Honduras Época Colonial

Honduras fue descubierta por Colón en su cuarto y último viaje en 1502, y en 1508 Vicente Yáñez Pinzón y Díaz de Solís continuaron las exploraciones, pero hasta 1524, con ocasión del viaje de Gil González Dávila, no se hizo la primera fundación: San Gil de Buenavista. En este mismo año tuvo lugar la expedición de Cristóbal de Olid a las Hibueras —nombre con el que se conocía la región hondureña—, durante la cual se independizó de la jurisdicción de Hernán Cortés. Sin embargo, este nombró gobernador a su primo Hernando de Saavedra, que fue sustituido por Diego López de Salcedo (1526), con lo que acabó la jurisdicción de Cortés sobre este territorio.

Honduras sería disputada entre varios conquistadores y una manzana de discorda a causa del hallazgo de minas de oro allí y en Nueva Segovia (Nicaragua) y por ser un fácil entre los dos mares. En 1527 se creó un obispado, nombrándose al primer prelado en 1532. Cortés había fundado Puerto de Caballos o Natividad (hoy Puerto Cortés) y su pariente Francisco de las Casas, Trujillo (1525). En 1534 el gobernador Andrés de Cereceda fundó Naco.

En 1536 fue nombrado gobernador de Honduras el adelantado Francisco de Montejo, quien fundó de nuevo Puerto de Caballos, trasladada después por el mismo donde hoy es San Pedro Sula, en la costa atlántica; su hermano Gonzalo fundó la villa de Gracias a Dios (1536, de nuevo en 1537); su capitán Cristóbal de la Cueva Jerez o Choluteca (1535); también envió al capitán Alonso de Cáceres, fundador de Santa Maria de Comayagua o Valladolid (1537), para pacíficar el interior del país, sublevado al mando del cacique Lempira, jefe muy valiente y que reunió una gran hueste; Cáceres lo sitió en un peñol durante seis meses a fin lo hizo perecer por un ardid, sometiéndose los indios.

Montejo proyectó la construcción de un camino interoceánico, que partiendo de Puerto Caballos pasando por Comayagua llegase a la bahía de Fonseca. Un camino de Puerto Caballos a San Pedro ya estaba abierto hacia 1550 y servía para traficar de allí con Comayagua, Gracias, San Salvador y Guatemala. En 1539 Alvarado obligó a Montejo a cederle Honduras, pero la recobró en 1543.

En 1542 Carlos V creó la Audiencia de los Confines, a la que pertenecía, entre otros, el territorio de Honduras. El presidente de la Audiencia, Alonso Maldonado, decidió establecerla en Gracias a Dios (1544) y acabó por quitarle el gobierno a Montejo. La Audiencia fue trasladada a Guatemala (1549), a Panamá (1563) y de nuevo a Guatemala (1570); durante el período de Panamá, parte de Honduras dependía de él y Gracias a Dios y Buenavista de la Audiencia de Nueva España.

En 1545 había llegado el obispo Cristóbal de Pedraza († 1555), al que atacó Las Casas, pero que procuró cumplir sus deberes, fomentó la evangelización y escribió la primera Relación de la provincia de Honduras, en que criticaba severamente a los conquistadores. Después se trasladó la sede de Trujillo a Comayagua. Amigo de Las Casas fue el presidente Alonso López de Cerrato (1548-1555); mejoró la suerte de los indios con una nueva tasación de tributos y la libertad de los esclavizados. Al morir poco después el gobernador Pérez de Cabrera, se sustituyó el gobernador por un alcalde mayor, lo que se confirmó en 1561, pero siguió habiendo los dos cargos. El visitador Diego García del Palacio mencionó en su informe de 1576 las ruinas de Copán. Por entonces ya había un convento franciscano en Comayagua, erigiéndose otro en 1577 y poco antes otro en Nacaome.

En 1578 tuvo lugar el descubrimiento de las importantes minas de plata de Taguzgalpa, motivo por el cual se fundó allí el Real de Minas de San Miguel de Tegucigalpa (29 de septiembre de 1578), dotándola de otro alcalde mayor, dependiente de Guatemala, quedando dividida la provincia en las dos alcaldías de Comayagua y Tegucigalpa. En 1580 se agregó la Choluteca a Tegucigalpa, adquiriendo así Honduras una salida al Pacífico. El peligro de los piratas, que saquearon Trujillo en 1579, motivó el envío del ingeniero Juan Bautista Antonelli para estudiar un plan de fortificaciones, quien redactó una descripción del país e informó desfavorablemente la propuesta de que la ruta al Perú se hiciera por Honduras en lugar del istmo de Panamá.

El gobernador Rodrigo Ponce de León se dirigió al rey para interesarle en la exploración de la región de Tegucigalpa, donde había indios hostiles; esto, sin embargo, no se llevó a cabo hasta 1611 por los misioneros padres Verdelete y Monteagudo en una desgraciada expedición, pereciendo ambos a manos de los indios (1612). En 1611 la erupción de dos volcanes próximos destruyó la riquísima ciudad de Olancho el Viejo, cuyos supervivientes fundaron Olanchito.

Continuaron los ataques de los piratas que saquearon Trujillo, siendo gobernador Francisco de Ávila y Lugo (1639); los ataques a las islas de la bahía causaron su evacuación en 1642, dejándolas libres. Más tarde el filibustero escocés Wallace se estableció en Belice (entre 1662 y 1672), donde posteriormente los ingleses fundaron factorías para el corte de palo de campeche. De nuevo los holandeses saquearon Trujillo en 1643.

Hacia 1650 naufragó cerca del cabo de Gracias a Dios un barco negrero, cuyos supervivientes, bien acogidos por los indios de la costa, se unieron a ellos, dando origen a una población de zambos, que tomó el nombre de mosquitos, derivado del de la isla donde ocurrió el naufragio. Esta denominación se extendió más tarde a todos los habitantes de la región, que vivieron siempre independientes y hasta se pretendió por los ingleses, en el siglo XIX, formar con ellos un Estado aparte de las naciones centroamericanas.

Había varias tribus indias sin someter ni convertir y se efectuaron esfuerzos para ambas cosas, especialmente en la región de la Taguzgalpa; así en 1667 se hicieron esfuerzos entre los jicaques, fundándose varios pueblos. El obispo fray Alonso de Vargas (1678 y siguientes) fundó el seminario de Comayagua.

Todo el final del siglo XVII y el XVIII fue de lucha constante contra los piratas franceses e ingleses, que atacaban tanto las costas del norte como las del sur: en 1660 el Olonés saqueó San Pedro Sula; en 1688 un grupo atravesó Honduras por tierra, de Choluteca al cabo Gracias a Dios; en 1704, zambos asociados con ingleses invadieron el valle del río Segovia, llegando cerca del río Ulúa; siguieron sus invasiones, como la de zambos negros y jicaques en 1730 contra Olancho, además del contrabando en aquellas abandonadas costas. Estos ataques se prolongaron durante muchos años, produciéndose grandes saqueos, desmanes y violaciones. Para defenderse hubo que levantar fortificaciones, en el Golfo Dulce y río Matina. En 1743 llegó el ingeniero Luis Díez de Navarro con ese objeto y aconsejó fortificar el puerto de Omoa, comenzándose a construir su fuerte de San Fernando en 1752, concluido en 1775.

Como consecuencia del tratado de París (1763), que puso fin a la guerra de los Siete Años, los ingleses se comprometieron a demoler todas las fortificaciones que habían construido en estas costas; pero ante el incumplimiento de esta condición se reanudó la guerra en 1779, con motivo de la insurrección de las colonias inglesas de Norteamérica, y en 1782 el capitán general de Guatemala Matías de Gálvez expulsó a los ingleses de Roatán Río Tinto y todos sus establecimientos hasta Bluefields y propuso colonizar aquella costa, con poblaciones en Trujillo, cabo Gracias a Dios, Río Tinto y Bluefields, lo que se puso en práctica algún tiempo después (1787 y ss.), aunque colocándolas en la jurisdicción de Guatemala. Por la paz de 1783 los ingleses fueron obligados a evacuar las islas y el continente, a excepción de un pequeño territorio en que se les permitió el corte de maderas de tinte. En 1802 se dispuso que solo se conservaran los establecimientos de Trujillo, Rio Tinto y Roatán.

Continuó en el siglo XVIII la evangelización de los indios, como los payas, y la fundación de pueblos entre ellos. En 1762 fue erigida Tegucigalpa en villa. En 1774 se permitió el libre comercio interamericano; el reglamento de Libre Comercio de 1778 afectó también a Honduras.

El gobernador Juan Nepomuceno de Quesada fue nombrado intendente en 1787, siendo el primero que gobernó según las ordenanzas de intendentes; incorporó Tegucigalpa a Comayagua, suprimiéndose la alcaldía mayor de la primera lo que se confirmó en 1791, aunque volvieron a separarse en 1812, menos en lo militar estableciendo el capitán general Bustamante la alcaldía mayor para evitar el creciente desafecto a la metrópoli, lo que se confirmó en 1815.

El gobernador Ramón de Anguiano (1796-1808) realizó una visita general: aún había tribus sin convertir, como los jicaques, y los mosquitos seguían independientes y tenían como tributarios a los payas. Llevó a cabo un censo en 1801 que dio 130.000 habitantes, indios, ladinos y españoles, sin contar los citados grupos insumisos, distribuidos aquellos en 249 poblaciones. Redactó un informe en que expresaba la miseria y atraso del país y destacaba la gran mortandad de gente en la colonización de la costa; la decadencia de las minas y del cultivo del añil y la gran extracción de plata por el tráfico con los ingleses, verificándose un gran contrabando.

En los últimos años coloniales repercutieron en Honduras los sucesos de la Península y en 1812 se juró la constitución de Cádiz en Tegucigalpa. Honduras estuvo representada en las Cortes de Cádiz. Una memoria presentada a las Cortes en 1821 manifestaba que en Honduras había 93.501 habitantes en 145 pueblos y 231 valles con 35 curatos; solo había como centro importante de enseñanza el seminario de Comayagua, con escasos estudios; en Tegucigalpa no hubo escuelas hasta 1822. El último gobernador de Honduras fue don José Gregorio Tinoco de Contreras, quien el 28 de septiembre de 1821 recibió el acta de independencia firmada en Guatemala el 15, y reunidos la Diputación, el Ayuntamiento y las corporaciones eclesiásticas, seculares y de Hacienda, se juró en Comayagua la independencia, haciéndose lo mismo aquel día en Tegucigalpa.

Honduras fue un país pobre y de escaso desarrollo en la época de unión con la metrópoli, por su escasa importancia y su carácter secundario en lo jurisdiccional. No tuvo imprenta y no ofreció figuras culturales de relieve. De arte cabe citar la catedral de Comayagua, la actual de Tegucigalpa y las tallas de Montañés y otros maestros sevillanos en la primera.

CALVO, Pilar y EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, pág. 392-394.