Matías de Gálvez

De Justa de la Villa - Ramón Ezquerra

Retrato de Matías de Gálvez.Retrato de Matías de Gálvez

GÁLVEZ, Matías de (1717-1784) [Macharaviaya (Málaga)-México). Era hermano de José de Gálvez (1720-1787), en cuyas manos estaban los destinos de América. Fue nombrado virrey de Nueva España (1783-1784), después de haber desempeñado los cargos de presidente de la Audiencia, gobernador y capitán general del reino de Guatemala, haciendo frente, con medidas acertadas, a los conflictos que producía la guerra con los ingleses y destruyendo gran parte de los establecimientos que aquellos tenían en el golfo de Honduras, apoderándose de Omoa (1779) y haciendo expediciones a La Criva, la isla de Roatán y Trujillo. Su hermano le destinaba ya para el virreinato de Nueva España a la muerte de Bucareli, pero habiéndose consignado en el llamado pliego de mortaja que le sucediera el presidente de Guatemala y no habiendo llegado aún Matías de Gálvez a este destino, recayó automáticamente el virreinato en Mayorga, con descontento del ministro (1779); en 1783 es cuando Matías de Gálvez pudo tomar posesión de aquel elevado cargo.

En el virreinato de Nueva España lleva a cabo una afortunada gestión, a pesar de su mucha edad y del corto tiempo de su gobierno. Empezó con las reformas materiales de la capital, el desagüe del lago, puentes, alcantarillado, empedrado y proyectó el alumbrado, comenzándose algunas de estas obras. Impulsó el desarrollo de la Academia de Bellas Artes (Academia de San Carlos, 1784), cuya construcción dirigió Fernando J. Mangino, continuó el coleccionamiento de documentos históricos y restos arqueológicos referentes a México iniciado por el virrey Mayorga, y trabajó en la reconstrucción del antiguo palacio de Chapultepec. Concede a don Manuel Valdés el privilegio de publicar una gaceta con noticias referentes a México (Gazeta de México, 1784).

La paz de París de 1783, con la que se ponía fin a las hostilidades con Inglaterra, le permitió hacer economías. Cuidó sobre todo de la buena administración de la Hacienda, estableciendo útiles reformas y derechos, y organizó el Banco Nacional de San Carlos, sucursal del de España, en el que él mismo dio ejemplo de depositar fondos, lo que siguieron muchas personas y entidades, pero, desgraciadamente, los perdieron después. Evitó el reclutamiento de mala fe para el regimiento de Manila en las casas de bandera o garitos y dio nueva organización a dicho reclutamiento; inspeccionó las fábricas de pólvora; hizo traer azogue de China a cambio de pieles, pero resultó de mala calidad; quiso evitar el régimen de casi esclavitud de los indios gañanes; estableció un montepío y con la paz aumentaron los ingresos hasta al canzar en 1784 la suma de 19.605.174 pesos.

El virrey don Matías Gálvez no encontró oposición en sus determinaciones, por estar dictadas en interés del bien público y ser ventajosas a todas las clases. El corto periodo de su gobierno fue pacífico y, al entregar el mando en 1784, fue con la conciencia de haber cumplido en todo con su deberBaronesa de Wilson, México y sus gobernantes, Barcelona, 1910, pág. 307. Falleció pocos días después en la capital del virreinato (3-XI-1784) y fue enterrado en la iglesia del Colegio Apostólico de San Fernando.

VILLA, Justa de la - EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 158-159.

Bernardo de Gálvez

De Ramón Ezquerra

Retrato de Bernardo de Gálvez.Retrato de Bernardo de Gálvez

GÁLVEZ, Bernardo de (1746-1786) [Macharaviaya (Málaga)-Tacubaya). General y virrey de Nueva España. De modesta familia encumbrada por la brillante carrera de su tío José de Gálvez, que llegó a ministro de Carlos III; su padre, Matías de Gálvez, fue virrey de México. Bernardo siguió la carrera militar y ascendió a teniente a raíz de la guerra con Portugal. En 1765 marchó a México y fue destinado a la frontera como capitán, distinguiéndose en las campañas contra los apaches (1769 ss. ).

Regresó con su tío a España (1772), cuando terminó su activa misión de visitador, y permaneció tres años en el ejército francés para perfeccionar sus estudios militares; tomó parte en la expedición a Argel, donde fue herido, ascendiendo a teniente coronel (1775). Al año siguiente volvió a América, donde residió el resto de su vida, en calidad de coronel del regimiento de Luisiana, y desde comienzos de 1777 fue gobernador de este país. Ya se había iniciado la guerra de la independencia de las colonias inglesas de Norteamérica, y Gálvez practicó una política antibritánica, persiguiendo el contrabando inglés y favoreciendo el comercio con Francia y Estados Unidos, con arreglo a normas más generosas del Gobierno español para fomentar la lánguida economía de Luisiana: se autorizó el comercio con Francia y sus colonias; en 1777, el libre tráfico con Cuba y Yucatán, y al año siguiente, con España directamente.

Desarrolló la colonización, estableciendo inmigrantes en nuevas poblaciones, como Nueva Iberia y Galveztown, llamada así en su honor. Simpatizó con los criollos franceses y contrajo matrimonio con la hija del rico comerciante Gilberto de Saint-Maxent, quien le asesoró en su política económica y en las relaciones con los indios, con quienes se seguía una política de regalos y de tráfico para atraerlos a España, no habitual en el resto de la América española.

Se preparó secreta y activamente para la inminente guerra con la Gran Bretaña, y así pudo, en cuanto estalló, nombrado para el efecto gobernador en propiedad, tomar la ofensiva y sorprender a los ingleses, apoderándose de Manchac, Baton Rouge y Panmure (1779); de Mobila (1780), con mayores dificultades, y con una expedición mejor preparada de Panzacola, donde se portó heroicamente (1781), conquistando así toda la Florida occidental. Sus triunfos fueron casi los únicos conseguidos por España en la guerra de independencia norteamericana, y le valieron los grados de mariscal de campo y teniente general, el gobierno y capitanía general de Luisiana y Florida, segregadas de los de Cuba, el mando del ejército expedicionario en América y el título de conde de Gálvez (1781 y 1783), honores debidos tanto a sus méritos como a la protección de su tío.

No llegó a efectuar la expedición a Jamaica por la derrota de la flota francesa y luego por la paz (1783). A instancia suya se permitió el comercio de Luisiana con Francia y sus colonias por diez años (1782). En 1785 se le añadió a Gálvez el gobierno de Cuba, e inmediatamente el virreinato de México, por fallecimiento de su padre, entrando en la ciudad el 17 de junio de 1785. Su gobierno fue breve, pero dejó excelente memoria como uno de los mejores virreyes del XVIII, por el celo con que atendió a las necesidades del pueblo y el afán con que procuró ganarse el afecto de los mexicanos: combatió las epidemias que asolaban el país, procuró remediar el hambre, contuvo la carestía y emprendió costosas obras para dar trabajo, con mejoras urbanas y la construcción como fortaleza del castillo de Chapultepec.

Cultivaba la popularidad con éxito, a tal punto, que despertó sospechas de hacerlo con fines subversivos y de aspirar a la separación del virreinato, sin ningún fundamento. Típico representante de la Ilustración por su filantropía y espíritu progresivo y reformista, y lector de los filósofos franceses. Joven aún falleció a causa de una algo rápida enfermedad en Tacubaya, el 30 de noviembre de 1786, causando su muerte hondo sentimiento; sin base tampoco, se sospechó que había sido envenenado.

Las simpatías conquistadas se manifestaron en la solemnidad de las exequias y en el suntuoso y derrochador bautizo de su hija póstuma, por cuenta de la ciudad. Debió de contribuir al nombramiento de intendentes en Nueva España de sus cuñados Juan Antonio de Riaño y Manuel Flon, conde de la Cadena, que desarrollaron una política típicamente reformista y perecieron en la guerra de la independencia mexicana en defensa de España, el primero en el ataque de Hidalgo de Guanajuato, que defendió heroicamente, y el segundo en la batalla de Puente Calderón.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 158-159.