Independencia de Venezuela

Índice

Introducción
Primer país independiente
Reacción española
De guerra sin cuartel a guerra a muerte
La Independencia definitiva
Relaciones con Nueva Granada

Introducción

La Capitanía General de Venezuela era la última en las entidades político-administrativas fundadas por España en América, pues solo databa de 1777 la extensión de su jurisdicción al actual territorio venezolano. Sobre una masa de pardos (mestizos, mulatos y zambos, en número de unos 400.000), ignorantes y sometidos la mayoría a las clases altas, y fuera de unos 100.000 indios, que vivían en general apartados del resto, más de 60.000 esclavos negros, se elevaba la clase criolla (unos 200.000), incluyendo entre los blancos unos 12.000 peninsulares y canarios, presidida aquella por la aristocracia mantuana, rica, orgullosa, oligárquica, propietaria del suelo y de los esclavos, culta y ambiciosa, que fue preponderantemente la autora de la Independencia.

Bolivar Arturo MichelenaSimón Bolívar, el Libertador por Arturo Michelena (1863-1898)

La acción de la Real Compañía Guipuzcoana y el libre comercio habían producido un gran desarrollo del país, a lo que contribuía que el régimen español funcionaba normal y eficazmente C. Parra Pérez, Historia de la Primera Republica de Venezuela, I, pág. VIII. La oligarquía criolla tendía a dominar a las clases inferiores y a someterse de mala voluntad a los representantes del poder de la metrópoli, por lo cual estos aparecían en cierto modo como los defensores de las segundas, que, a su vez, miraban con antipatía el predominio despótico de los mantuanos, víctimas durante la Revolución de su impopularidad entre los pardos, quiénes fueron durante bastante tiempo los campeones más enérgicos de la autoridad del rey, por odio a las clases elevadas.

Tuvo así la emancipación venezolana el carácter de una revolución iniciada por una minoría perteneciente a la cumbre de la sociedad, muy culta y refinada, imbuida de ideas avanzadas, que trató de imponerla al resto de los habitantes; y al reaccionar las clases inferiores en sentido contrario, recibió un marcado tono social e incluso racial con significado opuesto al de México; el escaso ambiente de la revolución en sus comienzos ocasionó por dos veces su fracaso; pero la terrible dureza con que se llevó a cabo la guerra por la independencia acabó por ir lanzando al campo insurgente masas considerables de población.

Ofrece de peculiar la revolución venezolana, además de su tenacidad y larga duración sus excesos, excepcionales, incluso en un periodo tan carente por lo habitual de humanidad como el de la emancipación americana, y la presencia de una personalidad potentísima, alma de la independencia, cuál la de Simón Bolívar, conductor del movimiento independiente en un grado sin semejante en las restantes naciones americanas, y que convirtió Venezuela en la base desde donde extendió la emancipación a una gran parte de Suramérica, dándole amplitud continental

No poseen realmente carácter de preferentes la rebeldía de Juan Francisco de León contra la Compañía Guipuzcoana (1749-52) ni la repercusión de la de los comuneros de Nueva Granada a algunas regiones limítrofes. En 1797 intentaron una sublevación tres españoles republicanos deportados a la Guaira, Juan Bautista Picornell, Sebastián Andrés y Manuel Cortés Campomanes, en connivencia con los criollos Manuel Gual y José María España, con un avanzado programa y bastantes complicados; descubierta a tiempo, fue ejecutado España en (1799.

Tampoco pasó de conjura la de los «pardos» en Maracaibo, tramada por Francisco Javier Pirela 1799. La incansable actividad de Francisco de Miranda por la independencia americana se concretó en su patria, en la desgraciada tentativa de 1806, fracasada en Ocumare y en Coro, sin hallar la menor repercusión. La masa de la población rechazaba sus ideas, y los criollos cultos y partidarios de ellas, solo veían en él un agente extranjero, y temieron que el cambio de régimen consistiera en pasar bajo la dominación inglesa.

Al capitán general Manuel De Guevara Vasconcelos, que había hecho frente a esa tentativa y era un enérgico y popular defensor de la causa española sucedió, (1807), con satisfacción de los partidarios de la independencia el inepto, Juan de Casas. Conspiraba un grupo de ellos, en espera de ocasión oportuna: Bolívar, los Toro, los Tovar (José y Martín, este 1772-1843), José Félix Ribas (1775-1814), Juan Germán Roscio (1782-1821), Tomás y Mariano Montilla (1782-1851), Lino de Clemente y otros criollos de elevada posición. Miranda seguía desde Londres incitando al gobierno inglés a una tentativa contra la América española, y se preparó una expedición a México o Venezuela en 1808 suspendida por los sucesos de España.

Napoleón, informado de Venezuela por la obra y las memorias de François de Pons, envió a Casas un agente, cuya presencia provocó en Caracas un motín que obligó a las autoridades a proclamar a Fernando VII (15-VIII-1808). Inglaterra modificó su actitud al aliarse con España, pero Miranda siguió excitando a los criollos a preparar un movimiento revolucionario. Se trató de formar una Junta de Gobierno el mismo mes, accediendo al principio Casas, pero pronto rechazó la idea, en la que insistió en noviembre de 1808 un grupo de notables criollos; pero los detuvo y procesó.

Uno de ellos, Antonio Fernández de León, enviado a España, recibió el título de marqués de Casa-León, y su hermano Esteban estuvo a punto de ser nombrado miembro de la primera Regencia. Esteban Palacios, tio de Bolívar, y Fermín de Clemente fueron designados diputados por Venezuela a las Cortes de Cádiz. Casas fue sustituido por el brigadier Vicente de Emparan, carente por completo de condiciones de mando (V-1809), quién hubo de prender a algunos mantuanos conspiradores, y desterró a Aragua y Valencia a otros, Bolívar, Montilla, los Toro, quienes siguieron conspirando sin dificultad.

Primera independencia oficial

Al conocerse la disolución de la Junta Suprema de España, se decidió actuar inmediatamente para formar un Gobierno nacional: el 19-IV-1810 —Jueves Santo— se reunió el Ayuntamiento de Caracas y, aprovechando la debilidad de Emparan, y agitada la muchedumbre por el canónigo chileno José Cortés de Madariaga (1770-1826), acérrimo partidario de la independencia, se constituyó la Junta Suprema conservadora de los derechos de Fernando VII, a base del Municipio y algunos diputados más, verdadero Gobierno nacional, partidario en el fondo de la emancipación, primero que surgía en Hispanoamérica después de los fracasados intentos de 1809 en Quito y Alto Perú.

La aristocracia criolla iniciaba la revolución, para crear una nacionalidad que esperaba dirigir, libre de la mediatización del Estado español, satisfaciendo anhelos patrióticos y ambiciones de mando. Asumió todo el poder la Junta —constituida definitivamente el 25 de abril con 23 miembros y 4 secretarios de despacho o ministros—, expulsó a algunos altos funcionarios y militares desafectos y se hizo reconocer paulatinamente por las provincias, donde se formaron Juntas análogas secundarias.

Al frente del ejército se puso el coronel Fernando Rodríguez del Toro hermano del marqués del Toro; se dirigió un manifiesto a los municipios americanos incitándoles a imitar a Venezuela; se recusó la autoridad de la Regencia, se promulgaron leyes —prohibición de la trata y del tributo de los indios y apertura de puertos al tráfico extranjero— y se entablaron relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, adónde se envió a Juan Vicente Bolívar y otros, y con Inglaterra, adonde partieron Simón Bolívar, Luis López Méndez, y Andrés Bello, el ilustre polígrafo (1781-1865); los primeros enviaron agentes consulares, en Inglaterra, por medio del ministro, marqués de Wellesley, adoptó una actitud discreta, para no indisponerse con España, ni debilitar la lucha con Napoleón; ofreció su mediación ante la Regencia y aprovechó la libertad comercial ofrecida.

Bolívar persuadió a Miranda para que regresara a su patria. Cortés Madariaga, en cambio, logró fácilmente la alianza con el gobierno igualmente revolucionario de Nueva Granada. Convocó la Junta de elecciones para un Congreso, abierto el 2-III-1811, bajo la presidencia del exaltado Felipe Fermín Paúl (1774-1843), y se constituyó un poder ejecutivo en lugar de aquella, con tres miembros, cuyo primer presidente fue el jurista Cristóbal de Mendoza (1772-1829).

Con la mesura del Congreso contrastaba la hirviente agitación de la Sociedad Patriótica, club de tipo francés, dónde peroraban Miranda y Bolívar, y se propugnaba la independencia, la cual fue proclamada por el Congreso el 5-VII-1811, aprobándose el acta el 7. Era el primer país hispanoamericano que se declaraba oficialmente independiente.

Completó su labor el Congreso formando una Constitución (obra principalmente de Francisco Javier Ustáriz, Roscio y Martín Tovar Ponte, 21-XII-1811), federalista y democrática, fruto abstracto de la ideología revolucionaria de tipo francés o norteamericano de la mayoría de los separatistas, en contraste con su categoría social, y en absoluto inadaptada a la realidades venezolanas y a la falta de ambiente que el movimiento emancipatorio tenía en gran parte de la población. Se crearon una raquíticos Estados (siete), para dar realidad a la federación, y se instaló la capital en Valencia.

Reacción española

Coro, Maracaibo y Guayana no había secundado la revolución y eran focos españolistas; contra la primera marchó el marqués de Toro; carente de dotes militares, que fracasó en el asalto (XI-1810). La Regencia envió un comisionado, Antonio Ignacio de Cortabarría, para restablecer la paz y declaró bloqueadas las costas venezolanas. Cortabarría llegó a fines de octubre de 1810, y ante la inutilidad de su misión, fomentó los esfuerzos contrarrevolucionarios: se nombró capitán general a Fernando Miyares, gobernador de Maracaibo, se expidieron patentes de corso para hacer efectivo el bloqueo y se agitaron en diversos lugares los partidarios de España.

El 11-VII-1811 se sublevó en las cercanías de Caracas un grupo de canarios, incitados por Juan Díaz Flores, sin más fruto que la ejecución de 16. El mismo día se alzó Valencia, incitada especialmente por el clero, en buena parte enemigo de la revolución, empezando por el Arzobispo de Caracas, Narciso Coll y Prat, aunque otra parte era partidaria de la independencia y varios clérigos formaban parte del Congreso, el cual suprimió la Inquisición y el fuero eclesiástico, pero declaró en la Constitución la estricta unidad religiosa.

Una expedición contra Valencia, por los Toro, fracasó, y se hizo cargo de ella Miranda, como general en jefe de los ejércitos, a cuyas órdenes efectuó Bolívar sus primeros hechos de armas, y entre quienes surgieron las primeras disensiones. Miranda, recibido con recelo en su país, acrecía el número de sus enemigos entre la clase dirigente y los dueños del Gobierno. Rechazado el primer ataque a Valencia, se la hizo rendir el 13-VIII-1811, tras perder los independientes ochocientos hombres; aquí había luchado ya la clase popular, los pardos y los negros, contra los criollos y las clases elevadas, defendiendo, por tanto, al rey, ya que estos eran separatistas, carácter que predominaría durante mucho tiempo en la guerra de emancipación.

No continuó la campaña y los realistas se apoderaron de Guayana (fines de 1811), donde rechazaron una expedición republicana (III-1812); pero por falta de fuerzas suficientes no se pudo emprender una seria campaña contra los independientes hasta la llegada del capitán de fragata Domingo de Monteverde, con una compañía de marina desde Puerto Rico, quien, con 500 hombres partió de Coro el 10-III-1812, mientras el Congreso instalado en Valencia, perdía el tiempo en ociosas discusiones; formaban a la sazón el triunvirato ejecutivo Fernando R. del Toro, Ustáriz y Francisco Espejo.

El 26 de marzo un terremoto arruinó Caracas y casi todas las ciudades dominadas por los republicanos, perdiéndose los pertrechos militares y perecieron muchos millares de personas —cerca de 10.000 en Caracas solo—; aquella coincidencia y la de haber ocurrido la catástrofe en Jueves Santo, hizo considerarla como castigo divino por la Revolución, y la debilitó moralmente. Ante el peligro se disolvió el Congreso, se suspendió la Constitución y se entregó todo el poder a Miranda, como generalísimo y dictador (26 de abril), quién reunió nuevas fuerzas. Le perjudicaban su afición a los oficiales europeos, en desdén a los criollos; sus tácticas inadaptadas al país, la escasa competencia militar que demostró, pese a su fama, y la incapacidad de encender el entusiasmo en las masas, como Bolívar.

Monteverde avanzó triunfalmente, tomando Carora, Barquisimeto, Valencia (3-V), bien recibido por las poblaciones, mientras que la deserción agobiaba a las tropas independientes, y varias comarcas y guarniciones volvían a la obediencia de España. El 6 de julio perdió Bolívar Puerto Cabello por una sublevación de prisioneros, lo que contrarrestó los dos triunfos de Miranda sobre Monteverde en La Victoria (20 y 28 de junio), que no supo aprovechar.

Miranda envió a Pedro Gual (1784-1862) a los Estados Unidos y movilizó a los negros, declarándoles libres, lo que le enajenó a los grandes propietarios. La primera República venezolana se hundía, y Miranda entró en negociaciones para una capitulación asesorado, por los dirigentes que quedaban a su lado. En San Mateo se firmó el 25 de julio, entregándose las plazas y prometiendo Monteverde una conducta generosa. Los republicanos se irritaron por la capitulación, creyendo posible aún la resistencia, y se desmoronó la popularidad de Miranda, que, precipitadamente la había llevado a cabo.

El 20 de julio huyeron los patriotas hacia La Guaira, para embarcar, y allí un grupo de oficiales, entre ellos Bolívar, indignados con Miranda lo apresaron, y el comandante de la plaza, Manuel María de las Casas, lo entregó a Monteverde, siendo deportado a la Península. Bolívar no pudo huir, pero salió del país con un pasaporte que, por la entrega de Miranda, le proporcionó Monteverde por mediación del español Francisco de Iturbe; se había refugiado en casa del marqués de Casa-León, que había desempeñado algunos altos cargos durante la República. Bolívar se asiló en Nueva Granada, al servicio de su Gobierno, aún independiente.

De guerra sin cuartel a guerra a muerte

Monteverde, a pesar de lo prometido, inicio una severa represión contra los insurgentes, con ejecuciones, encarcelamientos deportaciones en cantidad. A España fueron enviados entre otros, Roscio, Madariaga, José Mires (m. 1824) y Francisco Isnardi, redactor del acta de independencia. A Nueva Granada huyeron también José Félix Ribas, Pedro Briceño (1794-1836), Gual, Francisco Javier Yáñez (m. 1842), Antonio Nicolás Briceño, Pierre Labatut, Gregor MacGregor (m. 1845), Manuel Cortes, Campomanes, Fernando Carabaño (m. 1816), etc.

La guerra tomaba carácter de exterminio, y el segundo de Monteverde, Eusebio de Antoñanzas, había hecho terribles escarmientos en la toma de Calabozo. Monteverde fue nombrado capitán general (1812) e instaló un Tribunal de Seguridad Pública para perseguir a los comprometidos en la revolución. Le ordenó el gobierno español poner en vigor la Constitución de Cádiz, y lo efectuó con mucho retraso, sirviendo para que los independientes conspiraran de nuevo.

Bolívar iba a asumir el primer puesto en la revolución: lanzó desde Cartagena un manifiesto 15-XII-1812 para proseguir la lucha, y realizó algunas campañas con éxito en Nueva Granada, buscando su apoyo para reconquistar Venezuela; en los confines de esta derrotó a Ramón Correa, en Cúcuta (28-II-1813). Con el apoyo de Camilo Torres, presidente de Nueva Granada, y de Nariño, formó un ejército de granadinos y con huidos venezolanos, con el que reanudó la campaña, iniciando la segunda revolución de Venezuela, aunque el ejército realista subía a unos 15.000 hombres.

Se le había anticipado Antonio Nicolás Briceño, desde abril, quien proclamó en San Cristóbal la guerra sin cuartel, cumpliéndola atrozmente, hasta que fue derrotado en la zona de Barinas y fusilado. También otro grupo, con varios jefes famosos (Santiago Mariño, 1788-1854; Manuel Piar, 1782-1817; José Francisco Bermúdez, 1782-1831; y Antonio José de Sucre), por el oriente del país se apoderaron de Güiria (I-1813) y Maturín.

Preparó Monteverde la defensa ante la invasión, que comenzó Bolívar desde San Cristóbal el 15 de mayo de 1813, realizando una de sus más felices campañas: entró en Mérida el 30 de mayo y luego en Trujillo, donde el 15 de junio, dio su inhumano decreto de la guerra a muerte, que recargó el tono feroz que ya ostentaba la lucha, y contribuyó a sumir a Venezuela en lago de sangre; quiso replicar a los desmanes de los jefes realistas Antoñanzas, Francisco Javier Cerveriz, Antonio Zuazola, Francisco Rosete, José Yáñez y otros, y atraer a los venezolanos irremediablemente su causa, haciendo imposible la reconciliación con los españoles.

Salió Bolívar de Trujillo, pasó la cordillera, vencieron sus tenientes Ribas y Rafael Urdaneta (1788-1845) en Niquitao (1-VII), derrotó a Antonio Tízcar y se apoderó de Barinas (6-VII); había dividido su ejército en 3 divisiones: la de Ribas venció en los Horcones a Francisco Oberto (22-VII), y las de Urdaneta y Atanasio Girardot, con Bolívar por los Llanos, tomaron San Carlos (28-VII), anulando el frente realista. La victoria de Taguanes (31-VII) deshizo la resistencia y abrió a Bolívar el camino de Caracas, donde entró solemne, y algo teatralmente, el 6 de agosto.

Por oriente, Piar había derrotado a Monteverde en Maturín (25-V), y él y Nariño tomaron Cumaná (2-VIII), con ayuda de un escuadra mandada por e el aventurero italiano Giuseppe Bianchi. A los pocos días murió su defensor Antoñanzas. Juan Manuel de Cagigal evacuó Barcelona, y sus oficiales José Tomás Bobes (1782-1814) y Francisco Tomás Morales (1781-1844) se refugiaron en los Llanos, para levantar guerrillas. Monteverde se encerró en Puerto Cabello, donde, en vano, le sitió Bolívar, y por las derrotas sufridas —últimamente en Bárbula (30-IX), donde pereció Girardot, y en las trincheras— fue depuesto a fines de año, sucediéndole en la defensa de la plaza José Miguel Salomón y en la capitanía, Cagigal.

Bolívar, asesorado por Ustáriz, asumió la dictadura, que ya ejercía y que venía dispuesto a mantener, para que no se repitieran los errores de la primera República, en especial el federalismo y la debilidad del Gobierno. El 14 de octubre el ayuntamiento de la capital le nombró Libertador, título que usó en adelante, y en un cabildo abierto le confirmó la dictadura el 2 de enero de 1814, en el que se aludió a la futura unión con Nueva Granada, uno de sus ideal. Pero la segunda república venezolana se hallaba tan precariamente asentada como la primera.

La opinión popular seguía siendo hostil a los independientes, y Bobes y Morales tuvieron la habilidad de lanzar a la masa de los pardos, a la plebe, a los esclavos, contra la aristocracia y la burguesía criollas, como un ariete, en la feroz guerra de exterminio social y de raza. Bobes se convirtió en el ídolo de llaneros, a quienes reclutó por miles, utilizó como una máquina irresistible y les perdió todos los más bárbaros excesos: con el mismo pueblo venezolano, combatió con energía y eficacia a los partidarios de la emancipación.

A raíz del triunfo de Bolívar habían surgido partidas por muchos sitios, y seguían, como siempre, en poder de lo realistas Coro y Maracaibo. Mariño, a su vez, dueño de Oriente, mantenía una actitud hosca ante su rival Bolívar, y, pese a sus continuas peticiones, permaneció inactivo y sin en enviarle refuerzos, contribuyendo así a las derrotas de 1814.

La campaña final fue marcada por la derrota de Bobes y Morales por el peninsular insurgente Vicente Campo Elías, en la Puerta o el Mosquitero (14-X-1813), que hizo luego una matanza en Calabozo; la toma de Barinas por Yáñez (24-IX) y la de Barquisimeto por el gobernador de Coro, José de Ceballos, quien a poco, derrotó a Bolívar y Urdaneta, que acudieron a recobrarla, en el Gamelotal (10-XI); pero libertador derrotaba a Salomón en Vigirima (25-XI), y en Araure (5-XII) a Ceballos y Yáñez, pareciendo dueño ya de la situación.

Pero a comienzos de 1814 se agravó esta: el descontento por la ruina económica, los implacables reclutamientos, impuestos y requisiciones y abusos de unos y otros recaía sobre los independientes, como causantes de la guerra y mirados como herejes. Los jefes realistas no estaban aniquilados, a pesar de las últimas derrotas y de la muerte de Yáñez en Ospino (2-II-1814). Campo Elías fue vencido en la Puerta por Bobes (3-II) y derrotó, con Ribas, a Morales en la Victoria (13-II), cerrándole el camino de Caracas.

La guerra aumentó su salvajismo: Rosete exterminó a la población de Ocumare y Bolívar ordenó el de los prisioneros españoles en Caracas y la Guaira, que en número de unos 866 ejecutaron Leonardo Palacio y Juan Bautista Arismendi (13 a 16-II). Patriotas cultos y de buen origen, como Ribas, Mariño, Campo Elías, Urdaneta, se habían manchado asimismo con matanzas. Bolívar se multiplicaba y hacía increíbles esfuerzos por contener a Bobes, y aún lo consiguió por algún tiempo: le derrotó en San mateo el 28 de febrero y el 25 de marzo, y Mariño en Bocachica el 31 de marzo, haciendo levantar a Ceballos el sitio de Valencia.

Mariño, unido ya a Bolívar, perdió la batalla de El Arao (16 de abril), pero Bolívar ganó un aún su última victoria de esta campaña en Carabobo el 28 de abril, secundado por todos los jefes importantes, sobre Cagigal y Ceballos; pero Bobes reparó la derrota de los generales de profesión con su aplastante triunfo de La Puerta el 15 junio sobre Bolívar y Mariño. Allí pereció Antonio Muñoz Tébar (n. 1787), uno de los secretarios o ministros de Bolívar, y Bobes exterminó a los prisioneros, repitiendo sus hazañas al tomar Valencia (10-VII).

El 6-VI-1814 evacuó Bolívar Caracas y huyó también la mayoría de la población en un terrible éxodo, en el que perecieron millares de personas de todas las clases sociales. El 8 fue ocupada la capital, y poco después (el 16) llegó Bobes, dueño del país, menospreciando al inepto Cagigal. Continuó el avance al Este, y Bolívar y Mariño, traicionados por Bianchi, fueron depuestos en Carúpano por Ribas, Piar y Bermúdez, como culpables de la derrota, y estuvieron a punto de perecer, refugiándose en Nueva Granada (XI-1814).

Bobes tomó Cumaná (16-X) y terminó su terrible carrera en Urica (5-XII), luchando con los últimos jefes, que fueron vencidos. Quedaba Venezuela sometida, excepto la isla Margarita, dominada por Arismendi, y las guerrillas de Manuel Cedeno y de los futuros presidentes José Antonio Páez (1790-1873) y José Tadeo Monagas (1784-1868). Estaba el país arruinado, aniquilado física y moralmente, exterminada parte considerable de la población, destruidas muchas ciudades y pueblos.

Había regresado Fernando VII a España y, para someter a Costa Firme, envió la expedición de Pablo Morillo, que llegó a Venezuela en abril de 1815 con instrucciones de publicar un indulto y seguir una política humana. Arismendi se sometió en Margarita, perdonándosele sus crímenes. Instaló Morillo un consejo de guerra permanente contra los insidentes, y una Junta de secuestros, hasta que se restableció la audiencia de 1816.

Brilló por su humanidad, en esta terrible época, el regente de la audiencia José Francisco de Heredia, padre del poeta cubano José María de Heredia. Creyendo pacificada Venezuela, dejó Morillo como capital general a Salvador Moxó y partió a la reconquista de Nueva Granada, llevándose a Morales y su hueste 1805. Mientras sitiaba Cartagena, Arismendi se sublevó en Margarita, y allí desembarcó Bolívar el 3 de mayo de 1816, reanudando la revolución —la tercera— que conduciría ya a la independencia definitiva.

La Independencia definitiva

En resumen Bolívar desembarcó en el Oeste y Mariño y Piar en el Este; el poco éxito del primero motivó que sus dos rivales le expulsaran a Haití, pero, llamado por sus amigos, regresó en diciembre, prometiendo convocar un congreso y renunciar a la dictadura. Mariño intento formar gobierno propio (V-1817), apoyado por Cortés Madariaga, que fracasó y se disolvió, quedando Bolívar como único jefe y alma exclusiva de la independencia.

Piar, que adoptó una posición rebelde, acabó por ser fusilado (16-X-1817). Pero hubo de contemporizar Bolívar con Páez, convertido en uno de los jefes más importantes, al atraerse a los llaneros, que se pasaron en masa ahora a las filas pelos independientes, perdiendo la causa española su más firme apoyo. Bolívar no consiguió tomar Caracas, y llevó su base a Guayana, instalando su capital en Angostura (tomada en julio de 1817), lejos del poder de Morillo.

Aunque habían abolido la guerra muerte seguían las atrocidades, como el asesinato de 22 misioneros capuchinos, por culpa, probablemente, de Piar, decretó Bolívar la confiscación de bienes de todos los españoles y de los partidarios de la causa española. Empezó a recibir intenso apoyo de Inglaterra y de Estados Unidos, afluyendo millares de voluntarios ingleses y grandes cantidades de dinero y pertrechos, y Monroe reconoció la beligerancia a los venezolanos (1817).

López Méndez seguía en Londres, adonde, después, se envió a Francisco Antonio Zea (1770-1822). A los Estados Unidos había enviado (1812) a Manuel Palacios Fajardo, autor de una célebre exposición de las causas de la revolución —clásica ,en cierto modo—, y que estuvo después en Europa (1813 ss.), sin obtener gran éxito. Después fue representante en los Estados Unidos, Lino de Clemente (1818-1819), que no fue aceptado, por intervenir en cuestiones internas y en el problema de la Florida, y finalmente Manuel Torres (1818-1822), que allí falleció y que recibió el reconocimiento de la independencia por parte del presidente Monroe (1822), en el origen de cuya célebre doctrina tuvo alguna participación con sus ideas.

Fracasadas sus tentativas contra Morillo (batallas de Semén y Rincón de los Toros, 16 de marzo y abril 1818, planeó Bolívar un plan audaz y de gran alcance militar político. Había organizado un embrión de Gobierno, contemporizando con Páez y Mariño, cuya subordinación era precaria, y, a pesar de dominar una parte, la menos poblada de Venezuela, convocó un congreso en Angostura, abierto el 15-II-1819, en el que renunció su poder, siendo elegido, desde luego, presidente de la República, y se aprobó una Constitución, unitaria y liberal, sin las amplias facultades y tono jerárquico que hubiera querido Bolívar, pero que no llegó a regir (15-VIII-1819).

El 20 de noviembre había lanzado un desafío a la Europa monárquica, cuya intervención en pro de España se temía, declarando terminantemente la independencia y su negativa a una nueva unión. En 1819 efectuó su atrevida expedición a Nueva Granada, culminada en la victoria de Boyacá y la emancipación de este país, lo que reforzaba su ejército y posición y debilitaba extraordinariamente la de Morillo. Regresó enseguida a Angostura, y el Congreso aprobó el 17-XII-1819, la Ley fundamental de la República de Colombia, que unía Nueva Granada, Venezuela y Quito en un solo Estado, constante aspiración de Bolívar, nombrado su presidente, con un vicepresidente en cada parte, que fue Roscio, en Venezuela,; Francisco Antonio Zea fue enviado a Londres para gestionar el reconocimiento y un empréstito.

La Revolución española de 1820 paralizó la resistencia realista, y Morillo entró en negociaciones, baldías a la postre, concluidas por lo pronto en el armisticio de Trujillo (25 y 26-XI-1820), que humanizó la guerra, sin más resultados por rehusar España reconocer la independencia. Morillo dejó el mando y le sucedió Miguel de la Torre (14-XII-1820). Antes de acabarse el armisticio se apoderaron los independientes de Maracaibo (29-I-1821) y se reanudaron las hostilidades y se emprendió la última campaña, avanzándose sobre Caracas desde Este y Oeste.

La batalla de Carabobo (24-VI-1821), ganada por Bolívar, Páez y Mariño sobre la Torre, inteligentemente preparada, puso fin a la soberanía española, reducida a Coro y Maracaibo, recuperadas ambas por Morales, que se sostuvo en la segunda hasta el 3-VIII-1823, y Puerto Cabello, defendido por Sebastián de la Calzada y Manuel Correa hasta el 8-X-1823, en que se rindió a Páez. Aún quedaron algunas guerrillas realistas.

Relaciones con Nueva Granada

La unión con Nueva Granada fue sancionada por la Constitución unitaria de Cúcuta (30-VIII-1821). Tropas venezolanas acompañaron a Bolívar en sus ulteriores campañas por Suramérica, hasta Ayacucho, y caudillos venezolanos alcanzaron elevados puestos en otros países, además de Bolívar, como Sucre, Urdaneta y Flores, presidentes, respectivamente, de Bolivia, Colombia y Ecuador.

No se sentía la unión, y Páez, comandante militar de Venezuela, ofendido por el Gobierno colombiano, se insubordinó en 1826, y Bolívar hubo de reconocerle un mando (1824), que equivalía a reconstituir de nuevo el Estado venezolano, lo que efectuó oficialmente la convención de Valencia (6-V-1830), disgregando la Colombia bolivariana.

España reconoció a Venezuela en 1845. Venezuela fue uno de los países hispanoamericanos donde la lucha por la independencia alcanzó el máximo grado de intensidad; quedó la nación destrozada y las pérdidas humanas subieron a cientos de miles (más de 300.000). Se peleó con tenacidad y heroísmo, en una auténtica guerra civil, pues salvo los 10.000 hombre traídos por Morillo y algunos más, la inmensa mayoría de los combatientes fueron venezolanos, y la división no alcanzó solo a las masas, sino también a familias criollas; cuando regresaron los realistas, consolidada la independencia, por aversión a los patriotas y a Bolívar, se sumaron a Páez y a los enemigos de la Gran Colombia y pesaron en la separación de Venezuela y en la política sucesiva.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo N-Z, págs. 948-954.