Virrey de México

Retrato de Francisco Javier Lizana Beaumont

FRANCISCO JAVIER LIZANA BEAUMONT, Virrey de México (1750-1811; 1809-1810). [Arnedo-México]. Arzobispo de México y Virrey de México. Tras sus estudios de Teología y Derecho fue catedrático en Alcalá y ejerció cargos eclesiásticos en esta y Zamora. Habiéndose distinguido en la Península en el ejercicio de varios obispados (Zamora, como obispo auxiliar, y Teruel, 1801-1802) fue promovido, en 1803, a la silla arzobispal de México, donde hizo su entrada en enero de 1804. En su viaje pastoral fundó un convento en Querétaro, y con motivo de la entrada del virrey Iturrigaray, una cátedra de Historia eclesiástica en la Universidad. Fundó la población de Concepción de Arnedo.

Tomó parte en la deposición del dicho virrey y sustituyó a Garibay (19 VII-1809). Para dedicar su atención a las tareas administrativas, concedió el gobierno de la mitra a su primo, el inquisidor general Sáez de Alfaro, que ejerció gran influjo en el débil ánimo de Lizana. Sus primeros actos fueron remediar la escasez que reinaba en el pueblo producida por la pérdida de las cosechas y remitir a España los recursos que reclamaba urgentemente su difícil situación producida por la invasión de los franceses, cediendo en beneficio de esta causa su sueldo de virrey y capitán general. No le fue posible, sin embargo, a pesar de sus afanes, conseguir los veinte millones que se le pedían.

Tuvo que hacer frente a graves inconvenientes para cumplir las órdenes de la Junta central, entre ellas la agobiante demanda de dinero, a la que era tan difícil satisfacer; otra fue la referente al probable desembarco en Nueva España de Carlos IV y María Luisa, según proyectos de Napoleón, ordenándosele prender a los reyes y su comitiva si llegaba el caso, haciendo constar que Fernando VII era el único rey de España, y la Junta su representante; decreto que el virrey hizo público.

Virtuoso, de carácter apacible y de pocas luces, tiene el mérito de haber luchado sin descanso en un momento difícil y entre muchas opiniones encontradas. No podía considerársele amigo de la independencia por su intervención en la caída de Iturrigaray, pero influido por sus consejeros y testigo de los excesos de los españoles durante el gobierno de Garibay, se alejó de estos mereciendo el aplauso de los mexicanos, lo que hirió la altivez de los oidores, que pronto serán los mayores enemigos del virreyVicente Riva Palacio, México a través de los siglos, Barcelona, t. III, pág. 71. Muestra de esta disposición favorable a los criollos fue la deportación a España del periodista Juan López Cancelada y el destierro del oidor Guillermo de Aguirre, alma del partido españolista. Los oidores llamaron el pontificado a su gobierno.

El espíritu de independencia que aumentaba cada día, le obligó a tomar precauciones. Creó la Junta de Seguridad y Buen Orden. En 1809 sofocó un pronunciamiento que estaba a punto de estallar en Valladolid, y temeroso de que las conspiraciones se extendieran, hizo enviar a España numerosos individuos bajo partida de registro. Reunió las tropas dispersas y las aumentó, creando varios cuerpos de milicia. Tomando en consideración su edad, su carácter vacilante y su mencionada actitud, fue relevado en 1810 por el Consejo de Regencia de España e Indias, dándosele en recompensa de sus servicios la cruz de Carlos III. Cesó el 8 de mayo de 1810, haciéndose cargo interinamente del virreinato el regente de la Audiencia, Pedro Catani. La Regencia de España nombró para sustituirla a Francisco Javier Venegas Lizana, dedicado a sus funciones de arzobispo, moría al año siguiente.

VILLA, Justa de la, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. F-M, pág. 771.