Santiago de Liniers

Santiago de Liniers.

LINIERS Y BREMOND, Santiago (1753-1810) [Niort (Francia)-Monte de los Papagayos (Argentina)]. De origen francés, hasta 1760 permaneció en Malta al servicio del gran maestre. Sirvió luego en el ejército francés, y en 1774 se retiró con el grado de subteniente. En la armada española alcanzó el grado de alférez de fragata (1776), y con este empleo pasó al Brasil con el marqués de Casa-Tilly, distinguiéndose en la acción de Santa Catalina. Regresó a Europa con el general Arce, tomó parte en la reconquista de Menorca y en el bloqueo de Gibraltar, y en 1788 es destinado de nuevo a América en el apostadero del Río de la Plata.

Luchó contra los ingleses (1788-1802), al mando de las lanchas cañoneras de Montevideo y fue nombrado jefe del apostadero subalterno de Buenos Aires. Se hizo célebre en las defensas de Buenos Aires (1806 y 1807) y en la recuperación de Montevideo, debiéndosele ambos triunfos, por lo que se hizo cargo del mando de las tropas y en el cabildo abierto del 10 de febrero de 1807 se hizo cargo interinamente del virreinato en lugar del inepto Sobremonte. Algo tardíamente el Gobierno le nombró virrey, gobernador, jefe de la escuadra y capitán general del Río de la Plata (3 de diciembre de 1807), llegando el nombramiento en mayo de 1808 y tomó posesión el 18.

En aquellos momentos era el ídolo del partido criollo, que creía ver en él el caudillo de la emancipación. Al comenzar la guerra de la Independencia no reconoció a José Bonaparte y proclamó a Fernando VII, a pesar de haberle enviado Napoleón directamente un mensajero para atraerlo, el marqués de Sassenay; pero no pudo evitar la aversión y la desconfianza de Elío, gobernador de Montevideo, que siempre sospechó injustamente de su lealtad y se colocó en actitud de abierta indisciplina, llegando a formar una Junta como las de la Península.

Ante un motín dirigido contra él el 1 de enero de 1809 y organizado por Martín de Alzaga, quiso declinar su autoridad en la Audiencia, pero el ejército y el pueblo se lo impidieron, lo que supuso el triunfo del partido criollo y la anulación de una futura resistencia leal. A sus instancias fue nombrado virrey Hidalgo de Cisneros. Los patriotas querían que Liniers resistiese su llegada, pero se negó y le hizo entrega del mando, del que tomó posesión en la Colonia (del Sacramento), el 13 de julio de 1809, aunque hasta el 26 del mismo, y por mediación de Vicente Nieto, no se entrevistaron Liniers e Hidalgo; adoptó el primero una actitud leal y disciplinada y le autorizó el nuevo virrey a permanecer en el país. También había tenido Liniers que hacer frente a las pretensiones de Carlota Joaquina y de su marido don Juan VI de Portugal.

Destituido Hidalgo de Cisneros por la revolución de mayo de 1810, Liniers, que se disponía a embarcarse para España, tomó partido contra la separación, de acuerdo con Gutiérrez de la Concha, intendente de Córdoba, y Santiago Allende y contando con la ayuda de Francisco de Paula Sanz, intendente de Potosí, y del citado Nieto, presidente de la Audiencia de Charcas, agregándoseles el obispo de Córdoba, Orellana. Pero no tuvieron tiempo de organizar un ejército, pues las deserciones de la oficialidad impidieron sus planes.

La Junta de Buenos Aires envió un ejército mandado por Ortiz de Ocampo y Antonio González Balcarcel. Liniers, al intentar huir al Perú fue hecho prisionero por los rebeldes, y ordenada su muerte por la Junta Revolucionaria. Ocampo e Hipólito Vieites le consultaron para no llevar a cabo la ejecución; pero se impuso Moreno, que obligó al resto de la Junta a compartir la responsabilidad, y se envió a Castelli; con sus compañeros, excepto el obispo, fue fusilado en Monte de los Papagayos, lugar situado no lejos de Córdoba (26 de agosto de 1810).

Liniers fue víctima de su acrisolada lealtad a la nueva patria a cuyo servicio se había dedicado: cumplió siempre rígidamente con su deber, y así hizo frente a los ingleses, a los portugueses, rehusó ayudar a Napoleón, a pesar de ser francés, y popularísimo de 1806 a 1809, no quiso seguir a los criollos en el camino de la independencia y fue ejecutado por quienes le ensalzaban poco tiempo antes. Sus restos fueron trasladados muchos años más tarde al panteón de marinos ilustres de San Fernando y sus descendientes ostentaron el título de condes de Buenos Aires, otorgado por su heroísmo en 1806 y 1807 y que no llegó a usar.

PUENTE O´CONNOR, Alberto de la - EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 751-752.