Independencia de Colombia

Índice

De 1808 a 1810
La revolución de 1810
Centralismo y federalismo
La Patria Boba
La expedición de Morillo
El régimen de la reconquista
La formación de la Gran Colombia

Como en otros países americanos, existía honda rivalidad entre criollos y peninsulares, y en las clases cultas y elevadas aspiraciones a la independencia.. En 1780, el movimiento de los Comuneros del Socorro había puesto de manifiesto este oculto fondo. Había prosperado Nueva Granada a fines del XVIII, especialmente bajo los virreyes Caballero y Góngora, Ezpeleta y Mendinueta, y era también uno de los países más cultos de América. Los miembros de la Ilustración granadina se habían agrupado en torno a las figuras de José Celestino Mutis (1732-1808) y Antonio Nariño.

El primero formó un grupo de naturalistas, patriotas a la par, como Francisco José de Caldas (1771-1816), Francisco Antonio Zea (1766-1822), Eloy de Valenzuela (1756-1833) y Jorge Tadeo Lozano, hermano del marqués de San Jorge (1771-1816). Nariño, avanzado en ideas, traductor de los Derechos del Hombre (1794), que le valió larga persecución, tenía una tertulia a la que concurrían algunos de los anteriores, y Camilo Torres (1766-1816), Joaquín Camacho (1776-1816), Pedro Fermín de Vargas y otros, principalmente juristas, como también lo eran Miguel de Pombo (1770-1816) y Félix Restrepo (1760-1832); la tertulia de Nariño estaba presidida por el retrato de Franklin y era de marcado tono liberal e incluso republicano.

Al mismo tiempo que él, fueron procesados otros por supuesta sedición, y Zea desterrado a España donde se le dio la dirección del Jardín Botánico de Madrid, siendo convocado en 1808 para concurrir a las llamadas cortes de Bayona, único americano notorio que asistió. Nariño fue deportado a África, pero se fugó en Cádiz y estuvo en Francia e Inglaterra, en solicitud de apoyo para la liberación de su país, sin obtener resultado por pretender los ministros ingleses colocar a Nueva Granada en la órbita británica.

De 1808 a 1810

El elemento criollo granadino permaneció tranquilo hasta la invasión de España por Napoleón, rigiendo entonces el virreinato el mediocre e inepto Antonio Amar y Borbón (1803-1810). Al conocerse los sucesos de España fue jurado Fernando VII y se remitieron grandes cantidades para la guerra. En agosto de 1809 se formó una Junta de Gobierno en Quito, compuesta de criollos, a imitación de las de España y con propósitos encaminados a la promoción de un movimiento autonómico, la cual excitó al cabildo de Santa Fe a imitarle.

El virrey permitió una reunión de notables el 6 y el 11 de septiembre, donde Camilo Torres propuso la formación de una junta de diputados elegidos por las provincias; no se tomó acuerdo, pero quedaron marcados los dos partidos, español y criollo. Amar envió tropas para reprimir los sucesos de Quito y se tomaron precauciones ante la agitación surgida, prendiéndose a Nariño que permaneció encerrado varios meses en Cartagena.

En XI-1809 redactó Torres un memorial protestando contra la desigualdad de representación americana otorgada en la Junta Suprema Española y con amenazas por el trato dado a América, insinuando la separación, campaña secundada por otros patriotas como Frutos Joaquín Gutiérrez de Caviedes (1770-1816) con sus Cartas de Suba, e Ignacio Herrera Vergara. Ante la agitación, el virrey efectuó prisiones y trató, al mismo tiempo, de ganarse la simpatía de los criollos.

La revolución de 1810

En 1810 se esperaba la llegada de los delegados de la nueva Regencia de España, pero la noticia de la revolución de Caracas excitó el movimiento subversivo que se preparaba, y que se anticipó en varios lugares, como Cartagena (14-VI), donde se expulsó al gobernador y se formó una Junta; Pamplona, Socorro y otros sitios; en Casanare se sublevaron José María Rosillo y Vicente Cadena, pero fueron ejecutados. El municipio de santa Fe, dominado por los patriotas, desde junio pedía insistentemente cabildo abierto y junta.

Amar y los oidores proyectaban, si España caía en poder de Napoleón, convocar Cortes americanas para elegir un regente, y entre tanto ejercerían ellos el mando. En julio se esperaba la llegada de dos delegados de la Regencia, ambos quiteños, Carlos Muntúfar y Antonio Villavicencio, destinado este a Nueva Granada. La revolución estaba en el ambiente, dispuesta, según el mismo método que en otros países americanos, y se trabajaba activamente por ella. Villavicencio había aprobado la junta de Cartagena.

Por una riña entre un comerciante peninsular y un granadino en vísperas de la llegada de aquel, estalló un motín, el 20-VII-1810, de carácter antiespañol, que se propagó rápidamente, y viéndose sin ánimos, Amar accedió aquella misma noche a un cabildo extraordinario y abierto; el débil virrey no quiso que resistiera el coronel Juan Sámano, jefe del regimiento, y sus oficiales Moledo y Antonio Baraya pusieron las fuerzas al servicio de los revolucionarios. Los conjuraros prepararon y atizaron el motín, aprovechando la cobardía e inepcia del virrey, y la situación pronto estuvo en sus manos. Dirigieron la discusión del cabildo Torres, Pombo y José de Acevedo Gómez (1780-1816).

Aquella madrugada quedó formada la Junta Suprema del Nuevo Reino de Granada, en la que entraron los principales patriotas citados, verdadero gobierno partidario de la independencia, aunque, para disimular, como las otras juntas análogas, proclamó a Fernando VII y proclamó su presidente a Amar, que a los pocos días fue sustituido, encarcelado y expulsado, por exigencias de la demagogia que se había desatado (15-VIII). El oidor Hernández de Alba, que había perseguido a Nariño, estuvo a punto de perecer, y se desconoció la Regencia. La Junta actuó como Gobierno, nombrando un ejecutivo plural, presidido por el vicepresidente José Miguel Pey, suprimió la Audiencia, formó un ejército y convocó a las provincias para formar otra Junta con representantes de ellas y reunir un Congreso.

Centralismo y federalismo

La revolución había repercutido en el resto del país, y por todas partes se constituyeron juntas, salvo en Popayán y Pasto, donde Miguel Tacón (más tarde gobernador de Cuba) mantuvo la obediencia a España, tras formar brevemente otra junta, en Santa Marta, donde ocurrió algo parecido, y en Panamá. Inmediatamente cundió la desunión en el Nuevo Reino, pues muchas juntas no querían obedecer a la de Santa Fe, y el particularismo local halló un pretexto ideológico en el federalismo, a imitación de los Estados Unidos, disociándose la nueva nación. Aparecieron dos partidos: centralista, apoyado en la capital, y federalista, cuyo foco fue Cartagena, por rivalidad con ella, la cual convocó otro congreso en Medellín (IX-1810), oponiéndose en vano Nariño, recién libertado.

Hasta pueblos de escasa importancia formaban juntas, más o menos soberanas, y se dividían las viejas provincias. Algunas enviaron representantes, sin embargo, a Bogotá, y con ellos se formó el Supremo Congreso, el 22-XII-1810, que prometió defender la religión y acatar a Fernando VII, pero no a la Regencia; fue elegido presidente Manuel Bernardo Álvarez y secretario Nariño; resultó un organismo inútil y sin autoridad y se disolvió al poco tiempo.

Además de las luchas civiles, comenzó la guerra con las tropas adictas a España; Tacón fue derrotado en el Bajo Palacé (III-1811) por Baraya, que ocupó Popayán, formándose un gobierno presidido por Joaquín Caicedo, quien también se apoderó de Pasto, que fue siempre un acérrimo foco realista y había sido ocupado por las tropas insurgentes de Quito. En Santa Fe, ante la imposibilidad de unir el país, se organizó un gobierno parlamentario propio para el Estado de Cundinamarca (27-II-1811), presidido por Jorge Tadeo Lozano, y se promulgó una constitución liberal, aunque con unidad religiosa, que seguía reconociendo al rey, representado por un presidente, que fue Lozano (14-IV); era una organización republicana con una leve forma monárquica. Nariño combatió el federalismo en su periódico La Bagatela, y propugnó un régimen centralista y unificado; sus campañas provocaron un motín que hizo dimitir a Lozano (19-IX-1811), sucediéndole Nariño, que suspendió la Constitución.

Al mismo tiempo se había reunido el Congreso de diputados de las provincias, el cual adoptó el federalismo, constituyendo las provincias Unidas de Nueva Granada (27-X_1811), que consagraba la autonomía de cada una y, de hecho, la independencia. El 11 del mismo mes, la provincia de Cartagena proclamó su independencia de España como estado libre y soberano. Descontento el congreso por la política unificadora de Nariño se retiró a Ibagué; las guerras civiles y el desorden hicieron otorgar a Nariño, tras breve retirada, la dictadura de Cundinamarca (IX-1812).

El Congreso de la Confederación de la Provincias Unidas se reunió al fin en Leiva (4-X-1812) y eligió presidente a Torres, chocando pronto con Nariño, adversario siempre del federalismo disgregador; se envió a Baraya con un ejército contra Santa Fe, pero fue derrotado en el ataque a la capital (9-I-1813), quedando dividido el país entre los dos Gobiernos, reconciliados aparentemente.

La Patria Boba

Este primer periodo independiente, hasta 1816, ha recibido el apodo de la patria Boba, por la ingenuidad del juego político y la inexperiencia de los gobernantes, aunque salpicado aquel de sangre a veces, y en contraste con los terribles sucesos posteriores. Nueva Granada había estado representada en las Cortes de Cádiz, y dos granadinos, Pedro Agar y Joaquín Mosquera y Figueroa, fueron regentes. Ante el peligro realista, Nariño decidió consumar la obra comenzada, y el 16-VI-1813 se proclamó la independencia de Cundinamarca. El 11 de agosto, Juan del Corral, dictador de Antioquía, proclamó a su vez la independencia de este Estado. El Sur, muy realista, se sublevó contra los patriotas, y Caicedo cayó prisionero de los pastusos, siendo fusilado (26-I-1813) por orden de Toribio Montes, que había reconquistado Quito.

En Panamá, que seguía sometido a España, se instaló el nuevo virrey Benito Pérez (21-III-1812), apoyado en Santa Marta, y la región llana del Norte, y sostuvo la guerra contra Cartagena, que actuaba como Estado independiente bajo la dictadura de Manuel Rodríguez Torices; el francés Pedro Labatut, al servicio de los independientes se apoderó de Santa Marta (I-1813), y contuvo el peligro.

Simón Bolívar.Simón Bolívar.

A Cartagena llegó en XI-1812 Bolívar, fugitivo de la caída de la primera república de Venezuela, poniéndose al servicio de Torices, y realizó una brillante campaña en el Bajo Magdalena, ocupando Tenerife, Mompox, Ocaña y otras poblaciones; el 28-II-10813 derrotó al realista Ramón Correa en Cúcuta y rechazó la invasión procedente de Venezuela. Con auxilios de los dos presidentes, Torres y Nariño, formó un ejército, con el que emprendió la segunda revolución venezolana, invadiendo su país desde Nueva Granada (V-1813), poniéndose a sus órdenes muchos oficiales granadinos, célebres luego, como Atanasio Girardot, Francisco de Paula Santander, Antonio Ricaurte y Francisco P. Vélez.

Ante el peligro en el Sur, marchó Nariño al frente de un ejército contra Sámano, que mandaba a la sazón las tropas realistas, y había tomado Popayán (VII-1813) y Cali, en el valle del Cauca, perdiéndolas después. Nariño derrotó a Sámano en Calibio (I-1814), a orillas de Juanambú; en Tacines (9-V-1814), a Melchor Aymerich, sucesor de aquel; pero fracasó en el ataque a Pasto y cayó prisionero (14-V-1814), siendo luego deportado a España. Le sucedió en la presidencia de Cundimarca Bernardo Álvarez, que ante el peligro, la derrota de la segunda república venezolana y la desairada situación en que colocaba a los patriotas el regreso de Fernando VII, entró en negociaciones con el Congreso, reunido en Tunja, para aunar esfuerzos, sin llegarse a un acuerdo.

En IX-1814 llegó por segunda vez Bolívar, perdida Venezuela, y Torres y el Congreso le encomendaron un ejército para someter Bogotá por segunda vez y unirla a la Confederación, ante la actitud hostil de Álvarez, enemigo de la unión; Bolívar hizo capitular la capital (12-XII-1814) y obligó a Cundinamarca a entrar en la Confederación.

Se había perdido entre tanto Santa Marta, donde tomó el mando Francisco Moltalvo, nuevo virrey, con el título solo de capitán general (2-VI-1813), y Santander fue vencido en Carrillo (X-1013), perdiéndose Cúcuta y Pamplona. Bolívar se dispuso a recobrar Santa Marta, pero la hostilidad de Manuel del Castillo, jefe militar de Cartagena, le entorpeció las operaciones y le obligó a dimitir, tras sitiar incluso Cartagena, retirándose a Jamaica (8-V-1815), mientras Moltalvo había tomado Baranquilla y Mompox. El Congreso se había trasladado a Santa Fe y se constituyó un triunvirato ejecutivo presidido por Custodio García Rovira (I-1815).

La expedición de Morillo

Las disensiones y desunión que habían reinado desde 1810 dejaban al país débil ante la expedición de Pablo Morillo, enviado para reconquistar Nueva Granada, pues Venezuela había quedado ya sometida. Las tropas realistas, ocupaban, además, panamá, parte del Bajo Magdalena, Pasto y Popayán, y otros puntos fronterizos, aunque perdieron Popayán en 1815. El realista Sebastián Calzada derrotó a Rafael Urdaneta en Bálaga y tomó Pamplona y se enlazó con las tropas costeras. Ante el nuevo peligro se nombró un presidente de las Provincias Unidas, que lo fue Torres (XI-1815), para dar más autoridad al mando supremo.

El 22-VII-1815 llegó la expedición de Morillo a Santa Marta, y un mes más tarde comenzó el sitio de Cartagena, convertido en bloqueo inmediatamente, que duró hasta el 6 de diciembre; hambre y enfermedades mataron a 6.000 de sus habitantes, y el ejército sitiador tuvo 3.000 muertos, por la segunda causa la mayoría. En el ejército y marina españoles figuraban Montalvo, Pascual Enrile y Francisco Tomás Morales, famoso por sus hechos en Venezuela; defendía la plaza Castillo, y luego el venezolano José Francisco Bermúdez, que huyó al caer aquella, y otros insurgentes célebres: Carlos Soublette, Sucre, Mariano Montilla y Cortés Campomanes. Morillo venía decidido a imponer temor a los insurgentes; condenó a muerte a Castillo y otros, y se publicó un indulto.

Se reinstauró el virreinato (28-IV-1816), y se desmoronó la resistencia, por carecer de fuerzas y estar cansada buena parte de la población del ensayo de independencia y de la república, y atraída por las promesas españolas. En vano el francés Manuel Serviez, ascendido a general, intentó oponerse al avance de las tropas realistas; Torres renunció a la presidencia y le remplazó el literato y médico José Fernández Madrid (1789-1830), cuyo suave carácter era el menos apropiado (14-III-1816); entró en negociaciones para la rendición, y disuelto ya el Congreso, se retiró de Bogotá, de donde huyeron los insurgentes notorios y se quedaron otros esperando la clemencia de Morillo. Madrid envió una comisión con Lozano para ofrecer la entrega.

El 6 de mayo entró en Santa Fe Miguel de la Torre, sin ninguna resistencia, y triunfal y afectuosamente acogido, y veinte días después, Morillo. La Torre había promulgado un amplio indulto desde Zipaquirá. Sámano derrotó a Liborio Mejía, último presidente en la Cuchilla del Tambo (30-VI), pereciendo la Patria Boba.

El régimen de la reconquista

Salvo la región de Casanare, toda Nueva Granada quedó sometida; pero contra lo esperado y prometido, y a pesar del indulto de La Torre, implantó Morillo un régimen e terror, indignado por haber resurgido la rebelión a sus espaldas en Venezuela; gran cantidad de patriotas y gentes destacadas durante la independencia fueron encarceladas y se ejecutó a todas las figuras principales, condenadas por consejos de guerra: Villavicencio, como traidor; Lozano (6-VII-1816), Pombo, Torres (5-X), el sabio Caldas, que actuó de ingeniero militar (29-X); Torices, Álvarez, Mejía, G. Rovira, Baraya, Montúfar, Frutos, J. Gutiérrez, Camacho, José María Cabal, y otros muchos; en 1817 fue ejecutada por Sámano la conspiradora y espía Policarpa Salvarrieta, convertida en heroína nacional.

Otros patriotas fueron desterrados, entre ellos muchos eclesiásticos. Acevedo pereció en la fuga. El Consejo de purificaciones y la Junta de secuestros completaron la represión. Grave error fue la conducta de Morillo al tratar como país conquistado a Nueva Granada, e imponer un duro régimen de fuerza y castigo en lugar de la autoridad moral de los virreyes, el cual enajenó los espíritus desilusionados de la infecunda y anárquica etapa republicana y donde dominaba aun la vieja lealtad, lanzándolos al campo de la independencia.

Por lo pronto, la revolución había quedado casi decapitada, pues solo se habían salvado Santander, Urdaneta, F. Madrid, perdonado por Morillo, el canónigo Andrés Rosillo —desterrado—, Serviez y otros, emigrados a Venezuela, al lado de Bolívar, y Nariño, que estaba preso en España, entre las principales personalidades. Sámano quedó con el mando militar a la partida de Morillo, y sustituyó a Montalvo en el virreinato en III-1818, restaurándose en todo el antiguo régimen; el nuevo virrey carecía de condiciones para lo difícil del cargo y de la situación, y no conocía más norma que la dureza.

El mando militar pasó al coronel José Mª. Barreiro, que organizó rápidamente el ejército con muchas tropas del país. A comienzos de 1819 realizó una infructuosa expedición a Casanare, en los Llanos, defendido por Santander, cuando ya prepara Bolívar su audaz plan de emancipar Nueva Granada, antes de hacerlo con Venezuela, y de unir ambas naciones.

La campaña de Bolívar

A fines de mayo de 1819 emprendió Bolívar la marcha desde el Apure para sorprender la Nueva Granada y evitar que pudiese Morillo reforzarla, regresando inmediatamente a Venezuela con más tropas allá reclutadas. Atravesó los Llanos (junio) con unos dos mil hombres, entre ellos la Legión británica, acompañado por Santander, Soublette y José Antonio Anzoátegui; del 22 de junio al 6 de julio realizó Bolívar la ascensión de los Andes por el páramo de Pisba y entró en la meseta, sorprendiendo a Barreiro, que se quedó a la defensiva, y lo venció en Gámeza y Pantano de Vargas (25-VII); con draconianas medidas engrosó su hueste, ocupó Tunja, y dos días después (7-VIII) se dio la batalla de Boyacá, decisiva para la independencia granadina, de escasa importancia militar por la ineptitud del mando realista, y cuyas hazañas hubo que abultar.

Sámano huyó de Bogotá, con las últimas tropas y los elementos leales a España, y el 10 de agosto entró Bolívar, anunciando después la formación de la República de Colombia, con la unión de Nueva Granada y Venezuela. La soberanía española se derrumbó en gran parte del país, pero se mantuvo todavía en Pasto, Panamá, Cartagena, Santa Marta y otras comarcas, en las que continuó la guerra. Dejó Bolívar como vicepresidente a Santander, quien hizo fusilar a Barreiro y 38 oficiales más, y regresó a Venezuela después de montar la nueva organización y reunir un ejército granadino.

La formación de la Gran Colombia

El 17-XII-1819, el Congreso de Angostura —en el que ya había diputados granadinos— aprobó la ley fundamental de la República de Colombia, uniendo ambos países, más Quito, cada uno de los cuales formaría un departamento regido por un vicepresidente a la cabeza que fue, desde luego, Bolívar; se cambió el nombre de Nueva Granada por el de Cundinamarca, y el de Santa Fe por el de Bogotá, y se designó vicepresidente de ella a Santander, quien hizo aprobar la ley en su país por una Junta de autoridades (12-II-1820).

En 1820 fracasó una triple tentativa de Sámano desde sus bases del Norte contra el Magdalena, el Chocó y Antioquía; Montilla y una flota bajo Luis Brión tomaron Ríohacha (III-1820), que perdieron pronto, pero aquél tomó Sabanilla, y José Mª. de Córdoba, Mompox y Tenerife (VI-1820), destruyendo una flotilla española fluvial, perdiéndose a consecuencia Barranquilla y luego Santa Marta (XI-1820). En el Sur se perdió y se tomó Popayán por los colombianos, pero Basilio García les cerró en Jenoy (II-1821) el camino de Pasto.

Los últimos años de la guerra

La restauración del régimen liberal en España hizo que la Constitución de 1812 fuera jurada todavía en Cartagena y que se entablasen negociaciones de avenencia entre Morillo y Bolívar, quien rechazó todo acuerdo que no partiera del reconocimiento sin restricción de la independencia; las conferencias de Trujillo solo produjeron un tratado de armisticio por seis meses y la humanización de la guerra (25-26-XI-1820) y un inútil envío de comisionados a la Península

Para dar una nueva Constitución a la república se reunió otro Congreso en Cúcuta (6-V-1821), cuya convocatoria hizo efectiva Nariño, libertado en España por la revolución de 1820 y reintegrado a su patria, nombrándole Bolívar vicepresidente de Colombia; se confirmó la unión (12-VII); se designó a Bogotá capital de la república, y se abolió el régimen federal de 1819, sustituyéndole por otro unitario, con un presidente y un solo vicepresidente, que siguieron siéndolo Bolívar y Santander; el régimen adoptado fue francamente liberal.

La guerra tocaba a su fin: Miguel de la Torre, sucesor de Morillo, fue vencido en Carabobo (1821) y se perdió Venezuela; el 1-X-1821, después de largo sitio, Montilla y José Prudencio Padilla tomaron Cartagena, perdiéndose toda la costa, salvo una momentánea recuperación de Santa Marta, perdida definitivamente a comienzos de 1823. El 28-XI.1821 se proclamó la independencia en Panamá incorporándose a Colombia. Bolívar en persona dirigió la última campaña del Sur, contra Quito y el foco realista de Pasto, irreconciliable con la república y los independientes. Envió a Sucre por mar a Guayaquil, y él triunfó en Bomboná (7-IV-1822), obligando a Basilio García a capitular la derrota española en Pichincha por Sucre, y la pérdida de Quito, dejándole aislado, aunque los pastusos se oponían; Bolívar entró el 8-VI en la ciudad donde la independencia carecía de partidarios.

Pero muy poco después se sublevó y hubo de acudir Sucre a someterla de nuevo (XII-1822); en junio de 1823 el coronel indio Agustín Agualongo se alzó otra vez por el rey, echó al comandante de Pasto Juan José Flórez —luego primer presidente ecuatoriano— y restableció la autoridad real; fue derrotado en su avance sobre Quito, y el patriota Salom recuperó Pasto (VII-1823), que de nuevo ocupó Agualongo, prolongándose las luchas hasta comienzos de 1824 en que la terminó José Mires y luego Flórez, dominando por el terror la heroica constancia españolista de Pasto. Aún continuó la rebeldía de Agualongo en las montañas hasta que cayó prisionero y fue ejecutado en Popayán. El territorio de Quito, emancipado por Sucre, se unió asimismo a Colombia en 1822.

La República de Colombia se disolvió en 1830 después de la renuncia y la muerte de Bolívar, que no pudo contener la disgregación motivada por Santander, convertido en adversario político suyo; las ambiciones de Páez y Flórez, y la falta de solidez de la unión, no sentida por los pueblos ni por los caudillos de la independencia. En 1831 la antigua Nueva Granada reasumió su nombre con la vida separada, adoptando de nuevo definitivamente y para ella sola el nombre de Colombia, en 1861. hasta 1881 no se regularizaron por un tratado las relaciones con España.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 876-881.