Diego Morcillo Rubio.

Retrato de Diego Morcillo Rubio


DIEGO MORCILLO RUBIO DE AUÑÓN, virrey del Perú (1642-1730; 1720-1724). [Villarrobledo de la Mancha (Albacete) Lima]. Religioso trinitario, llegó a ser provincial de su Orden y predicador del rey. Propuesto por Felipe V para obispo de Nicaragua, en 1704, no llegó a serlo por haber sido nombrado titular de la sede de La Paz, que ocupó de 1708 a 1711, en que fue designado arzobispo de Charcas. Al ser destituido de virrey interino el obispo de Quito, don Diego Ladrón de Guevara, apareció designado por el pliego de providencia el arzobispo Morcillo, para encargarse accidentalmente del virreinato.

Al recibir Morcillo la noticia de su nombramiento, estaba en Chuquichaca, poniéndose en camino para Lima, y de su solemne entrada en Potosí hay dos interesantes testimonios: uno literario en un manuscrito inédito de Bartolomé Arzauz que se conserva en la Biblioteca de Palacio, y un enorme cuadro de seis metros de ancho por dos y medio de alto del Museo de América de Madrid, con multitud de figuras, debido al pincel de Pérez Holguín, pintor de Charcas, que está representado por su paleta y pinceles en el cuadro. Poco tiempo desempeñó Morcillo este virreinato accidental, pues a los cincuenta días llegó el virrey propietario, príncipe de Santo Buono.

Regresó a Chuquichaca, donde, cuatro años después, volvió a recibir el nombramiento de virrey, esta vez en propiedad, haciendo su segunda entrada en Lima como virrey, el 26 de enero de 1720, relevando al príncipe, a quien dio posesión. Por entonces apareció en el Pacífico el pirata inglés Clipperton que, después de apresar algunos navíos españoles, cruzó el Pacífico, siendo apresado en Filipinas. Morcillo armó algunas naves, que envió a perseguir al pirata, sin lograr encontrarle, y aumentó la caballería para vigilar mejor las costas. En el mismo año de 1720 llegó a Portobelo el primer navío de permiso, autorizado por el tratado de Utrecht.

En 1723, al morir el arzobispo de Lima don Antonio de Zuloaga, fue nombrado Morcillo para este arzobispado. En este año y con motivo de la boda del príncipe de Asturias con doña Luisa Isabel de Orleáns se celebraron durante ocho días grandes fiestas.

En Chile se volvieron a sublevar los araucanos, pero fueron duramente castigados por el maestre de campo Salamanca, corriendo los gastos de esta campaña a costa del propio peculio del virrey arzobispo. El 14 de mayo de 1724 cesó en el virreinato fray Diego Morcillo, siendo sustituido por el marqués de Castelfuerte. Mendiburu censura el excesivo celo de Morcillo por enviar cuantiosos donativos a Felipe V, aunque fueran de su peculio arzobispal, en lugar de gastarlos en obras y fundaciones en su arzobispado. No dio memoria de su gobierno.

Continuó de arzobispo de Lima y como tal celebró grandes fiestas religiosas y civiles con motivo de las canonizaciones de Santo Toribio de Mogrovejo y San Francisco Solano. La elección de prelado en el monasterio de la Encarnación dio lugar, como era frecuente entonces, a reñidísimas contiendas, que trascendían a la ciudad, teniendo que intervenir el arzobispo con duras medidas para pacificar los ánimos. Nombró al padre Cueva Ponce de León cronista de la iglesia peruana, ayudándole para que escribiese una obra que dejó terminada con el título de Historia eclesiástica del virreinato del Perú, en tres tomos.

Falleció el arzobispo a los ochenta y ocho años de edad.

TUDELA DE LA ORDEN, José, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 1122-1123.