Historia de Las Filipinas

  1. Prehispánica
  2. Descubrimiento y Conquista
  3. Época Colonial
  4. Soberanía de Estados Unidos
  5. Independencia

Época Prehispánica.

Map of the Philippines Map. de Filipinas. En rojo la provincia de Palawan; en beige el grupo de islas Luzón y en naranja el resto de Filipinas

Pertenecieron a la nación española desde su conquista por Legazpi hasta 1898 que pasaron a poder de los Estados Unidos. Archipiélago de Malasia situado en la zona tórrida entre los 4° 40' y los 21° 10' de latitud N. y los 116° 40' y 126° 34' de longitud E. Le rodean, al N. y O., el mar de la China; al E., el Pacífico, y al S., el mar de Célebes. Comprende más de 7.000 islas; las principales son Luzón, Mindanao, Samar, Leyte, Cebú, Bohol, Masbate, Panay, Mindoro. Las producciones son las propias del clima: arroz, maíz, batatas, etc. Los españoles explotaron especialmente el abacá o cáñamo de Manila, el coco para la extracción de copra, el tabaco y la caña de azúcar. Ni los yacimientos metálicos ni las selvas tuvieron explotaciones de importancia.

Las primeras noticias históricas se deben al geógrafo chino Choao Yu Kua, que floreció a mediados del siglo XIII. Denomina a las islas país de Ma-yi; el texto constituye un corto fragmento de un códice que publicó en el siglo XIX el doctor Hirth, traducido al alemán. Fueron descubiertas por Magallanes en marzo de 1521, cuando se dirigía al país de las especias (Maluco), recibiendo entonces el nombre de San Lázaro y de islas de Poniente. Muerto Magallanes en lucha contra Lapulapu, régulo de Mactán, los primeros supervivientes de la expedición llegaron a España en 1522 en la nao Victoria al mando de Juan Sebastián Elcano, que dio cuenta a Carlos V del descubrimiento.

Por entonces los naturales estaban divididos en numerosas rancherías sin ningún lazo de unión y frecuentemente en lucha. Eran un abigarrado conjunto de pueblos cuyas primeras oleadas, que debieron llegar hace unos 25.000 ó 30.000 años, estaban integradas por grupos proto-négridos de quienes proceden los Negritos de Filipinas. Les sucedieron, 12.000 ó 15.000 años después, los protomalayos que eran, como los anteriores, recolectores nómadas. Alrededor de los 4.000 años debieron llegar los primeros grupos indonésicos dando lugar a la Edad de la Piedra Pulida en el Archipiélago. Unos 1.500 años a. de J. C. arribaron nuevas oleadas humanas procedentes de Indonesia y China meridional, las cuales introdujeron la casa con techo piramidal y el cultivo del arroz.

Las últimas penetraciones de estos pueblos, acontecidas entre los 800 y 500 años a. de J. C., eran ya portadoras de los primeros metales (cobre y bronce) más por llevar consigo ciertas técnicas, que especialmente prendieron cambiando el paisaje de Filipinas, se les conoce con el nombre de cultivadores del arroz en terrazas. Entre 300 y 200 años a. de J. C. aconteció la inmigración de pueblos con utensilios de hierro, carabaos (animales de tiro) y perros domésticos. Ya en nuestra era cristiana llegó el Hombre de Champa o los Orang Dampuan, hábiles comerciantes procedentes de Annam. Les siguieron los Shri-Visayas y luego, en 1365, los súbditos del nuevo Imperio Madjapahit. De estos últimos grupos procedían los pueblos más cultos que encontraron los españoles, algunos de los cuales se encontraban en los comienzos de su islamización.

Descubrimiento y conquista

Animado el emperador por el éxito del primer viaje, quiso repetir la empresa, fracasando las primeras expediciones, la de Loaisa en 1525 y Saavedra en 1527, por los trabajos y riesgos de tan larga navegación y las contiendas que tuvieron con los portugueses en las Molucas los que pudieron llegar. Después del tratado de Zaragoza de 1529, en el que Carlos V cedía por retroventa las Molucas a Portugal, el virrey de Nueva España preparó otra expedición que se hizo a la vela en 1542, a las órdenes de Ruy López de Villalobos, estuvo en Mindanao y en la isla de Leyte, a la que llamó Filipina en honor del príncipe de Asturias, después Felipe II, nombre que más tarde se dio a todo el archipiélago. La necesidad y la escasez de víveres le llevaron a Tidore, obligado por los portugueses a abandonar aquellas tierras continuó el viaje a España por la ruta de Buena Esperanza, muriendo en Amboaina asistido por San Francisco Javier.

Reinando ya Felipe II, el virrey de México don Luis de Velasco organiza una nueva expedición dirigida por Legazpi, que llevó a cabo el establecimiento real de la soberanía española en Filipinas. Salió del puerto de Navidad el 21 de noviembre de 1564 acompañado del religioso Urdaneta, que había desempeñado el cargo de piloto en viajes anteriores. Llegó al archipiélago en febrero de 1565. Descubrió varias islas, quedándose provisionalmente en Cebú donde halló entre los indígenas la imagen del Santo Niño que veneraban. Desde allí envió a Urdaneta de regreso y este encontró la ruta de México o tornaviaje. En los últimos meses de 1568 estuvo cercado por el portugués Gonzalo Pereira. Se trasladó luego a Panay para saciar el hambre, enviando expediciones a Mindoro y Luzón. En 1570 fundó la villa del Santísimo nombre de Jesús en Cebú y el 24 de junio del año siguiente la de Manila que había de ser sede del gobierno. De allí envió a su nieto, Juan de Salcedo, denominado el Hernán Cortés de Filipinas, al descubrimiento y anexión del interior de la isla, campaña que realizó con éxito.

Legazpi fue nombrado Adelantado de las Islas de los Ladrones. Estableció relaciones regulares con México, de donde fueron llegando nuevos españoles que engrosaron la colonización. Se establecieron las primeras relaciones con los chinos. Trazó los tributos que los naturales habían de pagar; hizo las primeras encomiendas, y murió en 1572. No encontraron los españoles una verdadera resistencia en los naturales. El archipiélago estaba sujeto, en algunas partes, al sultán de Borneo, al de Joló o a multitud de jefes mahometanos, y donde no, pagaban los indígenas un alto tributo de esclavos que iban a pescar perlas o a cultivar los campos de los pueblos ya mahometanos del mar de Célebes. Pero el islamismo no había arraigado en Filipinas, salvo en la cuenca del río Grande de Mindanao y a orillas del Pasig, y con poca fuerza. Esto favoreció la conversión de los gentiles al catolicismo que habían de conseguir, en laudable emulación, agustinos calzados, franciscanos, dominicos, agustinos recoletos, clero secular y jesuitas.

Época Colonial

El sucesor de Legazpi, Guido de Levezares, afirmó la dominación confirmando las encomiendas ya dadas y repartiendo otras nuevas. Fundó Villa Fernandina (Vigan) e hizo frente, en 1574, al corsario chino Li-mahong, que con una numerosa escuadra y nutridas fuerzas intentó tomar Manila y lo derrotó, haciéndole huir a Lingayen (Pangasinán). El emperador de China envió al capitán Oumon-con para conocer el paradero del pirata, al que encontró sitiado por tropas españolas y filipinas al mando del maestre de campo Juan de Salcedo. Levezares aprovechó la ocasión para devolverle la visita enviando por embajadores a los agustinos Rada y Marín en 12 de junio de 1575.

Le sucedió en el gobierno, don Francisco de Sande, que dictó las primeras disposiciones de carácter administrativo; con él se inicia la vida comercial propiamente dicha. Regresados Rada y Marín vino con ellos el capitán.

En 1575 llegó a Manila el comerciante chino Saúco, quien trajo la noticia de que el emperador del Celeste Imperio consentiría en un tratado de intercambio con España, facilitando un puerto en una isla situada entre Cantón y Pakián, lo mismo que los portugueses disfrutaban de la de Macao; esta ocasión se frustró, porque estas concesiones estaban supeditadas a la captura de Li-mahong y este se había escapado. No obstante, las embarcaciones de comerciantes siguieron llegando, algunos de ellos se quedaron en el país y la colonia china creció de tal manera que a mediados del siglo XVII pasaban de 30.000, llegando, en más de una ocasión, a ser un serio peligro. En 1578 Sande fue en persona a Borneo a restituirle a su legítimo señor que quedaba libremente sujeto al rey de Castilla. También ordenó expediciones a Joló y Mindanao y pretendió anexionar a los dominios de España parte del continente asiático.

Fue sustituido en 1580 por Ronquillo, que fundó el Parián o mercado de los chinos en un barrio de Manila, al alcance de los cañones del fuerte de Baybay. En su época llegó el primer obispo de Manila, fray Domingo de Salazar. Reunidas en 1581 las coronas de España y Portugal en la persona de Felipe II, fue encomendada al gobernador de Filipinas la defensa de las Molucas y las otras posesiones portuguesas en el mar de la Sonda, que quedaban con plena autonomía, y en la que ya había estado el pirata inglés Drake haciendo proposiciones por la reina Isabel.

En los últimos años del siglo XVI siguió aumentando la influencia de España en el Lejano Oriente. Se entró en relaciones con el Japón y se intensificó el comercio chino. El propio rey de Camboya, derrotado por una rebelión inspirada por los tailandeses, pidió y obtuvo, en 1595, socorro de los españoles de Filipinas. La colonización interior continuó en aumento con la llegada de nuevas familias trasladadas de México en busca de encomiendas. En el siglo XVII Manila fue el centro del comercio oriental, y la nave de Acapulco trasladaba a Europa, a través de México, las especias y demás codiciados productos orientales.

El mayor peligro para la colonia estuvo en las Molucas, Célebes, Java. Borneo y Joló, desde donde atacaron frecuentemente las posesiones españolas y portuguesas. Las tentativas por desalojarlos de sus posiciones en las Molucas no tuvieron feliz resultado, a pesar de que en 1603 la armada de Hurtado de Mendoza volvía a tomar alguna isla. En 1606 el almirante Pedro Bravo de Acuña les venció cerca de Ternate. En 1609 Manila fue bloqueada por el almirante holandés Witter, librándose gracias al valor de Juan de Silva, que aún con fuerzas inferiores consiguió desbaratar al enemigo.

En 1617, en Playahonda, el capitán Juan Ronquillo venció a la poderosa armada del almirante Spielbergen. Pero los holandeses no tardaron en aliarse a los ingleses, no menos ávidos y tenaces que ellos. Lo costoso de mantener una armada en territorio tan alejado de España y la dificultad de la travesía del Índico, en manos del enemigo, hicieron pensar a Felipe IV abandonar el archipiélago, conteniéndole solo el que se perdiera la obra de la cristianización. Por fortuna para España, el ataque a la colonia inglesa de Amboaina por parte de los holandeses, en 1623, rompe el acuerdo entre Inglaterra y Holanda, lo que significa un respiro para los gobernadores de Filipinas.

El socorro enviado a los portugueses de Macao contra los holandeses, provocó el ataque de Manila, pero hizo ver la conveniencia de una base en Formosa fundada en 1622 con el nombre de Santiago, que fue abandonada en 1640. Pero el problema que presentaron los holandeses e ingleses y las luchas con los bandidos japoneses y chinos y los moros joloanos, cortaron el vuelo a nuestras empresas. Se intentó someter a los moros de Joló y Mindanao y también en esta isla se estableció, en 1635, el fuerte de Zamboanga, que en 1642 fue preciso abandonar.

Sublevaciones de la población indígena o de los emigrantes chinos, rebeliones de una u otra isla, la separación de Portugal con la consecuente pérdida de la base naval de las Molucas y la frecuencia de los ataques holandeses, caracterizan el reinado de Felipe IV. La paz de Westfalia viene a dar una tregua a los españoles, y las Filipinas gozan de relativa tranquilidad aun cuando en el reinado de Carlos II la guerra colonial renace violentamente.

En el siglo XVII la colonización interior siguió su curso normal, distinguiéndose por su gobierno don Alonso Fajardo y don Sabiniano Manrique de Lara por su decidida protección a los malayos y don Faustino Cruzat por su celosa administración. Se fomentó la agricultura y el comercio, adquiriendo Manila tal importancia que recibía en su puerto centenares de buques de China, Bengala, Coromandel, Japón y Macao. Durante el reinado de Felipe V y sus sucesores fueron atacadas frecuentemente las Filipinas por los piratas de las grandes islas de la Sonda y especialmente de Borneo, que asolaron Luzón y otras islas del archipiélago, obligando a los gobernadores a organizar contra ellos frecuentes expediciones, no siempre afortunadas.

El resto de los piratas encontraron refugio en las islas pertenecientes a Holanda, reclamándose inútilmente al gobernador de Batavia. En la segunda mitad del siglo XVIII, los ingleses en sus frecuentes guerras con España, aliada con Francia por los pactos de Familia, pusieron su vista en Filipinas. En 1762 una escuadra a las órdenes del almirante Samuel Cornish se presentó de improviso en Manila; impotente el arzobispo Rojo, que interinamente detentaba el gobierno, para rechazar el ataque rindió la plaza no sin antes enviar al oidor Simón de Anda fuera de ella para organizar, con el apoyo de las Órdenes Religiosas y los naturales, la resistencia en el interior del país. Anda tuvo tal éxito que los ingleses solo poseyeron el terreno que pisaban y prácticamente se encontraban sitiados y sin víveres cuando se firmó la paz de París el año 1763. Pocos años más tarde se inician las relaciones directas con la metrópoli a través del Índico, cesando la dependencia de México que hasta entonces existía.

En el reinado de Carlos III se constituyó la Compañía de Filipinas al establecerse el estanco del tabaco. Continuó desarrollándose pacíficamente la colonización hasta el siglo XIX. Durante la ocupación de España por las tropas de Napoleón continuaron estos dominios fieles al rey, pero la promulgación de la Constitución de 1812 produjo en los naturales un gran fermento, pretendiendo ser iguales a los españoles. Ni la supresión de la nao de Acapulco y de la compañía que había monopolizado el comercio, abriendo este al tráfico mundial, ni la expulsión de los hispanoamericanos para evitar el contagio de la idea de independencia, lograron disminuir el descontento.

En 1820 aparecieron disturbios con motivo de una epidemia colérica, Luego en 1823 está el importante alzamiento militar del capitán Novales y el teniente Ruiz. En 1829 el gobernador Ricafort logró por fin apaciguar la vieja rebelión de Dagohoy en Bohol. En 1841 se dio la revolución de Apolinario de la Cruz en Tayabas. En 1854 tuvo lugar la rebelión del mestizo José Cuesta, duramente reprimida y, por último, en 1872, se sublevó el Arsenal de Cavite, achacando el gobernador Izquierdo la culpa a los clérigos filipinos Burgos, Gómez y Zamora les dio garrote vil a pesar de haberse negado a su relajación el arzobispo Melitón Martínez

Regía en Filipinas el mismo régimen que en la metrópoli respecto a los derechos individuales y de propiedad; un gobierno municipal y provincial que, si bien centralizado, se adaptaba al progreso administrativo del país; los códigos penal, civil y de comercio eran iguales a los de España; la ley hipotecaria común a la de Cuba y Puerto Rico. Pero la ausencia de derechos políticos y la persistente oposición a la representación en Cortes fomentaron el descontento creando ansias de emancipación.

El germen separatista favorecido por los agentes de los Estados Unidos, se difundió rápidamente. Se creó el Katipunan y otras sociedades secretas con fines más o menos marcadamente antiespañoles, que reunieron en gran parte a los indígenas tagalos y mestizos. A mediados de 1896, bajo el gobierno de don Ramón Blanco, estalló la que entonces se llamó insurrección tagala y después revolución de Filipinas. No logró dominarla ni con compañías militares ni por la dura represión llevada a cabo por Polavieja.

El fusilamiento del médico don José Rizal y Alonso, el más caracterizado de los filipinos que ansiaban la autonomía de su patria, inflamó la rebeldía. Para vengarle, surgió un nuevo jefe, Emilio Aguinaldo. Don Fernando Primo de Rivera, tras la toma del fuerte de Cavite y otras posiciones, siguió una política de atracción y cediendo a las indicaciones de Moret, ministro de Ultramar, negoció la paz mediante la entrega de 400.000 pesos a Aguinaldo, que quedaba obligado a trasladarse a Hong-Kong con otros 35 jefes de las fuerzas insurrectas —pacto de Biac-nabato—. Esta paz era insegura por la forma en que se había llevado y porque el Gobierno no inició el plan de reformas basadas en las aspiraciones de los elementos que más podían influir en que aquella perdurase.

Habiendo empezado la guerra con Estados Unidos y destruida en Manila (Cavite) la escuadra española, Aguinaldo, de acuerdo con el jefe de las fuerzas navales norteamericanas, volvió al archipiélago y proclamó la independencia en 12 de junio de 1898. Aunque por parte de España se publicaba un programa de régimen autonómico y se creaba una asamblea consultiva de Filipinas, estas medidas eran tardías. Levantadas casi todas las provincias y tomada Manila por los americanos, el poderío español quedó deshecho, los destacamentos dispersos por el país hubieron de rendirse poco a poco, terminando la heroica defensa con la de Baler, que meses después de haber terminado la soberanía de España aún continuaba resistiéndose.

Soberanía de Estados Unidos

Con la paz de París (10 de diciembre de 1898) pasaba el archipiélago a poder de los Estados Unidos. El 2 de enero de 1899 llegaba a Manila el general Diego de los Ríos para repatriar las tropas españolas que en total ascendían a unos 7.500 hombres. Poco después el 4 de febrero comenzaba la guerra Filipino-Norteamericana que duraría tres años y en la cual Estados Unidos hubo de poner en el Archipiélago 70.000 soldados yankis para aplastar la prometida independencia de Filipinas. En marzo de 1901 Aguinaldo fue hecho prisionero, pero las guerrillas continuaron hasta el 16 de abril de 1902 en que capituló el general Miguel Malvar.

Los norteamericanos organizaron primeramente un gobierno militar. Luego establecieron una Comisión cuyo primer gobernador civil fue William Howard Taft que llegó a ser presidente de los Estados Unidos. Se establecieron gobiernos locales y provinciales que tenían por base las instituciones españolas. Los filipinos que colaboraron con los norteamericanos con la esperanza de obtener mayores libertades quedaron defraudados, por que hubieron más restricciones que en el régimen anterior. También se fundaron partidos políticos y se proclamó la libertad de culto, prensa y asociación. Fueron comprados los terrenos pertenecientes a las órdenes religiosas y vendidos a los colonos. El primero de octubre de 1902 se estableció formalmente la Iglesia Independiente Filipina cuando diez sacerdotes seculares, encabezados por Gregorio Aglipay, firmaron una constitución separándose de la Santa Sede, no obstante haber vuelto muchos de ellos al seno de la Iglesia Católica, el cisma llega hasta nuestros días.

Paulatinamente los filipinos participaron en los cargos burocráticos. En 1907 inició sus tareas la primera asamblea filipina. Considerando que el comercio era el principal motivo de retener Filipinas en su poder, los norteamericanos dieron en 1909 la Payne Aldrich Tariff Act por la cual regularon de modo arbitrario y a su favor la importación y exportación de productos, de modo que asegurada la colonia económica abrieron el paso a una remota independencia política. La protesta de Manuel Quezon solo sirvió para poner de manifiesto la capacidad intelectual y política del pueblo filipino.

En 1912 se propuso conceder la Independencia de Filipinas para el año 1921, con la condición de que sus Asuntos Exteriores quedasen bajo el control norteamericano. En 1916, a tenor de la Ley Jones concediendo mayor participación de los filipinos en el gobierno como preparación a la Independencia que debía otorgarse cuatro años después, el gobernador Harrison nombró un gabinete totalmente filipino a excepción del Ministerio de Instrucción Pública. No obstante, al llegar la fecha fijada, el presidente Harding envió una comisión que estimó no estar Filipinas preparada para la Independencia a pesar de la lealtad demostrada durante la primera guerra mundial. Por este tiempo Félix Manalo fundó la Iglesia ni Cristo, (Iglesia de Cristo) especie de herejía sincretista. En 1934, aprobada la Ley Tydings-Mc Duffie, se organizó un gobierno semi-autónomo en Filipinas. El 23 de marzo de 1935 el presidente de los Estados Unidos aprobó la Constitución de la República Mancomunada Commonwealth de Filipinas, cuyo primer presidente fue Manuel L. Quezon.

El 10 de diciembre de 1941 Filipinas fue invadida por tropas japonesas que la ocuparon hasta el 5 de julio de 1945. Las tropas norteamericanas y filipinas concentradas en la península de Bataan y en la isla del Corregidor resistieron hasta la rendición de esta última en 6 de mayo de 1942. Durante el período japonés estuvo al frente del gobierno filipino José P. Laurel, no obstante la mayoría del pueblo filipino se opuso resueltamente a la dominación japonesa, que en los últimos tiempos se caracterizó por su crueldad. La guerra de liberación fue devastadora y la mayoría de las ciudades quedaron asoladas. Por muerte de Quezon, sucedió en la presidencia de la Mancomunidad, Sergio Osmeña, y a este Manuel Roxas.

La Independencia

Filipinas obtuvo definitivamente la Independencia el 3 de julio de 1946. El país alcanzó un nivel de instrucción excepcional, pero los graves problemas sociales, sobre todo la resistencia de una masa campesina que no poseía tierras, dio lugar a la rebelión de los Huks, especie de ejército popular, que nacido al calor de la lucha contra el invasor japonés estaba controlado por el comunismo y en cuyo programa social está en primer término la reforma agraria. En 1949, tras unas elecciones sangrientas, fue elegido presidente Elpidio Quirino.

El ministro de Defensa, Ramón Magsaysay, deshizo a los Huks, y al llegar en 1953 a la presidencia de la República luchó contra la corrupción e inició la reforma agraria. A su muerte en accidente de aviación le sucedió Carlos P. García, que fue elegido presidente en 1957. El año 1960 alcanza la dignidad cardenalicia el primer filipino, Rufino Santos, arzobispo de Manila. Al llegar, en 1961, a la presidencia Diosdado Macapagal continuó la reforma agraria. Finalmente el año 1965 fue elegido presidente Fernando Marcos.

VILLA, Justa de la - TORMO, Leandro, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E, pág. 736.