Quedó el territorio uruguayo al margen de la colonización del Río de la Plata, concentrada entonces en el Paraguay, y ante sus costas pasaron o tocaron las diversas expediciones que se dirigía a este, a las comarcas argentinas o hacia el estrecho de Magallanes. Años después Martínez de Irala envió a Juan Romero para fundar un pueblo en la costa Arroyo San Juan —San Juan Bautista (1550)—, que hubo que evacuar a los dos años ante los incesantes ataques de los charrúas, primer intento colonizador en el actual Uruguay.

A fin de 1573 llegó el adelantado Juan Ortiz de Zárate, que hubo de combatir con los charrúas y habiendo sufrido muchas pérdidas, pidió auxilio a Juan de Garay, que derrotó a los indios, y Zárate, en el río San Salvador, fundó un pueblo, primero efectivo en el país (1574), abandonado en 1576. Hernandarias intentó someter a los charrúas por la fuerza, pero derrotado, acudió a la evangelización.

Dividida la gobernación del Paraguay en dos, al crearse la del Río de la Plata o Buenos Aires (1617), se llevó a cabo la primera tentativa de conversión, realizada por los franciscanos entre los chanás (1624 y el mismo año fundaron Santo Domingo Soriano. Comenzó así no solo la cristianización, sino también la colonización, introduciéndose ganado, que se reprodujo en grandes cantidades y cuya explotación constituyó por mucho tiempo la única actividad económica, sin practicarse la agricultura, aparte del contrabando con el Río de la Plata. La ganadería, explotada en favor de los vecinos de Buenos Aires, sostenía industrias de matanza, salazón y aprovechamiento de sebos y cueros.

En 1619 el jesuita Roque González de Santa Cruz había fundado la misión de Concepción frente al Uruguay; pero las numerosas reducciones que luego fundó la Compañía estuvieron más al N., en territorio que, aun correspondiendo a la llamada Banda Oriental, acabó por perderla esta en beneficio de Brasil. Ya por entonces los mamelucos y paulistas se dedicaban al bandidaje y, sobre todo, a la captura de indios sumisos de las misiones para llevarlos al Brasil como esclavos.

El conflicto con Portugal

En 1680 Portugal emprendió una tenaz labor de dominar el estuario de la Plata, con vista a explotar la ruta de penetración en la América española y el contrabando, y Manuel Lobo fundó la colonia del Sacramento, en el actual territorio uruguayo. España se alarmó y comenzó un largo conflicto por la posesión de Sacramento, conquistado muchas veces por los españoles y devolviéndose a Portugal al hacer la paz. El tratado de Límites de 1750 quiso resolver la cuestión, renunciando Portugal a Sacramento a cambio de siete pueblos de las misiones a la izquierda del río Uruguay, lo que provocó la resistencia india guerra guaranítica y la anulación del tratado.

Entre tanto, los portugueses trataban de extender más su señorío y se establecieron en 1723 en la ensenada de Montevideo, donde años atrás había existido una pequeña guarnición española puesta por el gobernador García Ros. El gobernador del Río de la Plata, Bruno Mauricio de Zabala, había recibido órdenes del gobierno español en varias ocasiones de fortificar los puertos de Montevideo y Maldonado en 1716, 1717, 1720 y 1723, sin llevarla a efecto por falta de medios. La última vez decidió impedir las expansiones portuguesas y procedió a la fundación de la ciudad de Montevideo. Ante sus preparativos militares se retiraron los portugueses y Zabala fortificó primero el puerto y colocó una guarnición, regresando el 2-IV-1724 a Buenos Aires.

La población de San Felipe de Montevideo —más bien fuerte— aparece citada ya el 19 de febrero. Por una Real Cédula de abril de 1725 ordenó el rey a Francisco de Alzáibar que llevara allí colonos gallegos y canarios, estableciéndose primero algunos procedentes de Buenos Aires y llegando a fin de 1725 algunas de las familias reclutadas por Alzáibar. Zabala dedicó sus esfuerzos al fomento de la nueva población. La fundación oficial como ciudad se efectuó el 20-XII-1729, deslindándose y partiéndose sus solares a fines de 1726, y el 1 de enero de 1730 se inauguró su cabildo municipal. Fundó Zabala un hospital y había empezado ya a construir una iglesia.

Para fomentar la población de Montevideo concedió Zabala, a quienes pasaran desde Buenos Aires, el pago del viaje, una estancia, un campo de cultivo, 200 vacas y 100 ovejas. Creció lentamente la población, que en 1749 fue declarada plaza fuerte y se le nombró un gobernador militar, siendo el primero José Joaquín de Viana (1751). El país fue colonizándose gradualmente, poblándose de estancias, y con unos límites vagos, que permitieron siempre las incursiones indias, el contrabando y el bandolerismo.

Fin del conflicto con Portugal

Continuaba la rivalidad hispano-portuguesa por la colonia de Sacramento, que seguía floreciendo. Después del fracaso del citado tratado de Límites, en el que se cedió el territorio al norte del Ibicuy y pueblos de Misiones, el tratado de El Pardo de 1761 anuló el anterior y volvió a la situación precedente, pero los portugueses no evacuaron lo ocupado y las negociaciones diplomáticas fueron estériles. Reanudadas las hostilidades, confirmó la paz de París de 1763 la posesión portuguesa de Sacramento, ocupada por Cevallos. En 1767 los portugueses ocuparon más territorios, efectuándose algunos choques con fuerzas españolas.

Ante la repetición de las usurpaciones portuguesas, se envió a don Pedro de Cevallos en 1776, creándose al mismo tiempo el virreinato del Río de la Plata; Cevallos llevó una gran expedición naval y terrestre, con la cual se apoderó de la isla de Santa Catalina, en la costa del Brasil, en 1777; el 4 de junio de este año hizo capitular la colonia de Sacramento; también se apoderó de los fuertes de Santa Tecla, Santa Teresa y San Miguel, y de la isla de San Gabriel, esta en la Plata, invadiendo luego Río Grande, cuando se firmó la paz de San Ildefonso (1-X-1777), por la que España devolvía Santa Catalina, y recibió definitivamente la colonia y las misiones cedidas en 1750.

Fueron apareciendo otras poblaciones en la Banda Oriental, como se designaba al territorio uruguayo; así Maldonado (1724), puerto a la salida del estuario; Canelones (1778), San Carlos, Paisandú, Minas, Las Piedras (1780), Mercedes (1791) y Rocha. Había cabildos o municipios en Montevideo, La Colonia, San José, Maldonado y Soriano. Al acabar el siglo XVIII tenía Montevideo 15.000 habitantes y el territorio en total unos 30.000

El comercio de Montevideo aumentó mucho con la implantación del Libre comercio, y en 1800 se importó de España por 1.300.000 pesos, y de productos extranjeros, por 626.000, exportándose por valor de 675.000; se traía mucho negro, creído indispensable para las labores agrícolas. Se exportaban productos de la ganadería, sobre todo cueros y grasas. Se beneficiaban también lobos marinos.

La Banda Oriental dependía en todo de Buenos Aires, y al crearse las intendencias, formó parte de la de la capital del Plata; pero crecía una rivalidad con esta por parte de Montevideo, cuyo tráfico iba en aumento, y donde había un importante núcleo de militares, marinos, funcionarios y comerciantes españoles. Montevideo estaba muy bien fortificada y era una de las mejores plazas fuertes de la América española.

En 1790 se comenzó la iglesia matriz. Muchas mejoras hubo bajo el gobierno de José de Bustamante, que llevó a cabo mejoras urbanas, construcciones y la edificación del faro. En 1804 le sucedió en el gobierno de Montevideo el brigadier de Marina Pascual Ruiz Huidobro, que continuó las mejoras, con la terminación de la iglesia matriz, la construcción de la casa del Ayuntamiento y de un lazareto. Para evitar incursiones de bandidos y contrabandistas se había creado el cuerpo de Blandengues para la vigilancia y seguridad de la campiña, y cuyo jefe más famoso fue Artigas; también perteneció a él Rondeau.

Contrastaba la ciudad con el campo; en aquella había peninsulares, con funciones oficiales o dedicados al comercio; los criollos y la masa popular, mezcla de varias razas de color. En los campos, los pulperos o pequeños mercaderes, los peones, indios, negros y mestizos, que trabajaban en las propiedades de los primeros y los gauchos, rudos, vagabundos, valientes y enemigos de toda ley y sujeción.

Dadas las condiciones en que se colonizó el Uruguay, no hubo florecimiento de la cultura. La enseñanza era dada por los curas, iniciándola en 1730 el sacerdote José Nicolás Barrales y luego los franciscanos al establecerse a mediados de s. (1761); también dieron enseñanza los jesuitas hasta su expulsión, no solo en sus misiones, sino en la capital. El Municipio creó una escuela pública y luego aparecieron otras privadas; la primera de niñas fue fundada por doña Clara Zabala de Vidal en 1795.

Hubo unas pocas escuelas en otras poblaciones. No existió enseñanza superior, salvo la cátedra de Filosofía de los franciscanos (1787). Tampoco hubo imprenta hasta 1807, introducida por los ingleses, y con ellos el primer periódico. A fines de la época colonial empieza su labor el sacerdote, escritor y naturalista, Dámaso Antonio Larrañaga, que tomó parte activa en la independencia. El ambiente en la Campaña (el campo) era semibárbaro, dada la incultura y desenfreno de los gauchos y demás gentes dedicadas al contrabando o al pastoreo.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, págs. 859-861.