Abd Allah al Nasir

Datos biográficos

Califa almohade: 1199-1213
Sobrenombre: al Nasir
Fallecimiento: 25-XII-1213
Predecesor: Abu Yusuf al Mansur
Sucesor: Yaqub Yusuf II

Biografía

Abu Abd Allah Muhammad b. Yaqub b. Yusuf b. Abd al Mumin fue el cuarto califa almohade y ejerció el poder durante los catorce años que median entre 1199 y 1213. Era biznieto del fundador de la dinastía de los Banu, Abd al Mumin y tanto su padre como su abuelo le habían precedido en la dignidad califal, manteniéndose, por lo tanto, una línea directa de sucesión dinástica que habría de romperse tras la muerte de su hijo y sucesor, Yusuf II al Mustansir.

Su padre, al Mansur, había muerto el 12-I-1199, y la sucesión se produjo según lo previsto, ya que Muhammad había sido oficialmente designado heredero en vida de su antecesor, cuando contaba tan solo nueve años, siendo proclamado una semana más tarde. Su elevación al poder no causó discordias entre los almohades, debido a su condición de heredero oficial y a que la autoridad de su padre era indiscutida, si bien el califa era tan solo un joven de diecisiete años.

No obstante, es cierto que ello dio lugar a que se iniciase una dinámica que, en etapas sucesivas, habría de tener una influencia en aumento, la del creciente intervencionismo de los jeques almohades, es especial los tíos del nuevo soberano, dada su inexperiencia en asuntos políticos por su juventud. El califato de Muhammad al Nasir tiene un carácter muy relevante en la evolución del imperio almohade, ya que marca un punto de infexión en su trayectoria.

En efecto, hasta entonces se había desarrollado la fase ascendente del dominio almohade, sólidamente asentado en su bases magrebíes y capaz de alcanzar resonantes victorias en territorio andalusí frente a los cristianos, sobre todo la de Alarcos en 1195. Después de él se inicia la decadencia almohade. A la descomposición política interna se va unir el progresivo desmembramiento del imperio y el abandono de la política de Yihad en la península.

La época de al Nasir presenta, junto a algunos éxitos importantes, como los obtenidos en Baleares e Ifriqiya, se une el fracaso de la derrota de las Navas de Tolosa.. En paz con castellanos y leoneses, firmada por su padre en 1197 tras la victoria de Alarcos (1195), paz que durará diez años, decide reconquistar las Baleares que estaban en poder de familia de los Banu Ganiya desde 1144.

El primer intento almohade por restablecer la situación, protagonizado por el gobernador de Bugía, acabó en completa derrota hacia 1200. Gracias a la enérgica actuación de su padre, el vencedor de Alarcos, la situación en la Península se encontraba en calma cuando Muhammad al Nasir llegó al poder, ya que se habían firmado treguas con Alfonso VIII en 1197 por diez años, mientras que los leoneses estaban aliados a los almohades.

De esta forma, el problema fundamental al que tuvo que hacer frente al comienzo de su actuación fue el dominio de Yahya b. Ganiya en las Baleares, y la extensión de su poder a toda Ifriqiya, salvo Túnez y Constantina. El primer intento almohade por restablecer la situación, protagonizado por el gobernador de Bugía, acabó en completa derrota hacia 1200.

Ello permitió; a Ibn Ganiya consolidar su posición, al hacerse con el control directo del puerto de Mahdiya, hasta entonces en manos de un emir aliado suyo. Sin embargo, el califa al Nasir logró poner fin al dominio ejercido desde décadas atrás por los Banu Ganiya en Baleares, conquistando Menorca en 1202 y al año siguiente Mallorca, siendo la cabeza de Abd Allah b. Ganiya enviada al califa en Marrakech. Sin embargo, esta gran victoria fue compensada con otra gran pérdida, ya que mientras los almohades se apoderaban de las Baleares, Yahya b. Ganiya logró hacerse con el dominio de Túnez en 1203. Ello determinó una respuesta almohade inmediata, que el propio califa se encargó de encabezar, dirigiendo sus contingentes hacia Ifriqiya, de forma que en 1205, cerca de Gabes, Yahya fue derrotado, siguiendo a continuación la toma d Mahdiya al año siguiente, de tal forma que el dominio almohade de Ifriqiya pudo ser completamente restablecido.

Tras la pacificación de Ifriqiya y con la situación estabilizada en al Andalus, gracias a las treguas establecidas en la época de su padre, siguieron tres años de tranquilidad, en los que el califa pudo dedicarse a reorganizar su administración desde Marrakech y a poner orden en la administración de Hacienda, debido a los frecuentes casos de fraude y corrupción que se producían habitualmente.

No obstante, ya en 1210 las fuentes árabes nos informan de la realización de una expedición marítima contra las costas catalanas, al parecer en respuesta a una previa ofensiva aragonesa. Ello sería preludio del restablecimiento de las hostilidades entre cristianos y almohades en la pugna por el control del territorio peninsular. Sin duda, el episodio central de la actuación de Muhammad al Nasir fue la célebre batalla de las Navas de Tolosa, que se produjo en las estribaciones de Despeñaperros el 16-VII-1212.

La batalla de las Navas de Tolosa

Sin duda, el episodio central de la actuación de Muhammad al Nasir fue la célebre batalla de las Navas de Tolosa (llamada en árabe: al Iqab, las Cuestas., que se produjo en las estribaciones de Despeñaperros el 16-VII-1212. Alfonso VIII anhelaba vengar la dura derrota de Alarcos y, ante de que finalizasen las treguas pactadas en 1197, se decidió a atacar los territorios musulmanes, saliendo de Toledo en 1209 y dirigiéndose contra Jaén y Baeza, mientras que los Caballeros de la orden de Calatrava hacían lo propio sobre Andújar. El califa al Nasir envió embajadores para protestar por la violación de la tregua, pero la ruptura de hostilidades era definitiva.

Batalla de Las Navas de Tolosa.Batalla de Las Navas de Tolosa, óleo de Van Halen expuesto en el palacio del Senado (Madrid).

La victoria de las Navas vino precedida de una previa campaña almohade durante el año anterior, que era la respuesta a las algaras efectuadas por Alfonso VIII y el infante Fernando, junto a las milicias concejiles de Madrid, Guadalajara, Huete, Cuenca y Uclés, en la zona levantina, donde arrasaron los alrededores de Játiva.

En respuesta, el propio califa se puso al frente de sus fuerzas y en febrero de 1211 salió de Marrakech, llegando en mayo a Sevilla. Meses después, logró recuperar la fortaleza jienense se Salvatierra. Fue la última vez que un califa almohade salió en campaña desde Marrakech para cumplimentar el deber del Yihad en al Andalus, pues sus sucesores se limitaron, como máximo, a adoptar actitudes meramente defensivas. La mala noticia de la pérdida de Salvatierra se acompañó de otra aún peor en el bando castellano, la muerte prematura del infante Fernando, primogénito de Alfonso VIII.

La campaña almohade de 1211 fue una demostración de fuerza que indujo a Alfonso VIII a solicitar del Papado una cruzada, encontrando una respuesta favorable en Inocencio III, que en abril de 1212 ordenaba, además, a las dos máximas autoridades eclesiásticas peninsulares, los arzobispos de Toledo y Santiago, que exhortasen a los demás soberanos a mantener las paces y treguas que tuviesen con el rey castellano mientras durase la guerra contra los infieles.

De esta forma, la campaña se planteó desde el principio como una operación conjunta destinada a asestar un golpe definitivo a los almohades, contando con la alianza de tres de los cinco soberanos cristianos peninsulares y el respaldo ideológico de la Iglesia y del Papado, dando a dicha campaña una dimensión internacional aún más relevante. Para ello, como indica gráficamente un cronista árabe, los contingentes se concentraron en 1212 en Toledo como langostas, mientras que Pedro II de Aragón había acudido a la cita anterior en Cuenca y Sancho VII de Navarra se añadió a la expedición una vez que la misma hubo partido de Toledo.

La batalla de la Navas fue uno de los principales enfrentamientos entre cristianos y musulmanes habidos en la Península Ibérica durante toda la Edad Media, debido a varios motivos. La guerra medieval consistía, esencialmente, en una lucha por el control del espacio, no por destruir al enemigo, de ahí que la batalla campal fuese un hecho excepcional. En cambio, una de las causa de la singularidad del encuentro de las Navas radica en el hecho de que tuvo un significado estratégico propio, siendo el producto de una decisión determinada, pues nunca antes se había buscado de manera tan premeditada la batalla como medio de dirimir un conflicto.

Por otro lado, si bien es cierto que la cifra de combatientes como de víctimas que aportan las fuentes narrativas, árabes y cristianas, resultan totalmente exageradas y fantasiosas, en cambio no lo es menos que la cantidad de recursos movilizados por ambos bandos contendientes fue de una magnitud extraordinaria.

La actitud del soberano almohade ha sido interpretada como uno de los factores de la derrota musulmana, ya que, en lugar de acudir a primera línea de combate, para espolear con su presencia la victoria de sus contingentes, como hizo Alfonso VIII, optó por permanecer recluido en su tienda recitando versículos coránicos, para salir huyendo en el momento en que la jornada se declaró adversa, no conformándose con refugiarse en Sevilla, sino abandonando de manera apresurada al Andalus para dirigirse a Marrakech, dando una imagen de total abandono y desentendimiento respecto al destino de la población andalusí.

No obstante, las causas de la victoria cristiana son más profundas y se vinculan a diversos factores, tanto puntuales, la mayor eficacia táctica y estratégica de los contingentes cristianos y su mayor organización y sentido de la disciplina, como generales, de forma que el avance conquistador cristiano podía considerarse ya, a esas aturas, irreversible, de manera que el carácter decisivo atribuido por la historiografía tradicional al encuentro es hoy día matizado por los principales especialistas.

Las fuentes árabes no dudan en señalar la importacia de la batalla de al Iqab, como la denominan, coincidiendo en indicar que fue entonces cuando se inició el declive almohade e incluso, más aún, la propia ruina de la presencia musulmana en la Península. Algunas fuentes, incluso, vinculan la muerte del califa, un año y medio después, al abatimiento en que se vio sumido tras la derrota. Ciertamente, aunque el califa al Nasir intentó enmascarar la dureza de su derrota en la carta enviada tras la batalla a la capital del Imperio dando cuenta de la misma, lo cierto es que la victoria cristiana no tuvo paliativos y, desde este punto de vista, las Navas si podría considerarse un encuentro decisivo, como ha señalado la historiografía más clásica.

Sin embargo, el epílogo de la victoria cristiana, al menos en el momento inmediatamente posterior, no fue tan relevante como pudiera, en principio pensarse. De hecho, la derrota almohade no solo no supuso la disgregación de sus estructuras políticas y militares, sino que, apenas mes y medio después, en septiembre de 1212, los musulmanes atacaban algunos castillos que los cristianos habían conquistado en sierra Morena y los expulsaban de algunos puntos fortificados de la frontera oriental.

Por su parte, las siguientes iniciativas cristianas no tuvieron éxito, ya que Alfonso VIII fracasó en el asedio a Baeza de 1213, mientras Alfonso IX de León, que no había participado en la cruzada de las Navas, tampoco tuvo éxito ante Mérida. La consecuencia estratégica más importante de la victoria cristiana fue trasladar la línea de frontera desde el Tajo hasta Sierra Morena. En efecto, los cristianos se hicieron con el dominio de una docena de fortalezas situadas entre Toledo y Córdoba (Malagón, Calatrava, Alarcos, Piedrabuena, Benavente, Caracuel, Vilches, Baños, Tolosa y Ferral).

Sin embargo, lo cierto es que durante la década siguiente, entre 1212 y 1224, la frontera apenas se movió y el dominio almohade se mantuvo estable, a pesar de que el califato había recaído, tras la muerte de al Nasir en 1213, en un menor de edad. Las únicas pérdidas importantes experimentadas por los almohades tras las Navas y antes de 1224 fueron: Alcácer do Sal (1217) y Alburquerque (1218).

La muerte del califa

La derrota de las Navas de Tolosa fue seguida, al poco tiempo, de la muerte del propio califa Muhammad al Nasir, sucedida apenas año y medio después, en concreto el 25-XII-1213, cuando contaba tan solo treinta y dos años de edad. Las causas de este prematuro fallecimiento no están claras y las hipótesis van desde el asesinato por envenenamiento (la más fiable).

Tampoco cabe descartar que falleciese de manera natural, debido a un atque de apoplejía, mientras que en cambio, otras narraciones resultan más inverosímiles, por ejemplo la que atribuye su muerte a los miembros de su guardia negra cuando estaba en los jardines del alcázar, debido a que el mismo había ordenado que se ejecutase a todo aquel fue fuese sorprendido allí de noche, y en una ocasión que salió disfrazado para ver si sus preceptos eran cumplidos, fue alanceado por los guardias, que no lo reconocieron.

No mucho más verosímil parece que su muerte fuese producida por la mordedura de un perro. Sea lo que fuere, lo cierto es que Muhammad al Nasir dejaba una pesada herencia a su heredero, no solo por la derrota de las Navas, sino por lo temprano de su muerte, que iba a hacer que las riendas del poder recayesen en su hijo, un niño que no llegaba a los quince años.

GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 225-228.