Hasan Ali al Said

Datos biográficos

Califa almohade: 1242-1248
Sobrenombre: al Said
Fallecimiento: 23-VI-1248
Predecesor: Abd al Rasid
Sucesor: Abu Hafs Umar

Biografía

Abu al Hasan Ali b. Abi al Ula Idris b. Abi Yusuf Yaqub al Mansur b. Abi Yaqub Yusuf b. Aba al Mumin gobernó durante los seis años que transcurren entre 1242 y 1248. Era hermano e hijo de sus dos antecesores, al Rasid y al Mamun, respectivamente, y su época se inserta en contexto de la decadencia del imperio almohade.

La muerte de su hermano al Rasid tuvo lugar de forma accidental cuando una barca en la que paseaba por un estanque con algunas esclavas volcó, provocándole, al parecer, una grave pulmonía, a consecuencia de la cual murió a los tres días, el 5-XII-1242. A este carácter inesperado se añadía la propia juventud del fallecido, que había sido proclamado cuando solo contaba catorce años y que al morir contaba apenas con veinticuatro.

De esta forma, su desaparición suponía una nueva crisis de poder, ya que no había ningún heredero oficialmente designado, y el primogénito de Abd al Wahid al Rasid era un niño. Los jeques y sayyides almohades se mostraron divididos ante el problema sucesorio que se planteaba, pero finalmente se decidieron por su hermano, que gobernó bajo los sobrenombres de al Mutadid y al Said.

Aunque tras la muerte de al Nasir en 1236, se había puesto fin a la crisis de división del poder iniciada trece años atrás, lo cierto es que los diez años de gobierno de Abd al Wahid al Rasid habían agrandado la descomposición interna del imperio almohade. Durante los seis años siguientes, su sucesor no fue capaz de recomponer la situación: el dominio almohade en al Andalus se había desvanecido por completo, sin que hubiese ninguna tentativa por restablecerlo.

Además, la situación en territorios magrebíes no cesó de agravarse, debido, entre otros factores, a la actuación de los benimerines, que progresivamente se convirtieron en los principales rivales de los almohades. A ello, se añadía la ya consolidada posición de los hafsíes de Túnez y la también activa actuación de los Abd al Wadíes en Tremecén, comandados por Yagmurasen. Fue al Said un soberano enérgico, al igual que su padre, e incluso de cierta crueldad sanguinaria, actitud que le llevó a cometer diversos excesos.

Sin embargo, no destacó por su sagacidad ni por su capacidad política, fracasando en las empresas y proyectos que se planteó realizar. En efecto, se mostró favorable a los Jult, que habían sido los más encarnizados enemigos de su padre, y se enemistó con el jeque de Hintata, Ibn Wanudin, al que debía en buena parte su proclamación.

De esta forma, no supo manejarse en el intrincado panorama político magrebí de su época ni manejar los delicados hilos de las alianzas entre los distintos jeques tribales, lo que finalmente fue la causa de su fracaso. Su principal objetivo fue recuperar el control de los territorios magrebíes, sometiendo al emir hafsí de Túnez y a los benimerines.

Para ello trató de lograr el apoyo de los Staufen, señores de Sicilia, cuyo soberano el emperador Federico II, había enviado una embajada a al Rasid, a la que al Said respondió solicitándole una escuadra para atacar Ifriqiya, zona que había escapado del control de los almohades desde 1230, al proclamarse soberano independiente el gobernador almohade.

Asimismo se conserva la correspondencia enviada por el papa Inocencio IV a al Said en 1246, en la que lo felicita por sus éxitos y lo insta a convertirse al cristianismo, proponiéndole la cesión de diversas plazas fuertes y puertos de importancia estratégica.

El emir hafsí era consciente de la a menaza que podía representar esta alianza; si bien su posición era entonces bastante sólida. En efecto, la autoridad de los almohades estaba ya tan mermada que ni siquiera cabe considerarlos los soberanos más poderosos del Magreb.

En esta coyuntura, el emir hafsí Abu Zakariya tomó la ofensiva y se dirigió contra Tremecén, la principal ciudad situada entre sus dominios y Marrakech, de la que se apoderó durante unos días, si bien finalmente pactó con su emir y el hafsí se retiró, habiendo obtenido una importante alianza. Mientras en el Magreb el califa intentaba sin éxito restablecer la autoridad almohade, en la Península el dominio almohade se había desvanecido por completo.

En la parte oriental de al Andalus, la muerte de Ibn Hud a comienzos de 1238 había permitido que se consolidara la autoridad del señor de Arjona, Muhammad I, fundador de la dinastía nazarí, que tras entregar Jaén a Fernando III en 1246 mediante un pacto que lo convirtió en su vasallo, dominaba sobre Málaga, Almería y Granada.

En el valle del Guadalquivir, el avance cristiano continuaba imparable, sin que los almohades ni siquiera se plantearan la posibilidad de adoptar alguna acción, fuese ofensiva o meramente defensiva. Sin embargo, los andalusíes aún confiaban de que pudiese llegarles alguna ayuda desde Marrakech.

En el verano de 1247, Fernando III inició el largo cerco de Sevilla, que culminaría diecisiete meses más tarde con la conquista de la ciudad. Los habitantes de la capital andalusí dirigieron desesperadas llamadas de auxilio al califa almohade, sin obtener ninguna respuesta. El fin de al Said es el testimonio del fracaso de su política reunificadora y se produjo, en parte, como consecuencia de su carácter excesivamente impulsivo.

A finales-III-1248, el califa salió en expedición hacia Tremecén, ordenando a su emir Yagmurasen que se uniese a sus contingentes, a lo que no respondió favorablemente, ya que, aunque reconocía la soberanía del califa almohade, sin embargo, la presencia de contingentes benimerines entre sus filas despertaba sus recelos, por lo cual se comprometió a enviar ciertos contingentes, pero no a participar personalmente en la expedición.

La respuesta no satisfizo al califa, que se dispuso a dirigirse contra Yagmurasen, el cual buscó refugio en las montañas aledañas. De forma imprudente y a pesar de la advertencia de sus consejeros, el califa decidió ir en persona en su búsqueda, resultando derrotado y muerto por las fuerzas del emir de Tremecén el 23-VI-1248.

GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 265-266.