La historia del Ecuador independiente ofrece los rasgos considerados típicos de las repúblicas hispanoamericanas en el siglo XIX, es decir la inestabilidad, la falta de adecuación entre las instituciones y la realidad política, militarismo, revoluciones y dictaduras, prolongándose esta situación más que en otros países, que superaron más o menos dicha etapa. También se ha caracterizado por la aspereza y la violencia con que han luchado conservadores y liberales, en torno principalmente de la cuestión religiosa, y por la constante rivalidad entre Quito y Guayaquil, representante el primero del elemento conservador y el segundo de la burguesía liberal.

Juan José Flores.Juan José Flores

Juan José Flores hizo adoptar en 1830 una constitución centralista, que le permitiera ejercer la presidencia, a pesar de ser venezolano, y que mantenía la unidad religiosa. Duraron largo tiempo su mando y su influencia en forma seguida y discontinua, pero carecía de condiciones para enfrentarse a los problemas acuciantes o para sacar el país del estado en que le había sumido la crisis de la independencia y las guerras sufridas. Vino a representar la tendencia conservadora. Quiso incorporar al Ecuador las regiones meridionales de Nueva Granada, Pasto, Popayán y Buenaventura, que habían estado representadas en la convención de Riobamba y se habían alzado contra el presidente Urdaneta, pero la inestabilidad de su situación obligó a Flores a renunciar a aquellos territorios y el Cauca quedó definitivamente en Colombia, por la declaración de la convención neogranadina de 1831, la reconquista de Pasto por Obando y el tratado aquí firmado en diciembre de 1832 con Flores.

Hubo de hacer frente este a muchas sublevaciones, y al más fuerte, la del partido liberal encabezada por Vicente Rocafuerte (1833), pero Flores se lo atrajo en 1834 y le cedió la presidencia en 1835. Rocafuerte (1783-1847) quiso reformar el Estado y una nueva asamblea dio otra constitución con dos cámaras. Se esforzó en fomentar la enseñanza y la economía, e instituyó el jurado.

En 1839 volvió Flores al poder y aspiró a hacer vitalicio su gobierno; una convención en 1843 vino a asegurar sus deseos con la reelección por ocho años. Pero se alzaron los liberales, en Guayaquil, y lo derribaron (1845), aunque enviándolo a Europa con una buena subvención. Del gobierno provisional había formado parte el poeta Olmedo. Una nueva asamblea eligió presidente a Vicente R. Roca (1846), que gobernó constitucionalmente hasta 1849. Comenzó así una etapa llamada marcista (por haber ocurrido la revolución en marzo), de carácter civil y nacionalista.

Entre tanto Flores en Europa se puso en contacto con algunos políticos españoles, como el duque de Rivas y Martínez de la Rosa, y propuso la restauración de la monarquía en Quito, coronando rey a un hijo de María Cristina y del duque de Riansares, bajo la tutela suya, desde luego; María Cristina oyó con agrado estos planes y comprometió a Istúriz, jefe de gobierno a la sazón, y Flores hizo preparativos en Inglaterra para una expedición (1846-1847); pero aireado el plan, se le combatió en España y se desechó.

Hasta 1860 rigió el referido régimen, pero con desorden y falta de estabilidad en el poder. En 1850 un pronunciamiento encumbró a Diego Noboa, derribado a su vez por el general José María Urbina al año siguiente, quien gobernó hasta el año 1856; tuvo que rechazar una tentativa de Flores, apoyado por el Perú y desarrolló una política dictatorial y anticlerical. En 1853 quedó abolida la esclavitud. Impuso como sucesor al general Francisco Robles, pero siguió gobernando de hecho y quiso trasladar la capital a Guayaquil e hipotecar al extranjero las islas Galápagos.

Cundió en 1859 la anarquía, fueron expulsados Robles y Urbina y tiranizó el país Guillermo Francisco, que reconoció al Perú derecho sobre algunos territorios ecuatorianos según la Real Cédula de 1802.

Gabriel García Moreno.Gabriel García Moreno

Desde la caída de Flores se habían comenzado a perfilar los partidos políticos, aunque dominó el personalismo y se impuso el militarismo con Urbina y sus sucesores. El problema religioso se había manifestado primeramente en la aplicación rígida del Patronato de la Constitución de 1830 y las siguientes, quedando la Iglesia sometida al Estado y relajándose o viéndose intervenida. El régimen liberal de Urbina separó la Iglesia del Estado y expulsó a los jesuitas.

Para combatir a Urbina regresó el viejo Flores, llamado por García Moreno y derribaron a aquel. Gabriel García Moreno (1821-1875) era hombre culto, de varios estudios, abogado, había presenciado en Francia la revolución de 1848 y, ferviente católico, tenía honda aversión al liberalismo anticlerical como también al militarismo.

Se propuso tanto reprimir este como llevar a cabo una tarea de reconstrucción cristiana del Estado mediante una férrea dictadura que ejerció durante quince años, directamente, salvo dos intervalos de presidentes hechura suya (1865-1869), habiendo depuesto por otro golpe al segundo y asumido de nuevo el poder. Con él colaboró el viejo Flores, a quien había combatido años antes duramente y a pesar de las diferencias ideológicas que los separaban, y que murió en 1864.

Ya en su primera etapa (1861-1865) García Moreno firmó un concordato con la Santa Sede (1862), que concedía extraordinarios privilegios a la Iglesia, únicos en los Estados del siglo XIX; entregó la enseñanza a las órdenes religiosas, Hermanos de las Escuelas Cristianas y jesuitas, consagró el país al Corazón de Jesús, y protestó contra la supresión de los Estados Pontificios, mereciendo que Pío IX le declarara hijo predilecto de la Iglesia; no obstante trató igualmente de moralizar al clero del país.

Por otra parte fue un gobernante progresista: mejoró la hacienda, hizo comenzar la construcción de una carretera a Guayaquil, para consolidar la unión nacional, fomentó la economía, se preocupó de la moralidad de los ciudadanos, modificó el código penal, moralizó la administración y llevó técnicos extranjeros. En 1869 hizo promulgar otra constitución que aseguraba el poder casi absoluto del presidente y su reelección.

Se apoyó García Moreno en Quito y en el clero y la aristocracia latifundista del interior; gobernó duramente contra sus enemigos, reprimiendo sus rebeldías y ejecutando a los jefes alzados, como el general Maldonado, y su dictadura pareció necesaria a muchos por la pobreza del país y el desorden que había dominado hasta entonces.

Declaró la guerra a España cuando la guerra del Pacífico. Pero su política hizo cristalizar el partido liberal en forma más orgánica y fue objeto de violentos ataques por escrito, en parte por el escritor Juan Montalvo, y de conjuras, víctima de una de ellas cayó asesinado en 1875. En 1871 había hecho la paz con España.

Después de la muerte de García Moreno gobernaron los conservadores, aunque no dejó partido propio que siguiera su política, tan excepcional. El progresismo fue un intento de apertura política. Sus sucesores fueron de menor relieve: Veintemilla, 1876-1883; José Plácido Caamaño, 1884-1888, que intentó gobernar como García Moreno; Antonio Flores, hijo del fundador de la república, 1888-1892, que dio más libertades; el liberal Luis Cordero, 1892-1895.

En 1895 triunfó el liberalismo radical con Eloy Alfaro (1895-1897 y 1906-1911), que gobernó dictatorialmente y desenvolvió una política anticlerical contraria a la Iglesia, mediante una agudización del Patronato y después por la Constitución de 1906, que separó la Iglesia del Estado. En su tiempo se llevó a cabo el ferrocarril de Quito a Guayaquil.

El intermedio del presidente Leónidas Plaza (1901-1905) representó una época de más moderación. La oposición de Alfaro culminó en su caída y en su asesinato por las turbas en 1912. Gobernó Plaza en tono anticlerical, pero con la oposición implacable del alfarismo, y después Alfredo Baquerizo (1916-1920), que hizo frente a la crisis provocada por la Gran Guerra; mejoró la hacienda y fomentó la enseñanza primaria y fue saneado Guayaquil de sus endemias.

José Luis Tamayo (1920-1924) buscó la colaboración conservadora y llevó a cabo un protocolo con Colombia para arreglar el problema de límites, Pero la inflación agravó la crisis y el descontento y para contener la oposición se hizo elegir a un liberal radical, Gonzalo Córdova (1924-1925), destituido por su incapacidad por un pronunciamiento, que elevó a Isidro Ayora (1926-1931), hombre austero, que intentó una reforma económica y financiera, fomentó las obras públicas y la enseñanza, con profesores extranjeros y mejoró el ejército y dio una nueva constitución por medio de otra Asamblea Constituyente, la cual abolía la reelección y aseguraba todas las libertades.

Durante varios años hubo una serie numerosa de presidentes de efímera duración, entre ellos por primera vez José María Velasco Ibarra (1934-1935), que obligó a los bancos a invertir su capital y parte de los depósitos en empresas.

Al lado de los partidos clásicos liberal y conservador había surgido la Alianza Democrática; triunfaron los primeros en 1940 con Carlos Alberto Arroyo del Río (1940-1944), que no pudo evitar el desorden político; cedió bases a los Estados Unidos en la islas Galápagos, recibiendo un empréstito para reformas sanitarias y de comunicaciones y el conflicto fronterizo con el Perú por las regiones orientales se agravó en 1941 por haber invadido los peruanos la provincia de El Oro y fue resuelto por la III Conferencia de Cancilleres de América por el protocolo de paz, amistad y límites de Río de Janeiro en 29-I-1942, impuesto al Ecuador y que le privó de sus regiones trasandinas, según la tesis peruana apoyada por la real cédula de 1802, mientras el Ecuador sostenía la validez de la de 1563 que erigió la Audiencia de Quito.

Así quedó reducido el Ecuador a una superficie de 270.670 km2 y a la costa y a la meseta, perdiendo unos 174.000 km2; aunque oficialmente fue aceptado este fallo por el Ecuador, no se ha resignado a tan considerable pérdida, que le priva de la salida al Amazonas.

Derribado Arroyo en 1944 por una revolución de la Alianza Democrática, le sucedió Velasco Ibarra, que gobernó con arbitrariedad y en continua anormalidad y depresión económica hasta que cayó por un golpe militar en 1947. Galo Plaza (1948-1952) cumplió por excepción su periodo presidencial, elevado por el Movimiento cívico-democrático independiente, y que tuvo que hacer frente a un catastrófico terremoto, que obligó a una intensa labor de reconstrucción. Fue elegido de nuevo Velasco, apoyado por los conservadores (1952-1956), que fomentó las escuelas, las obras públicas e intentó una estabilización financiera; pero su labor positiva se vio acompañada por los defectos exhibidos en sus anteriores gobiernos, desorden, demagogia, dureza y corrupción.

Le sucedió el conservador Camilo Ponce (1956-1960), primero de su partido tras setenta años de régimen liberal, pero respetó las libertades y se logró una recuperación económica; fundó el Instituto Nacional de Colonización.

De nuevo volvió Velasco elegido frente al liberal Plaza para ser derribado en 1961; esta vez exhibió la bandera del izquierdismo y de la anulación del protocolo d e1942; mostró simpatías por Fidel Castro y por Rusia y una actitud de escasa simpatía a los Estados Unidos, sin poder cumplir sus promesas a las masas, agitadas en huelgas y revueltas.

Cayó por una coalición de liberales y conservadores y de la Confederación de Trabajadores, bajo la dirección del vicepresidente Carlos Julio Arosamena, que asumió la presidencia (1961-1963), cundiendo la propaganda revolucionaria alentada por el castrismo, que se procuró contener, pero fue aquel destituido a su vez por otro pronunciamiento, gobernando una Junta militar hasta 1966, en que se eligió nuevo presidente.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E, págs. 1205-1208.