Historia de Cuba

Índice

Descubrimiento y conquista
Período de gobierno español
Antecedentes de la Independencia
Cuba en el siglo XX

La isla de Cuba es el territorio americano que durante más tiempo formó parte de España. La presencia española en este lugar comenzó con el primer viaje de Colón en 1492 y se prolongó hasta que hubo de ser abandonada por el Tratado de París en 1898.

Descubrimiento y conquista.

Las Antillas españolasLos archipiélagos de las Antillas

Las Antillas precolombinas no constituían ninguno de los grandes imperios del Nuevo Mundo, ni pertenecían a ninguna de las destacadas culturas allí existentes. Según la división trazada por Imbelloni en 1938, los pueblos que radicaban en Cuba y en las islas vecinas a ella pertenecían al grupo amazónido, que desde las regiones del Amazonas se extendían hasta la península de Florida ocupando la zona insular intermedia. Esta científica tesis coincide con las tradiciones recogidas por los primeros historiadores de Indias entre los indígenas antillanos, los cuales aseguraban que su origen procedía del Sur. Se subdividían en tainos, o arauacos, de cultura agrícola y neolítica; guanahatabeyes, también llamados ciboneyes, gentes no agricultoras, que utilizaban la piedra, y siboneyes, en la costa, que se hallaban en una cultura mesolítica y no practicaban la agricultura. Según afirma Colón es su Diario del primer viaje eran gentes sencillas y pacíficas, contrastando con los belicosos caribes, todos estos pueblos que se hallaban en las Antillas mayores.

El mismo almirante recoge la alusión al primitivo nombre de la isla llamada por sus habitantes Coba o Cuba, si bien parece que la denominación originaria era la de Cubanacán, con significado de lugar céntrico refiriéndose a su posición en el arco insular antillano.

Su descubrimiento tiene lugar en el año 1492, pocos días después del primer desembarco en el Nuevo Mundo. Después de ver algunas islas de las Lucayas y dar los nombres de Fernandina e Isabela a dos de ellas, en honor a los Reyes de España, Colón se dirige al sudoeste llegando el 27 de octubre al centro de la costa septentrional de Cuba, que costea en dirección al sudeste. Asigna a la isla el nombre de Juana, como homenaje al príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, y señala ya en su Diario algunos nombres geográficos impuestos por él como la bahía de Mares o el puerto de Príncipe. Antes de terminar el reconocimiento de enta costa norte ocurrió la separación de Martín Alonso Pinzón con la carabela Pinta, mientras las dos restantes se dirigían a una nueva isla, la que recibiría el nombre de la Española.

En el segundo viaje colombino tuvo lugar el reconocimiento de la costa sur (1494). Estando ya muy cerca del extremo occidental de la isla, Colón desistió de continuar la exploración y exigió de sus compañeros que declarasen aquella tierra como tierra firme. En estos mismos días descubrió la isla de Pinos

Un último contacto con la región cubana tuvo el Almirante en su cuarto viaje, llegando a los Jardines de la Reina, conjunto de islotes frente a la parte meridional de Cuba.

La Española, no obstante, seguía siendo el centro del dominio español y de ella saldrían las expediciones de conquista de las islas vecinas. En 1508 Sebastián de Ocampo marchó a Cuba en viaje de reconocimiento previo para la conquista que en 1511 realizaría Diego Velázquez de Cuéllar. Es indudable que la obra de Velázquez fue la base de la organización cubana que en todos sus aspectos emprendió con capacidad y provecho. Las principales ciudades de Cuba fueron fundadas en los años inmediatos; en 1512 Baracoa, como capital en la que León X creó la primera diócesis de la isla en 1518; en 1513 Bayamo y en 1514 Trinidad, Sancti Spíritus, Puerto Príncipe, San Cristóbal de la Habana y Santiago de Cuba; esta última ostentó después la capitalidad durante mucho tiempo y conservó siempre la primacía jerárquica en lo religioso. La Habana tuvo su primer emplazamiento en la costa sur, frente al lugar que hoy ocupa en la septentrional y sucedió definitivamente a Santiago como capital. Durante el gobierno de Diego Velázquez tuvo lugar el levantamiento, derrota y muerte del cacique Hatuey, que, procedente de la Española, trató de insubordinar a Cuba.

Período de gobierno español

La isla de Cuba fue el punto de partida de las exploraciones y tanteos que se encaminaron a las costas del golfo de México y más tarde de los ejércitos conquistadores. De Santiago de Cuba salió Juan de Grijalba el 25 de enero de 1518 en su viaje preliminar de la conquista de México, regresando a Jaruco, también en Cuba, el 4 de octubre del mismo año. Poco más tarde, el 18 de febrero de 1519 Hernán Cortés partía de Cuba para la definitiva empresa mexicana, por orden de Diego Velázquez, que pronto habría de desautorizarle, manchando con este hecho la positiva actuación velazqueña en Cuba. Años más tarde, en 1539, Hernando de Soto, siendo gobernador de la isla partirá de ella hacia las desconocidas regiones del norte del golfo de México, y se inmortalizaría en el descubrimiento del Mississipi.

Conquistado y organizado México, es natural que las extensas tierras continentales de América del Norte organizadas en Virreinato de Nueva España desplazasen a las Antillas como base del gobierno español. Estas islas pasaron a depender de aquel virreinato y entre ellas siguió ocupando el primer lugar La Española, erigida su capital Santo Domingo, en sede de Audiencia, Cuba fue una capitanía general, y tuvo como gobernadores destacadas figuras que muchas veces ascendieron desde allí a ocupar el cargo de virrey. La Habana se encontraba en un emplazamiento de importancia militar para la defensa de la isla; por eso muy pronto se manifestó la dualidad entre aquella ciudad y la de Santiago de Cuba, a la que muchas veces por antonomasia vemos llamada simplemente Cuba, y en 1607 una Real Cédula de Felipe III disponía la división de la isla en dos jurisdicciones, encabezada cada una de ellas por una de las dos mencionadas ciudades.

Hasta el siglo XVIII La Habana sufrió muchos ataques piráticos; en uno de los primeros en 1537 quedó destruida, siendo reedificada por el gobernador Hernando de Soto. Más tarde (1584) fue atacada por Drake y a consecuencia de este hecho comenzaron los españoles a fortificarla. También eran atacados otros puntos de la isla, así el célebre corsario Morgan hizo objeto de sus crueldades a Puerto Príncipe en 1688.

Por tanto, gran parte de la actividad de los gobernadores se dirigió a reprimir estos hechos y a evitarlos mediante la construcción de fortificaciones entre las que descuellan las habaneras, comenzadas con la construcción del castillo de la Fuerza, por uno de los primeros gobernadores, Francisco Carreño. Poco después, a Juan de Tejeda se debieron los de la Punta y el Morro obra del ingeniero militar Antonelli. Continúan esta tarea en el siglo XVII los gobernadores don Juan Bitrián de Viamonte y don Diego de Córdoba que completaron las murallas de La Habana.

Es importante el conocimiento de la evolución demográfica en Cuba. La población indígena decayó pronto ante el cambio de vida impuesto por la llegada de numerosos contingentes de inmigrantes blancos y los trabajos desacostumbrados a que fue sometida. Quedó en parte fusionada con los españoles por el mestizaje, pero la epidemia que tuvo lugar en 1531 extinguió la totalidad de los indios puros. Poco antes, especialmente a partir de 1524 había empezado a entrar en Cuba gran cantidad de negros más aptos para soportar las duras faenas aniquiladoras del indio; las condiciones geográficas de Cuba fueron favorables para la multiplicación de las gentes de color que en el siglo XVIII constituían un elevado porcentaje de sus habitantes, si bien esclavos en su mayoría.

Tan alto número hizo pronto pensar en el peligro de una hegemonía, temor que las revoluciones de Haití y las conspiraciones negras en Cuba, que luego mencionaremos, durante los primeros años del siglo XIX, mostraron fundado. Para contrarrestarlo trató de fomentarse la población blanca y la entrada de trabajadores chinos, que comenzaron a llegar poco después de 1850 y que al terminar el siglo alcanzaban el número de 50.000.

Al mismo tiempo se había difundido en Cuba la cultura. Ya en el siglo XVII se creó una primera escuela de Gramática en Santiago y en 1589 el Colegio habanero de San Antonio, regido por los jesuitas, comenzó una amplia labor de instrucción que heredaría la Universidad de San Ambrosio, fundada en 1721 por el gobernador don Dionisio Martínez de la Vega.

En 1762 tuvo lugar un hecho que puede considerarse como el comienzo de la historia contemporánea de Cuba: la ocupación por los ingleses de La Habana, en cuya defensa y recuperación demostraron los cubanos suficiente capacidad política y cultural. La toma de esta ciudad, coetánea con la de Manila, se debió a la entrada de España en la guerra de los Siete Años, a consecuencia del Tercer Pacto de Familia con Francia. En La Habana, después de una prolongada resistencia en el Morro capituló don Luis de Velasco ante el general inglés Pocock y allí permanecieron los ingleses hasta la paz de París de 1763, logrando dos años después ciertas libertades comerciales.

La Revolución Francesa repercutió en Cuba en dos aspectos: socio-económico uno, político otro. Fue el primero la inmigración de gentes huidas de la parte francesa de Santo Domingo, que además de influir en el movimiento de población cubano, fomentaron el cultivo del café, si bien pronto tal producto quedó postergado por el tabaco y el azúcar, básicos de la agricultura cubana. El hecho político fue la firma de la paz de Basilea en 1795 por la que España cedía la parte que aún conservaba en la isla de Santo Domingo a Francia. Desde su capital fueron llevados a la catedral de La Habana los restos de Colón en 1796 y en 1797 se dispuso que la antigua Audiencia dominicana se constituyera en La Habana, pasando así a Cuba la primacía en las Antillas.

Antecedentes de la Independencia

Los últimos años del siglo XVIII y primeros del XIX son decisivos para la formación política e intelectual de los cubanos. Se inicia esta con la labor realizada por los dos últimos gobernadores del siglo XVIII, don Luis de Las Casas y el conde de Santa Clara que aunando sus esfuerzos con los del obispo don Juan José Díaz de la Espada y Landa dotaron a la isla de organismos y centros culturales. Surgen entonces el Real Consulado y la Real Sociedad Patriótica, bajo cuyo amparo había de iniciarse el mayor desarrollo cultural de Cuba, dando impulso a los estudios tanto primarios como superiores. La prensa cubana aparece también en estas fechas con la fundación del Papel periódico de la Havana, destacando otros, ya con marcado carácter político tales como La Aurora y El Duende.

Estos son los elementos que encontró el marqués de Someruelos, don Salvador de Muro y Salazar, al comenzar su gobierno, con el que coincide todo el período de la guerra de la Independencia en la Península. Entonces hacen los cubanos su primera aparición en la vida política de la Metrópoli con su representación en las Cortes de Cádiz.

Las luchas políticas de España repercutieron en nuestras Antillas, con concesión o supresión de libertades y aun con cambios bruscos de gobernadores según variaba la situación. El influjo de esta, unido al de los insurrectos del continente, determinó la formación en la isla de numerosas sociedades secretas, la mayoría de carácter independizador, llegando algunas a promover conspiraciones en tal sentido, como fue la de los Soles de Bolívar, reprimida hábilmente por el general Vives, al comenzar su mando en 1823, y más tarde la del Águila Negra a fines del gobierno del mismo capitán general, etapas iniciales del separatismo cubano.

En 1837 se suspendió la representación cubana en las Cortes Constituyentes con la promesa de otorgar leyes especiales. Parece que los liberales de esas fechas, llegados al poder tras los sucesos de La Granja en 1836, quisieron dar marcha atrás en lo referente a Cuba, asustados ante las deformaciones que allí tenían las concesiones liberales. Los cubanos, por su parte, acusaban crudamente a España de aquella medida que negó a sus diputados la entrada en las Cortes. Las leyes especiales se aplazaron también durante varias décadas a causa de la inseguridad política de la metrópoli.

En esta fecha gobernaba en Cuba el general don Miguel Tacón y Rosique, de enérgico carácter, que supo dominar los iniciales movimientos de rebeldía, por lo que es bastante atacado su recuerdo por los partidarios de la Independencia, pero que dio a la isla un período de gran progreso material, durante el cual comenzó a funcionar el ferrocarril de La Habana a Güines, primero de todos los territorios españoles, ya que el comienzo de este medio de transporte en España no tuvo lugar hasta 1848. Posteriormente las intentonas separatistas serán ya más definidas y peligrosas como los dos desembarcos de Narciso López en playas de la isla en 1850 y 1851 y los trabajos en Estados Unidos, que unidos a las conspiraciones en el interior dieron lugar a los gritos de Yara y de Baire, primeros chispazos de las guerras de 1868 y 1895.

Uno de los primeros antecedentes de la Independencia se encuentra en la situación social, tanto por lo que se refiere a la dualidad entre población blanca y de color como por la división de la misma población blanca. Las luchas en torno a la esclavitud comienzan con las propagandas abolicionistas inglesas que llevan al tratado de 23 de sep tiembre de 1817, por el que España se adhirió a la supresión de la trata; en estos años los negros, envalentonados por las noticias de las colonias extranjeras, se levantan repetidas veces (Aponte en 1812, el Águila Negra en 1828) hasta llegar a la conspiración dirigida por el mulato Gabriel de la Concepción Valdés, conocido por el sobrenombre de Plácido el Poeta, que tuvo lugar en 1844, protegida indirectamente por Inglaterra y que al ser enérgicamente reprimida hizo cesar la serie de conspiraciones negras.

Pero la lucha en torno a la abolición continuó; los grandes hacendados cubanos veían en ella un peligro para la agricultura de la isla, en cambio los más decididos partidarios de la supresión de la esclavitud deseaban realizarla en breve plazo. La metrópoli, no pudiendo contentar a todos, decide emprender las tareas de la abolición con cierta libertad y prudencia para evitar los males de un repentino cambio, llegándose a ella de un modo total por la Ley de 13 de febrero de 1880.

Por otra parte era muy compleja la situación de la población blanca. En primer lugar existía una clase alta, descendiente de los colonizadores y afecta incondicionalmente a España. Otro grupo lo formaban los criollos enriquecidos, que siendo en gran parte españolistas, se unen en muchas ocasiones a los enemigos de España. Los españoles se encuentran en Cuba desempeñando cargos militares o administrativos que no les permiten relacionarse con los adinerados cubanos; finalmente, los hijos de estos españoles, nacidos en Cuba, adquirirán en los centros culturales creados en la Isla una instrucción superior a la de sus padres, formando una aristocracia de la inteligencia que se refugia en la idea de patria cubana, único concepto que pueden compartir con las clases altas de Cuba. En este movimiento cultural pre independizante de Cuba destacan los nombres de muy competentes educadores como el padre Félix Varela (1788 1853) y José de la Cruz Caballero (1800 1862), siendo José Martí uno de los frutos más distinguidos.

La situación económica es otro de los antecedentes de la Independencia. A partir de 1860 el estado de la Hacienda cubana se hace difícil a consecuencia de las empresas de Santo Domingo y de México y desaparece el tradicional y abundante superávit de los años anteriores. La guerra de los Diez Años complica más intensamente esta situación y España ha de acudir a medidas que la remedien, tales como reorganización de impuestos o emisiones de papel moneda que originarán una crisis financiera que no se remediará hasta los años de la Restauración, ya poco antes del levantamiento de 1895.

También la cuestión arancelaria y la lucha económica con Estados Unidos influyen en la Independencia, ya que Norteamérica aprovecha todos los momentos en que puede adquirir primacía en el mercado cubano. Lo hace por medio de las crisis de 1884 y 1890, a consecuencia de las cuales logra una posición de privilegio en el comercio cubano y en la ideología de muchos de sus habitantes. Estados Unidos jugó con su superioridad económica en los momentos de la guerra de 1895, cerrando el mercado norteamericano al azúcar de Cuba por la tarifa de Dingley e incrementando así el malestar en la isla y su subordinación a la Unión.

El ideario político cubano durante el siglo XIX, puede dividirse en tres grupos: reformistas, autonomistas y separatistas, encabezados cada uno de ellos por una figura característica. El reformismo se desarrolla en torno a José Antonio Saco y comienza su labor hacia 1835, año central del gobierno de Tacón y de las propagandas contra una enérgica actuación de España en Cuba, desarrolladas por el Club de los habaneros establecidos en Madrid. La existencia del partido reformista puede considerarse terminada en los momentos preliminares de la guerra de 1868; apuntaba la idea de descentralización.

La figura central del autonomismo es Rafael Montoro y su actuación se desarrollará hasta los últimos momentos de la presencia de España en Cuba. Los autonomistas se mantenían fieles a la unión con España, pero con la máxima descentralización posible. El ideario separatista se desarrolla en Cuba paralelamente a la actuación de los partidos reformista y autonomista. Su principal organizador es José Martí, hijo de padre valenciano y aspira al total rompimiento con la metrópoli y completa independencia de la Isla.

En el exterior hay que señalar la actuación de Estados Unidos a lo largo del siglo. Primero aspira a evitar que cualquier potencia europea se apoderara de la Isla, pero cuando este peligro desaparece tras el fracaso de la conspiración de la gente de color, provocada por Inglaterra en 1844, se inclina a favorecer las aspiraciones de anexionismo de Cuba a la Unión mantenidas por algunos habitantes de la isla en vista de la proximi dad y potencia de su vecina y al mismo tiempo sugiere repetidas veces a España la compra de Cuba, como se hizo notar en el Manifiesto de Ostende, de 14 de octubre de 1854, firmado por los representantes de Estados Unidos en Madrid, Soulé; en París, Mason, y en Londres, Buchanan, manifiesto que sugería la compra por 120 millones de dólares y hacía alusión al posible empleo de la fuerza en caso necesario. La guerra de Secesión abrió un paréntesis en la política cubana de la Unión, pero después esta se manifestó ya abiertamente favorable a la segregación de España, favoreciendo bajo aparente neutralidad los trabajos separatistas en su territorio, al mismo tiempo que lograba la preponderancia económica en la Gran Antilla.

La actuación política española en Cuba fue vacilante en los años del reinado de Isabel II a consecuencia de la inestabilidad política en España. Así pudo aplazarse el estudio de las leyes especiales anunciadas en 1837, que no llegaron a estudiarse, y aun tímidamente, hasta que se reunieron en octubre de 1866 las Juntas de Información, en las que tomaron parte representantes de nuestras Antillas para estudiar las medidas de gobierno convenientes a aquellas islas. La Restauración, en cambio, siendo una época de serenidad y orden político, desarrolló una política americana muy fecunda llevando a Cuba y Puerto Rico todas las leyes españolas con las modificaciones que aquella geografía y sociedad recomendó.

Así la Constitución de 1876 se aplicó a Cuba por el Real Decreto de 7 de abril de 1881 y el recién redactado Código civil por el Real Decreto de 31 de julio de 1889 a los pocos días de haber sido promulgado en España. Cuba era una provincia más, pero con las consideraciones que la distancia merecía. Esto y el apogeo de las propagandas autonomistas inspiraron los proyectos de autonomía, de los que el primero y más importante por ser redactado en plena paz fue el proyecto Maura, elaborado por el insigne político español, siendo ministro de Ultramar en el gobierno liberal de Sagasta en 1893.

Creaba una Diputación Provincial única con amplísimas facultades en todos los ramos de la administración local y en la formación de los presupuestos y un Consejo de Administración que ejercería funciones de órgano consultivo del gobernador. La rutina y lentitud del proceso político determinó que el proyecto se discutiera tanto que sobreviniera el levantamiento de Baire sin haber entrado en vigor. Los proyectos de Abárzuza y de Cánovas trataron de adaptar las ideas autonomistas a Cuba, ya en guerra, y por fin en 1897 don Segismundo Moret, elaboró la Constitución autonómica que conservaba la autoridad de España en la persona del Gobernador General y en los asuntos de Guerra y Relaciones Exteriores, pero encargaba de todo lo demás a los isleños que formaría su propio Gobierno, y gozarían de un legislativo compuesto por dos cámaras. El primer gobierno autónomo, presidido por José M. Gálvez, tomó posesión el 1 de enero de 1898. El momento no era propicio sino para la Independencia y esta llegó, aunque controlada por Estados Unidos.

Cuba en el siglo XX

Después de la firma del Tratado de París, que privaba a España de sus territorios de Filipinas, a la vez que de sus últimas provincias en América, Cuba y Puerto Rico, que habían sido precisamente las primeras por ella conocida, se formó en la Gran Antilla un gobierno norteamericano de intervención, que después de arriar la bandera española el 1 de enero de 1899 fue presidido por John R. Brooke, al cual sucedió el 23 de diciembre del mismo año Leonardo Wood.

Se convocaron elecciones para la Convención Constituyente que se reunió en diciembre de 1900 y redactó la Constitución que fue sancionada el 21 de febrero de 1901 y promulgada el 20 de mayo de 1902. En ella se incluyeron las bases Platt, de 2 de mayo de 1901, que regulaban la vida política de la nueva nación, como medida previa para dar el gobierno a los cubanos. Según dichas normas Cuba no podría establecer pactos ni contratar empréstitos que limitasen su soberanía con lo cual se mantuvo la influencia de Estados Unidos, cuya intervención se reconocía como garantía de la Independencia, dando validez a todos los actos que hubieran tenido lugar durante la ocupación. Al mismo tiempo Cuba se comprometía a vender o arrendar tierras a los Estados Unidos para fundar estaciones que constituirían una defensa de la independencia y desarrollar planes sanitarios para favorecer las relaciones con Norteamérica. También se acordaba que la isla de Pinos quedaría excluida del territorio nacional hasta fijar su destino por tratados ulteriores; más tarde se reincorporó a Cuba. El 2 de julio de 1903 tuvo lugar un tratado que arrendó a Estados Unidos la base de Guantánamo por 2.000 dólares anuales.

Elegido presidente en 1902 Tomás Estrada Palma, Cuba comenzaba su Independencia el 20 de mayo de ese año, si bien entre 1906 y 1909 atravesó por un nuevo período de intervención dirigido por William Howard Taft primero y por Charles Edward Magoon posteriormente. El 28 de enero de 1909 ocupa ya la Presidencia de la República el jefe del partido liberal José Miguel Gómez y cesa el gobierno de intervención, si bien en 1912 una sublevación local de negros determina un desembarco norteamericano que pone en peligro la precaria independencia.

Ese mismo año fue elegido presidente el general conservador, Mario García Menocal, cuya reelección en 1916 provocó una protesta armada del liberal Gómez (conocido con el sobrenombre de El Tiburón). Alfredo Zayas, que había sido vicepresidente durante el mando de Gómez, fundó el partido popular y obtuvo la elección de presidente en 1920; uniéndose a los liberales más tarde dio la victoria a Gerardo Machado en 1924, quien consiguió ser reelegido cuatro años después.

Pero en este segundo período de mando las dificultades se sucedieron, ya que en el orden exterior se tropezó con la crisis económica de 1929 y en el interior con el levantamiento de los conservadores de Menocal y de los disidentes de Mendieta iniciándose un período caótico en que dominaba el terrorismo. Así se logró al fin derrocar a Machado en 1933, imponiéndose la voluntad de Fulgencio Batista, antiguo sargento taquígrafo ascendido a coronel por la Junta Política, que logró ocupar la Presidencia en 1940. Durante su mando desarrolló una política favorable a los trabajadores y sirvió a los Estados Unidos.

Le sucedió Ramón Grau San Martín (1944), que tuvo una actuación de marcadas tendencias extremistas. En 1940 se redactó una nueva constitución cubana y más tarde, tras algunas revueltas políticas, volvió a la Presidencia Fulgencio Batista (1952). Pronto se concitó contra él el descontento de gran número de cubanos y el 26 de julio de 1953 fue asaltado por Fidel Castro y unos doscientos hombres el cuartel de Moncada en Santiago de Cuba; el autor de este hecho, apresado, fue condenado a quince años de trabajos forzados en la isla de Pinos, pero al año siguiente fue indultado, y en el exilio organizó sus fuerzas, amenazando con una invasión para 1956.

Efectivamente, en noviembre de este año se desencadenaron rebeliones, especialmente en Santiago de Cuba y el 2 de diciembre Castro y sus gentes, desde México, donde embarcaron en el yate Gramma, llegaron a Turquino, en el sur de la provincia de Oriente, refugiándose en Sierra Maestra, desde donde combatieron a Batista, con la complacencia de gran parte del pueblo cubano, hasta que aquél hubo de renunciar a la presidencia en la madrugada del 1 de enero de 1959. Se nombró presidente a Manuel Urrutia Lleó, que en julio del mismo año por disidencias con Castro dejó la presidencia a Osvaldo Dorticós Torrado.

Ya en febrero de 1959 Fidel Castro anunció que no habría elecciones durante un período de cuatro o cinco años, después de señalar que se gobernaría provisionalmente por decretos. Pronto se separaron de él algunos de sus colaboradores entre ellos el antiguo presidente, Urrutia, y José Miró Cardona que había sido el jefe de gobierno en enero de 1959. La política de reforma agraria y las disidencias económicas con Estados Unidos hacen que la nueva situación incurra en extremismos que la acercan al régimen soviético, cuya simpatía hacia Castro se manifiesta en diversas ocasiones, teniendo lugar viajes del gobernante cubano a Rusia en abril de 1963 y de Mikoyan a Cuba en febrero de 1960.

Este acercamiento produjo la crisis que comenzó con el acuerdo militar entre ambas potencias, firmado en septiembre de 1962, como consecuencia del cual John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos, reaccionó imponiendo a Cuba un bloqueo que pudo ser motivo inicial de un conflicto armado que se evitó al comprometerse Rusia a desmantelar algunas de las bases existentes en territorio cubano. En 17 de abril de 1961 se produjo en la bahía de Cochinos un desembarco de disidentes cubanos, que a pesar de algunos avances iniciales, fueron finalmente dominados, creándose con ello una situación difícil respecto a la suerte de los prisioneros, que por fin fueron enviados a Estados Unidos en la madrugada del 24 de diciembre de 1962 a cambio de 53 millones de dólares en alimentos y medicinas.

También tuvieron lugar resoluciones desaprobatorias del castrismo en algunos países hispanoamericanos y conjuntamente en la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de Punta del Este (Uruguay), cuyo acuerdo fue sancionado el 14 de febrero de 1962 por el Consejo de la Organización de Estados Americanos. Estas restricciones internacionales y la atenuación de la alianza soviética, han determinado una suavización de la política castrista en cuanto a las medidas de represión empleadas en los primeros tiempos, si bien su significado sigue siendo de carácter extremista y de oposición a Estados Unidos. El 1 de mayo de 1961 Cuba había sido declarada república socialista por Fidel Castro.

LÓPEZ OTO, Emilio, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, pág. 1045-1050.