Colombia Época Independiente

Índice

Los primeros años
El régimen liberal
La federación
El régimen unitario
La primera mitad del siglo XX

Los primeros años

Disuelta la Gran Colombia de Bolívar, no tenía sentido mantener la ficción de la unidad; Urdaneta puso en vigor la Constitución de 1830 y convocó un congreso para Nueva Granada, pero una sublevación casi general contra él alegando la legitimidad del vicepresidente Domingo Caicedo, le movió a renunciar, tomando este posesión 3-V-1831. Reunida la Convención en octubre de 1831 dio una nueva Constitución (29-II-1832), con la consabida división de poderes y sistema bicameral, de carácter unitario, pero que concedía algunas facultades a las provincias. Se restableció el nombre de Nueva Granada. El país tendría la extensión de 1810; por lo tanto incluía Panamá y no se permitió las anexión del Cauca y Pasto al Ecuador que había efectuado Flores.

Fue elegido presidente Santander, que volvió del destierro y tomó posesión el 7-X-1832. Hombre rígido y serio, representaba el partido liberal y más bien la oposición a Bolívar. Se manifestó en la persecución a los partidarios de Bolívar y Urdaneta y en el restablecimiento de las doctrinas de Bentham en la enseñanza, frente a la oposición de la Iglesia, sobre la que mantuvo el Patronato. La situación de la Hacienda era mala, a pesar de los esfuerzos realizados por el anterior vicepresidente José Ignacio Márquez. Este fue elegido presidente en 1837. Hombre civil, tenía un brillante historial político y administrativo y había ejercido la presidencia hasta la llegada de Santander. Logró arreglar la división de la deuda pública con Venezuela, cargando Nueva Granada con la mitad; se elaboró un código penal y admitió en los puertos los buques y mercancías españolas, aunque no había aún reconocimiento.

La tranquilidad permitió una mejora de la economía y de la Hacienda. pero la supresión de unos conventos en Pasto, de acuerdo con el prelado de Popayán, para aplicar sus bienes a misiones y enseñanza, provocó una rebelión allí invocando la defensa de la religión (1839), que combatió el general Pedro Alcántara Herrán, enfrentándosele también el general José María Obando, aunque era liberal, y que alzó la bandera federalista; la lucha agotó la hacienda y dañó considerablemente a la economía y no se pudo terminar su primera etapa más que con la ayuda del presidente ecuatoriano Flores (1840), pero brotaron por todas partes rebeldías de ambiciosos y no se concluyó hasta 1842, dejando el país arruinado. Entre tanto había muerto Santander. En 1841 fue elegido presidente Herrán, que logró vencer la insurrección.

En 1843 se promulgó otra constitución, que daba más autoridad al poder ejecutivo, el cual podía dar empleos a los senadores y diputados y serlo los empleados y se suprimió el Consejo de Estado. Se fue formando el partido conservador, que tomó como uno de sus principales fines la defensa de la religión, lo que se notó en la vuelta de los jesuitas —desde Carlos III— para la enseñanza y misiones y en los textos Balmes sustituyó a Desttut de Tracy. La enseñanza fue objeto de interés del ministro Mariano Ospina, que la reorganizó en sus diversos grados y fundó nuevos colegios y estableció escuelas normales.

También se prestó atención a los demás ramos y se restableció la economía y la hacienda. En 1845 fue elegido presidente el general Tomás Cipriano de Mosquera, que había ayudado a Herrán contra la insurgencia y se presentaba entonces como conservador. Con él continuó la estabilidad y la mejora de la economía; se estableció la navegación de vapor en el Magdalena y se comenzó la construcción del ferrocarril del istmo de Panamá; y se reformó el sistema monetario para acabar con la moneda de baja ley.

El régimen liberal

En las elecciones de 1849 luchó el partido liberal, excitado por la Revolución francesa de 1848 y la juventud por las doctrinas más avanzadas venidas de Europa; no consiguiendo mayoría ningún candidato, la presión de las masas sobre el Congreso impuso la elección del general José Hilario López. Fueron expulsados los jesuitas (1850), se abolió la esclavitud (1851) y la pena de muerte, se otorgó la plena libertad de prensa, se estableció el jurado, se suprimió el diezmo y el fuero eclesiástico y se destituyó a los empleados conservadores.

Se exacerbaron las rivalidades entre los democráticos, que fueron apodados gólgotas, y los conservadores, surgiendo el desorden y la inseguridad; se alzaron los conservadores, lo cual sirvió para agudizar las medidas anticlericales, con el destierro de varios prelados. Mosquera apoyó estos radicalismos. La elección de 1853 dio el triunfo a Obando, candidato de los draconianos o liberales más moderados, frente a los gólgotas.

El Congreso aprobó (1853) otra constitución, muy democrática, con separación de la Iglesia y el Estado, libertad religiosa, matrimonio civil, sufragio universal, seguridad personal, autonomía de las provincias y elección popular de los gobernadores. Un motín democrático y de draconianos alzó la dictadura de José Mª. Melo (1854), pero fue derribado por los otros partidos unidos para mantener la legalidad; Obando no fue repuesto, acusado de complicidad en el golpe. Se formó un gobierno mixto de liberales y conservadores que elevó a la vicepresidencia —y gobierno efectivo— al conservador Mallarino (1854-1857) que apaciguó la situación y a quien sucedió otro conservador, Mariano Ospina.

La federación

La constitución de 1853 había dejado la puerta abierta a la adopción de un régimen federal. Panamá se erigió en 1855 en estado y como un Acto adicional lo permitía, las demás provincias siguieron el ejemplo, constituyéndose en Estados soberanos, lo cual fue sancionado por la constitución de 1858, que reconoció ocho Estados y dio al país el nombre de Confederación granadina; se mantenía el presidente —elegido por voto popular y directo— y el Congreso —con sus dos cámaras—, dejando amplia libertad a los Estados, con fuerte influjo del régimen norteamericano, como en la facultad de la Corte Suprema de entender en los conflictos entre los Estados o con el gobierno y decidir sobre la constitucionalidad de las leyes de las legislaturas locales.

La federación era el ideal de los liberales, que la juzgaban la cima de la democracia, pero los conservadores no se opusieron, aunque eran la mayoría en el Congreso Ospina permitió la vuelta de los jesuitas; unas leyes que permitían la intervención del poder central en los Estados ocasionaron la sublevación de varios de ellos, dirigidos por Mosquera, al que se unió Obando, su antiguo enemigo (1860); ardió la guerra civil, pereció Obando en un combate y por fin Mosquera tomó Bogotá (1861); Ospina, que ya había cesado, fue encarcelado.

Mosquera actuó como dictador, ahora como liberal extremado; erigió otro Estado y declaró la capital Distrito federal. Expulsó a los jesuitas de nuevo, prohibió que ningún sacerdote ejerciera sin permiso oficial, desamortizó y confiscó todos los bienes de las comunidades religiosas y suprimió todos los conventos. Convocó un congreso de plenipotenciarios de los Estados y una Convención nacional. Se firmó un Pacto de Unión (1861) para constituir los Estados Unidos de Colombia, resucitando el nombre de la época bolivariana, aunque ahora solo aplicado a Nueva Granada, con la esperanza de reconstruir aquella.

La Convención, reunida en Ríonegro (1863) cuando acabó la guerra civil, promulgó otra constitución que sancionaba el régimen federal, dejando amplias facultades a los Estados, sin poder ejercer el gobierno general más que las expresamente delegadas a él, se reconocerían todas las libertades individuales; el presidente sería elegido por dos años, sin reelección inmediata, y por el voto de los Estados. Cada uno de estos se dio su propia constitución.

Durante su segundo periodo actuó Mosquera dictatorialmente, hasta que fue destituido y procesado (1867). Los conservadores se sublevaron (1876)y hubo batallas sangrientas como la de la Garrapata, siendo vencidos. Durante la época federal se rebajó la deuda exterior, se organizó la Universidad de Bogotá y se revalorizaron los estudios, se promulgaron los diversos códigos y se fomentaron las comunicaciones. En 1878 se concedió a la compañía francesa la construcción del canal del Panamá, que terminó en fracaso y en quiebra.

El régimen unitario

La federación, con la debilidad del poder central, tuvo éxito; careció de eficacia, cundieron el desorden y el bandidaje, el ejército tendió a dominar en los Estados apoyando a uno u otro bando y no pudo progresar la economía. En 1880 fue elegido presidente Rafael Núñez, liberal avanzado, al que el desorden convenció de la necesidad de cambiar de orientación política. Formó el partido Nacional, con disidentes del liberal y apoyado por conservadores, alejados del poder durante el régimen federal, y acometió la Regeneración. Reelegido en 1886, estalló una guerra civil; habiendo triunfado, la constitución de 1886 implantó un régimen unitario, aumentó el poder ejecutivo, se respetaría a la Iglesia y se le confió la orientación de la enseñanza.

Se dividió el país en departamentos y el presidente nombraría libremente a los gobernadores y sería elegido directamente por el pueblo. En 1888 celebró un concordato que daba independencia a la Iglesia, facultad de poseer bienes y de establecer órdenes religiosas y se señaló una cantidad como indemnización por la desamortización. Reelegido Núñez en 1884 no tomó posesión y ejerció el poder el vicepresidente Miguel Antonio Caro, ilustre escritor, muriendo aquel en 1894. Elegido en 1898 Manuel Antonio Sanclemente, los liberales se sublevaron y estalló una guerra civil de tres años, terminada en 1903, que produjo grandes daños al país, y al fin triunfó el gobierno.

Durante la presidencia de José Manuel Marroquín el presidente norteamericano Roosevelt promovió la revolución que proclamó la independencia de Panamá (3-XI-1903), ante la resistencia de Colombia a ratificar el tratado de Hay-Herrán por el que los Estados Unidos se hacían cargo de los derechos de la compañía francesa y obtendrían el arriendo perpetuo de una faja de seis millas en el istmo.

Los Estados Unidos se apresuraron a reconocer la nueva república e impidieron que Colombia pudiera reprimir la insurgencia. En 1921 los Estados Unidos decidieron abonar a Colombia 25.000.000 de dólares como indemnización, y le concedieron el derecho al libre tránsito de tropas y material de guerra por el canal, y el de mercancías en iguales condiciones fiscales que las norteamericanas; a su vez Colombia reconoció a Panamá; el tratado había sido firmado en 1914, pero no se ratificó hasta entonces.

La primera mitad del siglo XX

La pérdida de Panamá atenuó la acritud de las luchas políticas. Rafael Reyes (1904-1909) dio una ley para la representación de la minoría en el Gobierno y el Congreso; en 1910 se restringió el derecho de voto, lo que fortaleció el régimen conservador. Colombia se mantuvo neutral en la Primera Guerra Mundial. Siguieron gobernando los conservadores hasta 1930 y el país gozó de cierta paz; en ese tiempo se aprobaron varias mejoras sociales e impuestos sobre la renta, y se redujo la circulación fiduciaria, que era enorme.

La economía no había progresado mucho, por las dificultades geográficas y por no fomentarse las inversiones extranjeras, ante las complicaciones que acarreaban. El café había llegado a ser el principal producto de exportación y luego se añadió el petróleo. En la tercera década inversiones particulares yanquis permitieron extender los ferrocarriles y otras obras, pero sobrevino una inflación y se dejaron sentir los efectos de la crisis de 1929.

En 1930 los liberales, por la división de sus adversarios, triunfaron en la elección presidencial con su candidato Enrique Olaya Herrera, cuando en otros países hispanoamericanos prevalecían regímenes autoritarios. Duró este periodo liberal hasta 1946 y se marcó por reformas sociales en beneficio de los trabajadores, por el fomento de la enseñanza, y medidas para enfrentarse con la crisis, con control de cambios y aumento de impuestos.

Al comienzo colaboraron los conservadores con Olaya, pero luego se apartaron y de nuevo se separó la Iglesia del Estado y se dieron otras medidas radicales. En 1932 los peruanos ocuparon Leticia, por donde se asoma Colombia al Amazonas, en territorio disputado y que se había reconocido a Colombia en 1922. Estuvo a punto de estallar la guerra y hubo choques armados, pero se evitó, intervino la Sociedad de Naciones y el protocolo de Río de Janeiro (1934) reconoció el derecho de Colombia.

La división de los liberales, por el radicalismo del presidente Alfonso López, permitió el advenimiento de otro presidente conservador, Mariano Ospina Pérez, que dio a aquellos la mitad de los ministerios (1946). Pero la agitación revolucionaria, aprovechada por los elementos más extremistas, ocasionó el bogotazo o motín sangriento y destructor (9-IV-1848) durante la reunión en Bogotá de la IX Conferencia Panamericana, a causa del asesinato del general liberal Jorge Eliecer Gaitán, Ospina pudo, sin embargo, superar el desorden y evitar que la revolución llegase más adelante.

Con la hostilidad de los liberales llegó a la presidencia en 1949 Laureano Gómez, de tendencia muy conservadora, católica y antiyanqui. Seguía la intranquilidad y una verdadera guerra civil en los Llanos, junto con el bandolerismo, y en 1953 un pronunciamiento derribó a Gómez, para encumbrar al coronel Gustavo Rojas Pinilla, elegido presidente constitucional al año siguiente. Logró apaciguar la lucha de guerrillas. Aunque conservador, se enajenó al capitalismo al aumentar los impuestos sobre la renta y extenderlos a los dividendos, mientras suspendía el periódico de Gómez.

La incapacidad de su régimen, una crisis económica innecesaria y el haber impuesto su reelección, modificando la constitución ocasionaron un movimiento que lo derribó con un paro económico organizado por Alberto Lleras, liberal, y Guillermo León Valencia, conservador (1957). Gobernó una junta militar, que liquidó la dictadura de Rojas y se aprobó por un plebiscito una enmienda que preveía la alternativa de liberales y conservadores en el poder y la participación simultánea de ambos en los cuerpos colegiados.

En virtud de ello fue elegido Lleras en 1958 y León Valencia en 1962, al que ha sucedido Carlos Lleras en 1966. Pero Colombia no goza de tranquilidad, pues desde hace años existe una verdadera guerra civil, calificada de bandidaje, pero que es sostenida por el comunismo, y que extiende la intranquilidad por las provincias, sin lograr extinguirla.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E.