Manuel de Amat y Junyent

Virrey del Perú: 1761-1776

Nacimiento: 1707

Fallecimiento: 1782

Biografía

Retrato de Manuel de Amat y Junyent.Retrato de Manuel de Amat y Junyent

AMAT Y JUNYENT, Manuel de (1707-1782) [Vacarisas (Barcelona)-Barcelona]. De noble familia catalana, hijo del marqués de Castellbell, siguió la carrera militar tomando parte en la guerra de África y en Italia en la batalla de Bitonto (Nápoles) y en el asedio de Gaeta.

Fue nombrado presidente de la Capitanía General de Chile, de la que tomó posesión en 1755. Allí mostró su talento organizador y su gran actividad, pero también su arrogancia y despotismo. Abrió la Universidad, que aunque creada unos años antes no existía en la realidad. Dotó a la ciudad de mercado, y creó una compañía de dragones para castigar a los maleantesiglo Intentó establecer una serie de fortificaciones a lo largo de la costa pero fracasó por la resistencia presentada por los araucanos. Sus méritos en este cargo y el favor de su hermano con Carlos III le valieron el nombramiento de virrey del Perú. Antes de tomar posesión de su cargo, pidió que se le hiciera un juicio de Residencia, que en realidad no fue más que un pretexto para hacer un informe de sus méritos y servicios. Finalmente el 12 de octubre de 1761 se hizo cargo del virreinato.

Renovado por Carlos III el Pacto de Familia con Francia, recibió el 10 de diciembre de 1761 la Real Orden en que se le participaba la guerra con Inglaterra. Entonces tuvo ocasión de renovar sus dotes castrenses: organizó cuerpos de milicias y compañías en todas las provincias, fortificó los puertos, dotando al virreinato de una gran fuerza militar. Firmada la paz de París (1763) gran parte de esta fuerza se desvaneció quedando solo las obras de defensa de Valdivia y El Callao, por lo que no se puede hablar de una verdadera organización militar del Virreinato.

Castigó con energía toda clase de tumultos y trató de acabar con los abusos que sufrían indios y mestizos. Fomentó las obras públicas, arregló calles, trazó paseos, construyó caminos y hospitales. Dio a la corte virreinal una gran pompa con fiestas y ceremonias. Una bailarina limeña, Micaela Villegas, llamada la Perricholi, famosa por su belleza, su gracia y su generosidad, llegó a ser favorita del virrey y a dar un tono galante y distinguido a la vida cortesana. Amat le construyó en las afueras de Lima un bello palacete que todavía se llama la Casa de la Perricholi. Sin embargo, A. Sáenz-Rico (en el resumen publicado de su tesis sobre Amat, Barna., 1962), cree que todo esto es leyenda.

En 1763 y contra los portugueses envió dos expediciones al Mattogroso para reconquistar Santa Rosa y las márgenes del río Itenes, pero al no lograrlo se perdieron definitivamente para España.

Durante su virreinato fue cumplida en el Perú la Real Orden de expulsión de los jesuitas, leída en Lima el 9 de septiembre de 1767; y a quienes había demostrado fuerte hostilidad. Aunque todo se hizo con gran celeridad y secreto, se produjo un profundo descontento, tanto en la población india como en la criolla. Las consecuencias de la expulsión fueron desastrosas. Con la ausencia de los jesuitas se perdieron los maestros de la juventud, las universidades quedaron desiertas y desaparecieron los Colegios de Caciques. Se retrasó la llegada de la civilización a muchas regiones y en agricultura se abandonaron las técnicas introducidas por ellos perdiéndose igualmente algunas industrias. Las misiones a cargo de la Compañía (Mainas en Quito, Mojos y Chiquitos en Charcas, Araucanía y Chiloé en Chile) fueron entregadas a clérigos seculares o franciscanos que no supieron continuar la labor comenzada por los jesuitas. El virrey procuró subsanar en lo posible la situación creada por la expulsión.

Para evitar la penetración de franceses e ingleses en Tahití organizó cuatro expediciones de 1770 a 1775 tomando posesión de la isla en 1772 y en enero de 1775 efectuándola Domingo de Bonaechea. Es la última vez que España intentó establecer una base en tierras de Oceanía, no como en el siglo XVI por iniciativa particular, sino como una acción de gobierno. Pero se evacuó Tahití en 1776; también hizo tomar posesión, sin ocuparla, de la isla de Pascua.

Fue relevado de su cargo el 17 de julio de 1776 permaneciendo en Lima hasta el 3 de noviembre de aquel año en que volvió a Barcelona. Su juicio de residencia fue largo y prolijo, pues se había ganado algunas enemistades, entre ellas la de Antonio Ulloa, al que procesó con ocasión de una acusación de este a dos veedores sobre malversación en las minas de azogue de Huancavelica y la del oidor decano Bravo del Rivero que con otros muchos enemigos acumularon incansablemente denuncias, calumnias y panfletos, especialmente sobre obtener cuantiosos beneficios, lo que no parece cierto.

Aunque vivió ostentosamente (fue acusado de admitir dádivas en su juicio de residencia) fue generoso y buen administrador del erario real —envió a España copiosas rentas— y mantuvo el prestigio de la institución virreinal. Condenó los abusos de los corregidores con los indios, pero no pudo suprimir los repartimientos. Fue organizador autoritario, de iniciativa y meticuloso y ejemplar del Despotismo Ilustrado. Vuelto a Barcelona se casó a los setenta y dos años con una joven para reparar un desdén de un sobrino suyo y de su viuda recibió nombre el palacio de la virreina en Barcelona, hoy museo.Memoria del Gobierno del virrey Amat (1761-1766), publicado por V. Rodríguez Casado y F. Pérez Embid, Sevilla, 1947. .

TUDELA DE LA ORDEN, José - LÓPEZ, Amalia, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, págs. 241-242.