República Dominicana Independiente

De Ramón Ezquerra

La primera etapa independiente

La República Dominicana no gozaría de paz en su vida independiente: continuas revoluciones, cambio vertiginoso de presidentes, dictaduras, desorden, instituciones puramente nominales, escaso desarrollo económico, harían de la antigua Santo Domingo uno de los países americanos más alejados de la estabilidad y de la paz interna. Además durante mucho tiempo pesaría sobre la República la amenaza de Haití, pues este no se resignaba a la pérdida de la parte oriental de la isla, y ello causaría una constante aspiración a un protectorado de otra potencia. Por otro lado, la situación estratégica de la Dominicana la convertirían en objeto de otras ambiciones extranjeras.

Santana dio la primera constitución (6-XI 1844); ante el peligro haitiano buscó la protección de Francia o de España, sin resultado, aunque ofreció Samaná la primera. Gobernó dictatorialmente y quiso tener paz con Haití, manteniendo la abolición de la esclavitud y respetando a los proletarios haitianos, sin lograrlo. Sobrevino una invasión haitiana en 1845 de nuevo, que sufrió una gran derrota en la Sabana de la Estrelleta (17-XI) y al año siguiente se consiguió el reconocimiento por parte de algunos países.

Renunció Santana en 1848 ante la grave crisis económica ocupando la presidencia el incapaz Manuel Jiménez, y se sucedieron las invasiones haitianas, una que capturó al inepto general Alcántara; otra de Soulouque, que hizo correr grave peligro a la Dominicana, y que fue derrotado por Santana en el paso de las Cerreras (IV-1849) e incendió Azúa en su retirada. Buenaventura Báez, elegido presidente por indicación de Santana y con un programa progresista (1849), pidió auxilio a las potencias extranjeras, sin evitar otra invasión de Soulouque, siendo de nuevo derrotado en Neiba y acordándose una tregua por mediación franco-inglesa.

Volvió Santana a la presidencia en 1853, amplió el período presidencial y creó la vicepresidencia. Aprovechando la Guerra de Crimea invadió de nuevo Soulouque la República Dominicana con tres ejércitos (1855), siendo derrotado en la Sabana de Santomé, el Cambronal y en una nueva tentativa, en Sabana Larga. Las victorias eran fruto de la capacidad de Santana. De nuevo fue presidente Báez en 1856, derribado pronto por Santana. La crisis económica era profunda y la hacienda, arruinada.

La reincorporación a España

El desorden, la anarquía y las continuas guerras civiles, con la falta de estabilidad política, ocasionaron que un grupo de dominicanos pensara asegurar la paz, colocándose de nuevo bajo la soberanía española. Ya se había hecho una gestión en este sentido en 1843 cerca del gobernador de Cuba. En 1857, Santana, era el nuevo presidente, intentó realizar la reincorporación, obsesionado, además, por el peligro haitiano, y envió un delegado con ese objeto. En 1860 escribió a Isabel II pidiéndole la anexión y asegurando que una parte considerable del pueblo la deseaba. Gobernaba entonces O'Donnell, muy partidario de desarrollar una política internacional activa y hasta imperialista. Apoyaba la anexión Serrano, capitán general de Cuba a la sazón. Santana logró que se votara la reincorporación, que tenía muchos enemigos, y se proclamó por el acta de 18 de marzo de 1861, en que se renunciaba la soberanía en la reina de España, y que fue aceptada por Real Orden de 19 de mayo de 1861, obligado el Gobierno español por la iniciativa dominicana.

No se opusieron con fuerza los Estados Unidos, enfrascados en la guerra de Secesión. La incorporación resultó desgraciada y origen de una agotadora guerra, sin que España ni Santo Domingo hallaran las ventajas buscadas. Muchos enemigos de la anexión se refugiaron en Haití y otros países y promovieron continuas sublevaciones. Desde Haití efectuaron una invasión José M.a Cabral y Buenaventura Báez, que fueron derrotados. Sánchez cayó prisionero y fue fusilado (1861). Otro jefe insurrecto importante fue Gregorio Luperón, Santana había sido nombrado gobernador y capitán general por España, hasta 1862, habiéndosele concedido el título de marqués de las Cerreras.

Una nueva sublevación estalló en 1863, en tiempo del capitán general Felipe Rivero, proclamando la República José Cabrera y Benito Monción (16-VIII), y ya no cesó la guerra; tomaron los insurgentes Puerto Plata, Santiago de la Vega y Azúa, cometiendo fuertes excesos y manifestándose gran odio a España. José Salcedo formó un Gobierno independiente. Realizaron campañas Rivero, Carlos de Vargas, Santana (que murió en 1864) y José de la Gándara, último capitán general (1864-65), que escribió el relato de la ocupación y de la guerra.

A comienzos de 1864, atacaron los independientes la capital, rechazándolos Alfau, que recobró San Cristóbal, sede del gobierno de aquellos. Una gran expedición española tomó Monte Christi, en el Norte, sin conseguir el resultado previsto, que era cortar las comunicaciones de los insurgentes con el exterior, siendo ineficaz el bloqueo. También se recuperó Puerto Plata, pero la insurrección no terminaba. Entabladas negociaciones con Salcedo, que estaba dispuesto a capitular, fue asesinado, sucediéndole Gaspar Polanco.

Narváez se mostró decidido a abandonar Santo Domingo, convertido en un fuerte desgaste para España, viendo la falta de unanimidad y espontaneidad en la anexión que habían hecho creer sus partidarios y que la guerra era de conquista, contra la norma adoptada por España. La opinión del gobierno era adversa a la conservación de la isla, y la guerra se mantenía solo por pundonor. Se oponía la reina al abandono, pero Narváez impuso su criterio, y se ordenó a Gándara la suspensión de las operaciones y la concentración de las tropas españolas. Aprobaron las Cortes la evacuación (1-V-1865) y llegó la orden en 28 de mayo de 1865.

Se negoció con el gobierno dominicano un acuerdo (6-VI-1865) por el que se reconocía que debía la independencia a la generosidad de España, y se pactaba respeto a sus partidarios, una indemnización, y que no se enajenaría el país o parte de él sin permiso de España, tratado que anularon luego los independientes. La capital fue evacuada el 11 de julio de 1865. El nuevo presidente era Cabral. Probablemente la ventaja buscada por los fautores de la incorporación —la defensa contra Haití— se hubiera logrado por otro procedimiento, que hubiese mantenido la independencia más o menos nominalmente, y que evitase a España una aventura ruinosa y estéril, en la que se actuó inhábilmente. Hasta 1875 no se reanudaron las relaciones entre España y la República Dominicana.

La restauración de la independencia y el tránsito al siglo XX

Durante la guerra contra España se habían sucedido varios presidentes insurrectos; en 1865 una convención eligió a Pedro A. Pimentel, pronto sustituido por Báez y una Asamblea Nacional en 1866 dio otra constitución y eligió a Cabral (1866-1868), que intentó reanudar las relaciones con España, firmó un tratado de comercio con los Estados Unidos e hizo gestiones para arrendarles Samaná. Derribado por Báez, dio este otra constitución y contrató un empréstito en Inglaterra que causó la inflación.

La propuesta anexión a los Estados Unidos fue rechazada afortunadamente por el Senado norteamericano, pero Báez les arrendó la bahía de Samaná. Caído en 1873, su sucesor Ignacio M. González anuló el arriendo y convocó otra asamblea y hubo otra constitución. Durante varios años hubo un desfile algo vertiginoso de presidentes, González, Báez, Luperón, entre otros, incluso un eclesiástico, el padre Meriño, en el nuevo período bienal (1880-1882). En 1877 el prelado italiano Roque Cocchia anunció haber descubierto los restos de Colón, que no habrían sido llevados a La Habana por tanto, y el hecho provocó polémicas y la duda que subsiste sobre los verdaderos restos.

De 1889 a 1899 ejerció el mando el dictador general Ulises Heureaux, el negro Lili, que ya había sido presidente en 1882 -1884 y 1887-1889. Su arbitrariedad y actos de tiranía acarrearon su asesinato. Como remedio a la mala situación había intentado una vez más el protectorado norteamericano. A su muerte se fueron sucediendo varios presidentes, pero también creció enormemente la deuda extranjera y el temor de los Estados Unidos a que sirviera de pretexto a intervenciones de otros países.

Desde 1888 las aduanas estaban intervenidas por los acreedores extranjeros, Juan Isidro Jiménez (1899-1902) quiso reorganizar la Hacienda, suprimió los impuestos a las exportaciones y los agentes extranjeros en las aduanas, e intentó un acuerdo con los acreedores, consiguiéndolo más fácilmente de los europeos. En 1907 un acuerdo con los Estados Unidos les concedió el derecho de administrar las aduanas como garantía y a cambio de asumir la deuda, dedicando el 45 por 100 de los ingresos al gobierno y el resto a la amortización, lo que colocó al país en situación colonial, pero mejoró la hacienda y se rebajó la deuda, a lo que contribuyó un empréstito de 20.000.000 de dólares con ese objeto y fomentar las obras públicas. El presidente norteamericano Th. Roosevelt, que firmó tal acuerdo, anunció que no podrían las naciones europeas cobrar por la fuerza sus deudas en América.

El firmante dominicano era el general Ramón Cáceres, el matador de Heureaux, que gobernó de 1906 a 1911 dio otra constitución, procuró gobernar bien y cayó también asesinado. Entre sus sucesores figuró el arzobispo de la capital Mons, Adolfo A. Nouel, designado interinamente y para buscar imparcialidad (1912-1913).

La ocupación norteamericana

No obstante siguió el desorden político y la rápida sucesión de jefes de Estado. Una comisión norteamericana presentó un proyecto de gobierno provisional que restableciera la tranquilidad y un acuerdo de varios partidos eligió a Ramón Báez (1914) y definitivamente a Juan Isidro Jiménez, derribado en 1916. Se desenvolvía entonces la primera Guerra Mundial y los Estados Unidos deseaban seguridad en el Caribe, aparte de que atravesaban una etapa expansionista. Ya se había ocupado Haití y en ese año el almirante Caperton desembarcó en la Dominicana (15-IV). Wilson, el presidente yanki, pidió la entrega de la hacienda y del ejército a los norteamericanos. Se negó el nuevo presidente Francisco Henríquez y Carvajal, y la ocupación se hizo total, por el capitán de navío Knapp, suprimiéndose todo gobierno nacional.

La ocupación norteamericana duró hasta 1922 con un gobierno militar; mejoró la Hacienda, restableció el orden y fomentó las obras públicas, pero anuló las libertades y reprimió severamente toda rebeldía. El presidente Harding puso fin a la ocupación en 1922, mediante un acuerdo firmado en Washington el 30 de junio con una representación de los diversos partidos. Sin embargo, continuó la intervención de la Hacienda. Sé procedió a elegir un presidente provisional, Juan Vicini Burgos, que tomó posesión el 21 de octubre del mismo año. En 1923 hubo elecciones para la nueva cámara y que ratificase el tratado. Pero no se evacuaron del todo las tropas hasta 1924. En este año entró el nuevo presidente general Horacio Vásquez, que hizo redactar una nueva constitución, que establecía la vicepresidencia, la abolición de la pena de muerte, prohibía la reelección inmediata e introducía el sufragio universal; luego se alargó al período presidencial a cuatro años. Cayó Vásquez en 1930.

La Era de Trujillo y la posterior

En 1930 fue elegido presidente Rafael Leónidas Trujillo, que gobernó por sí o por mandatarios suyos hasta 1961 (1930-1938 y 1942-1952), con el intermedio de Jacinto Peynado (1938-1940) y Manuel J. Troncoso (1940-1942) y la sucesión nominal de su hermano Héctor Trujillo (1952-1960). Trujillo gobernó de un modo radicalmente autoritario y arbitrario, como si la nación fuera una propiedad suya; anuló toda oposición e impuso unas normas de adulación que culminaron en el cambio de nombre de la capital por el de Ciudad Trujillo, recuperando su vieja denominación a su muerte.

Por otra parte hizo progresar el país, hubo mejoras económicas y culturales, acabó por un acuerdo con los Estados Unidos con el organismo que seguía interviniendo las aduanas; fundó un Banco de Reservas; se liquidó la deuda exterior, combatió el analfabetismo, se construyeron vías de comunicación, dio el voto a la mujer y hubo una etapa de paz y de estabilidad. Pero su régimen tuvo muchos enemigos, empezando por los desterrados y fugitivos, que mantuvieron una constante agitación contra él, y desde 1947 realizaron varias tentativas para derribarlo desde fuera. No faltaron conflictos con Haití.

Trujillo era, además, generalísimo del ejército y las cámaras le otorgaron el poder de declarar la guerra, lo que fue interpretado como una amenaza contra los países que se le mostraban hostiles, especialmente Costa Rica, Cuba y Venezuela, por lo que recibió una advertencia de la Organización de Estados Americanos (1950) y aseguró que actuaría dentro del sistema pacíficamente y renunció a aquellos poderes. La Legión del Caribe formada por aventureros y exiliados amenazó de nuevo a Trujillo con ayuda de Guatemala y por tres veces efectuó intentos de destruir su régimen. El triunfo de las tendencias democráticas en la posguerra fueron creando un ambiente cada vez más difícil para Trujillo. La reunión de ministros de Relaciones Exteriores americanos de Santiago de Chile condenó los regímenes dictatoriales (1959) y en 1960 la reunión de San José de Costa Rica recomendó sanciones contra la Dominicana mientras durara el régimen de Trujillo.

Coincidían estos ataques con el triunfo del castrismo en Cuba. Dejó Trujillo la presidencia a Joaquín Balaguer y en 30 de mayo de 1961 fue asesinado. Hubo que dar marcha atrás y la familia del dictador, enormemente enriquecida tuvo que abandonar el país. La agitación no fue entonces excesiva, pero Balaguer no pudo sostenerse y fue objeto de un pronunciamiento del general Rodríguez Echevarría, que no fue reconocido y ambos hubieron de dejar la presidencia a Rafael Bonelly. A fines de 1962 las primeras elecciones presidenciales dieron el triunfo a Juan Bosch, de tendencia izquierdista, por lo que fue derribado en septiembre de 1963, haciéndose cargo del poder una junta militar, hasta que en abril de 1965 estalló un movimiento en favor de Bosch, hundiéndose el país en la guerra civil.

Ante lo ocurrido en Cuba, los Estados Unidos desembarcaron fuerzas para restablecer el orden e impedir el triunfo de los extremistas; pero esta acción provocó tantas críticas y oposición, que el asunto fue encomendado a la O.E.A., que se hizo cargo del envío de fuerzas y logró en agosto un acuerdo entre los partidos rivales para el nombramiento de un presidente provisional, Héctor García Godoy, realizándose nuevas elecciones en mayo de 1966, saliendo elegido de nuevo Balaguer.

Aunque parece que hubo imprenta en el siglo XVIII, en realidad no funcionó regularmente hasta 1821 y después de la independencia no apareció el primer periódico en el mismo año. Varios escritores de otros países eran de familia dominicana, como Domingo del Monte, los Foxá, el poeta Heredia. En la isla vivió Hostos desarrollando su labor educativa. Figuras destacadas han sido el novelista Manuel de Jesús Galván, el poeta Gastón F. Deligne, Salomé Ureña de Henríquez, Federico Henríquez y Carvajal, y los ilustres críticos y literatos Max. y Pedro Henríquez Ureña, familia que ha honrado durante un s. la cultura dominicana. Fabio Fiallo, Tulio M. Cestero, los historiadores Antonio del Monte y Tejada, Héctor Inchaustegui y Emilio Rodríguez Demorizi.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, pág. 610-613.