Maximiliano I de México

    Retrato de Maximiliano I.

    Retrato de Maximiliano I


    Biografía

    Maximiliano como emperador de Méjico

    La piedra angular de esta ilusoria política debía ser la expedición de Méjico, la cual, por otra parte, contaba con la simpatía de la Santa Sede, que deseaba ver al frente de aquel país a un gobierno católico, y con la complacencia de los católicos franceses, que reclamaban compensaciones para la Iglesia en China, en el Oriente Medio y en Méjico. En mayo de 1863, el ejército francés se apoderaba de Puebla, y en junio entraba en Méjico capital. Inmediatamente, el general Forey reunió a una junta conservadora, compuesta por miembros del ejército de Miramón, la cual decretó la implantación del régimen imperial y llamó al archiduque Maximiliano para ocupar el trono. Este aceptó la Corona con la garantía que le prestaba un tratado secreto, según el cual Napoleón III se comprometía a suscribirle un empréstito en Francia y el mantenimiento de tropas francesas en la capital mejicana (1864).

    Maximiliano intentó agrupar a todos los elementos constructivos sin distinción de partido y se esforzó por restablecer la paz, reconociendo la libertad de cultos y aceptando la confiscación de los bienes de la Iglesia, política que le valió la hostilidad de los católicos mejicanos, sin atraerse el partido de Juárez.

    Napoleón III retira sus tropas de Méjico

    Mientras Napoleón III se obstinaba en la empresa mejicana, la situación internacional sufría profundos cambios en América y en Europa. En los Estados Unidos, la guerra de Secesión terminaba con la victoria de los nordistas (1864) y estos ofrecían a los liberales mejicanos su apoyo en la lucha contra Maximiliano I, mientras que en Europa la guerra desencadenada por Prusia y Austria contra Dinamarca se dibujaba con perfiles peligrosos para Francia.

    Los Estados Unidos reclamaron con insistencia la evacuación de las tropas francesas de Méjico, sin que Napoleón III, a pesar de los consejos de Inglaterra, se decidiese a ello. Entonces, estalló la guerra austroprusiana y, ante la actitud amenazadora de los Estados Unidos, Napoleon III se vio obligado a renunciar a su sueño y a repatriar el cuerpo expedicionario, lo que efectuó de diciembre de 1866 a marzo de 1867. A partir de entonces, sin el apoyo francés, la situación de Maximiliano en Méjico fue desesperada.

    Caída de Maximiliano

    Ante tan crítica situación, la emperatriz Carlota vino a Europa para suplicar al emperador y al papa Pío IX que no les abandonasen, perdiendo la razón cuando estaba prosternándose a los pies del Padre Santo. En junio de 1867, Maximiliano, a quien sólo defendían algunos monárquicos mejicanos apoyados por voluntarios belgas y austriacos, caía prisionero en Querétaro, al ser entregada la ciudad a las tropas republicanas. Juzgado y condenado a muerte, Maximiliano fue fusilado al mes siguiente, junto con los generales mejicanos Miramón y Mejía.

    Durante los años de la intervención francesa, el presidente Benito Juárez sostuvo con incansable perseverancia el derecho de Méjico a darse su propio gobierno y a mantenerlo a toda costa frente a la imposición extranjera. Defendió el principio de las instituciones republicanas, que supo conservar en medio de las mayores adversidades, y luchó sin cesar contra el régimen de Maximiliano hasta lograr que Méjico se viera libre de toda interferencia extranjera.

    La expedición de Méjico terminaba con un doble fracaso. Obligado a ceder ante las amenazas de los Estados Unidos, el Imperio francés veía mermado su prestigio internacional en el preciso momento en que, en Europa, Prusia afirmaba la voluntad de establecer su hegemonía sobre Alemania emprendiendo la guerra contra Austria. Respecto a la Santa Sede, lejos de obtener un acercamiento, Napoleón III había provocado una aguda crisis al retirar sus tropas de Roma en 1864. En el plano interior, la oposición católica no había cesado de aumentar desde la condena de los errores modernos por el Papa, mientras que la expedición de Méjico había alejado aún más a los liberales de la política imperial. Sin duda, en 1866 Napoleón se enfrentaba a las más graves responsabilidades. Iba a jugarse la suerte de Europa en la guerra austroprusiana, cuyo resultado dependería de la actitud que adoptase el Imperio francés.

    PIRENNE, Jacques, Historia Universal, Ed. Éxito, 1961, t. 6 págs. 157-158