Abu al Allah al Adil

Datos biográficos

Califa almohade: 1224-1227
Sobrenombre: al Adil
Fallecimiento: 4-X-1227
Predecesor: Abd al Majlu
Sucesor: Yahya b. al Nasir

Biografía

Abu al Allah b. Yaqub era hijo del tercer califa almohade, al Mansur, hermano del cuarto, Abu Abd Allah al Nasir, tío del quinto, Yusuf II al Mustansir; y sobrino del sexto, su inmediato antecesor, al Majlu. El califato de al Adil se sitúa de pleno en el contexto de la crisis política que estalló pocos años antes, en 1224, a raíz de la muerte de Abu Yaqub Yusuf II al Mustansir, que supuso el inicio de un periodo de luchas internas en el seno del califato almohade que se va a prolongar por espacio de trece años, hasta 1236, durante los cuales se va a producir una situación de discordia en el poder, que además va a tener una dimensión territorial, ya que supondrá una división entre los dominios territoriales andalusí y magrebí.

Al morir Yusuf II al Mustansir los jeques de Marrakech eligieron a su tío abuelo, Abd al Wahid al Majlu, hasta entonces gobernador de Tremecén y que sería conocido como al Majlu. Sin embargo, la crisis de legitimidad política en el seno del sistema almohade se hizo evidente cuando en Murcia fue proclamado como califa su gobernador, Abu Allah b. Yaqub al Mansur, que había sido nombrado responsable de esa jurisdicción poco antes (1222-1223) procedente de Granada: dicho episodio sucedió el 6-III-1224, adoptando el nuevo soberano el sobrenombre de al Adil.

Inicialmente al Adil y al Majlu compartieron, pues, la dignidad califal, aunque fue por poco tiempo, ya que a los ocho meses de su proclamación los jeques almohades obligaron a al Majlu a abdicar, cosa que hizo voluntariamente, de donde su sobrenombre de al Majlu, el Depuesto. Este hecho sucedió el 7-IX-1224, si bien no se conformaron con ello, siendo asesinado a los pocos días, en fecha que las fuentes no sitúan en forma unánime. Ello dejaba el camino libre para al Adil y, de hecho, tras la muerte de su tío se pronunció el sermón en su nombre en Marrakech.

Sin embargo, su autoridad no fue reconocida unánimemente en todo el imperio, ya que los gobernadores de Ifriqiya no lo acataron, ni tampoco tuvo el reconocimiento unánime de al Andalus, ya que aunque lo reconocieron su hermano —futuro califa al Mamun— y los gobernadores de Córdoba y Sevilla respectivamente, en cambio no hizo lo propio el sayyid Abderramán al Sayyid Idris b. Yusuf b. Abd al Mumin, señor de Valencia, Játiva y Denia.

La primera fase del califato de al Adil transcurrió en al Andalus, en concreto hasta mayo de 1225, cuando se vio obligado a abandonar Sevilla en dirección al Magreb. En la capital hispalense había noticias de la proximidad de un contingente cristiano de leoneses. La actitud del califa ante esta inminente amenaza fue, al parecer, de total inoperancia, denotando una clara indolencia, que ponía de relieve su nula disposición para acometer la defensa de la ciudad.

Ante la ausencia de medidas por parte del califa, la población sevillana reaccionó con fuertes protestas que se hicieron manifiestas al final de la oración del viernes en la mezquita aljama. La presión popular hizo que finalmente se convocase a los voluntarios para salir a combatir, formándose un contingente popular integrado por la plebe sevillana, cuyos miembros carecían de preparación e iban mal armados, a los que se añadió un pequeño grupo de combatientes regulares almohades comandado por Ibn Yazid.

Dado que el contingente popular iba por libre, el oficial almohade los abandonó en el momento del encuentro, que tuvo lugar en Campo de Tejada, a escasos kilómetros de la capital sevillana. Las víctimas debieron ser cuantiosas, ya que las fuentes las cifran entre veinte y diez mil, poniendo de manifiesto la inoperancia de los almohades frente a los cristianos. Como consecuencia de esta derrota, el califa al Adil abandonó la capital sevillana rumbo a Marrakech ese mismo año, no volviendo a retornar a territorio andalusí.

A partir de ese momento, su hermano al Mamun, a quien había nombrado gobernador de Sevilla, quedó como máxima autoridad almohade en al Andalus debiendo de hacer frente a la rebelión del Baezano, quien inicialmente se había unido a su causa: el mismo año 1224, el califa escribió al Abd al Allah al Bayasi para agradecerle que se rebelara contra al Majlu y que apoyara su causa. Pero ya al año siguiente, tras la partida del califa hacia el Magreb, le retiró su apoyo y, además acudió a los cristianos para pedirles ayuda, indicándoles los lugares indefensos del país y permitiéndoles entrar en Quesada, Beja, Loja y otros castillos.

Se inicia, de esta forma, el expediente de recurrir a la ayuda de los cristianos para dirimir las discordias internas, lo que supondrá un claro elemento de desestabilización en el proceso, ya iniciado, de crisis política. El califa envió contra él a su hermano Idris con un poderoso ejército que lo asedió en Baeza, tras lo cual hicieron la paz y el Baezano reconoció la autoridad del califa. Pero cuando Abu al Ula Idris al Mamun partió, el Baezano volvió a rebelarse y Fernando III le envió un ejército de diez mil jinetes; tras reunir sus fuerzas, el Baezano partió de Córdoba y puso sitio a Sevilla, saliéndole al encuentro el sayyid Idris, que pudo derrotarlo el 25-II-1226.

Esta derrota selló el destino del Baezano: el pueblo cordobés se rebeló contra él y fue muerto, siendo su cabeza enviada a Idris, el cual la remitió a su hermano el califa en Marrakech. La desaparición del Baezano no significó el final de los problemas para el califa.

Al llegar el califa al Adil a Marrakech había nombrado visir a Abu Zaid b. Abi Muhammad b. Abi Afs, lo que supuso el apartamiento de Ibn Yuyyan, partidario de los Jult y los Haskura, quienes se pronunciaron contra el califa. Esta coyuntura desfavorable fue aprovechada por su hermano Abu al Ula Idris que se rebeló contra él, siendo proclamado califa el 15-IX-1227, en Sevilla. Los jeque de Hintata y Tinmallal, Ibn al Sahid y Yusuf b. Ali, hasta entonces sus partidarios pidieron a al Adil que abandonara el poder y ante su negativa, fue asesinado el 4 de octubre, al parecer ahogado en una fuente.

GARCÍA SANJUÁN, Alejandro, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2009, Vol I, págs. 120-121.