Nicaragua

Descubrimiento y Conquista

El primer descubridor de Nicaragua fue Colón en su cuarto viaje. Tras ochenta y ocho días de tormentas llegó al cabo de Gracias a Dios, el 12 de septiembre de 1502, según su Carta de Jamaica, aunque parece más probable que fue el 14; recorrió la costa atlántica del país, pasó ante el río San Juan y el 24 ó 25 de septiembre vio el país de Cariay, donde descansó la tripulación y entabló relaciones con los indios; esta comarca ya estaba en la actual Costa Rica. La exploración y conquista se efectuó desde el istmo de Panamá, durante el gobierno de Pedrarias Dávila.

En 1516 el licenciado Gaspar de Espinosa llevó a cabo una expedición hacia el poniente y los capitanes Hernán Ponce y Bartolomé Hurtado llegaron al puerto de Nicoya, que llamaron de Sanlúcar, en Costa Rica, lo que también se atribuye a la segunda expedición de Espinosa en 1519. En este año consiguieron una capitulación Gil González Dávila y Andrés Niño para explorar al oeste de Panamá pensando en las Molucas. Vencida la resistencia de Pedrarias dándole participación en la empresa, partieron con cuatro barcos en enero de 1522, intentando llegar costeando a Asia.

Llegaron a Nicoya, cuyo cacique se convirtió al cristianismo, y oyendo hablar de dos grandes lagos, fueron en busca del cacique Nicarao, cerca de Rivas, al sur del lago de Nicaragua; este recibió cordialmente a los expedicionarios, y les hizo una serie de preguntas de tipo religioso y filosófico, indicadoras de aguda inteligencia; se convirtió y les dio mucho oro; su nombre fue aplicado al país. Luchó Dávila con el cacique Diriangen, descubrió también el lago de Managua y llegó al golfo de Fonseca, adonde había arribado Niño por la costa, y que recibió aquel nombre en honor del famoso prelado de aquel nombre.

Regresó Dávila a Panamá en 1523; pero Pedrarias quiso quedarse con lo descubierto y envió a Francisco Hernández de Córdoba, quien fundó Bruselas (en Costa Rica) y en 1524 Granada, ya en Nicaragua, y luego León y Segovia, y descubrió el río San Juan o Desaguadero, emisario del lago de Nicaragua hacia el mar Caribe. En ese año regresó Dávila y por evitar a Pedrarias desembarcó en Honduras, donde tuvo choques con Olid y con Hernández de Córdoba, derrotando a su capitán Hernando de Soto. Córdoba quiso quedarse con la gobernación de Nicaragua, pero Pedrarias acudió allí e hizo degollar a su rebelde capitán (1526).

Destituido Pedrarias del gobierno de Panamá, logró conservar el de Nicaragua (1527), ya muerto Dávila. Al mismo tiempo se creó el obispado, siendo el primer prelado efectivo Diego Álvarez de Osorio; se fundó un convento de dominicos, donde estuvo Las Casas. Tomó posesión Pedrarias en 1528 y persiguió a Diego López de Salcedo, gobernador de Honduras, que había ejercido entre tanto autoridad en Nicaragua. Para descubrir el Desaguadero, envió a Martín de Estete y Gabriel de Rojas, pero que fueron al cabo Gracias a Dios, con muchos desmanes con los indios, y fundaron allí una población, por haber minas de oro.

El gobierno español dio disposiciones favorables a los colonos y las referentes a los indios, que fueron encomendados. Gobernó Pedrarias arbitraria y duramente Nicaragua, según su carácter, residiendo en León, hasta su muerte en 1531. Heredó su gobernación su yerno Rodrigo de Contreras, que llegó en 1535, que sufrió disensiones con los vecinos, por un nuevo repartimiento y sus medidas en favor de los indios. Las Casas actuó allí enérgicamente para evitar abusos con ellos, y se opuso por lo mismo a la expedición que debía recorrer el río Desaguadero, que no obstante se efectuó en 1539 por Diego Machuca y Alonso Calero; en 1538 fray Blas del Castillo exploró el volcán Masaya.

Para explotar los yacimientos auríferos hizo fundar Contreras Nueva Segovia en 1543. Enviado preso a España por un proceso inquisitorial, fue privado del gobierno y de sus indios, y entre tanto hubo luchas civiles entre los colonos defendiendo los derechos de Contreras su mujer, María de Peñalosa; regresó en 1548, pero la rebelión de sus hijos (1550) y su trágico fin le movieron a renunciar el gobierno.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, págs. 37-38.

Época Colonial

Nicaragua dependió de la Audiencia de Panamá (1538), pero en 1543 se fundó la Audiencia de los Confines con autoridad sobre América Central y sus presidentes Alonso de Maldonado y Alonso López de Cerrato procuraron proteger a los indios. Pasó a Guatemala en 1549; en 1565 se restableció la de Panamá con jurisdicción en Nicaragua y Honduras, hasta que en 1570 se restableció la autoridad de la Audiencia de Guatemala sobre los países centroamericanos.

Diversas calamidades afligieron a Nicaragua en la época colonial. Las erupciones volcánicas obligaron a trasladar la ciudad de León en 1610. Los terremotos fueron otra fuente de desgracias. Otra calamidad fue la piratería; en 1643 fue saqueada Matagalpa; en 1665 Granada por piratas holandeses y de nuevo en 1670, por lo que hubo que construir un fuerte en el río San Juan; más ataques piráticos se dieron a finales del siglo XVII. Los ingleses comenzaron a establecerse en la costa de los Mosquitos, en el litoral atlántico desde 1630, y a comienzos del siglo XVIII ayudaron a una rebelión de zambos. Una compañía se dedicaba a la pesca de perlas y varios tratados reconocieron este derecho.

En 1675 se fundó el Seminario de San Ramón. Repercutieron en el país las reformas del siglo XVIII y Nicaragua fue convertida en una intendencia. En 1779 y 1780 hubo ataques ingleses, interviniendo Nelson en el segundo, pero tras la guerra de independencia norteamericana renunció Inglaterra, por el momento, a sus pretensiones sobre la costa de los Mosquitos. El censo de 1778 dio 106.000 habitantes; pero el de 1824, a poco de la independencia, 207.000. La población y los centros vitales del país estaban en las cercanías del Pacífico, con las dos ciudades principales y rivales, León y Granada (apareció el primer periódico en 1835). No existió imprenta en la época colonial y en 1815 se fundó la Universidad de León

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, pág. 38.

Época Independiente

Durante los años de la revolución hispanoamericana hubo algunos chispazos sin trascendencia, reveladores de la existencia de un sentimiento de independencia en el elemento criollo. Estalló una sublevación en la ciudad de León el 13 de diciembre de 1811, que depuso al intendente José Salvador y se corrió a Granada, pero se vieron obligados los insurgentes a rendirse a las tropas realistas, pero el capitán general, José Bustamante, rehusó cumplir la capitulación y dominó un nuevo movimiento armado el 21 de abril de 1812.

Proclamada la independencia en Guatemala el 15 de septiembre de 1821, a consecuencia del triunfo de la misma en México, hubo en Nicaragua división de pareceres, acordando la Diputación en León adherirse al Plan de Iguala, grato a los elementos conservadores, y unirse a México (11-X-1821) —aunque el acta de 28-IX había propuesto la independencia de España y de Guatemala—, mientras Granada se declaraba por la independencia y la unión con Guatemala. Gabino Gaínza, último capitán general y presidente del primer Gobierno independiente, decidió la anexión a México (5 de enero de 1822), y pronto al cetro de Iturbide, reconocido por la mayoría de los Ayuntamientos. A la caída de Iturbide se disolvió la unión de A. Central con México y se proclamó la independencia por el convocado congreso el 1 de julio de 1823, constituyéndose las Provincias Unidas del Centro de América; la Constitución de 22 de noviembre de 1824, copiada de la norteamericana, estableció un régimen federal ( Federación de A. Central), siendo Nicaragua uno de los Estados, libres e independientes, que se reconocían.

La nueva República era sumamente endeble, por el fraccionamiento que venía a consagrar la Constitución y la debilidad del poder ejecutivo; estaban divididos los Estados entre sí, liberales ( fiebres) contra moderados ( serviles); había en la capital —Guatemala— dualidad de Gobiernos y presidentes —los de la Federación y del Estado—, y rivalidad con ella por parte de las antiguas provincias, y fundamentalmente rivalidad entre los caciques locales; la vida de la Federación fue precaria, desolada por continuas luchas civiles o entre los Estados, sin que las evitara el poder federal. En Nicaragua a tales circunstancias se añadía la divergencia entre sus dos principales ciudades, León y Granada, y las luchas por el poder; el distrito de Nicoya o Guanacaste, buscando tranquilidad, se unió a Costa Rica.

La Asamblea Constituyente de Nicaragua organizó el Estado (1825) y promulgó una constitución propia, eligiendo jefe del mismo Manuel Antonio Cerda, patriota de 1811; en 1827 estalló una guerra civil, que duró tres años, sin que interviniera el resto de la Federación; cundió la anarquía y se cometieron toda clase de excesos, pereciendo fusilado Cerda. Después de 1829 reinó más calma en el país, tras las convulsiones de la primera década independiente, y se introdujeron algunas mejoras. Pero la Federación acabó por desaparecer, sin haber logrado unir sus componentes ni triunfar del espíritu localista ni infundir sentido de nacionalidad; dio la señal Nicaragua, proclamándose independiente en la Asamblea constituyente de Chinandega, el 30 de abril de 1838.

Los problemas planteados a la nueva nación eran el de su organización interna, las tentativas de reconstruir la unión centroamericana y la colocación del país en el juego de las intrigas internacionales. La nueva Constitución nombró al jefe del Estado Supremo Director, que pasó a ser presidente en 1854, adoptándose asimismo el término de República; para evitar la rivalidad de las dos ciudades principales, se puso la capital en Managua (1851); pero no se evitó el desorden y las guerras civiles.

No faltaron intentos de reconstruir la federación, todos baldíos, como el temprano de 1842, seguido de una guerra con Honduras y El Salvador (1844), cuando el último aún quería sostener la desaparecida unión, y no faltaron tentativas posteriores, en 1849, 1850 (por el presidente salvadoreño Doroteo Vasconcelos ), 1852 (por iniciativa del de Honduras, José Trinidad Cabañas ), 1876 (por la del de Guatemala, Justo Rufino Barrios, que la reanudó por la fuerza en 1885, pereciendo en el intento); en 1889, en que se creó una nonnata República de A. Central; en 1895, en el que el Pacto de Amapala creó la República Mayor de A. Central, con Nicaragua, Honduras y El Salvador, convertida en Estados Unidos de A. Central en 1898, y disuelta inmediatamente; y en 1921 hubo otro acuerdo, no llevado a realización, al que no se adhirieron Nicaragua y Costa Rica.

La situación geográfica de Nicaragua la convirtió en objeto de las codicias extranjeras. Inglaterra, desde la época colonial, pretendía señorear la costa de los Mosquitos, es decir, todo el litoral atlántico de Nicaragua, y en 1848 obligó a esta a reconocer el protectorado inglés en dicho país, que duró hasta 1860. La anexión del Far West a los Estados Unidos por el tratado de Guadalupe Hidalgo (1848) y el descubrimiento del oro en California suscitaron la necesidad de una comunicación interoceánica en América Central; surgió con más fuerza la vieja idea del canal de Panamá y la del de Nicaragua y, entre tanto, el establecimiento de líneas de navegación a través del río San Juan y de los lagos nicaragüenses y de un ferrocarril en el istmo de Panamá, llevándose pronto a cabo estas últimas empresas. Nicaragua entró así en la órbita de los intereses norteamericanos. En 1849 ya se firmó el primer acuerdo con los Es tados Unidos y un contrato con una compañía yanki para la construcción del canal. La rivalidad anglo-norteamericana fue liquidada por el tratado Clayton-Bulwer (1850), por el que se comprometían ambas naciones a no dominar exclusivamente el futuro canal en perjuicio de la otra ni territorios centroamericanos.

Los emigrantes a California codiciaban las tierras centroamericanas que cruzaban y creían que debían ser anexionadas a los Estados Unidos, en cumplimiento del Destino Manifiesto. Intentó llevar a cabo esta expansión el aventurero yanki William Walker (n. 1824), que aprovechó la guerra civil en Nicaragua entre legitimistas o conservadores de Frutos Chamorro y democráticos o liberales de Francisco Castellón y Máximo Jerez; estos hicieron contratos para la ayuda de aventureros yanquis ofreciéndoles tierras, y Walker llevó una reducida hueste de filibusteros en 1855 (la Falange de los Inmortales), con los que tomó Granada; triunfantes los democráticos, el Gobierno de concentración de Patricio Rivas le nombró comandante general del ejército; pero habiéndose puesto enfrente de él, Walker lo destituyó y se hizo elegir presidente de Nicaragua (1856); estableció la esclavitud —pues era sudista—, e intentó convertir Nicaragua en una verdadera colonia yanki, lo que provocó la reacción del resto de A. Central, amenazada en su independencia y por las crecientes ambiciones de Walker, cuya tiranía era odiosa por sus crímenes y excesos, y se vio abandonado por los norteamericanos del Norte; derrotado en San Jacinto (14-IX 1856), y destruida por él Granada, obtuvo una capitulación ventajosa y salió del país (1857); habiendo regresado a A. Central, cayó prisionero de los hondureños que lo fusilaron en 1860.

Disfrutó después Nicaragua de una etapa de mayor paz, reformas y mejoras, bajo una serie de presidentes conservadores hasta 1893, que culminaron bajo la dictadura del liberal José Santos Zelaya (1893-1909), derribado por influjo norteamericano, gobernó tranquilamente, fundó escuelas y fomentó el cultivo del café, contó con la protección del dictador mexicano Porfirio Díaz. En 1905 Inglaterra reconoció la plena soberanía de Nicaragua sobre la costa de los Mosquitos y se anularon los privilegios del puerto de San Juan del Norte.

En 1906 el rey de España Alfonso XIII dictó un arbitraje sobre los límites con Honduras, pero no fue reconocido por Zelaya. Su sucesor, José Madriz, no pudo con las rebeldías, apoyadas por los Estados Unidos. La intervención norteamericana se acentuaba conforme se construía el canal de Panamá: el tratado de Hay-Pauncefote (1901) anuló el de Clayton-Bulwer, otorgando a los Estados Unidos la exclusiva de construir el canal de Panamá y suprimiendo la garantía de la independencia centroamericana.

En 1911 el tratado Knox-Castillo entregó la administración de las aduanas a los Estados Unidos como garantía de un empréstito con un banco norteamericano. El conservador Adolfo Díaz pidió ayuda a los Estados Unidos para obtener la presidencia y con el auxilio de una fuerza de marines quedó instalado en las elecciones de 1913; se impuso la inspección del Banco Nacional por los Estados Unidos y la creación de una comisión de reclamaciones. Para asegurar el monopolio de las comunicaciones interoceánicas, los Estados Unidos hicieron firmar a Nicaragua el tratado Chamorro-Bryan (1914), que le otorgaba el derecho de construir un canal en su territorio, de plena propiedad de los Estados Unidos, le arrendaba islas y una base en el golfo de Fonseca.

En 1917 se creó una Alta Comisión para los asuntos de la Deuda, con dos norteamericanos y un nicaragüense, que fue de hecho el verdadero gobierno; pero disminuyó la Deuda, devolvió los ferrocarriles y el banco a la nación y fomentó las obras públicas. Era el momento de auge del imperialismo yanki; Nicaragua acababa por ser una colonia en el fondo y tropas norteamericanas se encargaban de mantener una situación favorable y Gobiernos propicios a la voluntad de Washington.

En 1924 fue derrotado Emiliano Chamorro por los liberales, pero se sublevó y consiguió el poder; intervinieron los Estados Unidos en 1926 y designaron a Adolfo Díaz; se rebeló Juan Sacasa y esto provocó nuevo envío de infantes de marina; en 1927 se hizo una gestión de paz. Como reacción contra esta sujeción surgió el gesto de César Augusto Sandino, que durante varios años mantuvo la lucha armada contra las tropas yankis (1927-1933). que acabaron por retirarse (1933), sin cesar por ello la influencia de los Estados Unidos. Sandino pereció asesinado en 1934.

Tras el gobierno de Sacasa (1933-1936) comenzó la dictadura de Anastasio Somoza, que duró de hecho hasta 1956; la constitución de 1939 consagraba las libertades, entre ellas la de cultos, protegía la educación y establecía la reelección presidencial; mantuvo Somoza buenas relaciones con los Estados Unidos, desarrolló las escuelas para disminuir el analfabetismo y participó en la segunda guerra mundial al lado de los Estados Unidos.

Después de unos breves presidentes asumió Somoza directamente el mando de nuevo en 1950 y una nueva constitución le dio un poder absoluto y convirtió el país en una especie de propiedad suya y de sus familiares y amigos. Teóricamente la obra de gobierno era muy avanzada, pero venía a redundar en beneficio de aquellos. Con ayuda norteamericana se han construido algunas carreteras modernas. Apoyó Somoza la caída del presidente de Guatemala Arbenz por sus tendencias avanzadas. Pereció en 1956 a consecuencia de un atentado. Se han sucedido después en la presidencia su hijo, Luis Somoza; René Schick (1963) y Lorenzo Guerrero (1966).

Ennoblece Rubén Darío la en buena parte triste historia de la nacionalidad nicaragüense. Han destacado como historiadores Tomás Avon, José Dolores Gámez y Andrés Vega Bolaños; escritores que cabe recordar son Hernán Robleto, Pablo Antonio Cuadra, Julio Ycaza, de tendencia hispanista los dos últimos.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, pág. 38-41.