Los Incas

Titu Cusi Yupanqui. Diego Castro. Perú, c. 1536 – América del Sur, 1571. Inca rebelde.

Era hijo de Manco Inca Yupanqui y sobrino de Atahualpa. Fue elegido inca en 1560 tras la muerte de Sayri-Túpac, y reavivó el estado rebelde de Vilcabamba.

Asumido el poder inició un intenso período de actividad guerrillera contra los encomenderos españoles a los que robaba indios, ganado y asaltaba sus viviendas, asimismo emboscaba a pequeñas patrullas militares o a los convoyes de mercancías.

También auspició diversos levantamientos de tribus indias como en Jauja. Con todo ello intentaba atraer hacia su territorio al mayor número posible de indios y desde allí expandir su zona de influencia y resistir como una provincia independiente dentro del virreinato.

Sin embargo, a partir de 1565, tras la rápida represión de la sedición india de Jauja y sus escasos avances militares en cinco años, comprendió que su misión era imposible y que nunca podría derrotar al Ejército español. Asesorado por Martín Pando —escribano a las órdenes de Polo de Ondegardo, jurista y delegado del virrey— y después de recibir varias embajadas de las autoridades españolas, cambió de política en pos de una coexistencia pacífica que trajera más beneficios a su pueblo y le permitiera seguir en las montañas con cierta autonomía. Tras diversas negociaciones, protagonizadas por García de Melo, Juan de Matienzo y Rodríguez de Figueroa, el 14 de octubre de 1566, el virrey Lope García de Castro ratificaba el Tratado de Acobamba, por el cual Titu Cusi reconocía su sumisión a la Corona española, aunque se le permitía residir en sus territorios de Vilcabamba y mantener allí a los indios que lo desearan. También el inca recibía importantes encomiendas y otras tierras con una renta anual superior a los 3500 pesos de oro. Y lo más importante, había logrado la promesa de matrimonio para su hijo Quispe Titu con la ñusta Beatriz Clara Coya, hija de Sayri-Túpac y una de las más ricas y bellas herederas de Perú. Por su parte Titu Cusi se comprometía a no asaltar el territorio ocupado por los españoles ni a aceptar indios refugiados o huidos, al tiempo que admitía la presencia de misioneros y religiosos cristianos en Vilcabamba.

La gran habilidad del gobernante nativo fue mantener la apariencia de sumisión con la independencia real de sus territorios. Como no se sintió atraído a vivir en sus posesiones de Cuzco ni a abandonar nunca las montañas, logró preservar la supervivencia del estado rebelde de forma autónoma y pacífica. Ese saber conjugar las apariencias para seguir siendo libre le llevó incluso a bautizarse en 1568 y a mantener buenas relaciones personales con algunos cargos eclesiásticos.

Durante este tiempo de paz Titu Cusi dictó a Marcos García, el español encargado de la instrucción cristiana del inca, una larga Memoria destinada al rey Felipe II, que es un excelente resumen de la conquista vista desde la perspectiva de los vencidos y constituye la única memoria autobiográfica de un miembro de la Familia Real inca, más aún, es la única autobiografía de uno de los protagonistas de cualquiera de los dos lados.

A finales de 1569, con la llegada del nuevo virrey Francisco de Toledo, las cosas cambiaron. Toledo llegó con una mente abierta hacia los incas pero convencido de que había que hacer desaparecer la ficción de un Estado neo inca, peligroso ejemplo y nido siempre de rebeliones latentes. El virrey pensaba atraer hacia Cuzco a Titu Cusi a cambio de nuevas tierras y más rentas. Sin embargo, una noche de 1571, entre septiembre y noviembre, el Inca se sintió mal y murió a las pocas horas. Su muerte supuso un vuelco en las relaciones con la autoridad colonial. Su sucesor Túpac Amaru optaría por no negociar nada.

GONZÁLEZ OCHOA, José María «Titu Cusi Yupanqui», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, http://dbe.rah.es/biografias / 100340/titu-cusi-yupanqui)