La Independencia de Santo Domingo

La revolución haitiana y la ocupación francesa

Muy decaída la más antigua colonia española en América durante el siglo XVII, se recuperó algo durante el XVIII, por la inmigración, el libre comercio y la fundación de nuevas poblaciones; pero contrastaba con la prosperidad de la parte francesa de la isla (Saint-Domingue), que era una de las colonias más ricas que existían, pero con hondo desequilibrio social, por estar formada por una minoría de blancos y una gran masa de esclavos negros, sometidos a duro trato; en Santo Domingo predominaba la población libre, y el negro estaba mejor tratado. La Revolución francesa repercutió en la parte francesa, adoptando muchos criollos los principios revolucionarios, pero sin estar dispuestos a la emancipación de los esclavos, ni a admitir igualdad con los mulatos, que asimismo se hallaban en una situación inferior, y que también adoptaron las doctrinas de la Revolución, lógicamente favorables a sus reivindicaciones.

Se formó una Asamblea general, que excluyó a los hombres de color, mientras los blancos se dividían en republicanos y realistas. La Asamblea Nacional francesa reconoció a los mulatos los derechos de ciudadanos, pero les fueron retirados por presión de los blancos. Se sublevaron los mulatos, mandados por Vincent Ogé (1791), que, habiéndose refugiado en la parte española, fue entregado a los franceses y ejecutado, lo cual provocó una insurrección de negros, dirigidos por Boukman, Bissou y Jean François, y empezó una feroz guerra de exterminio de carácter social y racial, complicada, desde 1793, con otra internacional, al estallar la guerra entre la República Francesa y España e Inglaterra; estas ayudaron a los monárquicos y a los negros contra los criollos republicanos; los mulatos excluidos de derechos, se unieron a los negros y reinó un completo caos. España pensó en la recuperación de la parte francesa y el gobernador Joaquín García Moreno pidió auxilios a Cuba y México; Aristizábal sorprendió Port Dauphin y Bayajá, pero se fracasó por la inercia de García Moreno y la defección de Louverture.

En 1793, el comisario de la Convención, Sonthonnax, abolió la esclavitud. A raíz de la ejecución de Luis XVI, varios jefes negros se pasaron a Santo Domingo, entre ellos Biassou y Toussaint Louverture, y fueron admitidos como oficiales del ejército español y tomaron parte en las campañas contra Francia, llevando a ellas rasgos de crueldad y exterminio, como ocurrió en la toma de Bayajá; pero al ver la actitud favorable de la República, volvieron a su servicio (1794), y Louverture, que pronto fue el jefe indiscutible de la zona francesa, expulsó a los españoles de ella.

Retrato del general Toussaint LouvertureRetrato del general Toussaint Louverture

En 1795, por la paz de Basilea, cedió España su parte de la isla a Francia, aunque la cesión efectiva tardó algunos años, durante los cuales fueron llevados a La Habana los restos de Colón; se ordenó el traslado de la Audiencia en 1799 a Puerto Príncipe (Camagüey), y muchos habitantes emigraron a Cuba, originando algunas conocidas familias criollas. También huyeron algunos jefes negros Biassou, Jean François enemigos de Louverture y que seguían en territorio español, pero no se les admitió en Cuba, para que no propagasen la rebelión. Louverture, jefe militar de la isla desde 1797, por nombramiento del Gobierno francés, emancipaba a sus hermanos de raza y se iba aniquilando el elemento blanco, actuando en la práctica de modo completamente independiente.

En 1798 consiguió la retirada de las tropas inglesas; en 1800 ocupó la parte española, aunque en nombre de Francia, y se apoderó de la capital, 26 de enero de 1801, con su ejército de negros, poniendo fin al mando del último gobernador, Joaquín García Moreno, que había llevado la guerra anterior, y a cuyas órdenes había estado el caudillo negro. Convocó una asamblea a la que asistieron cinco españoles, la cual proclamó la autonomía de la isla el 1 de julio de 1801. Louverture era, no obstante su origen, un hombre inteligente, y que hubiera querido constituir una nación con las tres razas, aunque bajo la hegemonía de los de color, Louverture dejó a su hermano Paul en el mando de Santo Domingo.

Napoleón decidió poner fin a la situación de Haití y someter a los negros, enviando en 1802, un ejército a las órdenes de su cuñado Leclerc, que ocupó la ciudad de Santo Domingo y Kerversau reconquistó la parte española, capturándose luego a Louverture; pero el clima diezmó a su ejército, pereció el mismo, y, en 1803, su sucesor Rochambeau (hijo del que participó en la Independencia de los Estados Unidos) tuvo que capitular ante los ingleses. Sostuvieron la lucha los caudillos negros Jean Jacques Dessalines y Henri Christophe, que proclamaron la total Independencia de la isla con el viejo nombre indio de Haití, en 19 de enero de 1804, siendo el segundo país americano que se hizo independiente. Sin embargo, continuaron ocupando los franceses la ciudad de Santo Domingo, y el gobernador Ferrand resistió dos invasiones negras, en 1804 y 1805, de modo que la antigua parte española siguió en poder de Francia, pero en plena decadencia, por la cuantiosa emigración y la extinción de las clases elevadas.

La recuperación española y la proclamación de la Independencia

Al comenzar la guerra de la Independencia española, los emigrados dominicanos pensaron libertar Santo Domingo de la dominación francesa y reintegrarlo a España, llevando a cabo la empresa el grupo refugiado en Puerto Rico, dirigido por el oficial dominicano Juan Sánchez Ramírez, huido por conspirar contra los franceses, desembarcó en 1808 y cundió rápidamente la sublevación, siendo nombrado brigadier aquel jefe, que recibió plenos poderes del gobernador de Puerto Rico, Toribio Montes (que lo fue de Quito). Derrotó en Palo Hincado (noviembre, 1808) a Ferrand, que murió en la batalla.

Coordinó Sánchez Ramírez los esfuerzos, formó un ejército y fue ayudado por la escuadra inglesa. Los franceses se defendieron en la capital, donde sostuvieron un duro sitio, dirigidos por Du Barquier hasta que capitularon, el 8 de julio de 1809. Sánchez Ramírez murió a poco. La antigua parte española fue reincorporada a España, sin oposición de los haitianos, divididos entonces, y el tratado de París (1814) confirmó la devolución. El país se encontraba arruinado, aunque regresaron muchos emigrados y se gozó de tranquilidad, llamándose a este periodo la España boba. La revolución por la independencia de la América española repercutió también en Santo Domingo, y se conspiró en 1820, siendo gobernador Pascual del Real.

El teniente general José Núñez de Cáceres (1772-1846) proclamó la independencia de Haití español, el 30 de noviembre de 1821, aunque no contaba con demasiados partidarios, entre otros motivos por el temor a los haitianos. En efecto, la independencia no fue viable entonces. Para evitar el ataque negro, se declaró unido Santo Domingo a la Colombia de Bolívar, que en uno de los momentos culminantes de la emancipación, no pudo hacer nada por socorrerlo. A las nueve semanas, ocurrió la invasión haitiana, y el presidente Boyer se apoderó de la capital, el 9 de febrero de 1822, sin que se atreviera Francia a conceder el auxilio que se le pidió.

La anexión de Haití

Fue anexionado Santo Domingo a Haití; se abolió la esclavitud, imponiendo a los negros emancipados que abandonaran las casas y los amos, se persiguió a los blancos, procurando despojarles de sus propiedades y se trató de fomentar la colonización negra, incluso con negros procedentes de los Estados Unidos. Haití tuvo que pagar por su reconocimiento una cuantiosa indemnización a Francia, por las confiscaciones hechas, y esa deuda pesó también onerosamente sobre Santo Domingo.

El sentimiento nacional dominicano era enemigo del yugo haitiano, inferior, además, en cultura, y en 1843 estalló la lucha por la independencia, dirigida por Juan Pablo Duarte (1813-1876) y Francisco del Rosario Sánchez. Habían preparado la insurrección las sociedades La Trinitaria y La Filantrópica. Duarte había ayudado a derribar al presidente Boyer en 1843, pero se enfrentó con su sucesor Rimiere Hérard, que ante un triunfo electoral dominicano, depuso a los elegidos y persiguió a los patriotas. El 27 de febrero de 1844 capituló la guarnición haitiana de la capital; se proclamó la independencia y se formó una Junta provisional que llamó a Duarte en el destierro, y el país se unió a los libertadores. La invasión de Hérard fue rechazada, en Azúa por Santana, con devastaciones en su retirada.

Triunfó la independencia en 1844 y se constituyó la República Dominicana, cuyo primer presidente fue el conservador Pedro Santana, que triunfó sobre Duarte, proclamado a su vez presidente por los liberales en el Cibao. España reconoció su independencia en 1855 (tratado que firmó Rafael M. Baralt), tras haber rehusado aceptar el protectorado que se le ofreció (1854).

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, pág. 608-610.