Abu Yusuf al Mansur

Datos biográficos

Califa almohade: 1184-1199
Sobrenombre: al Mansur
Nacimiento: 1160
Fallecimiento: 22-I-1199
Predecesor: Yaqub Yusuf I
Sucesor: Abd Allah al Nasir

Biografía

Pese a su condición de estructura ideológica y militar superpuesta en un vasto territorio, sometidos a diversas tensiones de disgregación, contenidas por la capacidad de sus tres primeros califas, durante el último cuarto del s. XII los almohades alcanzan su apogeo, político y económico, lo cual llevó a su cima las manifestaciones culturales, en al Andalus y en el Magreb, así favorecidos por su relación, y consiguiendo entre otros logros un extraordinario florecimiento de la filosofía y de las ciencias, con la rica variedad de respuestas que finos pensadores de aquella época, como Ibn Tufayl, Avenzoar y Averroes especialmente, supieron dar a la existencia; con la proximidad de los tres, y con otros, se honraba este califa, también muy culto, y buen mecenas asimismo de ricas construcciones, sobre todo en Marrakech, Rabat y Sevilla.

Puede considerársele, en conjunto, como el más destacado de su dinastía, pero tras él, abruptamente, se inició la decadencia. Apenas podemos asomarnos, a través de las fuentes oficiales, a la situación de los dominados por la sobre-estructura almohade, entre los cuales a los malikíes de al Andalus, a través de episodios aislados les vemos recibir una de cal y otra de arena: Abu Yusuf, por sus tendencias zahíries, les pospone, pero otras veces les vemos triunfar, como al conseguir algunos alfaquíes que este califa revocara a Averroes como cadí —entre turcos y moros, juez que entiende en las causas civiles— de Córdoba, y su destierro temporal, antes de llevárselo consigo a Marrakech.

Es posible que estas oscilaciones sean indicio de la habilidad política de Abu Yusuf, que también demostró sus dotes militares en el Magreb y en al Andalus, conjurando en cada uno a los dos peligros de su imperio, la desintegración de elementos interna y la presión expansiva cristiana, consiguiendo ante ambos brillantes aunque efímeros triunfos.

Había nacido a principios de 1160; y, sin que su padre hubiera previsto —al menos oficialmente— sucesión ninguna, en él recayó, pues venía ejerciendo como su visir, y demostrando dotes. En su proclamación andalusí solo adoptó el título de emir, seguramente porque temía ciertas oposiciones, que en efecto empezaron a manifestarse por parte de algunos hermanos y tíos rivales que sabían sus maldades de juventud, según generaliza al-Marrakusi.

Tras un mes en al Andalus, donde logró consolidarse, cruzó hasta Salé, el 9-IX, dejando a sus hermanos Abi Ishaq, Abu Yahya y Abu Zayd como gobernadores en otras tantas regiones. En Rabat, venciendo oposiciones de sus tíos a costa de grandes recompensas, volvió a repetirse su proclamación, y ya se tituló emir de los creyentes.

Los Banu Ganiya de Baleares

Instalado enseguida en Marrakech, comenzó con mucha firmeza su gobierno. Empezó por hacer frente a problemas magrebíes, pues la situación de casi endémica rebeldía en Ifriqiya se complicó ahora con la intervención de los Banu Ganiya: esa rama de almorávides, independizada en las Baleares, reconocía a los Abasíes y no a los almohades, cuyo califa Abu Yaqub pretendió someterles, lo cual no logró al fin, y los Banu Ganiya pasaron a la ofensiva, pues defendían también su mercado mediterráneo, compitiendo en ello con los almohades, cuyos tratados de comercio y diplomáticos con el papado, Sicilia y Pisa, en 1176 y 1196 precisamente resultan muy significativos.

Los Banu Ganiya tomaron Bugía en noviembre de 1184, reteniéndola durante siete meses, y protagonizando el primer gran ataque en tierras del Magreb contra el imperio almohade. Desde Bugía ocuparon también Argel, Miliana, Asir y la Qal at Bani Hammad, zonas algunas de ellas del antiguo reino hammudí, cuya desposesión por al Mumin seguía encontrando afanes vengativos, por lo cual muchos habitantes recibían contentos a este rebrote almorávide de los Banu Ganiya.

Los almohades recuperaron Bugía, en junio de 1185, y luego las demás plazas. Ali b. Ganiya se internó en el sur tunecino, tomó Tozeur (1186), luego Gafsa, y dirigiéndose a Trípoli, donde se le unieron los contingentes trucos de los Guzz (enviados desde el califato abbasí contra el heterodoxo califato almohade, ingrediente importante del conflicto), más los árabes dabbat y parte de los riyah, y grupos de beréberes lamtuna y massufa (pilares antes de los almorávides), logró dominar el Yarid, mientras el mameluco Qaraqus, el jefe de los Guzz, se instalaba en Gabés.

Ali b. Ganiya recuperó el control de la Baleares y se adueñó de Ifriqiya, excepto de sus ciudades de Túnez y Mahdiyya. Abu Yusuf acudió allí desde diciembre de 1186, regresando totalmente victorioso en marzo de 1186. Este gran ataque contra el califa almohade dio pie a que dos tíos suyos, Abu Ishaq Ibrahim y Abu l-Rabi Sulayman, conspirasen contra él en el Magreb, como también su propio hermano Abu Hafs Umar al Rasid, gobernador de Murcia, que llegó a aliarse con Alfonso VIII, alzando los impuestos para sostener su causa. A los tres la intentona les costó la vida.

La Batalla de Alarcos

Estos alzamientos magrebíes habían animado también los ataques cristianos, siempre dispuestos, en la Península. Al fin, los atendió Abu Yusuf. Esos problemas magrebíes retrasaron, hasta 1190, la venida de Abu Yusuf a la Península Ibérica para oponerse a las peligrosas ofensivas portuguesa y castellana: una de cruzados hacia Jerusalén (Saladino lo había tomado en 1187) ayudó a Sancho I de Portugal o povoador a apoderarse de Silves, en IX-1189, tras cuatro meses de asedio, más otros enclaves menores, como Alvor.

Miniatura de tropas cristianas y musulmanas, s. XIII.Miniatura de tropas cristianas y musulmanas, s. XIII.

Los castellanos algareaban Córdoba y Sevilla, y Alfonso VIII se aliaba con al Rasid, como vimos, y con Abdállah b. Ganiya de Mallorca; en junio de 1190 tomó Magacela, decastó Reina y Alcalá de Guadaira, entrando luego por el sureste y apoderándose de Calasparra. En abril de 1190, el califa desembarcó en Tarifa, subió directamente a Córdoba, y aceptó treguas con Castilla, teniéndolas ya con León, pues su objetivo era Portugal. Por el valle del Guadiana subió al Tajo, enviando tropas contra Silves y Évora. Tomó Torres-Nova, pero en Tomar fue en parte derrotado. Volvió a Sevilla el 26-VI-1190. En abril del año siguiente, desde Sevilla atacó Alcacer do Sal, que tomó en junio, plantándose luego ante Silves, y antes de un mes la había conquistado.

Los portugueses firmaron treguas, y Abu Yusuf volvió triunfalmente al Magreb. Varios problemas le retuvieron allí, pues aparte los alzamientos de al Yaziri (en Marrakech) y de al-Asall (en el Zab), ambos con pretensiones religioso-políticas, muy indicativas del las tensiones sociales así expresadas, el dominio de los Banu Ganiya durará aún medio siglo en Ifriqiya y la Tripolitania.

Tras treguas con Castilla y León, desde 1191, expiradas en 1195, Alfonso VIII atacaba con denuedo. El papa Celestino III (1191-1198) impulsaba el avance cristiano en la Península, consiguiendo en 1192 concertar a León, Castilla y Aragón, con amplias consecuencias. El arzobispo de Toledo algareaba el valle del Guadalquivir y Alfonso VIII reconstruía la cuña de Aledo. Abu Yusuf cruza la Península Ibérica de nuevo, en 1195: hasta Tarifa (1-VI), de Sevilla a Córdoba (el 23), y pasado el Muradal se apostó por la llanura de Salavatierra y el Campo de Calatrava.

Alfonso VIII sobrevaloró sus tropas, y la estrategia adoptada por el almohade le hizo obtener la sonada victoria de Alarcos: parece verdad la superioridad numérica del ejército almohade, como refiere —además interesadamente— la I Crónica General, pues vuelve a ponerse de manifiesto la capacidad de los cuatro primeros califas de esta dinastía para levantar un ejército numeroso ante situaciones concretas, formado en su mayoría por voluntarios norteafricanos, que, sin embargo —por razones de intendencia y cohesión—, no podían mantener en campaña mucho tiempo.

Abu Yusuf —a diferencia de otras batallas suyas o de su padre o abuelo— logró además cohesionar los diferentes componentes de su ejército, que, a una, realizaron su decisiva táctica envolvente. Es curioso que respecto a este triunfo de Alarcos, un compilador de noticias históricas y geográficas algo tardío, al-Himyari, transmita:

He oído contar que esa victoria fue casual, pero a raíz de ella, los almohades recuperaron hasta Alarcos, Guadalferza, Malagón, Benavente, Calatrava la Vieja y Caracuel.

Fue un combate comparable y comparado al de Zallaqa. El califa volvió triunfal a Sevilla, y allí celebró su victoria, resonante, pero que no le dio bazas duraderas. La cristiandad entera se alarmaba de este Saladino que tenía más cerca.

Sin aceptar las propuestas de tregua de Alfonso VIII, volvió Abu Yusuf a atacarle en la primavera del año siguiente, logrando rendir Montánchez, ocupar Trujillo y Santa Cruz, y Plasencia, llegando a talar tierras de la bien guardada Talavera, Maqueda, Toledo, Oreja, Madrid, Alcalá de Henares, Guadalajara, Huete, Uclés, Cuenca, Alarcón, entrando a al Andalus el 19 de agosto, por Jaén, donde, al saber de la actividad de los Banu Ganiya en Ifriqiya, aceptó treguas con Castilla, no con Alfonso IX de León.

Al poco, Castilla y León se concertaron, sufriéndolo las fronteras andalusíes. No carece de interés, según esos testamentos que las fuentes árabes gustan poner en boca de personajes en trance de morir, que el califa Abu Yusuf, según el cronista Ibn Idari, habría dicho a sus cortesanos.

Os recomiendo a los huérfanos y a las huérfanas; [al preguntarle] ¿quiénes son?... respondió: la huérfana es la Península de al Andalus y los huérfanos los musulmanes que la habitan; tenéis que ocuparos de lo que allí conviene: elevar sus murallas, defender sus fronteras, entrenar a sus soldados.

Refleja los afanes almohades, pero muy pronto, desde el califa siguiente, al Nasir (1199-1213), la situación andalusí sufrió pérdidas irreparables. De la larga campaña en al Andalus (1195-1197) regresó Abu Yusuf enfermo al Magreb, y redobló sus característicos actos de piedad y cumplimiento riguroso de virtuoso soberano musulmán, y murió, aureolado por rasgos legendarios, el 12 ó 22-I-1199. Mereció su sobrenombre honorífico de ayudado por Dios a triunfar al-Mansur, pero introdujo, en la evolución del imperio, una cierta relajación en la consideración hacia el madhi Ibn Tumart, y por tanto hacia la esencia del dogma almohade.

Esta tendencia centrífuga culminará en el califato de un hijo suyo que, al acceder al poder, llegó a abjurar públicamente de la doctrina almohade. En el otoño de 1191 había hecho proclamar sucesor a su hijo Abu Abd Allah al Nasir, que entonces tenía diez años, y renovó esta proclamación en 1198. Aún se mantenía, en esta dinastía, la línea patrilineal y las sucesiones previstas.

VIGUERA MOLINS, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo VIII.2 págs. 96-101.