Francisco de Borja y Aragón.

Retrato de Francisco de Borja y Aragón


FRANCISCO DE BORJA Y ARAGÓN, virrey del Perú (1582-1658; 1615-1621). [Madrid-ibid]. El príncipe de Esquilache era descendiente de los reyes de Aragón, y entre sus antepasados contábase San Francisco de Borja. Amigo personal de los Argensola, se dedicó al cultivo de la poesía. Caballero de la Orden de Montesa y de la de Santiago, gentilhombre de cámara de Felipe III, casó con doña Ana de Borja, princesa de Esquilache. A los treinta y dos años fue nombrado virrey del Perú y entró en Lima en 18 de diciembre de 1615 para sustituir al marqués de Montesclaros. Fundó dos centros de enseñanza: uno para los indios nobles, que se llamó, en su honor, Colegio del Príncipe, y otro, el de San Francisco de Borja, en el Cuzco, para hijos de conquistadores.

En su palacio se reunían los hombres más sabios de Lima en una especie de Academia privada. En 1619 se fundó el pueblo de San Antonio de Esquilache, en la provincia de Chucuito, junto a una mina riquísima que se acababa de descubrir. Se erigieron entonces las catedrales de Trujillo y Arequipa, y recibieron gran impulso las obras del convento de San Francisco. Las luchas en Potosí entre vizcaínos (en general vascongados) y vicuñas (criollos, extremeños, castellanos, andaluces y otros) fueron en aumento, matándose y robándose mutuamente, hasta el punto de que, en el año 1622, los muertos fueron unos 1.400, entre blancos, mestizos, negros, mulatos e indios, y 629 heridos, sin respetar autoridades ni religiosos. Estas luchas, que habían empezado antes de llegar el príncipe, continuaron durante los virreinatos posteriores.

El virrey hizo grandes donativos con destino a la defensa de las costas y a la seguridad del territorio, fortificando El Callao y formando una escuadra; asimismo procuró elevar la consideración de los soldados, y su eficacia, sacándolos del descrédito; fomentó el culto, practicó la beneficencia y la caridad y dio esplendor a fiestas y conmemoraciones religiosas y civiles. En su tiempo se instaló el Consulado de Lima, aunque ya estaba creado oficialmente por Felipe II en 1593. Esquilache es quien procedió a ponerlo en vigor en 1619 promulgando sus ordenanzas e invistiéndole con la correspondiente jurisdicción. Tenía el Consulado diputados en las ciudades más importantes del reino, y de él se valió para incrementar los ingresos por el almojarifazgo o derecho de aduanas y por los que gravaban la coca. Según su Relación a su sucesor, procuró favorecer a los indios, en cuestión de salarios, mitas de mujeres, venta de tierras, que prohibió, y traslados de residencia forzados, por lo perjudiciales que les eran.

Fue celoso guardador de los derechos reales de Patronato, recabando la facultad virreinal para nombramientos eclesiásticos en la forma estatuida, ya que por negligencia de los virreyes y resistencia de los eclesiásticos cayeron estos derechos muchas veces en desuso. En su tiempo envió el Príncipe a España 4.052.625 ducados de tributos. En 1617 se dividió la gobernación del Río de la Plata en dos: la de Buenos Aires y la del Paraguay, división consumada en 1621, dependientes ambas de este virreinato. Nombrado para sustituirle el marqués de Guadalcázar, virrey de México, no aguardó a su llegada y dejó el mando para regresar a España, el día 31 de diciembre de 1621.

Entre sus obras literarias (épicas, líricas y festivas), merecen mención Nápoles recuperada por el rey Alonso (Zaragoza, 1651), Las obras en verso (Madrid, 165

TUDELA DE LA ORDEN, José, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E, pág. 771.