Nicaragua Época Independiente

Durante los años de la revolución hispanoamericana hubo algunos chispazos sin trascendencia, reveladores de la existencia de un sentimiento de independencia en el elemento criollo. Estalló una sublevación en la ciudad de León el 13 de diciembre de 1811, que depuso al intendente José Salvador y se corrió a Granada, pero se vieron obligados los insurgentes a rendirse a las tropas realistas, pero el capitán general, José Bustamante, rehusó cumplir la capitulación y dominó un nuevo movimiento armado el 21 de abril de 1812.

Proclamada la independencia en Guatemala el 15 de septiembre de 1821, a consecuencia del triunfo de la misma en México, hubo en Nicaragua división de pareceres, acordando la Diputación en León adherirse al Plan de Iguala, grato a los elementos conservadores, y unirse a México (11-X-1821) —aunque el acta de 28-IX había propuesto la independencia de España y de Guatemala—, mientras Granada se declaraba por la independencia y la unión con Guatemala. Gabino Gaínza, último capitán general y presidente del primer Gobierno independiente, decidió la anexión a México (5 de enero de 1822), y pronto al cetro de Iturbide, reconocido por la mayoría de los Ayuntamientos. A la caída de Iturbide se disolvió la unión de Centroamérica con México y se proclamó la independencia por el convocado congreso el 1 de julio de 1823, constituyéndose las Provincias Unidas del Centro de América; la Constitución de 22 de noviembre de 1824, copiada de la norteamericana, estableció un régimen federal (Federación de Centroamérica), siendo Nicaragua uno de los Estados, libres e independientes, que se reconocían.

La nueva República era sumamente endeble, por el fraccionamiento que venía a consagrar la Constitución y la debilidad del poder ejecutivo; estaban divididos los Estados entre sí, liberales (fiebres) contra moderados (serviles); había en la capital —Guatemala— dualidad de Gobiernos y presidentes —los de la Federación y del Estado—, y rivalidad con ella por parte de las antiguas provincias, y fundamentalmente rivalidad entre los caciques locales; la vida de la Federación fue precaria, desolada por continuas luchas civiles o entre los Estados, sin que las evitara el poder federal. En Nicaragua a tales circunstancias se añadía la divergencia entre sus dos principales ciudades, León y Granada, y las luchas por el poder; el distrito de Nicoya o Guanacaste, buscando tranquilidad, se unió a Costa Rica.

La Asamblea Constituyente de Nicaragua organizó el Estado (1825) y promulgó una constitución propia, eligiendo jefe del mismo Manuel Antonio Cerda, patriota de 1811; en 1827 estalló una guerra civil, que duró tres años, sin que interviniera el resto de la Federación; cundió la anarquía y se cometieron toda clase de excesos, pereciendo fusilado Cerda. Después de 1829 reinó más calma en el país, tras las convulsiones de la primera década independiente, y se introdujeron algunas mejoras. Pero la Federación acabó por desaparecer, sin haber logrado unir sus componentes ni triunfar del espíritu localista ni infundir sentido de nacionalidad; dio la señal Nicaragua, proclamándose independiente en la Asamblea constituyente de Chinandega, el 30 de abril de 1838.

Los problemas planteados a la nueva nación eran el de su organización interna, las tentativas de reconstruir la unión centroamericana y la colocación del país en el juego de las intrigas internacionales. La nueva Constitución nombró al jefe del Estado Supremo Director, que pasó a ser presidente en 1854, adoptándose asimismo el término de República; para evitar la rivalidad de las dos ciudades principales, se puso la capital en Managua (1851); pero no se evitó el desorden y las guerras civiles.

No faltaron intentos de reconstruir la federación, todos baldíos, como el temprano de 1842, seguido de una guerra con Honduras y El Salvador (1844), cuando el último aún quería sostener la desaparecida unión, y no faltaron tentativas posteriores, en 1849, 1850 (por el presidente salvadoreño Doroteo Vasconcelos), 1852 (por iniciativa del de Honduras, José Trinidad Cabañas), 1876 (por la del de Guatemala, Justo Rufino Barrios, que la reanudó por la fuerza en 1885, pereciendo en el intento); en 1889, en que se creó una nonnata República de Centroamérica; en 1895, en el que el Pacto de Amapala creó la República Mayor de Centroamérica, con Nicaragua, Honduras y El Salvador, convertida en Estados Unidos de Centroamérica en 1898, y disuelta inmediatamente; y en 1921 hubo otro acuerdo, no llevado a realización, al que no se adhirieron Nicaragua y Costa Rica.

La situación geográfica de Nicaragua la convirtió en objeto de las codicias extranjeras. Inglaterra, desde la época colonial, pretendía señorear la costa de los Mosquitos, es decir, todo el litoral atlántico de Nicaragua, y en 1848 obligó a esta a reconocer el protectorado inglés en dicho país, que duró hasta 1860. La anexión del Far West a los Estados Unidos por el tratado de Guadalupe Hidalgo (1848) y el descubrimiento del oro en California suscitaron la necesidad de una comunicación interoceánica en América Central; surgió con más fuerza la vieja idea del canal de Panamá y la del de Nicaragua y, entre tanto, el establecimiento de líneas de navegación a través del río San Juan y de los lagos nicaragüenses y de un ferrocarril en el istmo de Panamá, llevándose pronto a cabo estas últimas empresas. Nicaragua entró así en la órbita de los intereses norteamericanos. En 1849 ya se firmó el primer acuerdo con los Es tados Unidos y un contrato con una compañía yanki para la construcción del canal. La rivalidad anglo-norteamericana fue liquidada por el tratado Clayton-Bulwer (1850), por el que se comprometían ambas naciones a no dominar exclusivamente el futuro canal en perjuicio de la otra ni territorios centroamericanos.

Los emigrantes a California codiciaban las tierras centroamericanas que cruzaban y creían que debían ser anexionadas a los Estados Unidos, en cumplimiento del Destino Manifiesto. Intentó llevar a cabo esta expansión el aventurero yanki William Walker (n. 1824), que aprovechó la guerra civil en Nicaragua entre legitimistas o conservadores de Frutos Chamorro y democráticos o liberales de Francisco Castellón y Máximo Jerez; estos hicieron contratos para la ayuda de aventureros yanquis ofreciéndoles tierras, y Walker llevó una reducida hueste de filibusteros en 1855 (la Falange de los Inmortales), con los que tomó Granada; triunfantes los democráticos, el Gobierno de concentración de Patricio Rivas le nombró comandante general del ejército; pero habiéndose puesto enfrente de él, Walker lo destituyó y se hizo elegir presidente de Nicaragua (1856); estableció la esclavitud —pues era sudista—, e intentó convertir Nicaragua en una verdadera colonia yanki, lo que provocó la reacción del resto de Centroamérica, amenazada en su independencia y por las crecientes ambiciones de Walker, cuya tiranía era odiosa por sus crímenes y excesos, y se vio abandonado por los norteamericanos del Norte; derrotado en San Jacinto (14-IX 1856), y destruida por él Granada, obtuvo una capitulación ventajosa y salió del país (1857); habiendo regresado a Centroamérica, cayó prisionero de los hondureños que lo fusilaron en 1860.

Disfrutó después Nicaragua de una etapa de mayor paz, reformas y mejoras, bajo una serie de presidentes conservadores hasta 1893, que culminaron bajo la dictadura del liberal José Santos Zelaya (1893-1909), derribado por influjo norteamericano, gobernó tranquilamente, fundó escuelas y fomentó el cultivo del café, contó con la protección del dictador mexicano Porfirio Díaz. En 1905 Inglaterra reconoció la plena soberanía de Nicaragua sobre la costa de los Mosquitos y se anularon los privilegios del puerto de San Juan del Norte.

En 1906 el rey de España Alfonso XIII dictó un arbitraje sobre los límites con Honduras, pero no fue reconocido por Zelaya. Su sucesor, José Madriz, no pudo con las rebeldías, apoyadas por los Estados Unidos. La intervención norteamericana se acentuaba conforme se construía el canal de Panamá: el tratado de Hay-Pauncefote (1901) anuló el de Clayton-Bulwer, otorgando a los Estados Unidos la exclusiva de construir el canal de Panamá y suprimiendo la garantía de la independencia centroamericana.

En 1911 el tratado Knox-Castillo entregó la administración de las aduanas a los Estados Unidos como garantía de un empréstito con un banco norteamericano. El conservador Adolfo Díaz pidió ayuda a los Estados Unidos para obtener la presidencia y con el auxilio de una fuerza de marines quedó instalado en las elecciones de 1913; se impuso la inspección del Banco Nacional por los Estados Unidos y la creación de una comisión de reclamaciones. Para asegurar el monopolio de las comunicaciones interoceánicas, los Estados Unidos hicieron firmar a Nicaragua el tratado Chamorro-Bryan (1914), que le otorgaba el derecho de construir un canal en su territorio, de plena propiedad de los Estados Unidos, le arrendaba islas y una base en el golfo de Fonseca.

En 1917 se creó una Alta Comisión para los asuntos de la Deuda, con dos norteamericanos y un nicaragüense, que fue de hecho el verdadero gobierno; pero disminuyó la Deuda, devolvió los ferrocarriles y el banco a la nación y fomentó las obras públicas. Era el momento de auge del imperialismo yanki; Nicaragua acababa por ser una colonia en el fondo y tropas norteamericanas se encargaban de mantener una situación favorable y Gobiernos propicios a la voluntad de Washington.

En 1924 fue derrotado Emiliano Chamorro por los liberales, pero se sublevó y consiguió el poder; intervinieron los Estados Unidos en 1926 y designaron a Adolfo Díaz; se rebeló Juan Sacasa y esto provocó nuevo envío de infantes de marina; en 1927 se hizo una gestión de paz. Como reacción contra esta sujeción surgió el gesto de César Augusto Sandino, que durante varios años mantuvo la lucha armada contra las tropas yankis (1927-1933). que acabaron por retirarse (1933), sin cesar por ello la influencia de los Estados Unidos. Sandino pereció asesinado en 1934.

Tras el gobierno de Sacasa (1933-1936) comenzó la dictadura de Anastasio Somoza, que duró de hecho hasta 1956; la constitución de 1939 consagraba las libertades, entre ellas la de cultos, protegía la educación y establecía la reelección presidencial; mantuvo Somoza buenas relaciones con los Estados Unidos, desarrolló las escuelas para disminuir el analfabetismo y participó en la segunda guerra mundial al lado de los Estados Unidos.

Después de unos breves presidentes asumió Somoza directamente el mando de nuevo en 1950 y una nueva constitución le dio un poder absoluto y convirtió el país en una especie de propiedad suya y de sus familiares y amigos. Teóricamente la obra de gobierno era muy avanzada, pero venía a redundar en beneficio de aquellos. Con ayuda norteamericana se han construido algunas carreteras modernas. Apoyó Somoza la caída del presidente de Guatemala Arbenz por sus tendencias avanzadas. Pereció en 1956 a consecuencia de un atentado. Se han sucedido después en la presidencia su hijo, Luis Somoza; René Schick (1963) y Lorenzo Guerrero (1966).

Ennoblece Rubén Darío la en buena parte triste historia de la nacionalidad nicaragüense. Han destacado como historiadores Tomás Avon, José Dolores Gámez y Andrés Vega Bolaños; escritores que cabe recordar son Hernán Robleto, Pablo Antonio Cuadra, Julio Ycaza, de tendencia hispanista los dos últimos.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, pág. 38-41.