Venezuela Independendiente

Índice

La separación de Colombia
Rasgos del siglo XIX
El gobierno de los conservadores
La oligarquía liberal
La revolución federal
El régimen federal
La dictadura de Guzmán Blanco
Las dictaduras de Castro y Gómez
El régimen democrático
La dictadura de Pérez Jiménez

La separación de Colombia

Había desagradado en Venezuela la Constitución unitaria de Cúcuta (1821) y la fragmentación del país, dividido en tres departamentos (Orinoco, Venezuela y Zulia), bajo independientes, pero a causa de la guerra se nombró jefe superior militar y civil de los tres a Soublette. Páez quedó nombrado solo comandante militar del departamento de Venezuela, lo que equivalía a rebajarle de la brillante situación conquistada durante la guerra. En seguida surgió un partido contrario a la unión con la Gran Colombia.

A fines de 1825, Páez y otros elementos enviaron a Antonio Leocadio Guzmán a Bolívar, incitándole a la monarquía en su persona, imitando a Napoleón. Acusado Páez en 1827 de abusos en su mando, aconsejado por Miguel Peña, se opuso a su destitución, apoyado por el Ayuntamiento de Valencia, el cual desconoció la autoridad del Congreso colombiano, y a esta actitud se sumaron otros, incluso el de Caracas, que había iniciado la acusación contra Páez.

Bolívar hubo de regresar para evitar la disolución de su Colombia y a comienzos de 1827 llegó a Venezuela, asumió el supremo mando de todo el país y lo apaciguó, pero transigiendo con Páez, al que nombró para el mando supremo militar y civil de toda Venezuela, lo que era contrario a la Constitución, pero venía así a reconocer la existencia de un federalismo de hecho, que había querido suprimir la Constitución vigente. Al asumir Bolívar poderes dictatoriales en 1828, le apoyó Páez, y con él los municipios venezolanos.

Pero en 1830, al reunirse el que llamó Bolívar retóricamente el Congreso admirable, ya estaba Venezuela en el camino de la separación. Dominaba la opinión contraria a la monarquía y a la autoridad de Bolívar; este mismo creía inevitable la separación de Venezuela y que debía decretarla el Congreso. Había muchos ambiciosos y a la cabeza Páez, deseoso de ocupar indiscutiblemente el primer puesto, aconsejado por Peña y apoyado por Soublette. Una reunión en Valencia el 23-XI-1829 acordó la separación de Venezuela; otra el 25 en Caracas decide igualmente la separación, reunir una convención y que Páez se encargara del gobierno.

Por su parte se reunió el Congreso de Colombia en Bogotá (1830), ante el cual dimitió Bolívar y se procedió a elegir presidente a Joaquín Mosquera, pronto sustituido por el venezolano Urdaneta, que quería representar la unidad de Colombia, pero Venezuela rehusó volver a la unión; la convención de 1831 hubo de reconocer el hecho de la disolución de la Gran Colombia bolivariana y organizar a Nueva Granada por separado.

A su vez, en Venzuela se eligió un Congreso, reunido en Valencia el 6-V-1830; se negó a la proposición de unión de un representante del Congreso colombiano, confirmó a Páez como jefe de Estado y elaboró una Constitución para Venezuela, promulgada el 22 de septiembre.

Establecía la forma republicana y representativa; la soberanía popular se limitaba a votar en las elecciones primarias; el voto era restringido y la elección indirecta; habría dos cámaras, de senadores y representantes; en los primeros se seguía el ejemplo norteamericano; habría presidente y vicepresidente, elegido el primero por cuatro años, sin reelección inmediata, y el segundo a los dos años de la actuación del presidente, y elegidos por votación directa; se establecía un Consejo de Gobierno con el vicepresidente, los ministros, cuatro consejeros designados por el Congreso y un miembro de la Corte suprema; esta sería el más alto tribunal; se establecían diputaciones provinciales y el jurado.

Continuaba en vigor la esclavitud. A diferencia de otras constituciones hispanoamericanas de este primer periodo, no era considerado el catolicismo única religión del Estado; también se abolió el fuero eclesiástico. En virtud de la Constitución se eligió el Congreso ordinario, que se reunió en Valencia en marzo de 1831 y por la elección llevada a cabo Páez fue proclamado una vez más presidente, esta vez constitucional.

Rasgos del siglo XIX

La historia de Venezuela sería en el siglo XIX, y asimismo en el XX, semejante a la de otros países hispanoamericanos: dictaduras, anarquía, revoluciones, inestabilidad política, desacuerdo entre las leyes y las constituciones y la realidad social; militarismo que en ciertos momentos había sido desenfrenado, multiplicándose en forma desorbitada el número de oficiales. La autoridad ha estado siempre en manos del presidente, ya que el régimen ha sido siempre presidencialista; ejercido unas veces en forma más o menos constitucional y otras muchas dictatorial y aún arbitrariamente.

Si un régimen liberal y democrático ha sido una ficción o ha funcionado precariamente, en cambio ha sobrevenido una igualación o democracia social, que hizo desaparecer la estructura social de los primeros tiempos de la independencia, heredada de la época hispánica; aunque la guerra hizo cambiar de manos en gran parte la propiedad, por confiscaciones y por el auge del caudillismo, apareciendo la nueva clase de los militares victoriosos y cargados con el prestigio de las campañas revolucionarias, solo por haberlas hecho en muchos casos.

Este proceso de igualdad se consumó a mediados de siglo a consecuencia de la guerra federal. La citada Constitución había limitado el voto y aun lo restringió a las elecciones primarias, de donde saldrían los electores de los representantes. No había entonces más que unos 60.000 electores. En el siglo XX el alzamiento militar y popular es sustituido por el golpe de Estado puramente militar con sus medios superiores. En el siglo XIX Venezuela se empeñó en realizar su democracia social; sigue luchando hoy por su democracia política (G. Morón, Historia de Venezuela, M., 1967, pag.363.)

Hubo partidos políticos, titulándose los dos principales liberal y conservador desde 1840, pero durante el siglo XIX no se distinguirán fundamentalmente por la ideología, sino que serían personalistas, agrupaciones seguidoras de un jefe y aspirantes al poder, con pensamientos del partido opuesto en varios de sus miembros. Sin embargo, como en otros países americanos, entre los conservadores o godos figuraban los ricos y grandes propietarios, y entre los liberales, pequeños propietarios, agricultores arruinados, pequeños hombres de negocios, intelectuales, procedentes a veces de las clases altas, y a menudo se declararon liberales las masas, sirviendo de fuerzas de choque y por ansia de mejora o resentimiento. El gobierno de los caudillos desde 1830 acabó por favorecer a las clases comerciantes, al fomentar las comunicaciones y suprimir las restricciones coloniales.

El gobierno de los conservadores

La etapa conservadora, llamada también la oligarquía conservadora es en realidad el gobierno de Páez . El viejo llanero ejerció la presidencia directamente hasta 1835. Se comenzó por llevar de nuevo la capital a Caracas desde Valencia y se dio una amnistía a los partidarios de la Gran Colombia; en 1833 fueron abolidos los diezmos, encargándose el tesoro nacional de pagar a la iglesia; al año siguiente se promulgó la libertad religiosa.

En 1834 se arreglo la deuda de Colombia, haciéndose cargo Nueva Granada de la mitad y Venezuela del 28,5 por ciento, debiendo corresponder el resto al Ecuador. Se procuró mejorar la economía y aumentar el comercio; se reformaron las aduanas, buscando en ellas el principal ingreso de la Hacienda. En general la etapa de Páez fue de paz y prosperidad.

En 1835 fue elegido presidente el rector de la universidad, José María Vargas, mal visto por los militares. Aunque Páez favorecía a Soublette, apoyó a Vargas, que extendió las libertades y fomentó la mejora económica y la moral y proyectó reformas, en especial para desarrollar la enseñanza. En seguida estalló un pronunciamiento militarista, con el nombre de reformista, dirigido por Santiago Mariño, el caudillo rival de Bolívar, que desterró a Vargas y reunió una asamblea que eligió provisionalmente a Páez . Pero Vargas decidió resistir y mantener la legalidad y Páez le apoyó, derrotando a los sublevados y restableciendo a Vargas (VIII-1835), concediendo condiciones muy favorables a José Tadeo Monagas, que se había sublevado en Oriente.

Ante la actitud del Congreso que quería severidad con los rebeldes, dimitió Vargas (1836) y, tras varias presidencias interinas la ejerció Soublette (1837-1839). Los Estados Unidos habían reconocido a Venezuela y se firmó un tratado de amistad y comercio (1836). En 1837 Soublette confirmó las leyes de Colombia que habían suprimido conventos y admitió los barcos españoles en los puertos del país.

En 1839 fue reelegido Páez y de nuevo su gobierno se caracterizó por la paz y el progreso. Antonio Leocadio Guzmán, alejado del poder, tras haber sido ministro con Páez y Soublette, quiso fundar un partido propio y dio origen al liberal, al que se adhirieron doctrinarios de esta ideología, partidarios de una democratización, como el marqués del Toro, Juan Vicente González y Felipe Larrazábal.

En la nueva etapa de Páez se dio una ley de libertad de prensa (1839), se fomentó la inmigración, se consolidó la deuda, se fundó el Banco Nacional (1841), se firmó un tratado con Inglaterra para abolir la trata de negros y se regularon las misiones de Guayana para civilizar a los indios. En 1843 volvió a la presidencia Soublette, venciendo al candidato liberal, es decir, que de hecho seguía gobernando Páez ; ejerció el poder hasta 1847, respetando la legalidad y la Constitución y sin inmoralidades.

Sobrevino una crisis económica, por la baja de los productos de exportación; se dio una amnistía para delitos políticos, lo que permitió el regreso de los sublevados de 1835 y la oposición fue creciendo. En 1845 se llegó a un tratado con España que reconoció la independencia de Venezuela. Se dio un código de comercio y la Deuda pública se redujo a dos millones de pesos, desde nueve millones en 1830. Las elecciones de 1846, dieron el triunfo a Monagas, apoyado por Páez y Soublette, pese a sus antecedentes rebeldes. Urdaneta, que iba a ser el candidato conservador, murió en 1845. Guzmán, candidato liberal derrotado, se sublevó, pero fue vencido y condenado a muerte, conmutándosele por destierro.

La oligarquía liberal

Con el advenimiento de Monagas terminó la dictadura de hecho de Páez , aunque había respetado las libertades y gobernado más o menos constitucionalmente. Monagas —de humilde origen—, aunque elevado por el partido conservador, se declaró liberal, pero, en realidad, durante diez años lo que existía sería el gobierno personal de él y de su hermano José Gregorio. Pronto nombró ministros liberales en lugar de los conservadores de su primer ministerio y llamó a Guzmán a la vicepresidencia. En 1850 salió elegido José Gregorio Monagas frente a Guzmán y los liberales rompieron con los dos hermanos; en 1855 le sucedió José Tadeo.

La dictadura personal de Monagas introdujo algunas reformas liberales, como fue la abolición de la esclavitud llevada a cabo en 1854, que afectó a 13.000 individuos, suprimiéndose también el trabajo obligatorio a los emancipados, aunque se promulgó porque una revolución del año anterior de enemigos de los Monagas, liberales y conservadores, la había tomado por bandera. También fue suprimida la pena de muerte por motivos políticos, y abolió una ley de 1834 que permitía el embargo y venta de bienes por deudas; se amplió la instrucción a las clases pobres y la autonomía municipal y favoreció a las clases comerciantes.

En cambio, el Congreso quedó supeditado en adelante al poder ejecutivo, al aplastar violentamente Monagas (J. T.) el Congreso existente a su elección, de predominio conservador, que quiso acusarlo y destituirlo en 1848, y contra el cual lanzó las masas, con muerte de algunos representantes y su sumisión y humillación, obligándole a concederle poderes extraordinarios. Entonces intentó derribarlo Páez , quien se alzó en 1847 y en 1848, pero esta vez fue hecho prisionero y expulsado en 1850. Desorden administrativo, malversación y favor a los amigos señalaron también el gobierno del monagato.

En 1857 se promulgó otra Constitución para prologar el mando de los Monagas; alargaba el periodo presidencial a seis años, con reelección; concedía el voto a los que no fueran analfabetos; los gobernadores de las provincias serían nombrados libremente por el presidente, lo que ya había concedido una ley de 1855. Se acordaba que el Congreso elegiría al presidente la vez inmediata y así se reeligió a José Tadeo.

Liberales y conservadores se unieron para derribarlo, encabezando la rebelión Julián Castro, gobernador de Carabobo. Ante la extensión del movimiento, hubo Monagas de dejar el poder (1858). Su caída provocó un conflicto internacional por haber intervenido el cuerpo diplomático para asegurar la vida de Monagas y al negársele autoridad para ello, buque franceses e ingleses bloquearon los puertos, llegándose a un acuerdo de respeto a Monagas, que, sin embargo, fue desterrado, declarándosele traidor a la patria.

La revolución federal

Al caer Monagas, Castro se hizo cargo de la presidencia y se convocó por sugragio universal la Convención de Valencia (5-VII-1858), presidida por Fermín Toro, de ya larga actuación política; aún figuraban viejas personalidades de la guerra de la independencia, como Soublette y Pedro Gual; el último día del año se promulgó otra Constitución, que ampliaba la autonomía de municipios y provincias, lo cual favorecía a los grandes propietarios locales y procuraba marcar bien la separación de poderes; se establecía la libertad religiosa.

Castro continuó de presidente, pero ya los liberales se habían sublevado en varios lugares en 1858 y continuó cundiendo la insurrección, en nombre de Monagas por parte de algunos. Los desterrados por Castro se organizaron en San Thomas y Trinidad, figurando entre los más destacados Antonio Guzmán Blanco, hijo de Antonio Leocadio; Monagas y Ezequiel Zamora y se declaró jefe del partido a Juan Crisóstomo Falcón, y se adoptó la bandera del federalismo, como más adecuado a un liberalismo democrático. En realidad actuaban, como siempre, factores personales y Antonio L. Guzmán, otro de los complicados, afirmó abiertamente que se adoptó el federalismo como simple bandera y si los adversarios hubieran propugnado la federación ellos habrían voceado el centralismo. Como bandera contra los Monagas y contra los conservadores triunfantes en 1858 se adoptó, en efecto.

Pero intervinieron también factores de más fondo, pues no faltaban doctrinarios del federalismo, aparte de que ya existía el precedente de la primera República de 1811, la actitud de Páez frente a Bolívar y había sido invocado el federalismo por el propio Monagas en sus primeras rebeliones; el espíritu regional favorecía la implantación del sistema; por último, se considera por historiadores y pensadores que la federación vino a implantar la democracia social, a destruir la vieja oligarquía y a hacer triunfar la igualdad y el ascenso de las masas, que vieron solo en las prácticas abstractas de los ideólogos un medio de mejorar económicamente por medio de la violencia.

En efecto, la guerra civil duraría cinco años, y se llevaría de la misma forma cruel y devastadora que las luchas por la independencia; las masas, que habían manejado antaño Bobes y Páez , hallaron su caudillo en Ezequiel Zamora, que obró con el mismo empuje y semejante dureza, dejando a Venezuela de nuevo arruinada.

En febrero de 1859 los federales tomaron Coro, asumiendo Zamora la jefatura del ejército y formándose un gobierno provisional con Falcón, A. L. Guzmán y otros. Por Oriente se alzó Juan Antonio Sotillo; Zamora, —el Valiente Ciudadano—, luchó en los Llanos e incendió Barinas y Guanare. El 10-XII-1859 la batalla de Santa Inés, ganada por Zamora, dio a los federales gran parte del Occidente y quebrantó al Gobierno, pero dicho caudillo moría de un tiro en el sitio de San Carlos (10-I-1860), continuando Falcón la campaña, pero derrotado en Cople por Febres Cordero, hubo de huir a Nueva Granada. A poco se reanudó la lucha, de modo cada vez más bárbaro, dirigiéndola Guzmán Blanco, que obtuvo numerosos triunfos, que llevaron a la victoria a los federales.

Durante la guerra, el gobierno central había padecido la inestabilidad. Castro había querido pactar con los federales y reconocer su objetivo, pero lo derribaron (1859); no lograron imponerse y asumió la presidencia el viejo Gual por breve tiempo y luego Manuel Felipe Tovar, elegido presidente constitucional en 1860, con Gual como vicepresidente y todavía Páez , vuelto del extranjero, como ministro de la Guerra. Ante la anarquía dominante dimitió Tovar en mayo de 1861 y una vez más Páez , jefe del ejército, se hizo cargo de la dictadura, echando a Gual de la presidencia interina (10-IX-1861).

Intentó un acuerdo con los federales y ante sus éxitos, que le habían entregado gran parte del país, se entablaron negociaciones entre Guzmán Blanco en nombre de Falcón y Pedro José Rojas, ministro general, representante de Páez , llegándose al acuerdo de la hacienda de Coche (24-IV-1863), que puso fin a la guerra civil. Por este convenio se acordó convocar una Asamblea Nacional, pero designando Páez y Falcón la mitad de sus miembros cada uno; dimitiría Páez y se nombraría a Falcón general en jefe. Se reunió la Asamblea en la Victoria y fue nombrado Falcón presidente de la federación venezolana.

El régimen federal

El gobierno federal de Falcón fue intranquilo, por la crisis económica y rebeldías. Comenzó por promulgar un decreto de garantías (VIII-1863) que abolía la pena de muerte, respetaba la propiedad, garantizaba el hogar, la correspondencia, la libertad de palabra, suprimiendo los delitos de imprenta, la libertad económica, la instrucción, la igualdad ante la ley, la libertad de asociación y de petición y las más plenas garantías judiciales. La penuria económica ocasionó el envío de Guzmán Blanco a Europa, donde negoció un empréstito usurario y muy desventajosos en Inglaterra, hipotecando los ingresos aduaneros, aumentando la deuda y el desorden fiduciario.

A fines de 1863 se reunió la Asamblea Constituyente, presidida por Guzmán Blanco y con abundancia de militares; comenzó por otorgar pensiones a la familia de Zamora, el sueldo presidencial desde 1859 a Falcón y rimbombantes título a ambos (El Gran Ciudadano al segundo); Falcón fue confirmado como presidente y Guzmán Blanco como vicepresidente.

El 28-III-1864 fue aprobada la nueva constitución federal: el país tomo el nombre de Estados Unidos de Venezuela; se dividía en veinte estados independientes, solo unidos para formar una nación; podían agruparse o separarse entre sí; el gobierno nacional no podría tener en ellos más funcionarios que los de Hacienda y los de las guarniciones, pero no tropas ni jefes con mando, ni él ni los demás estados podrían intervenir en los disturbios de otro; pero como eran entidades pobres, sería ayudado cada uno anualmente con 20.000 pesos; siendo el municipio la base del sistema, hubo que duplicar los impuestos, para el poder central y para los municipios.

El presidente ejercería durante cuatro años, sin reelección, y elegido por votación directa. Habría Senado y Cámara de Diputados, elegidos aquellos por los estados. Se ampliaron las garantías de 1863 y advino la democracia social, al abrir sin distinción ni idoneidad todos los grados militares y los cargos públicos a todo el mundo, en absoluta igualdad. Quedaron eliminadas las oligarquías, pero las consecuencias fueron la anarquía, el desorden administrativo y el despotismo militar en los estados.

Falcón se enfrentó con bastantes motines y a comienzos de 1868 la revolución se generalizó, teniendo a su frente a Miguel Antonio Rojas por un lado y por otro a J. T. Monagas, quien triunfó, desterrando a Falcón. Soublette apoyaba a Monagas. Tomó Monagas a Caracas y formó un gobierno de liberales y conservadores, pero moría el mismo año; Fue elegido presidente su hijo José Ruperto Monagas (1869); nueva revolución dirigida por Guzmán Blanco, desterrado brevemente y que ocupó Caracas el 27-IV-1870. Páez moría en 1873.

La dictadura de Guzmán Blanco

El Ilustre Americano gobernaría dictatorialmente hasta 1888, ya directamente o a través de presidentes títeres. Su gobierno fue personal y autocrático, pero se jactó de liberalismo y, siguiendo las tendencias del europeo de su tiempo, lo manifestó en sus ataques a la Iglesia. Un Congreso de plenipotenciarios de los estados se reunió en Valencia y, desde luego, eligió presidente a Guzmán Blanco, uno de cuyos ministros fue su padre.

Se propuso emprender un grandioso plan de reconstrucción económica, de reformas de todo orden y obras públicas, tanto urbanas, como el embellecimiento de la capital, como ferrocarriles y carreteras, acueductos y puertos, y mejoras culturales. Se construyeron numerosos edificios y parques; se estableció una Compañía de Crédito y una Junta de Agricultura; otorgó concesiones a compañías extranjeras para fomentar la economía y buscó empréstitos, de preferencia en París.

Regularizó la moneda y adoptó una nueva; se hizo un censo (1873); reorganizó la Hacienda y el crédito, reformó sobre bases modernas la Universidad y fundó un Instituto de Bellas Artes, un Museo de Historia Natural y una Academia de Literatura. presumía de construir una escuela en cada calle y bastantes creó, se fundó una Dirección de Instrucción Primaria, ordenándose la enseñanza obligatoria y gratuita, y luego se creó el Ministerio de Instrucción Pública.

Su política anticlerical, como masón, se manifestó en la confiscación de los bienes eclesiásticos (1872) y la disolución de los conventos (1874), el matrimonio y el registro civiles, la expulsión del arzobispo de Caracas y la ruptura con la Santa Sede; la libertad de cultos y el favor a sociedades protestantes para las misiones entre los indios y un intento de iglesia nacional cuyos ministros serían elegidos por los seglares.

En 1873 fue elegido Guzmán Blanco presidente constitucional y se reformó la constitución en 1874, introduciendo el sufragio universal; fijó en dos años el periodo presidencial, sin reelección y se estableció la responsabilidad de los funcionarios, se elaboraron nuevos códigos de todas las ramas de la jurisprudencia.

La adulación se extremó en su honor y fue apodado también el Regenerador. En 1877, según las nuevas normas constitucionales, renunció a seguir y fue elegido Francisco Gómez Linares Alcántara, que, no obstante, quiso prohijar una reacción contra Guzmán Blanco, que había marchado a Europa como representante de Venezuela en varios países.

Linares moría en 1878; se reunió una Asamblea Constituyente que eligió a un hermano del anterior y ordenó el derribo de las estatuas de Guzmán. Pero sus partidarios se alzaron, se dio una sangrienta batalla en La Victoria y triunfaron, regresando Guzmán Blanco (1879); reunió otro Congreso que legalizó su situación, y se puso en vigor la Constitución de 1864 con las modificaciones de 1874, menos las relativas al voto.

A continuación, demostrando su seguridad, volvió a Europa, dejando interinamente a Diego Bautista Urbaneja, de largo historial político, y regresó en 1880, imponiendo otra Constitución (1881), que redujo los estados a nueve y estableció un Consejo Federal a imitación de Suiza, que elegiría al presidente y al vice, compuesto por un senador y un diputado por estado; fue reelegido en 1882 y volvió a Europa al terminar su periodo bienal; entonces se había inaugurado al ferrocarril de la Guaira.

En 1888 volvió y por aclamación fue nombrado de nuevo presidente. En el bienio 1884-1886 había ejercido la presidencia Joaquín Crespo, quien hizo siempre gala de su lealtad al Regenerador, promovió la instrucción, protegió a los indios y se mostró benévolo con los rebeldes, pero sufrió el país una crisis económica. En 1887 dimitió Guzmán Blanco definitivamente, pues su sucesor, Juan Pablo Rojas Paúl, hombre civil por excepción que intentó una política civilista, patrocinó una reacción contra Guzmán Blanco, que envió su renuncia desde París (1888).

Inteligente y enérgico, había sido más hábil que Monagas, más instruido que Páez y más enérgico que Falcón (Gil Fortoul); se consideró liberal, pero su régimen fue personalista y autocrático. Pero había dado paz al país, sometido el militarismo y elevado la prosperidad de la nación.

Las dictaduras de Castro y Gómez

En 1890 fue elegido Ramón Andueza Palacio, que patrocinó el continuismo para prologar el periodo presidencial, pero una rebelión encabezada por Crespo le expulsó en 1892 y Crespo fue elegido por cuatro años, haciendo elegir al terminar a Ignacio Andrade; Crespo moría combatiendo a unos sublevados. Contra Andrade se sublevó el general Cipriano Castro (1899), con la bandera de la Restauración, que entró vencedor en Caracas el 22 de octubre.

Castro, procedente de la región andina, y apoyado por sus campesinos, gobernó enseguida dictatorialmente, persiguió a sus adversarios y cerró la Universidad. Pronto estallaron sublevaciones, siendo la más grave la promovida por el general y capitalista Manuel Antonio Matos en 1901, con la ayuda de otros congéneres venezolanos y extranjeros y que provocó una guerra civil, la Revolución Libertadora, que duró hasta 1903, terminándola las victorias de Juan Vicente Gómez, con el triunfo de Castro, quien así concluyó con las luchas de caudillos típicas del s. XIX.

Castro gobernó despóticamente, pero con un fuerte sentido nacionalista, que se expresó en la cuestión de la reclamación de las deudas no pagadas por parte de Inglaterra y Alemania, a las que se sumaron Italia y Francia; las dos primeras se apoderaron de la humilde escuadra venezolana (1902) y se bombardeó Puerto Cabello. Intervinieron los Estados Unidos, siendo presidente Th. Roosevelt, y se llegó a un acuerdo (1903), revisando las deudas y señalando los ingresos aduaneros como garantía; no aceptó Castro el protocolo y sometió la cuestión al Tribunal de la Haya, que sentenció a favor de las naciones reclamantes.

La Constitución de 1904 mantenía el régimen federal y negaba a los extranjeros derecho a indemnizaciones por daños causados por las revoluciones. Se negó después a abonar a Los Estados Unidos lo que causó una ruptura. También procuró Castro mejorar en las comunicaciones y realizó obras urbanas.

En su tiempo se llegó a un acuerdo de límites con Inglaterra. En 1840 los buscadores de oro extendieron la Guayana inglesa hacia el oeste. para contrarrestar la penetración británica, Guzmán Blanco concedió a los norteamericanos la exclusiva de navegación por el Orinoco.

El secretario de Estado Olney y el presidente Cleveland, para defender ese y otros intereses norteamericanos en Venezuela, invocaron la doctrina Monroe, que no fue admitida por Inglaterra, pero en 1895, hallándose esta envuelta en varios conflictos, accedió a un arbitraje internacional, que otorgó la mayoría del territorio disputado a Inglaterra, aceptándolo los representantes yanquis por dejar la desembocadura del Orinoco en favor de Venezuela. En 1859 se había firmado un tratado de límites con el Brasil, anulado en parte por el arbitraje del rey de España (1891) sobre límites entre Venezuela y Colombia, pero que disgustó a ambas y estuvo a punto de llegarse a un conflicto armado.

En 1908 vino Castro a Europa para tratarse una enfermedad y dejó a Juan Vicente Gómez como vicepresidente. Pero este maniobró tan hábilmente que a los pocos días el Congreso suspendió a Castro y eligió a Gómez, que persiguió a los partidarios de su antecesor y contó con el apoyo, incluso militar, de los Estados Unidos. Treinta mil desterrados regresaron al país.

Gómez comenzó su mando con promesas de respetar las leyes, las libertades y la soberanía de los estados y designó su régimen como la Rehabilitación. Pero ejercería una fuerte dictadura, que en forma provisional o constitucional, con intervalos de agentes suyos, duraría hasta su muerte en 1935. La Constitución de 1909 fijaba la presidencia en cuatro años sin reelección inmediata, las dos cámaras, veinte estados. En 1910 fue elegido legalmente y llevó al gobierno a revolucionarios y escritores.

Introdujo reformas en la Hacienda revisó el arancel y procedió al pago de las deudas. Sufrió pronto varias rebeldías, como la de Castro, vuelto en 1913 para recobrar el poder, y salió a combatirlo Gómez, dejando como presidente interino al historiador y sociólogo José Gil Fortoul, y venció a aquel. La Constitución de 1914 prorrogaba a siete años el periodo presidencial y confiaba la elección al Congreso; se suprimía el vicepresidente y se restringía el derecho al voto.

Fue nombrado comandante en jefe del ejército, lo que le permitió tener siempre a su disposición, en especial en los periodos en que dejó aparentemente la presidencia, como en los de Victorino Márquez (1914-1915) y Juan Bautista Pérez (1929-1931). No permitió más partido que el suyo, la Causa de la Rehabilitación Nacional; el régimen federal fue una ficción, pues todas las autoridades locales fueron hechura suya.

Venció nuevas sublevaciones, como las tres de Emilio Arévalo, la última en 1922, contra el territorio de Amazonas, fusilando a su gobernador, Tomás Funes, pero fracasó; en 1928-1929 se alzó J. R. Gabaldón, pero tampoco con éxito. La oposición fue aplastada y se dice que fueron encarcelados bajo el mando de Gómez, 38.000 ciudadanos y condenados a trabajos forzados. pero no dejó de contar con apoyos intelectuales, como los de Gil Fortour y del sociólogo Laureano Vallenilla Lanz, que en su libro Cesarismo democrático, visión pesimista de la historia de Venezuela, defendió la necesidad de la dictadura y del hombre fuerte.

Dedicó Gómez gran interés en mejorar la Hacienda, a arreglar la Deuda pública y deudas a empresas extranjeras. Su política económica se basó en dar facilidades a las inversiones extranjeras. Hasta 1920 el país siguió siendo fundamentalmente agrario y ganaderos y su principal artículo de exportación el café. Desde 1920 pasa el petróleo a primer plano, en una producción en constante crecimiento, y se convierte en la base de la prosperidad, aunque enajenando en muchas ocasiones la soberanía en favor de las empresas extranjeras, que a su vez ayudaron a Gómez al pago de deudas y a sus obras, habiendo fomentado la construcción de carreteras.

La ley de 1920 garantizaba la propiedad del petróleo a las compañías y rebajaba sus derechos de exportación. Prosperidad del Estado, pero que no afectaba a la masa. Se dio otro código civil, se crearon nuevas facultades universitarias y se introdujo el servicio militar obligatorio. Pero las riquezas aportadas por el petróleo no se invirtieron en muchas industrias, limitadas a la cervecería, el algodón, tabaco y cerillas. A Gómez le interesaba personalmente más la propiedad territorial y llegó a ser el primer propietario del país, yanto en fincas agrarias como ganaderas y fincas urbanas.

Los ferrocarriles y la excelente red de carreteras construidas bajo su dictadura respondían a comunicar sus predios y a fines militares, para oponerse a una revuelta. Sus haciendas y las de sus amigos fueron modernizadas en métodos y dieron grandes rendimientos.

La Deuda pública fue reducida en gran proporción y ello y la estabilidad económica permitieron a Venezuela capear la crisis de 1929 mejor que la mayoría de los demás países. Venezuela fue neutral en la Primera Guerra Mundial. El reverso fue la tiranía, la anulación de todas las libertades, la supresión de los sindicatos, los bajos jornales, la transformación de las instituciones democráticas en una ficción y el desenfrenado libertinaje del dictador, que le llevó a chocar con la Iglesia al censurárselo

El régimen democrático

Al morir Gómez se hizo cargo de la presidencia el general Eleazar López Contreras, su ministro de Guerra y Marina, que terminó el periodo de aquel y fue luego reelegido normalmente, hasta 1943. A pesar de su anterior actuación, restableció la democracia y gobernó con respeto a la ley; dio una amnistía que libertó a los presos y permitió la vuelta de los desterrados. Procuró llevar con discreción el tránsito a la democracia, con el restablecimiento de las libertades, evitando la violencia y difusión de un ideario nacionalista inspirado en el de Bolívar.

Pero ante la amenaza revolucionaria, dio una ley que regulaba el ejercicio de las libertades para evitar sus abusos; prohibió el comunismo y el anarquismo, disolvió los partidos marxistas y expulsó a cuarenta y siete dirigentes políticos. Rómulo Betancourt se ocultó y dirigió desde la clandestinidad el Partido Democrático Venezolano. Fueron autorizados los sindicatos y se permitió la oposición dentro de la ley; fomentó la economía y las obras públicas y se enfrentó con todos los problemas, pues había que rehacer el país; y reformó el ejército para convertirlo de nuevo en una institución digna y a tono con la época en sus medios.

La Constitución de 1936 redujo el periodo presidencial a cinco años; estableció el sufragio universal y se garantizaban los derechos humanos. Se promulgaron mejoras a los trabajadores, cuya situación era baja y sin garantías, con seguros sociales, jornada de ocho horas y protección a la mujer y el niño. Se dio gran impulso a la enseñanza primaria y se logró reducir el analfabetismo del 70 al 54 por 100.

En 1941 fue elegido normalmente el general Isaías Medina Angarita. Implantó plenamente la democracia y un régimen de completa libertad; rompió con las potencias del eje y el petróleo venezolano surtió a los aliados en enorme proporción; luego entró en guerra con aquellas.

En 1942 se adoptó un plan quinquenal de obras públicas. Se promulgó un nuevo Código civil; se introdujo el impuesto sobre la renta; se revisó la legislación sobre el petróleo, unificándola, y se aumentó la intervención y la participación del Estado en sus beneficios, en forma considerable, colocando su mínimo en el 16 y dos tercios por cien; la propiedad de los pozos fue sustituida por concesiones por cuarenta años y se obligó a replantar refinerías en el país; en 1945 se estableció el voto directo y popular y se extendió a la mujer; se autorizó el partido comunista (1945); se fomentó la enseñanza y se construyó la Ciudad Universitaria de Caracas.

Las elecciones fueron limpias y se llegó a un acuerdo fronterizo con Inglaterra en el golfo de Paria, adjudicándose 5.600 kilómetros cuadrados a Venezuela y 3.600 a la segunda. Ministro de Relaciones Exteriores fue el historiador Caracciolo Parra Pérez y de Hacienda y del Interior el también escritor Arturo Uslar Pietri.

Medio año antes de terminar el periodo de Medina estalló el 18-X-1945 un pronunciamiento militar, obra de las logias de oficiales, inspiradas en las peronistas de Argentina e imitadas en varios países del continente; la sublevación estaba apoyada por el partido de Acción Democrática, de ideología nacionalista e izquierdista, con matiz marxista. Se formó una Junta Revolucionaria, presidida por Rómulo Batancourt, y de la que formaban parte los oficiales Carlos Delgado Chalbaud y Mario Vargas y, entre otros miembros de aquel partido, Gonzalo Barrios y Raúl Leoni.

Estaba descontenta la oficialidad por la baja paga y dificultad de ascenso y había subido el coste de la vida, con su repercusión en las clases populares. Se acusó de enriquecimiento ilícito a los dos últimos presidentes y ambos fueron desterrados, como también Uslar Pietri, y se anunció que se investigarían las fortunas de los gobernantes desde comienzos de siglo, sometiéndolos a un Jurado de Responsabilidad Civil y Administrativa.

Una Asamblea Nacional Constituyente más emitió otra Constitución más (1947), con presidencia por cuatro años, sin reelección inmediata, mejoras a los obreros y concediendo al Estado el derecho de planificar la economía y entre disturbios se eligió presidente al famoso novelista Rómulo Gallegos, por sufragio totalmente universal, incluso de los analfabetos, quien tomó posesión el 14-II-1948. Proponía el nuevo gobierno nacionalización de los medios de transporte, creación de una marina mercante y de una industria nacional y aumentar el impuesto sobre las compañías petroleras.

El gobierno de Gallegos continuó la tendencia y la labor de Betancourt. Había comenzado este un vasto programa de fomento económico y de elevación del nivel; los medios financieros procedían, como desde mucho tiempo atrás, del petróleo; en 1946 se elevó la participación estatal al 50 por ciento de los beneficios, pero percibidos en petróleo que el Estado vendía al exterior al mayor precio posible o por intercambio. Se construyó una refinería en Puerto Cardón, otra en Amuay y un gran oleoducto. Se mejoró a los trabajadores de la industria petrolera; con Colombia y Ecuador se fundó la Flota Grancolombiana.

Se trató de elevar el nivel de las familias campesinas, fundar cooperativas y se repartieron tierras, especialmente a refugiados europeos, entrando en la distribución las confiscadas propiedades de Gómez. Se habían instalado en 1948 doscientas colonias agrícolas de cincuenta familias cada una. Se proyectaron obras hidroeléctricas, se construyeron nuevos edificios en Caracas y se combatió el analfabetismo.

La dictadura de Pérez Jiménez

Pero el ejército estaba descontento por haberse abolido el servicio obligatorio y por el creciente proceso de democratización. Un nuevo golpe militar de 24-XI-1948 hizo dueño del poder a otra Junta de oficiales presidida por Delgado Chalbaud, ahora coronel. Fue disuelto el Partido de Acción Democrática y sus principales figuras desterradas; disolvió también la Confederación de Trabajadores y se suspendieron todas las libertades, la Constitución de 1947 y todas las autoridades y las legislaturas locales.

Mientras se discutía una nueva ley electoral, fue asesinado Delgado Chalbaud (1950) y la Junta lo sustituyó con un civil, Germán Suárez Flamerich; en noviembre de 1952 se efectuaron elecciones, obteniendo el primer puesto el partido de Unión Republicana Democrática, apoyado por los demás de oposición, incluso Acción Democrática —en la clandestinidad—, los comunistas y el partido Social Cristiano; la Junta reaccionó, suspendiendo el escrutinio, concediendo la mayoría a su propio partido Frente Electoral Independiente y colocando al frente del gobierno a uno de sus miembros, el coronel Marcos Pérez Jiménez (2-XII-1952).

Se le nombró presidente legal por el Congreso dependiente de la Junta, se dio otra Constitución en 1953 y Pérez Jiménez gobernó dictatorialmente, nombrando a todas las autoridades y miembros de las legislaturas locales. Se favoreció al ejército y se otorgaron mejoras a los obreros para tener propicios a ambos elementos. Los partidos políticos fueron disueltos. Hubo duras persecuciones contra la oposición y los favorecidos por el gobierno se enriquecieron por medios ilícitos.

Cayó la dictadura el 23-I-1958, por un movimiento militar apoyado por las masas. Se formó una Junta militar presidida por el contraalmirante Wolfgang Larrazábal, y luego otra civil, con el profesor Edgar Sanabria, hasta que se hizo cargo del gobierno Betancourt, que triunfó en las elecciones presidenciales del mismo año. Pérez Jiménez se refugió en los Estados Unidos, pero el gobierno venezolano consiguió su extradición y, procesado, se le condenó a prisión por irregularidades administrativas.

Gobernó normalmente Betancourt hasta 1964, habiéndose promulgado en 1961 otra Constitución que señala la presidencia en cinco años; el régimen, desde hace un siglo, era federal. En 1964 le sucedió Raúl Leoni, igualmente del partido Acción Democrática. En los últimos años se habían acentuado la agitación y las guerrillas promovidas por el castrismo.

Las elecciones de 1968 dieron el triunfo a Rafael Caldera, del partido Social Cristiano, por la división entre varios candidatos del de Acción Democrática, siguiéndole por pequeña diferencia en el número de votos Gonzalo Barrios, del segundo partido. Caldera ya había sido candidato en elecciones anteriores desde el año 1948.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo N-Z, págs. 954-962.