Felix María Calleja del Rey

Retrato de Felix María Calleja del Rey.Retrato de Felix María Calleja del Rey

CALLEJA DEL REY, Félix María (?-1828) [ Medina del Campo Valencia]. Cadete en el regimiento de Saboya en 1775, tomó parte en la expedición de O'Reilly contra Argel, en el sitio de Gibraltar y en la toma de Mahón; fue director de estudios en el colegio militar del Puerto de Santa María, donde fue alumno suyo Elio (1784-1788); partió a México con el virrey Revilla Gigedo y allí fue capitán en el regimiento de Puebla; informó sobre los límites del obispado de San Luis Potosí, recién creado, y organizó compañías de guarnición en las Provincias Internas.

Cuando se organizaron las milicias provinciales bajo el virrey Azanza tuvo el mando de la brigada de San Luis Potosí, donde actuó con energía e inteligencia y mandó también allí tropas milicianas. Efectuó asimismo estudios geográficos de varias provincias, de cursos de ríos, de puertos, trazó mapas e hizo proyectos económicos. Ascendió a coronel en 1798. En San Luis Potosí se casó con una mexicana y por ello y su larga permanencia en el país, era apreciado, tenía relaciones amplias y se sentía arraigado.

En 1810 era brigadier; en cuanto supo la sublevación de Hidalgo marchó a San Luis Potosí y por su iniciativa tomó activas medidas: movilizó los regimientos de dragones, reunió hacendados y sus servidores y a sus órdenes combatieron ya entonces los futuros presidentes Anastasio Bustamante y Manuel Gómez Pedraza; reunió abundantes fondos y formó rápidamente un ejército que opuso eficazmente a la revolución. Salió de San Luis el 24 de octubre y unido con Flon reunió 2.000 infantes y 4.000 jinetes con los que marcharon en socorro de la capital amenazada por Hidalgo y en su retirada le derrotaron en Aculco (7 de noviembre).

No obstante esta victoria la insurgencia se propagó por muchas regiones e Hidalgo organizó su gobierno en Guadalajara, Calleja recobró Celaya y Guanajuato, donde entró a degüello ante los asesinatos de españoles (25 de noviembre) y procedió luego a una severa represión. Después tomó la ofensiva contra Guadalajara con José de la Cruz, en forma concéntrica, y antes de llegar este dio la batalla del puente de Calderón (17 de enero de 1811), donde quedó Hidalgo completamente derrotado, por el desorden, indisciplina e inexperiencia de sus huestes, terminado la primera etapa de la insurgencia.

Conservó Calleja el mando del ejército virreinal y en combinación con Cruz se dedicó a acabar con la insurgencia en otras zonas, y recobró San Luis. Pero la muerte de Hidalgo no puso fin a la lucha, que continuó en forma de guerrillas y con crueldad. Calleja había dado antes un bando condenando a muerte a los que cayeran prisioneros combatiendo, pero ofrecía indulto a los que se sometieran. Persiguió a López Rayón, el principal jefe insurgente inmediatamente después de la muerte de Hidalgo y recobró Zacatecas, pacificando el Norte. Redactó Calleja un plan militar (junio de 1811) consistente en armar obligatoriamente la población para que se defendiera y persiguiera a las partidas y concentración del ejército para acudir adonde hiciera falta, lo que aceptó el virrey Venegas, y llegó a ser la organización permanente durante toda la época de la emancipación. Quedó armada así gran parte de la población y dividida Nueva España en dos campos enemigos, defendiendo los mismos mexicanos la causa de la metrópoli frente al empeño de los insurgentes de dar a la guerra carácter de lucha contra el extranjero.

En 1811 continuó con vigor la insurgencia, dirigida ahora por López Rayón y Morelos, que comenzó su destacada carrera militar. Calleja tenía un plan para cubrir el país más rico, evitar ataques desde fuera de él y mantener varias divisiones aisladas, y en comunicación, pero la formación de la Junta de Zitácuaro, obligó al virrey a que el ejército de Calleja marchase contra esta plaza que tomó fácilmente el 2 de enero de 1812, huyendo la Junta y donde hizo un duro escarmiento y la incendió. Se negó Calleja por varios motivos a abandonar el Bajío, que había dominado, y Venegas intentó en vano sustituirlo, al dimitir aquel, viéndose obligado a mantenerlo en el mando del ejército, que no quería otro jefe superior; poseía gran popularidad, pues era quien había sostenido la soberanía española y no el mediocre Venegas. Era ya mariscal y recibió más tarde el título de conde de Calderón. El 19 de febrero comenzó Calleja el sitio de Cuautla, defendida por Morelos y que duró hasta el 2 de mayo, sin que aquel pudiera tomarla hasta que no pudiendo soportar más el bloqueo la evacuó Morelos.

Volvió Calleja a la capital, dividió el ejército, por no haber entonces una masa compacta de insurgentes y dimitió definitivamente (17 de mayo de 1812); su ejército salvó a México de la anarquía, dada la conducta de los jefes insurgentes, y él fue quien lo creó y organizó y al final fue el instrumento de la independencia en 1821, ya que estaba compuesto en su mayoría por mexicanos. Había sido un general capaz y que supo sacar partido de sus tropas y proyectar planes acertados, pero adoleció de lentitud.

Quedó inactivo durante la tercera y brillante campaña de Morelos, pero Venegas, para satisfacerle, le nombró gobernador militar de la capital y presidente del tribunal contra la infidencia; Calleja le culpaba de la prolongación de la guerra y la Regencia acabó por relevarlo, nombrando virrey a Calleja (16 de septiembre de 1812), quien tomó posesión el 4 de marzo de 1813. Se temió su severidad y sus exigencias de dinero para la guerra, pero lo recibieron con esperanza los realistas acérrimos y los grandes comerciantes. La insurgencia dominaba ahora el centro y el sur y se extendía de mar a mar.

Dispuesto el nuevo virrey a acabar con la insurrección trazó un plan que dio buen resultado, consistente en tomar primero los focos rebeldes más importantes y atacar después a Morelos, aunque se perdiese entre tanto Acapulco, como ocurrió en agosto de 1813; y armar la población en la forma dicha y alistar las milicias. Se hostigó a Rayón y se acabó con varios guerrilleros, pero tuvo que enviar Calleja socorros a Texas, donde había estallado la sublevación y que fue reprimida (1813).

Los éxitos conseguidos fueron contrarrestados por una serie de reveses de las tropas realistas a fines de año infligidos por Bravo y Matamoros y en esa época es cuando se reunió el congreso de Chilpancingo y Morelos hizo proclamar oficialmente la independencia (6 de noviembre). Calleja no le perdía de vista y preparó fuerzas para defender Valladolid, rechazando Iturbide a Morelos la noche de Navidad y con Ciriaco del Llano derrotándolo en Puruarán (5 de enero de 1814), que puso fin a los éxitos del famoso cura caudillo. Para terminar de prisa promulgó Calleja un bando de terror (22 de enero), que condenaba a muerte a todos los insurgentes. Las tropas realistas reconquistaron el Sur, se libertó Oaxaca y Acapulco y la guerra se transformó en lucha de partidas, efectuándose sin dar cuartel unos ni otros.

Había sacado Calleja fondos por todos los medios, con préstamos forzosos, medidas restrictivas, libertad de industria y trafico, nuevos impuestos y recargos y coacciones, pero parece que en secreto se beneficiaba de manejos incorrectos. Ya halló implantado el régimen constitucional, del que se mostró entusiasta, y puso en práctica las reformas de las Cortes: la abolición de la Inquisición (8 de junio de 1813), elecciones municipales y para diputados a Cortes, saliendo elegidos solo mexicanos; reducción de la Audiencia a mero tribunal y supresión del de la Acordada, pero no se atrevió a restablecer la libertad de imprenta, para evitar la propaganda insurgente, y se reservó los plenos poderes virreinales, procediendo arbitrariamente en el terreno militar y fiscal y en el judicial contra los rebeldes.

En 1814 se restableció el absolutismo al regresar Fernando VII, mostrando ahora Calleja su celo autoritario y anuló las reformas anteriores, en cambio dio un indulto que acogía incluso a Morelos si se sometía. Dio medidas indignadas contra la constitución de Apatzingán (1815), promulgada teóricamente por el errante congreso insurgente. Pero percibía que la mayor parte de la población simpatizaba con la insurgencia (informe de agosto de 1814). Se prolongaba la guerra, fragmentada ahora, y habiendo perecido muchos jefes rebeldes, pero era imposible dominar campos, haciendas y caminos y a gentes acostumbradas a la vida azarosa y libre del guerrillero y a vivir sobre el país. Sin embargo, la persecución era viva e Iturbide tenía tanto prestigio como Calleja en tiempo de Venegas, pero fracasó en el ataque a Cóporo donde resistía Rayón. Ascendió Calleja a teniente general y desterró a algunos personajes sospechosos; Abad y Queipo, privado de su sede, donde no pasó de electo, escribió al rey un informe, en que presentaba muy duramente la situación y censuraba a Calleja; su tono era ahora reaccionario y adverso a los criollos.

Supo Calleja la marcha de Morelos y el congreso de Uruapan a Tehuacán y sus medidas consiguieron la captura del célebre caudillo (5 de noviembre de 1815) y su consiguiente proceso y ejecución (22 de diciembre). Dio otro indulto, pero sin cuartel a los que seguían luchando y reconociendo grados a los que se sometían con lo que se presentaron bastantes jefes, mientras se combatía encarnizadamente a los demás y así la insurgencia entró en declive.

Las acusaciones del obispo de Puebla, Antonio Joaquín Pérez, contra las inmoralidades y abusos de Iturbide obligaron a Calleja a quitarle el mando del ejército del Norte, pero no lo procesó, Cesó Calleja en el virreinato el 16 de septiembre de 1816, sustituyéndolo Ruiz de Apodaca. Por su energía y tenacidad había sostenido la soberanía española en México, primero como jefe del ejército y luego como virrey, en los peores momentos de la insurgencia, habiendo acabado al fin con Hidalgo y Morelos y dejado a aquella en decadencia, aunque en el fondo era pesimista, por el espíritu dominante, pero que él había tenido a raya y había logrado que se temiera la insurgencia por su anarquía, y violencia y así, por interés que se defendiera a la metrópoli. Implacablemente había obtenido recursos económicos en un país desolado muchos años y dejaba un ejército realista de 40.000 hombres de línea y milicias —12.000 de ellos españoles— y de otros 40.000 de movilizados forzosos en sus pueblos. Más que un virrey fue un general en campaña y todo lo supeditó a la guerra.

A su vuelta a España recibió el citado título, y varias grandes cruces. En 1819 fue nombrado capitán general de Andalucía y jefe del ejército destinado a Ultramar, en lugar del conde de la Bisbal, siendo detenido por los insurrectos de 1820. Rehusó servir al gobierno liberal, enviándosele confinado a Mallorca hasta 1823. Después del triunfo del absolutismo se le puritificó algo tardíamente y permaneció de cuartel en Valencia hasta su muerte.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E, págs. 644-646.