Abd al Rasid

Datos biográficos

Califa almohade: 1232-1242
Sobrenombre: al Rasid
Fallecimiento: 5-XII-1242
Predecesor: Abu Idris al Mamun
Sucesor: Hasan Ali al Said

Biografía

Abd al Wahid al Rasid fue hijo y sucesor del octavo califa almohade, al Mamun, quien murió el 17-X-1232, cuando se dirigía a Marrakech desde Ceuta para expulsar de ella a su rival al Nasir. Desde 1224, al morir Yusuf II al Mustansir, el imperio había iniciado una profunda crisis política, con la doble proclamación de al Majlu en Marrakech y de al Adil en al Andalus. Dicha situación volvió a producirse en 1227, a la muerte del segundo de ellos, que fue seguida de otra doble proclamación, la de su hermano Abu al Ula Idris al Mamun en al Andalus y su sobrino Yahya en Marrakech, consagrando la división entre los dos dominios territoriales sobre los que se asentaba el imperio almohade, peninsular y magrebí respectivamente.

Las fuentes destacan que, en esa tesitura y contando al Rasid solo catorce años, su madre ocultó la muerte del califa al Mamun, excepto a los caídes cristianos, a los jeques Jult y a algunos parientes y privados. Sus partidarios lograron expulsar de Marrakech a Yahya, quien, sin embargo, continuaría disputando varios años la legitimidad del califato. No obstante, esta victoria inicial permitió consolidar la posición del joven y todavía oculto califa al Rasid, que sería el encargado de gobernar el decadente Imperio almohade durante los siguientes diez años.

Tras su entrada en la capital almohade se produjo su proclamación pública, iniciándose entonces su gobierno, durante el cual si bien pudo restablecer la unidad política, sin embargo, debido a su escasa experiencia, se vio muy sometido a la influencia de los jeques almohades.

Uno de los hechos más significativos que tuvieron lugar durante el gobierno de al Rasid fue la restauración de ciertos ritos y normas tradicionales almohades que habían sido abolidos por su padre, al Mamun, entre ellos la reintroducción de la mención del nombre del iman al Madhi en el sermón de la oración de los viernes y en las acuñaciones monetarias, símbolo del restablecimiento de la perdida ortodoxia almohade que le granjeó el apoyo de muchos de los jeques insurrectos que apoyaban al disidente al Nasir.

Sin embargo, la inmediata revuelta protagonizada por Ibn Waqarit, jeque de los Haskura, obligó a al Rasid a abandonar Marrakech, dirigiéndose a Siyilmasa, lo que rebelaba la extrema debilidad de su posición, mientras que la capital era ocupada por su rival Yahya. Finalmente, al Rasid pudo recuperar el control de la situación y en 1236 se produjo el asesinato de Yahya a manos de los árabes de al Maquil, entre quienes había buscado refugio, siendo enviada su cabeza a Marrakech, donde fue colgada en una de las puertas de la ciudad.

Con la desaparición de Yahya se ponía fin a una dinámica de división interna iniciada trece años atrás, volviéndose a recuperar la unidad política que se había roto en 1224, tras la inesperada y accidental muerte de Yusuf II al Mustansir. Mientras que en los dominios magrebíes al Rasid pudo a duras penas sostener su posición, en cambio en al Andalus la situación no hizo sino empeorar respecto a sus antecesores, debido a dos factores.

Por un lado, la fragmentación del poder por la multiplicación de caudillos locales que rechazaban el inoperante dominio almohade, ocupando el creciente vacío de poder dejado por ellos. Segundo, la continuación del imparable avance de los cristianos, en particular las conquistas de Fernando III en el valle del Guadalquivir y de Jaime I en la zona de Levante, así como la culminación del avance portugués en el Alentejo y en el Algarve.

Ya en 1228 se había iniciado la rebelión de Abu Abd allah Muhammad b. Yusuf b. Hud al Yudami en al Sujayrat, el castillo de los Peñascales, en el valle de Ricote (cerca de Murcia). Al poco tiempo entró en escena un nuevo e importante personaje, Abu Abd Allah Muhammad b. Yusuf b. Nasr b. al Ahmar, quien el año 1232 fue aclamado por la población de Arjona y se otorgó el título de amir al muslimin. A partir de la muerte de Ibn Hud en Almería en 1238, Ibn al Ahmar se convirtió en el principal caudillo andalusí, siendo el fundador de la dinastía nazarí de Granada.

Asimismo, en 1234 se registraba una nueva defección, la protagonizada en Niebla por Suayb b. Muhammad b. Mahfuz, privando a los almohades de una de la principales coras del occidente andalusí. Esta situación de completo hundimiento del dominio almohade fue aprovechado por los cristianos para continuar su avance, registrándose durante la época de al Rasid conquistas tan importantes y significativas como las de Córdoba (1236) o Valencia (1238).

Sin embargo, lo cierto es que al Rasid fue el último de los califas almohades que llegó a ejercer una cierta influencia en al Andalus, como denota la momentánea vuelta a la obediencia de Sevilla, la principal ciudad islámica peninsular, en 1238. Tras la muerte de al Nasir, al Rasid logró otro éxito importante con la captura de Ibn Waqarit, el jeque de los Jult, que fue trasladado desde Sevilla hasta Marrakech, donde fue ejecutado.

Fue, pues, al Rasid, un soberano más enérgico que sus antecesores, y volvió a restaurar la pureza de la doctrina almohade que al Mamun había dejado de lado al ordenar en 1230 que se omitiera el nombre del Madhi en el sermón de la oración del viernes y en las acuñaciones monetarias. Sin embargo, pese a la recuperación de cierta estabilidad, la época final de su gobierno está marcada por el comienzo de las hostilidades con los benimerines, frente a los cuales se registran los primeros choques, iniciándose de esta forma una dinámica que, al cabo de tres décadas de enfrentamientos, va a suponer el fin definitivo de la dinastía almohade, tras la toma de Marrakech por los benimerines en 1269.

La muerte de al Rasid tuvo lugar de forma accidental, cuando una barca en la que paseaba por un estanque con algunas esclavas, volcó, provocándole al parecer, una grave pulmonía, a consecuencia de la cual murió a los tres días, el 5-XII-1242. Fue sucedido por su hermano, que gobernó durante los cinco años siguientes bajo los sobrenombres de al Mutadid y al Said.

GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 170-172.