FRANCISCO NOVELLA, Virrey de México (1769-1822; 1821).

Penúltimo virrey de México. Veterano del Dos de Mayo, tenía el grado de mariscal (desde 1815) y era subinspector de artillería con el virrey Ruiz de Apodaca, quien ante la sublevación de Iturbide le nombró gobernador de la capital y miembro de la junta de guerra. Apodaca perdió prestigio por su irresolución, el desacierto de sus medidas, las inútiles marchas de las fuerzas, su incapacidad para evitar la deserción general y la inevitable pérdida de México. Los oficiales asociados en una logia liberal, decidieron destituirlo, repitiendo lo ocurrido el mismo año con Pezuela en el Perú y por no ser Apodaca afecto al régimen liberal.

En la noche de 5-VII-1821 se produjo un pronunciamiento y varios oficiales, dirigidos por el teniente coronel Buceli, exigieron a Apodaca y a la citada Junta su dimisión; no se aceptaron sus explicaciones y hubo de firmar su renuncia, alegando ser a petición respetuosa de oficiales y tropa. Se negó Pascual de Liñán a aceptar un poder faccioso y tuvo que tomar posesión Novella, aunque no era liberal. Su cargo era el de capitán general, por haber abolido el de virrey el régimen constitucional español. Fue mal recibido por los jefes que no habían intervenido en el motín y por la ilegalidad de su nombramiento, lo que aumentó la desmoralización realista. No pudo hacer más que Apodaca, pues no lo permitían las circunstancias, e imitó sus medidas, como alistamiento de soldados, una nueva Junta de Guerra y fortificación de la capital.

Siguieron las derrotas y las rendiciones como las de Ciriaco del Llano en Puebla. Pero, nombrado ya desde enero nuevo virrey, el general O´Donojú, por su liberalismo, en sustitución de Apodaca, llegó a Veracruz el 3 de agosto, tomando posesión y enterándose entonces del estado del país, que ignoraba —incluso la sublevación de Iturbide—, al parecer, al salir de España. Iturbide se puso en contacto con O´Donojú, impidió que lo hiciera Novella, mostrándole que este no había traído refuerzos, y acabó por celebrar con el recién llegado el tratado de Córdoba (24-VIII-1821), por el cual, O´Donojú, excediéndose en sus atribuciones, pero percibiendo la realidad, reconoció la independencia mexicana, según el Plan de Iguala.

Novella no reconoció el tratado y se dispuso a resistir en la capital, donde ya había concentrado tropas españolas y leales hasta 5.000 hombres y los últimamente alistados o íntegros, con Armijo, Melchor Álvarez y otros jefes; los dos tercios de las fuerzas eran mexicanos y tomó medidas de precaución contra los sospechosos. Estaba sitiada la capital por el ejército de Trigarante, pero solo se dio un combate de importancia en Atzcapozalco (19 de agosto), que quedó indeciso.

El 30 de agosto recibió orden de O´Donojú; en una junta con las autoridades militares, civiles y eclesiásticas se acordó reconocer al nuevo virrey si justificaba su autoridad; pero la deserción aumentó grandemente, pasándose Melchor Álvarez. Llegó Iturbide el 5 de septiembre y hubo negociaciones entre ambos virreyes, negándose O´Donojú a reconocer a Novella como legítimo; al fin se celebró una entrevista en la hacienda de la Patera, cerca de Guadalupe, entre ambos virreyes e Iturbide (13 de septiembre), acordando solo prorrogar el armisticio firmado antes y entregó Novella el mando a O´Donojú, sin calificar la legitimidad o no del gobierno del primero, quien depositó interinamente el mando en Liñán. Salieron las tropas leales; el 24 de septiembre entró Vicente Filisola en la capital, el 26 O´Donojú se hizo reconocer como capitán general y el 27 entra en la ciudad Iturbide al frente del Ejército Trigarante, proclamándose solemnemente la independencia el día 28.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, pág. 54.