtiéndose en el principal desafío de la autoridad almohade en el territorio andalusí.

Al Mamun tuvo que retirarse, ya que Murcia y sus habitantes resistieron con entereza todos los ataques y fueron fieles apoyando a Ibn Hud. Al Mamun, con el apoyo de Fernando III, tras firmar un acuerdo, volvió a Marrakech.

Yahya se encontraba allí dispuesto a iniciar el combate, pero la milicia cristiana de al Mamun derrotó a las fuerzas de Yahya, que tuvo que buscar refugio en las montañas del Atlas. Muchos de los que le habían acompañado fueron ejecutados por al Mamun.

Las penas impuestas fueron duras pues al Mamun no solo se contentó con derrotar a su sobrino Yahya sino que a los jeques que habían renegado de él y le habían sido infieles también les persiguió y les dio muerte. Poco después, al Mamun perdía todas las posibilidades de control sobre al Andalus, ya que Sevilla se había entregado a Ibn Hud.

Tras sucederse varios episodios sangrientos, y después de que al Mamun intentase abolir todas las instituciones tradicionales de los almohades, Yahya trató de poner freno a estos excesos que se estaban produciendo en Marrakech, pero al Mamun contaba con una enorme superioridad, puesto que los cristianos y los Jult estaban con él. A partir de esta derrota Yahya regresó nuevamente al Atlas pero fue seguido por sus enemigos que desde el 14 de julio hasta el 12-VIII-1230 lo acorralaron, saliendo victoriosos.

En el año 1231 el sayyid Umran b. al Mansur, hermano del califa, se rebeló en Ceuta, otorgándose el sobrenombre de al Muayyad. Inmediatamente al Mamun se dispuso a asediar dicha posición, clave en el control del Estrecho y, por lo tanto, para el mantenimiento del control de las posesiones peninsulares.

Ello fue aprovechado por Yahya para bajar de las montañas del Atlas y razziar Marrakech. El califa no logró someter a su hermano y, siendo consciente de que la capital corría peligro, volvió a ella, muriendo de forma repentina el 17-X-1232.

La muerte de al Mamun no supuso el fin de la discordia ni permitió a Yahya hacerse con el poder, ya que el califa fallecido fue sucedido por su hijo Abd al Wahid, que adoptó el nombre de al Rasid, contando con tan solo catorce años de edad.

El apoyo de su madre fue decisivo, ya que dirimió junto a los jefes del ejército la proclamación del futuro califa en secreto para evitar que Yahya se hiciese con el poder: con la ayuda de aquellos y la milicia cristiana, puesto que los jeques almohades se habían retirado tras las cruentas represalias de al Mamun, se dirigió a Marrakech con el propósito de enfrentarse a Yahya y disputarle la capital, en octubre de 1232.

A pesar de salir perdedor, Yahya volvió a enfrentarse a su primo en Marrakech donde los habitantes habían nombrado como protector a Abu l Fald Yafar para que tratase de recomponer la situación ya cansados de tantas revueltas. Esto inclinó la balanza hacia al Rasid, que tras perdonar a los que habían desertado con anterioridad, consiguió ser reconocido, entrando en la capital el 1-XI-1234.

Todavía pudo Yahya disputar el poder a al Rasid en una segunda oportunidad, aunque de nuevo fracasó. Tras enfrentarse a los Jult y mandar asesinar a su jeque y algunos de sus notables, en 1235 al rasid hubo de abandonar Marrakech, lo que permitió a Yahya recuperar de forma momentánea el control de la capital.

Desde su refugio de Siyilmasa, aliado con los árabes Sufian, al Rasid preparó su regreso. Gracias al apoyo de los contingentes cristianos, que tuvieron un protagonismo destacado, derrotó a Yahya a los Jult, quienes se dieron a la huida, recuperando la capital a mediados de la primavera de 1236. Acto seguido, emprendió una operación de persecución hacia el territorio occidental, donde había buscado refugio Yahya.

Abandonado por los Jult, buscó el apoyo de los árabes de al Maqil, quienes le reclamaron a cambio todo tippo de donaciones, siendo finalmente asesinado por ellos el 6-VI-1236. Su cabeza fue enviada a al Rasid, que ordenó colgarla en una de las puertas de Marrakech.

GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol L, págs. 503-504.