Historia de México

Índice

Época Prehispánica
Descubrimiento y Colonización
Época Colonial
Los Virreyes
Independencia de México
Época Independiente

Época Prehispánica.

Los restos arqueológicos encontrados, tanto en el valle de México como en las zonas marginales, demuestran la existencia de un hombre paleolítico habitando esta región. Los más importantes hallazgos son el hombre de Tepexpan y las cuevas de Tamaulipas.

Posteriormente el valle de México estuvo habitado por unos pueblos cuya cultura ha sido llamada arcaica o preclásica, que puede tener su origen en las tierras bajas junto al Golfo de México y que se extiende aproximadamente de 1400 a 400 a. C. Eran pueblos agrícolas que cultivaban el maíz y el algodón y posiblemente la calabaza y el fríjol. Vivían en aldeas que llegaron a convertirse en auténticas ciudades. Los restos más importantes de este periodo son los de la pirámide de Cuicuilco, de planta casi circular y a la que se ascendía por una rampa y una escalera.

Pirámide de Cuicuilco.Pirámide de Cuicuilco.

Características de este periodo son las figuritas de cerámica que presentan muy diferentes actitudes y cuya finalidad es discutida y una variada gama de vasijas de cerámica, muchas de las cuales presentan los tres pies típicos de la cerámica mesoamericana. La decoración es generalmente geométrica. Los restos de templos demuestran la existencia de un sacerdocio y de un panteón muy primitivo. También en este periodo arcaico se inicia la cultura de Teotihuacán, ciudad donde se hallan las pirámides más importantes de toda América y que presenta grandes enigmas en cuanto a su origen y sus constructores. Jiménez Moreno supone que estos fueron antiguos totonacas y no toltecas como se creía tradicionalmente.

Teotihuacán fue una gran ciudad, ya que solamente el centro ceremonial tenía una longitud de 2 km. y medio y 1 km. de anchura. Construcciones civiles rodeaban este centro. En ella son importantes las pirámides del Sol y de la Luna y el templo de Quetzalcoatl, riquísimamente decorado con serpientes, conchas y caracoles. Los restos de cerámica y escultura, junto con esta arquitectura, demuestran un esplendor cultural que alcanzó su punto culminante en el periodo clásico. Esta ciudad fue destruida por incursiones de tribus del N. impulsadas por los toltecas hacia el año 800 después de Cristo.

Este pueblo, conducido por Mixcoalt, llegó al valle de México, fijando su residencia en Culhuacán. Posteriormente el hijo de Mixcoalt, Topiltzin, fundó Tula, cerca de Teotihuacán, en el s. IX de Cristo. Como consecuencia de un conflicto religioso pocos años después, un grupo de sacerdotes y guerreros abandonó Tula y se estableció en la ciudad maya de Chichen-Itzá, en el Yucatán, con lo que el influjo de la cultura tolteca fue extraordinario en esta zona.

Su arquitectura empleaba con frecuencia las columnas talladas en forma de serpientes emplumadas y los atlantes, como se observa en el templo de Tlahuizcalpantecuhtli, en Tula, cuyo dintel esta sostenido por cuatro guerreros. En escultura son características las figuras conocidas con el nombre de Chac-mool, que representan hombres recostados, generalmente con las rodillas flexionadas, y sobre cuyo significado hay variadas hipótesis. La más típica cerámica tolteca es la mazapa con una bola roja en el borde del vaso color crema.

La ciudad de Tula a mediados del s. XII, fue destruida por nuevas hordas de bárbaros del N., llamados en conjunto chichimecas, quienes, conducidos por Xolotl, después de sedentarizarse se instalaron en Tenayuca e iniciaron una dinastía que trasladó su capital a Texcoco. Los toltecas vuelven a refugiarse en Culhuacán, que fue destruida más tarde por los tecpanecas de Azcapotzalco, en alianza con las últimas tribus llegadas, los aztecas, de lengua nahuatl. Este pueblo, que se instaló en Tenochtitlán, se hizo pronto dueño de todo el valle de México.

Mientras en el valle de México se desarrollaban todas estas culturas, en la región húmeda y pantanosa de los estados de Veracruz y Tabasco floreció desde mucho antes otra cultura con agricultura intensiva, calendario y escritura que se conoce con el nombre de Olmeca. Tuvo una enorme influencia y es, desde luego, la más antigua de las culturas mesoamericanas.

Los más importantes centros de la cultura olmeca son la Venta y Tres Zapotes, donde quedan restos de conjuntos arquitectónicos. En la Venta se conserva una pirámide truncada que debió ser, cuando se construyó, el más grande edificio de Mesoamérica. Está rodeada de patios cerrados por montículos. Sin embargo, los restos más importantes de esta cultura son sus esculturas, tanto monumentales como de pequeño tamaño, y los relieves.

Generalmente son reproducciones humanas, y con menos frecuencia un dios-jaguar o un monstruo-jaguar que quizá tenía relación con los Xipe-Totec. También reprodujeron pájaros y muy raramente serpientes. Los tipos de escultura son muy variados, siendo famosas las cabezas colosales, de las que han sido halladas varias en la Venta y en Tres Zapotes. Su técnica es depurada y su sistema de pulido les permitió obtener las superficies tersas características de su arte.

Totonaque Auch 4Estatuilla Totonaca.

Otra importante cultura del México marginal fue desarrollada en la región de Veracruz por los totonacas. El más famoso resto de esta cultura es sin duda la llamada pirámide de los Nichos de Tajín, de seis pisos o plataformas escalonadas y adornada con niches. Es igualmente importante el Juego de la Pelota, de grandes proporciones y con bellos relieves. La escultura de esta región es muy variada y presenta serios problemas sobre la utilidad de los restos encontrados. Tales los yugos, objetos en forma de herradura con gravados de temas diversos. Entre las interpretaciones dadas sobre su finalidad, la más aceptable parece ser la de Ekholm, según la cual estos yugos serían cinturones de los jugadores de pelota.

La región Norte del Golfo de México fue ocupada por los huastecas, que formaron un grupo aislado de habla maya separado del resto de los totonacas de Veracruz. La zona de Michoacán estaba ocupada por los tarascos, muy influidos por los toltecas, como lo demuestra la existencia de figuras de Chac-mool. En el valle de Oaxaca se establecieron los zapotecas, que edificaron la ciudad de Monte Albán, con una gran plaza rodeada de grandes edificios, entre los que destaca el Juego de Pelota. Otra importante ciudad zapoteca fue Mitla, aunque tenía gran influencia mixteca. En escultura son famosos los relieves del grupo de los danzantes y en cerámica las urnas funerarias. Monte Albán fue abandonada a causa de la llegada de nuevas oleadas de pueblos, los mixtecas, empujados por los toltecas.

Los invasores utilizaron la ciudad como cementerio.

Se ignora el origen de la cultura mixteca, que en el siglo X ya tenía características propias. Son conocidos por sus esculturas de pequeño tamaño, de una gran variedad y riqueza; sus mosaicos y sus trabajos de hueso y madera. Destacaron sobre todo en pintura, como se observa en numerosos códices (para la última época prehispánica, v. Aztecas; Mayas).

MONTERO, Pilar, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, pág. 1028-1029.

Descubrimiento y Colonización

Se tardó bastante desde el descubrimiento de América en tener noticia de la existencia de las actuales tierras mexicanas. Probablemente los primeros europeos que llegaron a ellas fueron Vicente Yáñez Pinzón y Díaz de Solís, en 1508, que recorrieron, al parecer, parte de las costas del Yucatán, como lo refleja el mapa de la edición de la primera Década de Angleria (1511).

En 1512 naufragó Juan de Valdivia, compañero de Balboa, y los supervivientes fueron arrastrados al Yucatán, donde perecieron todos menos González Guerrero y Jerónimo de Aguilar que se adaptaron a la vida maya. Permanecieron, sin embargo, desconocidas las costas mexicanas hasta 1517, en que dio a conocer el Yucatán la expedición de Francisco Fernández de Córdoba, que lo recorrió desde el cabo Catoche hasta Potonchán, siendo rechazado por los mayas.

Sus noticias movieron al gobernador de Cuba, Diego Velázquez, a enviar una segunda expedición bajo el mando de Juan de Grijalva, quien reconoció de nuevo la costa yucateca desde la isla de Cozumel y prolongó los descubrimientos de Córdoba desde Potonchán al cabo Rojo, en las cercanías de Tampico (mayo-junio de 1518); en este viaje descubrió las tierras de los aztecas, cuyo jefe Moctezuma, ya había sabido de los extranjeros desde la expedición anterior y que envió mensajeros a Grijalva.

No se decidió este a fundar una población y emprender la conquista, y regresó a Cuba; Velázquez, advertido por Alvarado de la riqueza y civilización de las nuevas tierras y de la actitud de Grijalva, antes de que volviera preparó ya una tercera expedición, que confió a Hernán Cortés. El primer nombre que recibieron las tierras descubiertas, fueron Santa María de los Remedios (Yucatán, supuesta isla) y Culúa (de los alcolhuacas, y Santa María de las Nieves (por las de la Sierra Madre oriental), las propiamente mexicanas.

La misión oficial de Cortés era la de explorar, tomar posesión de las nuevas tierras, rescatar a los cristianos cautivos de que había noticia, traficar con los indios y reconocer el país y sus riquezas, sin hablarse de poblar, por no estar autorizado Velázquez para ello. Partió Cortés de Cuba el 18-XI-1518, antes de que le destituyera Velázquez, a quien no le fue posible ya efectuarlo; después de completar su expedición en otras poblaciones cubanas, zarpó definitivamente el 18-II-1519, con once embarcaciones de 500 a 530 soldados, 110 marineros, 200 indios, 16 caballos, 14 piezas de artillería, 32 ballestas y 13 escopetas.

La MalincheLa Malinche traduce la lengua de los mexicas a Cortés. Lienzo de Tlaxcala, siglo XVI.

Llegó a la isla de Cozumel y rescató a Aguilar, que sirvió de intérprete. Costeó Yucatán; en Tabasco tuvo el primer combate (Centla), y recibió a doña Marina, que le prestó grandísimos servicios en la conquista. En San Juan de Ulúa recibió mensajeros y ricos presentes de Moctezuma, pero también la negativa de que fuera a su capital. Hernán Cortés reveló sus dotes de inteligencia y mando en la conducta que siguió: percibió por una embajada de los totonacas de Cempoala que existía descontento contra Moctezuma y ambiente propicio a una rebelión contra él y se apoyó en aquellos.

Para legalizar su situación, siendo un subordinado rebelde contra el gobernador de Cuba fundó la primera ciudad española de México en Ulúa, Villa Rica de la Veracruz, ante cuyo ayuntamiento, formado por oficiales suyos, dimitió el mando y fue confirmado en él en nombre del rey de España; envió mensajeros a este, y resuelto a emprender la conquista, hundió los buques, dejó una guarnición en Veracruz, y con el resto de su hueste e indios aliados inició la marcha a Tecnochtitlán desde Cempoala, el 16-VIII-1519. Por jalapa ascendió a la Sierra Madre y penetró en la meseta de Anáhuac.

Jal-ixcoLos tlaxcaltecas acompañaron a los españoles en las exploraciones posteriores a la conquista del norte de México.

Siguiendo su política de apoyarse en los enemigos del imperio azteca, tras vencer a los tlaxcaltecas, hizo alianza con ellos, y a causa de su encarnizado odio a los mexicanos, consiguió una alianza estrecha y duradera y a prueba de reveses, sin la cual probablemente no hubiera podido llevar a cabo su audaz empresa. Moctezuma, irresoluto, no supo oponerse por la fuerza a su avance sobre la capital, disfrazado de visita y embajada, y quiso evitarlo por una asechanza de los habitantes de Cholula, que previno Cortés con una matanza por sorpresa y obligando a los supervivientes a someterse a su autoridad y alianza.

Recibido fastuosamente por Moctezuma, entró en México en 18-XI, y, una vez examinada la situación y medios del Estado, quiso dominar el imperio —la confederación— azteca a través de Moctezuma, a quien obligó, a los pocos días, a ir a vivir al cuartel de los españoles, convertido en un verdadero rehén y prisionero; le obligó después a reconocerse vasallo de Carlos I, como también a los otros jefes aztecas de Tezcoco y Tacuba —a quienes apresó, deponiendo al primero—, y a entregarle gran cantidad de tesoros.

Por esta especie de protectorado creyó tener dominado ya todo el país, y envió exploraciones en busca de los ríos auríferos y obtener la sumisión de otros pueblos, especialmente de los enemigos de Moctezuma, ante quienes quería presentarse como su libertador. También se esforzaba en introducir el cristianismo, y por lo menos trataba de evitar los sacrificios humanos.

Hasta mediados de 1520 la expedición de Cortés, conquistadora y a la par descubridora, había hallado y sometido parte del Anáhuac, con las tres ciudades de la confederación azteca, los señoríos vasallos de Iztapalapa y Coyoacán, la república de Tlaxcala, su aliada Huejotzinco, y el Totonacapan o país de los totonacas en la costa. Las expediciones enviadas por Cortés habían llegado por el sur a Chinantla, Tochtépec (Oaxaca), la Mixteca, Coatzacoalco, en la costa meridional, adonde fue Ordás, y cuyo cacique era enemigo de Moctezuma, y a Pánuco, en la costa, al norte de Ulúa, para contrarrestar las tentativas de conquista de Francisco de Garay.

La prepotente situación alcanzada por Cortés fue puesta de pronto en grave peligro por sus imprudencias, al estrujar sin consideración a los jefes aztecas y al provocar el descontento popular ante la repentina caída bajo el poder de los extranjeros, y por la hostilidad de Velázquez, quien envió una cuantiosa hueste y flota al mando de Pánfilo de Narváez para apresar a Cortés. Este derrotó hábilmente y con poco esfuerzo a Pánfilo (28-V-1520), e incorporó al suyo su ejército, reforzado así considerablemente; pero la matanza efectuada, entretanto, por Alvarado en México provocó una terrible sublevación.

Vuelto Cortés a la capital, no pudo dominarla, pereció Moctezuma a manos de sus súbditos, que le habían depuesto, y proclamado a su hermano Cuitláhuac, y ante la gravedad de la situación, llevó a cabo Cortés la evacuación de México en la Noche Triste (30-VI-1520), en la que perdió gran parte de su ejército (unos 600 u ochocientos españoles y miles de indios aliados). Fue aquel el momento crítico de la conquista, y el final de la primera parte de ella, que se había desarrollado con gran facilidad y enorme audacia.

Pudo perderse completamente, pero se salvó la situación por haber conseguido retirar Cortés los restos de su ejército a la zona del lago (batalla de Otumba, 7 de julio), por no haber flaqueado la alianza de Tlaxcala, a pesar del desastre, y por el tesón de Cortés, quien no quiso renunciar a la empresa, aunque se transformaba en larga campaña de conquista; los mexicanos, regidos por Cuauhtémoc desde fines de 1520, se negaron a entrar en negociaciones y a someterse.

Rehízo Cortés su ejército, recibió refuerzos, y, a fines del mismo verano de 1520, comenzó la campaña, apoderándose de Tepeaca —puramente militar por entonces—, Segura de la Frontera (septiembre), de vida errante y breve. La táctica consistió en aislar la capital por la conquista de las demás ciudades amigas en forma sistemática, y acudiendo a su destrucción, si no se sometían voluntariamente, y a esclavizar a sus habitantes; así sujetó la región oriental, mientras Ordás y Alonso de Ávila hacían lo mismo con Tochtépec.

En diciembre de 1520 preparó la campaña definitiva: recibió nuevos refuerzos; envió a Ordás a España para exponer sus hechos y pedir la confirmación de su autoridad; solicitó del emperador la designación de Nueva España para el país que se conquistaba, e hizo construir trece bergantines en Tlaxcala, que fueron trasladados después desmontados al lago y botados (abril de 1521), adquiriendo así la hegemonía naval. El último día de 1520 conquistó Tezcoco, donde impuso a un nuevo señor amigo suyo, y adonde fueron llevados los barcos, destruyendo después Iztapalpa y sometiendo el sur del lago, y a continuación el norte y occidente del mismo, con la destrucción de Tacuba; Gonzalo de Sandoval se apoderó de Chalco, y en abril de 1521 salió Cortés de Tezcoco y dio la vuelta completa al lago, apoderándose, entre otras, de Cuauhnáhuac (Cuernavaca), Xochimilco y Coyoacán, en el Sur.

Preparada ya la campaña final, con la destrucción o sometimiento de las ciudades aztecas y la unión de sus enemigos, promulgó en Tlaxcala unas ordenanzas, primera legislación española en Nueva España, en la que establecía severa disciplina y daba como única justificación a la guerra la implantación del cristianismo y la extinción de la idolatría. Dividió su ejército en tres partes bajo el mando de Alvarado, Olid y Sandoval, y comenzó el sitio de México el 30-V-1521.

Cuauhtémoc defendió heroicamente la ciudad, que hubo de ser tomada casa por casa y arrasada totalmente, durando el asedio dos meses y medio; pereció la mayoría de la población por la guerra, el hambre y las epidemias, pero no se rindió, a pesar de las varias ofertas de Cortés; reducidos los defensores a un rincón en el barrio de Tlatelolco e imposible la prolongación de la defensa, terminó esta con la captura de Cuauhtémoc, al intentar huir, el 13-VIII-1521.

Destruido el imperio azteca, Cortés, dueño indiscutible del país, prosiguió la sumisión de los territorios independientes y la organización de la colonia, en la que demostró asimismo insuperables dotes de estadista y civilizador. A fines de 1521 inició la reconstrucción de México, que se llevó con gran rapidez, decidido a instala la nueva capital en donde estuvo la grandiosa y prestigiosa de los aztecas, y la dotó de un municipio de tipo español. Al mismo tiempo, se apresuró a enviar a sus capitanes en todas direcciones.

Sandoval sometió de nuevo Coatzacoalco y fundó las villas de Medellín en Tuxtepec y Espíritu Santo en Coatzacoalco (1522); Francisco de Orozco sometió Oaxaca, en que abundaba el oro, y Alvarado, Tututepec en Tehuantepec (1522), fundando una nueva, Segura. Por el Oeste se sometió espontáneamente el rey de Michoacán, Tangoaxán II o Tzintzicha, y fue enviado allí Olid.

Álvarez Chico sometió Zacatula, en las orillas del Pacífico, donde se fundó el primer puerto mexicano de este litoral (1522); a continuación, con Alonso de Ávalos, intentó conquista Colima, donde fracasaron, requiriendo la presencia de Sandoval, quien sometió el territorio y fundó la villa de Colima (1523); en 1524, el capitán Francisco Cortés atravesó y sometió Jalisco y Tepic y recorrió la costa del Pacífico hasta el sur de Sinaloa.

En 1522, igualmente, Cortés, obsesionado por la concesión hecha a Garay, fue en persona a Pánuco —el país huaxteca— y fundó Santisteban del Puerto (1523); cuando llegó Garay fracasó calamitosamente y hubo de entregarse a Cortés, quien había sometido el señorío intermedio de Metztitlán. En el extremo sur habían dado su sumisión la Mixteca, Soconusco y Chiapas; sublevada esta fue sometida por Luis Marín (1524), y de nuevo por Diego de Mazariegos, en 1527, que fundó Villa Real.

Las gestiones de los enviados de Cortés y la fama de sus hazañas triunfaron en la corte de sus enemigos, y el 15-X-1522 fue nombrado gobernador y capitán general de la Nueva España. Introdujo el sistema de encomiendas, evitando los excesos de las Antillas, y legisló para echar las bases de la nueva sociedad. Fomentó la inmigración española, introdujo plantas europeas y la ganadería e inició la explotación minera.

La conversión de los indios había sido obra de los religiosos que acompañaron la expedición de conquista. Juan Díaz y Bartolomé de Olmedo, llegando luego otros, aislados, como fray Pedro de Gante, perdurable renombre por su labor misionera y cultural; en 1524 llegó a México el primer grupo organizado, compuesto por doce franciscanos, dirigidos por fray Martín de Valencia, y entre ellos en padre Motolinía, que emprendieron una tarea sistemática, a la que colaboraron los dominicos desde 1526 y los agustinos (1533).

Se hallaba Cortés en el apogeo de su fama y poderío, y envió dos expediciones a la América Central: la de Alvarado a Guatemala, a fines de 1523, empresa triunfal pero que su jefe derivó en provecho propio; y la de Olid a las Hibueras u Honduras (1524); la sublevación del segundo contra Cortés motivó la expedición en persona del conquistador de México a Honduras (1524-1526), llena de calamidades, a través de las selvas, pantanos y ríos de Tabasco, Chiapas y el interior del Yucatán, empresa desgraciada y de gran proeza geográfica a la par; en su transcurso hizo matar Cortés a Cuauhtémoc.

Durante su ausencia gobernaron tiránicamente los oficiales reales. A los pocos días de su regreso a México (1526), llegó el juez de residencia Luis Ponce de León, que le desposeyó del mando, que ya no recobró más, pues fallecido enseguida Ponce, designó este sucesor al licenciado Marcos de Aguilar, y a su muerte gobernó el tesorero Alonso de Estrada (1527), consecuencia de la desconfianza que contra Cortés habían introducido sus enemigos en el gobierno español.

Como gobierno definitivo se creó la Audiencia de Nueva España (13-XII-1527), que comenzó sus funciones a finales de 1528; dominó el desacierto en el nombramiento de sus miembros, que resultaron gente injusta y carente de sentido moral; era presidente Nuño Beltrán de Guzmán, y oidores Juan Ortiz de Matienzo y Diego Delgadillo —murieron otros dos al llegar—, quienes se asesoraron del factor Gonzalo de Salazar, que había desgobernado México durante la expedición de Cortés a Honduras.

Cometieron toda clase de abusos, exprimiendo a los indios, de quienes se adjudicaron cien mil en encomienda, y despojaron a los viejos conquistadores; incoaron un proceso contra Cortés, en el que se vertieron todas las acusaciones, reales o falsas, con el propósito de arruinar su personalidad, y tuvieron fuertes choque con el obispo de México, fray Juan de Zumárraga, que se opuso a sus desmanes.

Por las quejas contra la tiranía de la Audiencia, en especial por parte del prelado, removió la corte a sus miembros, y los sustituyó por otros que resultaron completamente opuestos, por sus cualidades y acierto en su gestión: eran el obispo de Santo Domingo, Sebastián Ramírez de Fuenleal, como presidente, Juan de Salmerón, antiguo alcalde de Castilla del oro, Francisco Ceinos, Alonso de Maldonado y el famoso Vasco de Quiroga, luego obispo de Michoacán, que dejó grato recuerdo entre los indios por el amor que les profesó. Se instalaron en 1531, y se dedicaron a reparar los agravios de los anteriores, y a efectuar su juicio de residencia, siendo condenados los dos oidores.

Durante la etapa anterior comenzó sus funciones el primer obispo de Nueva España, fray Julián Garcés, dominico, que instaló su sede en Tlaxcala (1527); en 1528 se inauguró la sede de la capital con la ilustre figura de Zumárraga. Nuño de Guzmán, gobernador de Pánuco de 1526 a 1528, donde persiguió a los indios, temió en 1529 el regreso triunfal de Cortés, a quien tanto había agraviado, y quiso realizar una conquista que borrara sus faltas al frente de la Audiencia: emprendió la llamada de los chichimecas, el noroeste de México, en la que dejó siniestra memoria, por sus extorsiones y crímenes con los indios, que le sitúan entre los peores conquistadores.

Salió en 1529 y saqueó Michoacán, haciendo perecer a su rey y a otros príncipes, porque no saciaban su codicia; de allí invadió las regiones costeras del Pacífico (1530), que ya estaban en parte sometidas (Jalisco y Tepic), que recorrió a sangre y fuego; en 1531 fundó la villa de Compostela en Tepic (Nayarit), y la de San Miguel (luego Culiacán), en Sinaloa, límite se sus conquistas. Hizo fundar también Guadalajara (1532, traslada tres veces en diez años), Espíritu Santo o Chiametla, en Tepic (hoy en Sinaloa) (1532), en Colima y Santiago de los Valles (1533).

Por real cédula de 1531 se dio al territorio conquistado el nombre de Nueva Galicia; Guzmán se esforzó en establecer comunicación con su otra gobernación de Pánuco que conservaba. En 1537 fue, por fin destituido, encarcelado y enviado a España, donde murió, hacia 1550. En 1531 se sometió Querétaro, implantándose una especie de protectorado. Otra conquista comenzada en esta etapa fue la de Yucatán, llevada a cabo por Francisco de Montejo e iniciada en 1527, que duró hasta mediados del siglo.

Durante el mando de la segunda Audiencia se fundó Puebla de los Ángeles (1531) por iniciativa de Garcés; anteriormente (1528) se había fundado Antequera, hoy Oaxaca (1529). Cuando Carlos V decidió sustituir la Audiencia por la autoridad suprema de un virrey, Nueva España había superado la etapa de fundación y la crisis de la conquista, y, en realidad, estaba ya en plena época colonial; sin embargo, cabe señalar el comienzo definitivo de esta con la implantación del régimen virreinal, que había de ser el característico de los siglos de la unión con España y a través del cual ejerció la metrópoli su soberanía y su acción.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 1029-1033.