Abu Hafs Umar

Datos biográficos

Califa almohade: 1248-1266
Sobrenombre: al Murtada
Fallecimiento: 22-XI-1266
Predecesor: Hasan Ali al Said
Sucesor: Dabbus al Watiq

Biografía

Califa almohade 1248-1266. Abu Hafs Umar b. Ishaq b. Yusuf b. Abd al Mumin fue el duodécimo y penúltimo califa almohade, gobernando durante los dieciocho años que transcurrieron entre 1248 y 1266 bajo el sobrenombre de al Murtada. Su permanencia en el poder fue una de las más continuadas en el tiempo dentro de la línea de sucesión de los almohades, en especial comparando con sus inmediatos antecesores; si bien, su época es ya de plena decadencia del dominio de los unitarios, preámbulo de su colapso final, que sucedería bajo el gobierno de su sucesor, al Watiq.

La proclamación de al Murtada se produjo en circunstancias excepcionales, ya que la muerte de su predecesor, al Said, sucedió de forma algo inexperada, al verse sorprendido por el emir Yagmurasen de Tremecén el 23-VI-1248. El primogénito del califa, Abdállah, era solo un niño, que, además, fue muerto por los benimerines. De esta forma, una vez más se planteaba un problema sucesorio, que, en esta oportunidad, hubo de ser resuelto recurriendo a una rama nueva de los Banu Abd al Mumin. En efecto, desde la época del fundador de la dinastía, los califas almohades habían sido siempre elegidos entre los descendientes de al Mansur, nieto de Abd al Mumin y tercer califa almohade.

La única excepción a esa regla había sido hasta el momento, el caso del anciano al Majlu, sexto califa y hermano del propio Abu Yusuf al Mansur, proclamado en 1224. Ahora, la prematura muerte de Abu al Hasan Ali al Said, nieto de Yaqub, suponía el fin de dicho linaje, y una nueva rama de los Banu Abd al Mumin accedía al califato, pues Umar al Murtada era sobrino del citado Yaqub. No obstante, las circunstancias no permitieron la consolidación de esta línea de taifas, ya que el fin del poder almohade lo impidió. Los dieciocho años del gobierno de al Murtada están dominados por la creciente presión de los benimerines, que poco a poco fueron convirtiéndose en una amenaza cada vez más real que se cernía sobre los almohades.

La crónica de su época es la de una sucesión de enfrentamientos con el fin de tratar de salvaguardar su posición frente a la actitud cada vez más abiertamente hostil y belicosa de los benimerines, que acabarían por hacerse con el dominio de Marrakech, poniendo fin a la dinastía almohade en 1269. Desde el mismo momento de su llegada al poder, la situación estuvo marcada por la rivalidad con los benimerines, quienes comenzaron su expansión por el Norte de Marruecos. En el momento de su proclamación, Abu Hafs Umar era gobernador de Salé, localidad contigua a Rabat, en la costa atlántica marroquí, desde la que marchó hacia Marrakech para hacerse con las riendas del poder.

Ya en ese mismo instante inicial de su gobierno, los benimerines mostraron su actitud hostil, pues solo ocho días después de la muerte de al Said se apoderaron de Taza, primera población relevante que caía en sus manos, pudiendo considerarse este episodio como el inicio de su proceso de expansión. Seguidamente se hicieron con la ciudad de Fez, en agosto de 1248, donde su emir, Abu Yahya, permaneció durante un año, hasta que fue expulsado de ella en junio de 1249, gracias a una conjura interna, forjada dentro de la propia ciudad, en la que tuvieron un papel protagonista los caídes que comandaban la milicia cristiana al servicio de los almohades, que inicialmente se habían pasado al bando de los benimerines.

Sin embargo, al año siguiente Abu Yahya volvió a hacerse con el control de Fez, que sería la futura capital de la dinastía, ante la total inoperancia de al Murtada, quien solo reaccionó tras tres años de pasividad, cuando Abu Yahya pidió a los de Salé que le entregasen la ciudad, siendo derrotado en marzo de 1252, primera vez que sucumbía ante los benimerines. Así pues, los benimerines eran ya, desde esta época, los principales protagonistas de la situación política en el Magreb occidental. Su predominio solo se vio interrumpido a la muerte del emir Abu Yahya en 1258, cuando su primogénito y legítimo sucesor hubo de enfrentarse a los partidarios de su tío Abu Yusuf Yaqub, siendo finalmente asesinado en Mequínez al año siguiente. La situación en el seno de la dinastía benimerín se complicó con la defección de un sobrino de Abu Yusuf Yaqub, que se apoderó de Salé y Rabat. Sin embargo, esta situación de enfrentamientos internos entre los benimerines no fue aprovechada por al Murtada para reaccionar, pues siguió inmerso en la misma inoperancia.

En conexión con este episodio tuvo lugar el asalto a Salé en 1260 por la escuadra enviada por Alfonso X. En efecto, el citado Abu Yusuf Yaqub b. Abdállah escribió al soberano castellano para pedirle el envío de refuerzos a Salé para resistir a su tío o a un posible ataque almohade. El rey sabio vio en ello la ocasión perfecta para extender sus dominios al Norte de África, el resultado final de ello fue el envío de una expedición que saqueó la ciudad durante tres días, hasta que la llegada de las fuerzas del emir benimerín obligó a los asaltantes a huir.

Recobrado su vigor, los benimerines continuaron su proyecto de demolición del dominio almohade y en 1262 el emir Abu Yusuf Yaqub ya se sintió suficientemente fuerte como para dirigir una primera tentativa de conquista sobre Marrakech, lo que suponía una amenaza directa para la dinastía almohade. En este contexto entra en escena el sayyid al Watiq, conocido como Abu Dabbus, biznieto del fundador de la dinastía, Abu al Mumin, al que estaba reservado el papel de último califa almohade. El citado personaje fue el encargado por el califa para organizar la defensa de la ciudad; si bien la retirada de los benimerines solo fue posible a cambio del pago de un tributo, paso previo a la definitiva sumisión que solo tardaría algunas años en llegar.

Tras haberse encargado de defender Marrakech, Abu Dabbus al Watiq huyó a Fez y se unió a los benimerines, hecho que provocó el desquiciamiento de al Murtada, quien viendo enemigos en todas partes, se enajenó el apoyo de sus partidarios. El propio Abu Dabbus al Watiq logró hacerse con el control de Marrakech, que apenas opuso resistencia, mientras el califa huía de la capital. Detenido poco más tarde, Abu Dabbus al Watiq pensó inicialmente en conservarle la vida, pero finalmente fue ejecutado el 22-XI-1266.

GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 241-242.