Guerras Civiles en el Perú

Si bien es verdad que la lucha civil, con más o menos virulencia, estuvo latente en toda la conquista de América, en ninguna parte llegó a organizarse en forma de verdaderas guerras, ni con tanta frecuencia, como en el Perú.

La primera es provocada por Almagro, sobre el cumplimiento de las capitulaciones hechas por Pizarro con Carlos I, por creer don Diego que el Cuzco estaba comprendido en la gobernación que a él le había concedido el emperador al Sur de la de aquel.

De regreso de la fracasada expedición a Chile, Almagro pide el gobierno de dicha ciudad, que le es negado por Pizarro; pero el ocupa por la fuerza el Cuzco (1537), encarcelando a Gonzalo y a Hernando Pizarro, con otros leales suyos, que poco después, logran escapar de su encierro.

En esta guerra hay dos batallas: la de Abancay, el 12-VII-1537, en la que Almagro derrota fácilmente a Alonso de Alvarado, lugarteniente de Pizarro, y la de las Salinas, el 26-IV-1538, cerca de Cuzco, en la que Hernando Pizarro con su hermano Gonzalo, Valdivia y Alonso de Alvarado le derrotan y le hacen prisionero y, después de un rápido proceso, le decapitan, antes de que pudiera impedirlo la llegada de don Francisco.

La segunda guerra civil arranca del asesinato de don Francisco Pizarro (26-VI-1541) por los de Chile, como se llamaba a los almagristas, que ponen a su frente al hijo de don Diego de Almagro, llamado Diego el Mozo, a quien se unen todos los descontentos y enemigos de Pizarro, y los ambiciosos, que esperan medrar en la nueva situación.

Llega entonces al Perú el gobernador Cristóbal Vaca de Castro, a quien quiere disputar el gobierno Almagro el Mozo; pero el licenciado, cautamente, va agrupando en torno suyo adictos realistas, los capitanes Holguín y Alonso de Alvarado y otros; por su parte, Almagro recibió el auxilio del Inca Manco Capac, implantado por Pizarro como sucesor de Atahualpa, y que está rebelado desde 1536. Las fuerzas se aproximaron a Huamanga, y el día 16-IX-1542 se enfrentaron en la llanura de Chupas, única y definitiva batalla, que dio fin a la segunda guerra civil con la derrota y luego con la decapitación de don Diego el Mozo.

La tercera fue provocada por Gonzalo Pizarro, con motivo del cumplimiento de las célebres Leyes nuevas de 1542, que tanto disgustaron a los viejos conquistadores, al privarles del fruto de sus conquistas: con la supresión de repartimientos de tierras y de indios.

La imprudencia y poco tacto del primer Virrey, Blasco Núñez de Vela, fomentaron la discordia, llegando la Audiencia a destituirle de su importante cargo y a encarcelarle (1544). Logra fugarse Núñez Vela, que reaparece en Quito, y al reunir en torno suyo un débil ejército realista, atrae contra él a don Gonzalo Pizarro, que se había proclamado gobernador del Perú, siendo derrotado y muerto el virrey en la batalla de Añaquito, el 18-I-1546, con la que termina la primera fase de esta guerra.

Gonzalo Pizarro único gobernador, sin fuertes enemigos, intenta poner en orden el país; pero iba ya en camino del Perú el licenciado Pedro la Gasca, como gobernador con máximos poderes, para imponer la voluntad real a todos en aquel reino.

Don Gonzalo ve con recelo la llegada del licenciado y la suma de fuerzas que va allegando, incluso la de su propia escuadra entregada en Panamá por su almirante Pedro de Hinojosa, la incorporación de Belalcázar y la adhesión de Centeno, que estaba levantado contra él en el alto Perú, y al intentar unirse a las fuerzas de la Gasca, don Gonzalo le derrota en la batalla de Guarina, el 26-X-1547.

Esta batalla envaneció al vencedor y, por el contrario, hizo más cauto y precavido a la Gasca, que sumando fuerzas y aliados, poco a poco, logró, al fin, encontrarse con más y mejores tropas que su adversario en Jaquijahuana, el 9-IV-1548, donde quedó derrotado y hecho prisionero Gonzalo Pizarro, así como su lugarteniente Francisco de Carvajal, el Demonio de los Andes, y ambos fueron decapitados en el Cuzco.

La cuarta, más lucha que guerra, la produjo la sublevación de don Sebastián de Castilla en la Plata (hoy Sucre), el 6-V-1553, al dar muerte los conjurados, que le obedecían, al corregidor don Pedro Hinojosa. La sublevación se extendió a Potosí, ejecutando en ambas ciudades a los sospechosos. Por resistirse Castilla a algunas ejecuciones, Vasco Godínez, que era de los más exaltados, y los suyos le asesinaron.

Nombrado Alvarado corregidor de la Paz, tuvo habilidad para dividir y desmoralizar a los sublevados con intrigas y promesas sin presentarles batalla, logrando capturar a Godínez y a los más destacados cabecillas de la rebelión, a los que dio muerte. No hay fuertes ejércitos en lucha, ni siquiera una sola batalla. Son golpes de mano, traiciones y asesinatos de facción.

La quinta guerra surge cuando apenas se había pacificado el país con la muerte de Castilla, Godínez y los autores de la cuarta lucha y la provoca la rebelión de Hernández Girón, con el pretexto de defender a los encomenderos, pero con el único motivo de mejorar de fortuna por estar arruinado.

Este levantamiento tiene lugar en el Cuzco el 13-IX-1553, y se extiende a Arequipa y a Huamanga. Lo mismo que Gonzalo Pizarro, Girón tiene dos ejércitos enfrente: el de la Audiencia, presidida por Bravo de Saravia, y el de Alonso de Alvarado, y como aquel triunfa en los primero momentos, pues obtiene dos victorias, la de Villacuri, en III-1554, contra Pablo Meneses, y la de Chuquinga, el 21-IV, contra Alvarado; pero, al fin, en los primeros días de octubre, es derrotado por el ejército real de Pucara, hecho prisionero y ejecutado en diciembre.

La explicación de estas luchas hay que buscarlas en varias causas. La primera guerra tiene su origen en el contrato tripartito de Panamá, entre el presbítero Luque y los dos capitanes extremeños, Pizarro y Almagro; en el carácter de los dos, absorbente el primero y envidioso el segundo. Las capitulaciones de Toledo, la conducta recelosa de los hermanos Pizarro y la intransigencia de este en no ceder nada del Perú a Almagro determinaron su ruptura, y con ella la primera guerra civil. La segunda es una consecuencia de la primera, provocada por el aislamiento de los de Chile. La tercera fue provocada por el poco tacto del primer virrey Núñez de Vela, al exigir, a todo trance, el cumplimiento de las Nuevas Leyes, por su obtuso tesón y por su imprudencia. Más hábil Tello de Sandoval, encargado de hacer cumplir las Nueva Ordenanzas en Nueva España, y más dúctil, evitó allí la guerra civil. Las restantes guerras, la cuarta y la quinta, fueron secuela y consecuencia de la tercera, como también la rebelión de Lope de Aguirre.

Al resumir en estas breves líneas las guerras civiles del Perú, hay que recordar, aunque solo sea por sus nombres, los historiadores que les dedicaron especial atención: Garcilaso, en la segunda parte de sus Comentarios reales, y, en sus respectivas crónicas, Cieza de León Guerra de las Salinas, de Chupas, de Quito, Gutiérrez de Santa Clara, Diego Fernández el Palentino, Calvete de la Estrella y La Gasca en sus Memorias.

TUDELA DE LA ORDEN, José, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, págs. 241-242.