Paraguay Época Independiente

En 1813 se constituyó el Paraguay en República y sustituyó el Gobierno de la Junta provisional por el de dos cónsules, que fueron Yegros y Rodríguez de Francia, pero el Congreso suprimió estos nombramientos y al año siguiente nombró dictador, por tres años, al último de aquellos. Otro Congreso reunido en 1816 convirtió el cargo en vitalicio: de entonces la República fue gobernada por el doctor Francia durante veintiséis años. La última década de la dictadura fue tranquila. El doctor Francia continuó en su política anterior. En VIII-1840 el dictador cayó enfermo y murió (septiembre) sin dejar dispuesto sobre su sucesión.

A la muerte del doctor Francia se constituyó una Junta provisional al frente de la cual estaba Manuel Antonio Ortiz y los cuatro comandantes de los cuarteles de la plaza. Después de unos meses de expectación y visto que la Junta no llevaba a efecto lo prometido, un sargento de Fusileros, Romualdo Duré (30-I-1841), detuvo a todos los miembros de la Junta y formó un triunvirato con los tres alcaldes de la ciudad, presidido por él, pero su actuación vacilante le llevó a un derrocamiento efectuado por el subteniente Mariano R. Alonso, que fue designado comandante general de armas. Con él colaboró un hombre que más tarde va a estar presente en los destinos de su país durante cerca de veinte años, Carlos A. López.

Reunido el Congreso, quedó formado un consulado que nombró cónsules de la República a López y Mariano R. Alonso por el término de tres años. La labor era muy difícil, dado el estado en que se encontraba el país y la situación internacional. En 1842 se reúne el Congreso y reafirma la independencia nacional, ratificando los símbolos nacionales y el juramento de constituirse en un país libre e independiente de todo poder extraño. Entre los varios proyectos de ley dictados, los más interesantes fueron la emancipación de los hijos de esclavas y la abolición de la trata. El 25-XII-1842 se juró solemnemente la independencia. Uno de los pocos jefes americanos que no aceptó la independencia de Paraguay fue Rosas.

Tras unos meses de lucha y viajes diplomáticos con objeto de obtener el reconocimiento de los restantes países, se nombró el primer presidente de la República. Este fue Carlos A. López (1844-62); durante su mandato se llevaron a efecto numerosas de mejoras interiores y una serie de tratados con el extranjero: con el Brasil (1844), por cual este país se comprometía a prestar ayuda al Paraguay si era atacado por Rosas. Duro fue este primer período; el jefe argentino puso gran empeño en impedir la independencia del país que motivó una serie de escaramuzas militares y la campaña de Corrientes.

Los Estados Unidos intervinieron por mediación de un enviado especial que consiguió el cese de hostilidades; no obstante las buenas palabras del caudillo americano, el país siguió en estado de alerta. La caída de Rosas y la subida al poder de Urquiza supuso un triunfo político y un acercamiento de ambos países por el tratado Derqui-Varela (17-VII-1852), y la Argentina reconocía la independencia y soberanía de la República del Paraguay. Se reanudaron la navegación y el comercio y numerosos barcos empezaron a llegar a los puertos de Pilar y Asunción.

En 1854 se reúne de nuevo el Congreso Nacional para la elección de nuevo presidente. López leyó un informe detallado de la labor llevada a cabo durante estos diez primeros años de vida independiente. El Congreso, por unanimidad, reeligió presidente a Carlos López por un nuevo período de diez años, pero por razones de su avanzada edad solo lo aceptó por tres. El Gobierno del Brasil y el del Paraguay, libres ambos del dictador argentino, comenzaron a disputar los graves problemas de sus límites y de la libre navegación por el río Paraguay, que acabaría por ser la causa de la guerra más cruenta de la historia paraguaya. Se llegó a un acuerdo firmando un pacto de amistad, navegación y comercio entre el almirante Ferreira de Oliveira y Francisco s. López, pacto que el emperador se negó a ratificar.

Para salvar esta situación se llegó a un acuerdo que consistía en aceptar el anterior pacto y postergar por seis años el ajuste de límites. También en 1856 se llevó a efecto la ratificación del tratado Derqui-Varela y se firmó uno nuevo con el nombre de Tratado Vázquez Guido (29-VII). Otro incidente enojoso fue el que tuvo lugar con los Estados Unidos en la persona de un cónsul, Edward A. Hopkins, y el ataque al navío yanqui Water Witch, con lo que se agriaron las relaciones hasta el extremo de que los Estados Unidos mandaron una escuadra. La gestión llevada a cabo por Urquiza consiguió que el pleito fuera llevado por una comisión en Washington, terminando tan enojoso asunto en 1860.

En 1857 se reunió un Congreso y se reeligió al presidente por un nuevo período que terminaría con su muerte el 10-1X-1862.

Según estaba legislado, el mismo día de la muerte de López se abrió el pliego de reserva, donde se designaba al ministro de Guerra y Marina, Francisco s. López, para asumir el Gobierno provisional. En octubre se abrió el Congreso. Hubo una leve oposición, alentada por Benigno López, que trató de evitar la elección del ministro, Acto seguido, por aclamación general, se eligió presidente a López, que era hijo de Carlos, el anterior presidente; desempeñaría su mandato durante diez años. Después de un breve período de paz y progreso las obras públicas se desarrollaron; el ferrocarril, las fundiciones, los arsenales se incrementaron; la agricultura mereció una gran atención, surgieron de nuevo los problemas internacionales que van a ensombrecer el panorama político de este país.

La guerra con la Triple Alianza

El 6-IV-1862 vencía el plazo del pacto sobre los límites que años antes se había firmado con el Brasil, y tras una serie de conflictos políticos se llegó a la declaración de la guerra en 1864. Las grandes campañas militares de esta guerra fueron: Matto Grosso, Corrientes y Uruguay, Humaitá, Pikysyry y Cordilleras. Paralela a esta acción militar el Congreso Nacional declaró a Argentina la guerra por las siguientes causas: negación del paso a tropas paraguayas por territorio argentino; abierto apoyo al Brasil en la prensa oficial contra el Paraguay; protección al Comité revolucionario paraguayo en Buenos Aires.

El Gobierno ordenó el ataque y ocupación de la ciudad de Corrientes, que formó una Junta y dictó un decreto declarando al Gobierno argentino traidor a la patria y aliándose con Paraguay, El 1-V los representantes de Argentina, Brasil y Uruguay firmaban el tratado de Triple Alianza, con carácter ofensivo y defensivo contra Paraguay. Las batallas más célebres fueron la naval de Riachuelo (12-VI), Estero Bellaco (16-IV-1866), Tuyuti (20-V-1866), Curupaity (21-IX-1866), siendo el héroe de esta última el general Díaz, que murió un año más tarde, y Lomas Valentinas (21-XII-1866). La ocupación de Asunción se llevó a cabo tras la derrota del ejército paraguayo y la toma de Angostura. Nada se respetó y se inició el saqueo de una forma cruel.

El mariscal López se marchó de Cerro León y formó un nuevo ejército que antes de un mes contaba con 12.000 hombres divididos en cinco divisiones; Piribebuy fue la tercera capital de la República y allí funcionó la Administración. El ataque a Piribebuy se efectuó el 12-VIII-1867, cayendo el mismo día. La última batalla tuvo lugar en Cerro-Corú (1-III-1870). López al frente de 200 hombres presentó batalla y fue muerto; igualmente sucumbieron el vicepresidente Sánchez, anciano de ochenta años, y los hijos de López, uno de ellos José Félix, de once años. Crímenes y abusos ensangrentaron la jornada. La guerra terminó y el país quedó arrasado. No solo se produjo la ruina economica, sino que el país había perdido durante la contienda la mitad de la población. Las cláusulas del tratado de la Triple Alianza fueron humillantes para los derrotados, pues iban a significar la pérdida de 150.000 kilómetros cuadrados y pagar una fuerte indemnización de guerra.

La terminación de la guerra creó dificultades y problemas de orden internacional, sobre todo en lo que se refería a la rivalidad con los países que habían firmado la Triple Alianza, que ejercían una fuerte presión sobre el vencido.

En 1869 se reunió una Asamblea en La Asunción, con asistencia de representantes brasileños y argentinos, y de acuerdo con ellos se procedió a la elección de un triunvirato formado por Cirilo A. Rivarola, José Díaz de Bedoya y Carlos Loyzaga. La tarea a realizar por este nuevo Gobierno era ardua, el país se encontraba en una ruina total y hubo que hacer frente a una grave crisis económica que se resolvió en parte vendiendo lo que restaba de la platería de la catedral de La Asunción. Las elecciones para la Convención se efectuaron en julio y se comenzaron las sesiones en agosto de 1870.

Tras la disolución del triunvirato y el nombramiento de un presidente provisional, el doctor Facundo Machaín, el día siguiente (14-VIII) se produjo un golpe de Estado dirigido por Cirilo A. Rivarola y Cándido Bareiro, y apoyado por las fuerzas de ocupación, fue nombrado presidente Rivarola; el 18-XI quedó aprobada la nueva Constitución. En diciembre de 1871, tras una serie de dificultades y revoluciones, dimitió el presidente, siendo elegido el vicepresidente, Salvador Jovellanos, que permaneció en el Gobierno hasta 1874. Durante este mandato se llevó a efecto el Tratado Loizaga-Cotegipe (9-I-1872), quedando concluidos los tratados de paz y límites. Con Argentina, bajo la presidencia de Juan Gill (1874-77), así como el problema sobre el dominio del territorio del Chaco, que fue sometido al arbitraje del presidente de Estados Unidos, Haves.

Gill es asesinado en las calles de Asunción, sucediéndole en la presidencia el vicepresidente, Higinio Uriarte (1877-78). A partir de este momento y hasta el año 1904 siguió viviendo el país sin grandes alteraciones, manteniéndose en el poder los miembros del partido llamado rojo o conservador, hasta que en dicho año fue sustituido por el partido liberal; se inicia un nuevo ciclo de revoluciones por el poder. En el periodo final del XIX y el primer tercio del XX destacan las administraciones de los presidentes siguientes: general Bernardino Caballero (1880-86) que lleva a cabo una amnistía y funda la Escuela de Derecho y el Banco Nacional; general Patricio Escobar (1886-90), que crea la Universidad Nacional y es en este tiempo cuando nacen los grandes partidos políticos; Cecilio Báez (1906), que sienta las bases para la creación del moderno ejército. Bajo el gobierno de Eduardo Schaerer se llevó a cabo una importante política agraria y de obras públicas, Durante la presidencia de José Guaggiari (1930-32) no se pudo evitar el choque con Bolivia por cuestión de fronteras y al fin estalló la llamada guerra del Chaco (1932) que se prolongó hasta 1935. La lucha motivó la ruina del país y una gran pérdida de su población masculina.

La guerra del Chaco

Uno de los problemas de la política paraguaya ha sido la región del Chaco. A lo largo de su historia el Paraguay siempre ejerció su jurisdicción sobre esta región occidental, y el dominio nunca le fue discutido. Bolivia, ante la necesidad de romper su enclaustramiento y encontrar una salida al Plata, inicia en 1927 una serie de ataques que culminan en el del fortín Sorpresa. Se intentó llegar a un acuerdo, pero en julio de 1931 se produjo una nueva ruptura de relaciones.

El 15-VI-1932 un destacamento Bolivia no atacó y se apoderó de un fortín a orillas de la laguna Pitiantuta. La victoria de Boquerón (20-IX-1932), que marca el principio de la larga contienda, tuvo una trascendencia incalculable, no solo en el orden militar, sino en el moral, pues devolvió a la nación paraguaya su fe en la victoria. Tras una serie de batallas, en las que ambos ejércitos demuestran actos de verdadero heroísmo, se llega al final de tres años de lucha, encontrándose los dos países totalmente agotados, tanto militar como económicamente. Después de estos años se alza un clamor de paz por doquier. Una gestión realizada con este fin por Estados Unidos y otros países americanos termina el 12-VI-1935 con la firma de un protocolo de paz por el cual se convenía el cese definitivo de las hostilidades y se ratificaba este protocolo el 3-VIII. Se convocó una conferencia para resolver las diferencias que surgieran entre los dos países, obligándoles estos, en caso de no llegar a un acuerdo, a someterse al arbitraje del tribunal internacional de La Haya. La conferencia, reunida en Buenos Aires, continuó sus trabajos, que después de serios obstáculos rubricó el tratado el 9-VII-1938.

Los últimos gobiernos

El 17-II-1936 fue depuesto el presidente Eusebio Ayala y fue designado por Acta Provisional el coronel Franco (1910), que fue derribado el 13 VIII-1937; fue restablecida la Constitución de 1870 por el nuevo presidente, Félix Paiva (1937-39), firmándose bajo su gobierno el tratado definitivo de paz en VII-1938. José F. Estigarribia (1939-40), héroe de la guerra del Chaco, fue designado presidente, pero murió al año siguiente en un accidente aéreo en Altos. El Consejo de Ministros nombró a Higinio Moriñigo (1940-48), que declaró la guerra a Alemania, Italia y Japón en enero de 1942. Bajo su mandato se fundaron el Banco del Paraguay y la Facultad de Filosofía y Letras.

El 14-II-1948 fue elegido presidente por el periodo 1948-53 J. Natalio González, que normalizó las relaciones diplomáticas con España. Fue depuesto en 1949, sucediéndole como presidente provisional del general Raimundo Rolón. En 1949 asume el poder Federico Chaves siendo depuesto en mayo de 1954 y le sucede en la presidencia el general Alfredo Stroessner.

Durante la presidencia de este, Paraguay recibe la segunda visita del general Perón; se inicia la construcción del camino a Paranagua y el Trans-Chaco y de un oleoducto a través del Chaco; hay intensa actividad diplomática y Perón busca refugio en tierras paraguayas al salir de Argentina. El presidente Stroessner acude a la Conferencia de Panamá de 1956 y después recorre en visita oficial los más importantes países de hispanoamérica; las obras públicas avanzan considerablemente y se inician prospecciones en busca de petróleo en el Chaco. En 1958 Stroessner es de nuevo elegido para el mandato 1958-63 y continúa impulsando las obras públicas y aspira a estrechar las relaciones diplomáticas con los países americanos.

Esta última etapa de la política paraguaya que se inicia con la paz del Chaco se caracteriza por una creciente industrialización del país. En los últimos años la directiva del gobierno es la intensificación de las relaciones con Estados Unidos y Bolivia. El desarrollo de la aviación repercute en el florecimiento del país y Asunción adquiere relieve como nudo de comunicaciones.

En el aspecto económico hay que señalar que Paraguay en estos años pasa de ser un país agrícola ganadero a una creciente industrialización. Es Paraguay un país en el que predomina el elemento indígena: guaraníes y mestizos; el resto de la población lo constituyen criollos y europeos de reciente emigración. Por su clima el país es apto para el cultivo de plantas subtropicales, entre las que destaca la caña azucarera y el algodón. Casi la mitad del suelo está ocupada por el bosque, en este crece el quebracho, especie muy interesante por su valor, pues se utiliza para traviesas de ferrocarril. La ganadería, introducida en la época virreinal, cobra cada vez mayor importancia predominando el ganado bovino y de cerda. La población ha crecido en estos últimos años llegando a tener en la actualidad el país más de dos millones de habitantes. A pesar de no tener costas tiene asegurada su salida al Océano Atlántico a través de la gran vía navegable del Paraguay-Paraná, ríos que forman el núcleo del Estado paraguayo, su parte más poblada y vital.

La Literatura paraguaya ofrece un panorama poco brillante. Natalio Talavera es el cantor de la epopeya del pueblo paraguayo en la guerra de 1865 contra la Triple Alianza. Más tarde destacan el poeta Ignacio A. Pané, el modernista Julio Correa y Hérib Campos Cervera. En la crítica literaria es de destacar Manuel Gondra, presidente de la República y extraordinario humanista. En el ensayo sobresalen Justo Benítez y Blas Garay con excelentes obras sobre temas históricos.

SEGURA GRAÍÑO, Cristina, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, pág. 172-175.