Perú Independendiente

Primeros años de independencia

La historia de los primeros veinte años independientes registra el choque de las fuerzas sociales de distinto signo que se disputan la posesión del poder. Es la lucha entre la antigua oligarquía virreinal y el nuevo espíritu democrático. La República fue fundada el 26-I-1827 y desempeñó la presidencia interinamente el mariscal Santa Cruz, presidente de Bolivia, hasta el 19-I en que fue elegido José de la Mar y Cortázar (1827-29), militar, que incorporó Guayaquil al Perú, luchó con Bolivia y Colombia, pero fue derrotado (1829) por Agustín Gamarra, militar también, que entró en Lima y se alzó con la presidencia (1829-33).

Gamarra comenzó la construcción de un muelle en El Callao. Luis José Orbegozo (1833-35) sucedió a Gamarra y fue depuesto por sus ideas democráticas; habiéndose ausentado de Lima, el general Felipe s. de Salaverry se erigió en dictador (1835-1836); este entabló guerra con Bolivia y al ser derrotado por Santa Cruz fue fusilado. Santa Cruz asumió el poder (1836-39), estableciendo la Confederación Perú-Boliviana. En 1839 Gamarra subió de nuevo a la presidencia hasta 1841, en que murió luchando contra Bolivia, a pesar de haber alcanzado un señalado triunfo.

La paz se firmó el 7-VI-1842, siendo presidente Manuel Menéndez (1841-42), al que siguieron varios presidentes que se sucedieron en el mando turbulentamente. Estos son: Juan C. Torrico (1842-43), Francisco Vidal (1843), Manuel I. de Vivanco (1843-44), Manuel Menéndez (1844-45). Aparece entonces en la presidencia la persona que sistematizará la República, dándole contenido social y económico, y dotándola de estabilidad política por veinte años. Esta persona fue Ramón Castilla. Sus ideas políticas eran conservadoras.

Durante su gestión se restableció el comercio, aumentaron las rentas públicas, aparecieron nuevos recursos económicos, como la explotación de los depósitos de guano de las islas del Pacífico; se inauguró una línea telegráfica y un ferrocarril que unían Lima y El Callao; comenzó el servicio de deuda exterior, creado por empréstitos, mientras se consolidaba la interior.

En 1851 sucedió a Castilla el general José R. Echenique (1851-54) y de nuevo volvió la corrupción al gobierno peruano, dándose un paso atrás conforme a la obra de Castilla. Este se sublevó en 1854 y derrotó a Echenique en la batalla de la Palma, empezando el segundo periodo presidencial de Castilla, que se extendió hasta 1862. En este periodo se abolió la esclavitud de los negros y el tributo personal de los indios; se promulgó una nueva Constitución que estuvo en vigencia hasta 1919; sustituyó por dos vicepresidentes el Consejo de Estado; estableció el mandato presidencial en cuatro años; construyó el ferrocarril de Arica a Tacna.

En 1859 el Perú declaró la guerra al Ecuador, al que venció y concedió una paz generosa. Perú alcanzó gran crédito en el exterior. La actuación de Castilla que de signo dictatorial, pero su política benefició al Perú, dándole orden y estabilidad muy necesaria en estos primeros años.

De Castilla a la Guerra del Pacífico

Sucedió a Castilla el general Miguel San Román (1862-63) y a la muerte de este subió a la presidencia Juan A. Pezet (1863-65). Durante el mandato de Pezet surgió un conflicto con España (1868) a causa de ciertos débitos. Una escuadra española, al mando del almirante Pareja, se apoderó de las islas Chinchas (14-IV-1864). Se firmó un tratado (27-I-1865) que fue mal recibido por los peruanos; estos se sublevaron en Arequipa, acaudillados por el general Mariano Ignacio Prado, que asumió el mando como dictador (1865-1868) formó una cuádruple alianza con Chile, Ecuador y Bolivia y se declaró la guerra a España (14-I-1866). La escuadra española al mando de Méndez Núñez, bombardeó Valparaíso y El Callao. A Prado le sucedió José Balta (1868-72), que firmó una tregua con España (1871) debido a la intervención de Estados Unidos. En este periodo se inició la construcción de los ferrocarriles transandinos.

Al finalizar el gobierno de Balta se produjo un movimiento democrático que fundó el Partido Civil, en contra del militarismo imperante y a duras penas este nuevo partido logró el triunfo, alcanzando su candidato la presidencia; Manuel Pardo (1872-76) desarrolló una gran política educativa, dando notable auge a la enseñanza. Durante el segundo mandato de Mariano Ignacio Prado (1876-80) se firmó la Paz de París (14-VIII-1879) que terminaba el conflicto bélico definitivamente con España.

Pero en 1876 había comenzado la guerra del Pacífico o salitrera que constituyó un grave tropiezo para el desenvolvimiento económico del Perú, ya que el salitre era la principal fuente de riqueza explotada en el país. El triunfo chileno es rotundo, sobre todo en las campañas terrestres. La paz se firma en 1884, después de cesar las hostilidades por el tratado de Ancón (20-X-1883). Perú perdió sus ricas provincias salitreras de Tarapacá, Tacna y Arica, bien que estas dos solo por diez años. Además se había sufrido la ocupación de Lima por las tropas enemigas.

Sumando al daño que la guerra había supuesto para la economía, se añadía la pérdida de las salitreras, que constituían una fuente de riqueza irreparable, y todavía había que agregar los daños en los cultivos y la desaparición de la mano de obra. Todo esto se unió a un periodo de crisis en el gobierno.

Los últimos años del siglo XIX

Nicolás Pierola (1880-81) saneó la moneda y atrajo capitales extranjeros y técnicos que pusieron la región de la costa en explotación. Sus sucesores fueron: Francisco García Calderón (1881), Lisardo Montero (1881-1883), que ostentó el poder durante los años de la guerra; Miguel Iglesias (1883-86), que firma la paz.

Pero una vez finalizada la guerra con Chile comienza la guerra civil entre Iglesias y Andrés A. Cáceres, que alcanzará la presidencia (1886-90). Cáceres restablece la paz interna, reorganiza las finanzas y cancela la deuda exterior. Se distinguían en este momento claramente dos partidos, por una parte los seguidores de Cáceres o partido constitucional y por otro los de Pierola, denominado partido demócrata.

Durante el gobierno de Agustín Morales (1890-1894) hubo levantamiento populares fomentados por Pierola. A la muerte de Morales hubo elecciones, de las que salió vencedor Cáceres, inaugurando sus segundo mandato (1894-95). Pierola entonces se lanzó a la revolución (1894-95) y tomó Lima al frente de las guerrillas. En la capital hubo un terrible combate que duró dos días, al cabo de los cuales la ciudad estaba sembrada de cadáveres. Pierola se hizo con el poder y comenzó su dictadura (1895-1899), apoyando su revolución en el quebrantamiento de la Constitución, ya que a la muerte de Morales no le había sucedido el vicepresidente, como era lo establecido, sino que se habían convocado elecciones de las que había salido elegido Cáceres, jefe del partido constitucional.

El presidente fundamentó su política en el renacer económico; estableció un nuevo régimen monetario cuya base era el oro; llevó a Perú una misión militar francesa para que organizara el ejército con el fin de que este salvaguardara al país de la lucha de los partidos. Hizo una Declaración de principios del partido demócrata, siendo el primer político peruano que anunciaba sus ideas políticas. Pese a ser el jefe del partido demócrata, su gobierno fue de signo aristocrático, se rodeó de familias patricias, ya que este era su origen, y practicó sus aficiones a tono con este carácter.

El Perú de la primera mitad del siglo XX

A Pierola le sucedió el ingeniero Eduardo López de la Romaña (1899-1903), y a este Manuel Candamo (1903-04) y Serapio Calderón (1904). José Pardo y Barreda (1904-1908) dedicó gran interés a la educación pública y la puso bajo la dirección técnica del Estado; creó las Escuelas Normales, de Artes y Oficios, de Sericultura, el Instituto Histórico y la Escuela Superior de Guerra. Comenzó a elaborarse una legislación social-laboral; inspirador de esta fue el legislador José María Manzanilla. Augusto Leguía (1908-13) fue el continuador de Pardo, manteniendo el ritmo de recuperación económica; resolvió la cuestión de límites con Bolivia, Ecuador y Colombia; inauguró el ferrocarril de Lima a Huacho; promulgó la Constitución de 18-I-1920; dominó dos revoluciones de signo demócrata.

Su sucesor fue Guillermo Billinghurst (1913-14), que fue derribado por Oscar Benavides (1914-16). A este sucedió José Pardo (1916-18), que en este segundo mandato tuvo que afrontar las repercusiones de la gran guerra europea. La escasez de productos en los países beligerantes provocó la demanda de algodón, lana, petróleo, cobre, azúcar, etc.; se intensificaron los cultivos para atender a esta creciente demanda y a la par se produjo un aumento considerable del coste de la vida, con lo cual hubo una notable subida de los salarios. Como no había barcos suficientes para atender a este comercio, se produjo una grave crisis de transportes.

Todo esto produjo un malestar grande y surgió de nuevo en la política del país Augusto Leguía, que si antes había abandonado el poder entre el descontento general, ahora se apoyaba en las clases medias y populares, cuya importancia se había señalado durante la guerra, y volvió a la presidencia de nuevo (1918-30). Promulgó una nueva Constitución (1920) y de ella surgió el concepto de Patria Nueva; en esta Constitución se afirmaba que el presidente podía ser reelegido indefinidamente. Leguía solucionó con éxito la vieja cuestión de Arica y Tacna, consiguiendo que esta volviera a Perú.

Se produjo una afluencia de capital norteamericano cuyo fruto fue un gran bienestar material y la formación de grandes fortunas. Esta entrada de dinero dio lugar a que se cometieran fraudes por personas allegadas al presidente que fueron favorecidas por el Gobierno. Este estado de cosas dio lugar a una creciente inquietud que estalló violentamente en la revolución de Arequipa, a cuyo frente se puso el teniente coronel Luis M. Sánchez del Cerro, que derribó a Leguía (27-VIII-1930). Se nombró una Junta de Gobierno que abolió la Constitución de 1820.

Fue elegido presidente Sánchez del Cerro (1931-33), al que se opuso el comandante Jiménez, dando lugar a sangrientos sucesos que terminaron con el asesinato del presidente. Fue elgido entonces para la presidencia Oscar R. Benavides (1933-39), que acababa de regresar de Europa y tenía el mando del ejército, pues había peligro de una guerra con Colombia, que Benavides evitó cuidadosamente. Este inició su segundo mandato con una política de reconciliación nacional; organizó el ejército; planificó la evolución técnica —Plan Vial de tres años—; ordenó las finanzas; atendió a la política social.

Resurgieron en este tiempo los partidos políticos, destacando el Aprista y la Unión Revolucionaria, creada por Sánchez del Cerro. Se desarrolló entonces una política de represión para mantener seguro el poder y el país en orden. Se crearon con este fin la Guardia de Asalto (1934) y la Ley de Defensa Social (1937). Bajo el mandato de Manuel Prado Ugarteche (1939-45) se reanudaron los problemas fronterizos con Ecuador. José Luis Bustamante Rivero (1945-48), miembro del Frente Democrático Nacional, fue depuesto por una sublevación militar, al frente de esta se encontraba el general Odria.

Se estableció una Junta militar a cuyo frente estaba Odria, que también fue elegido presidente al convocarse elecciones a las que se presentó como único candidato. Manuel A. Odria (1950-55) fue elegido por un mandato de seis años, pero en 1955 fue destituido, formándose una nueva Junta militar que ejerció el poder hasta el año siguiente en que se convocaron elecciones. En ellas fue elegido presidente Manuel Prado Ugarteche (1956-62), que consiguió la entrada de Perú en el mercado común latinoamericano.

En 1962 una nueva Junta militar se hizo con el poder y fue presidida por el general Ricardo Pérez Godoy y posteriormente por Nicolás Lindley López. La Junta destituyó y detuvo al presidente Prado. En 1963 se celebraron nuevas elecciones, en las que salió elegido para la presidencia Fernando Belaúnde Terry, depuesto en 1968 por un golpe militar.

Lima ha sido uno de los centros culturales más importantes de la América española, por esto después de la independencia no fue necesario preocuparse por crear nuevas instituciones, sino más bien por conservar las existentes.

Estaban en circulación importantes periódicos y funcionaban sociedades científicas de gran prestigio. H. Unanue y los poetas M. Melgar, José J. de Larriva y José Mª Pando son el puente entre la colonia y la nación independiente. Hubo una primera generación prerromántica de tendencia costumbrista en la que destaca Ricardo Palma Tradiciones peruanas. A comienzos del siglo XX hay una nueva generación de literatos en la que destacan los hermanos García Calderón. Aun puede señalarse una última generación cuya máxima personalidad es Víctor Andrés Belaúnde. El gran foco irradiador de la cultura es la Universidad de San Marcos de Lima.

SEGURA GRAÍÑO, Cristina, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, págs. 250-252.