José de Armendáriz

De Ramón Ezquerra

Retrato de José de Armendáriz.Retrato de José de Armendáriz

ARMENDÁRIZ, José de, marqués de Castel Fuerte [Pamplona-?]. Virrey del Perú. Navarro, de noble familia, tomó parte en muchas campañas: en Flandes, en las batallas de Fleurus y Neerwinden, y en Cataluña, en tiempos de Carlos II; en toda la Guerra de Sucesión, luego: en Nápoles, en Portugal siendo ya brigadier, en el sitio de Gibraltar, ascendiendo a mariscal de campo; en las campañas de Portugal y Extremadura en 1705 y 1706, recuperando Alcántara, y en la toma de Ciudad Rodrigo, en la batalla de La Gudiña (1709), en la de Villaviciosa (1710), en el sitio de Barcelona y en la toma y destrucción de Manresa (1714); fue luego gobernador de Tarragona, participó después en la recuperación de Cerdeña bajo el marqués de Lede y en la de Sicilia (1718), tomando parte en el asalto a Mesina y en la batalla de Francavilla; después fue capitán general de Guipúzcoa. Era teniente coronel del regimiento de Guardias Españolas. Felipe V recompensó sus amplios servicios con el título de marqués de Castel-Fuerte (1711) y luego con el virreinato del Perú (1723); fue propuesto primero para el de Nueva Granada, sin efecto por su supresión.

Llegó a Cartagena en 1724 y ya se dedicó en la costa a perseguir el contrabando; entró en Lima el 17 de mayo de 1724. Sería uno de los mejores virreyes del Perú: duro, pero íntegro y enemigo de la corrupción, abusos y contrabando, contra lo que luchó, con no mucho éxito, por lo arraigado del desorden; el contrabando había adquirido un gran desarrollo desde la concesión del tratado de Asiento y el Navío de permiso a Inglaterra. Para restringirlo disminuyó el virrey la duración de las ferias de Portobelo y puso en práctica los guardacostas ya acordados por el gobierno, a costa del comercio, pero rebajando en cambio el 4% sobre la importación de productos americanos.

En tiempo de Armendáriz ocurrió el auge de la sublevación de Antequera en el Paraguay, ante la cual mostró gran firmeza: ordenó a Zavala, gobernador de Buenos Aires, la represión de la insurgencia, y por la energía del virrey no se atrevió la Audiencia de Chuquisaca a proteger a Antequera cuando buscó su amparo y lo envió preso a Lima (1726), donde fue procesado; ante las presiones en su favor y el ambiente favorable de que gozaba pensó Armendáriz en remitirlo a la Península, pero recibió una real Cédula en que se le recordaba que Antequera había cometido un delito de lesa majestad, y formulando en el fondo la sentencia, y añadido esto al rebrote de la insurrección paraguaya, se procedió a la ejecución de Antequera y del alguacil mayor de Asunción, Juan de Mena (5 de julio de 1731) en dramáticas circunstancias; como perecieron en el tumulto unos frailes, hubo quejas contra el virrey, pero el monarca aprobó su conducta, hizo separar al comisario de los franciscanos e impuso silencio sobre el asunto. Ante el asesinato del gobernador del Paraguay Ruilova, ordenó de nuevo a Zavala que acabara con la rebelión, como lo hizo definitivamente en 1735. También se reprimió la rebelión de Alejo Calatayud en Cochabamba (1730).

Hizo reparar Armendáriz las fortificaciones del Callao y construir otro buque además de los existentes para vigilar el Pacífico; acabó en 1724 la guerra con los araucanos, y recibió en 1726 una real orden para ocupar solemnemente la isla de Juan Fernández. Celoso del mantenimiento del Real Patronato, aplicó la Real Cédula de 1731 para evitar abusos y relajación en el clero y procuró que los prelados vigilaran la conducta de sus subordinados, pero al mismo tiempo se mostró enérgico frente a ellos. Aunque contuvo extralimitaciones del Santo Oficio, durante su mandato se efectuó un auto de fe en 1732 con doce penitenciados.

En la memoria transmitida a su sucesor, describía los defectos existentes, como los cohechos recibidos por los oidores de los religiosos para que les apoyaran en la elección de sus superiores; el maltrato y abusos con los indios (es de advertir que en 1733 el Consejo de Indias envió al obispo de Arequipa un memorial impreso en Madrid y dirigido al rey por el procurador y diputado general de indios con pormenores sobre los agravios que recibían y su dura opresión); opinaba Armendáriz porque no se proveyesen en España los corregimientos, por recaer en individuos codiciosos y explotadores; manifestaba que intentó prohibir el aguardiente, pero chocó con la oposición de los cosecheros de la costa; había tenido que suspender la Real Orden de 1697 puesta en vigor en 1728 por el corregidor de Potosí, sobre el buen trato y pago a los mitayos de salarios y viajes; hubo un cierre de minas y hubo que revocar tal disposición. Hizo extinguir las encomiendas que excedían de los plazos permitidos; combatió el contrabando y se capturaron varios barcos extranjeros. Mostró severidad ante los abusos de los corregidores y atendió las quejas más que nadie.

Cesó el 4 de enero de 1736 habiendo gobernado el virreinato once años y siete meses, y le sucedió el marqués de Villagarcía, don José Antonio de Mendoza Caamaño. Había sido duro y violento, pero rígido y estricto mantenedor del respeto a la autoridad y a la justicia. En 1729 había sido ascendido a capi tán general del ejército, único virrey del Perú que ostentó tal grado durante su gobierno y en España, a su vuelta, recibió el Toisón de Oro.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E, págs. 359-360.