Atahualpa

Retrato de AtahualpaRetrato de Atahualpa

ATAHUALPA, rey inca (1502-1533). Hijo de Huaina-Capac y de Paccha, hija del rey de Quito, al morir su padre, que había dividido el imperio del Perú en dos Estados,Atahualpa—Atabalipa para los cronistas españoles—, heredó el reino de Quito (1525), mientras su hermano Huáscar fue proclamado rey del resto del imperio. No conformes los hermanos con esta división y aspirando cada uno a eliminar al otro, estalló la guerra entre ambos (1530).

La lucha empezó por ser favorable a Huáscar, que hizo prisionero a su hermano; Atahualpa, sin embargo, logró fugarse y, prosiguiendo la guerra, consiguió derrotar a los peruanos en Huamachuco (1531), donde fue hecho prisionero el general Huanca Auqui, jefe del ejército de Huáscar. Indecisa, no obstante, la lucha entre los dos hermanos, desembarcaron los españoles en Túmbez (costa norte del Perú, 1532). Atahualpa, ante el peligro que significaba para los indígenas la presencia de las tropas de Pizarro, envió embajadores a Huáscar, para gestionar la unión de ambos contra el invasor, llevando a cabo las cláusulas del testamento del emperador Huaina-Capac. No se avino Huáscar, a ningún compromiso, y Pizarro, explotando en su beneficio el estado de guerra entre los dos incas, apoyó a Atahualpa, con lo que Huáscar, cayó prisionero de su hermano y este se proclamó rey del Perú.

Deseoso Pizarro de avistarse con Atahualpa, concertó con él un encuentro en Cajamarca. Pizarro solo contaba con 106 soldados y 62 jinetes, mientras el ejército del inca ascendía a varios millares de hombres. Era propósito del conquistador apoderarse de la persona de Atahualpa, para no frustrar la temeraria expedición a tierras peruanas. Al ver despoblada la ciudad donde debían encontrarse los dos jefes, Pizarro obró con mucha cautela; sabía que el ejército inca esperaba a pocas millas de Cajamarca y al observar que las fuerzas peruanas se movían hacia ella, salió al encuentro de Atahualpa el dominico fray Vicente Valverde para exponer al rey las razones de la presencia española en el Perú.

Atahualpa, rodeado de fuerte guardia, acogió con desprecio al dominico, ocasión que aprovechó Pizarro para lanzarse a la ofensiva. Un cañonazo —ruido desconocido en el nuevo territorio descubierto por los españoles— y la caballería bastaron para sembrar el pánico entre las huestes de Atahualpa, que, abandonado, quedó a merced de los conquistadores. Prisionero, ofreció a Pizarro el conocido rescate del oro que cupiera en la habitación donde ambos se hallaban. Aceptó Pizarro, y la estancia (17,5 pies de ancho por 22 de largo y 9 de alto) se colmó de oro, que fundido dio un valor de 1.528.500 pesos, repartidos entre los jefes y soldados después de haber deducido la quinta parte para la corona.

Entre tanto, Atahualpa, que seguía considerándose rey, había ordenado la muerte de su hermano Huáscar,. A pesar del rescate pagado, Pizarro no se decidía a poner en libertad al Inca. La abrumadora diferencia numérica entre indios y españoles originó un ambiente de inseguridad que, unido a las noticias adversas al Inca inventadas por Felipillo y a los consejos de los oficiales reales y de Almagro, determinó a Pizarro, bien a su pesar, a ejecutar al Inca. Se le sometió a proceso y se condenó al rey del Perú por los delitos de fratricidio, idolatría, poligamia y conspiración contra el rey de España. El dominico Valverde aconsejó a Atahualpa que recibiera el bautismo antes de morir, con el fin de atenuar el procedimiento de su muerte; el rey mostró indiferencia y se dejó bautizar, siendo después estrangulado en su prisión. Con el fin de Atahualpa concluía el primer paso de la sangrienta conquista del Perú.

TUDELA DE LA ORDEN, José, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E, págs. 398-399.