José Iturrigaray y Aróstegui

Virrey de Nueva España: 1803-1808

Nacimiento: 1742

Fallecimiento: 1815

Biografía

Retrato de José Iturrigaray y Aróstegui.Retrato de José Iturrigaray y Aróstegui

ITURRIGARAY Y ARÓSTEGUI, José (1742-1815) [Cádiz-Madrid]. Virrey de Nueva España, de 1803 a 1808. Perteneciente a una hidalga familia navarra, ingresa en su juventud en la carrera militar, interviniendo ya en la contienda contra Portugal de 1762 y en la de Gibraltar en tiempo de Carlos III. En 1793 se distingue en la guerra contra la República francesa, y en 1801 toma parte como comandante en jefe del ejército de Andalucía en la campaña contra Portugal, en la que era generalísimo Godoy. La amistad con el favorito le lleva al virreinato de Nueva España, donde fue bien recibido por su carácter divertido y jovial que contrastaba con el austero de su antecesor Berenguer.

Los años precedentes a 1808 fueron pacíficos y de bastante prosperidad. En este tiempo visita México el gran geógrafo Humboldt y llega la comisión propagadora de la vacuna (Balmis), encontrando la mejor acogida por parte del virrey. Desplegó gran actividad para atender a las necesidades militares que se presentaron con motivo de la guerra contra Inglaterra. Hizo frente a varias cuestiones militares que se suscitaron en los territorios limítrofes con los Estados Unidos, que seguían una firme política de expansión.

Intentó reunir cantidades para ayudar a los gastos del Gobierno que, agobiado por continuas guerras, cada día apremiaba más las órdenes para que se enviasen remesas de dinero. Para ello, desde 1805 aplicó la Cédula de la Caja de Consolidación, que era una verdadera desamortización eclesiástica, por la que se debían enajenar las fincas de las fundaciones pías y capitalizarlas, entregando los capitales al Estado, que abonaría los intereses; produjo esta medida una crisis económica, al obligar a liquidar en breve plazo y resultó un golpe al crédito. En defensa de los labradores y comerciantes de Michoacán y de la inmunidad eclesiástica escribió Abad y Queipo.

Contrarrestó el mal efecto de estas normas la creación de un ejército criollo, de 14.000 hombres, acantonado en Jalapa (1805-1806), de cuya organización se ocupó Iturrigaray activamente. Su prestigio social le atrajo las simpatías de la alta sociedad, disimulándose sus inmoralidades administrativas y su falta de escrúpulos para enriquecerse. Pero existía descontento popular por el exceso de impuestos y, entre los peninsulares, por la preferencia del virrey por los criollos.

La noticia del motín de Aranjuez y el derrumbamiento político de Godoy comenzó a crear cierto espíritu de independencia sobre todo en el elemento criollo. Temió el virrey verse perseguido por la caída de Godoy e incapaz de hacer frente a una situación, como atravesaba España con el cambio de dinastía, pensó apoyarse en el elemento criollo y mantenerse en el poder. La situación de la Península da lugar al proyecto de los regidores Juan Francisco de Azcárate y Francisco Primo Verdad y Ramos de formar un Gobierno provisional, al frente del cual se pondría al propio virrey, proyecto que fue aceptado por éste y por el cabildo, pero no por la Audiencia.

Fue presentado el 19-VII-1808, y en él se alegaba ser nulas las abdicaciones de los reyes y que por su ausencia había recaído la soberanía provisionalmente en el reino. La noticia del alzamiento de España contra Napoleón obligó a proclamar a Fernando VII (29 de julio) y a declarar la guerra a aquel y se enviaron socorros a la Península; pero el partido criollo no cejó y solicitó la formación de una Junta, como en la Península, y la reunión de una especie de Cortes; se opuso la Audiencia, fortaleza del partido españolista, por no haberse desorganizado el Gobierno allí como en España, y ser aquella una colonia, que no podía tomar iniciativas.

En la reunión de notables del 9 de agosto —con 83 asistentes— defendió Verdad la soberanía popular, lo que rechazaron los oidores y el inquisidor Prado; se acordó como solución intermedia no reconocer más autoridad que la del rey, negándose así la de la Junta de Sevilla, y que siguieran las mismas autoridades. El fraile peruano fray Melchor de Talamantes, alma de las maniobras criollas, dirigió al municipio dos escritos en que defendía la separación y la convocatoria de un congreso mexicano.

Por aquel tiempo se iba exacerbando la rivalidad entre peninsulares y criollos y cundía un ambiente de hostilidad y amenaza a los primeros. La llegada del representante de la Junta de Sevilla, Jabat, y de un mensaje de la de Asturias introdujeron más desconcierto, al percibirse que no había un verdadero Gobierno en España, y se planteó de nuevo el problema de la conducta que se debía adoptar (1º de septiembre). Se inclinó Iturrigaray decididamente por el partido criollo, solo por ambición de perpetuarse en el mando, tomó precauciones militares, dio cauce a las peticiones de un congreso y rehusó reconocer ninguna Junta peninsular; también estuvo a punto de dimitir en los primeros días de septiembre. El 9, el alcalde del crimen Jacobo de Villaurrutia propuso de nuevo Cortes y luego una Junta.

La inclinación de Iturrigaray por los criollos le hizo sospechoso al elemento español representante de los grandes intereses vinculados en la continuación del régimen existente, y en la noche del 15 de septiembre de 1808, mandados por el rico hacendado vizcaíno Gabriel de Yermo, con la aquiescencia de Jabat y la inhibición de la Audiencia, y mediante varias consultas sobre la licitud del acto, prendieron al virrey, que fue depuesto por las autoridades de México. Fue nombrado virrey, como militar más antiguo, Pedro de Garibay. También se prendió a Verdad, Azcárate, Talamantes y a otros miembros destacados del partido criollo, muriendo presos Verdad y Talamantes.

Trasladado Iturrigaray a España, estuvo preso durante algún tiempo en Cádiz, siendo objeto de un proceso de infidencia, no plenamente probado, y del que quedó absuelto por la amnistía dada por las Cortes en 1810, y de otro largo juicio de residencia terminado después de su muerte, en el que quedó demostrada su falta de escrúpulos. Su caída no resolvió el problema de la actitud de México y España y solo lo aplazó, pues seguía viva la rivalidad entre ambos países y el deseo del primero de regirse por sí mismo. Garibay intentaría dar marcha atrás en la política anticriolla que supuso el golpe de Yermo.

La esposa del caído virrey —Inés de Jáuregui, hija del virrey del Perú Agustín de Jáuregui— y sus hijos se trasladaron a México cuando triunfó la independencia para exhibir los méritos de aquel como precursor y pedir, como lo consiguieron, la devolución de sus bienes. Para defenderse de los ataques que se le dirigían patrocinó Iturrigaray en Cádiz la obra sobre las revoluciones mexicanas de fray Servando Teresa de Mier, pero cesó al ver su tono separatista.

Fue Iturrigaray producto de una España inmoral, exacto reflejo del ambiente cortesano del tiempo de Godoy, sin ideas ni ambiciones, tratando de guardar su puesto y no comprometerse y respondiendo al tipo de español pesimista y cuco de la Península, que produjo tantos afrancesados por conveniencia entre los personajes bien situadosLafuente Ferrari, El virrey Iturrigaray, Madrid, 1941, página 174. Iturrigaray habia alentado al partido criollo, que se organizó rápidamente y se encaminó a la independencia, pero su caída produjo hondo resentimiento; además fue esta un mal ejemplo, al derribar revolucionariamente a un virrey, rompiendo el hondo prestigio y respeto que rodeaba al cargo. Fue este intento el primero que se dio América española de conseguir la independencia, aprovechando la crisis de España, con los mismos métodos que se aplicarían luego en el resto. Pero la caída del virrey causó que en México ya no pudiera ensayarse otra vez este procedimiento y se recurriera a la revolución violenta de Hidalgo en 1810.

VILLA, Justa de la - EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 523-524.