Chile Época Independiente

Índice

La etapa de la inestabilidad
La obra de Portales
La República autoritaria
Cambio de régimen
El conflicto de 1891
El régimen parlamentario

La historia de Chile en el siglo XIX ofrece un agudo contraste con la de las restantes naciones hispanoamericanas. En lugar de la anarquía, de las revoluciones y de los caudillajes de las mismas, Chile, tras un breve periodo de inquietud, que amenazaba emparejarla con aquellas, entró en una era de estabilidad y de solidez de las instituciones, en forma única, y que permitió su desarrollo económico y cultural, sin las perturbaciones que entorpecieron a otras repúblicas. En lugar de la proliferación de constituciones, Chile mantendría una sola durante unos noventa años.

La etapa de la inestabilidad

Cayó O´Higgins por la oposición de la aristocracia, a la que hirió con sus tendencias igualitarias y con su dictadura, opuesta a la tendencia de aquella a gobiernos colegiados y a evitar un poder ilimitado (1823).

La junta, formada por los viejos patriotas, Eyzaguirre, Errázuriz e Infante, no tardó en ser sustituida por otro dictador —el mismo año 1823—, el general Ramón Freire, veterano de la guerra de la independencia y que quiso promulgar algunas reformas democráticas, siendo la única permanente la abolición definitiva de la esclavitud (1823); un nuevo congreso dio la constitución de 1823, obra de Juan de Egaña, de tipo muy liberal y que reglamentaba todos los aspectos de la vida, la cual fue suspendida enseguida.

Se enfrentó Freire con la Iglesia al secuestrar los bienes de las órdenes religiosas e intervenir en su organización, y destituir del obispado a Rodríguez Zorrilla, antiguo realista; el vicario Muzi, enviado por Pío VII para regularizar la iglesia americana, se ausentó ante ello. El desorden y la ineficacia de los siguientes congresos impulsaron a Freire a dimitir en 1826. El último congreso creó el cargo de presidente y vicepresidente.

Habían cundido las ideas liberales y había muchos elementos partidarios de las más avanzadas, especialmente los jóvenes, fervorosos por la libertad y que daban un valor mágico a las constituciones. Al partido liberal se le apodó pipiolo, por su inexperiencia juvenil, designándose al conservador, pelucón por su apego a la tradición. De 1826 a 1830 dominó la inestabilidad, y el militarismo jugó un papel preponderante, como en el resto de América. El 1826 por influencia de Infante se promulgó una constitución federal, por parecer lo más democrático, inadecuada a un país pequeño y homogéneo.

Tras unas breves presidencias Blanco Encalada, 1826; Agustín Eizaguirre, 1826-1827; Freire, de nuevo), la ejerció el general Francisco Antonio Pinto (1827-1829), que suspendió el régimen federal ante su fracaso. Un nuevo congreso promulgó una nueva constitución en 1828, inspirada por el liberal y escritor español José Joaquín de Mora, de carácter típicamente liberal, con división de poderes, pero que daba la primacía al legislativo; también establecía asambleas provinciales que elegirían a los senadores y los cargos gubernativos, como una concesión al federalismo (1828).

El problema de la vicepresidencia en 1829, que el congreso quiso otorgar a un candidato de menos votos, pero liberal, provocó la revolución del general Joaquín Prieto, apoyado por los conservadores, que se impuso tras derrotar en Lircay a Freire (1830).

La obra de Portales

Prieto ejerció la presidencia de 1831 a 1841. Pero la gran figura y el verdadero dictador fue Diego Portales (1793-1837); antiguo comerciante, adherido al partido conservador, ministro en 1830, cuya actividad y decisión le dieron gran prestigio al facilitar el triunfo de Prieto. En 1830 y 1831, en virtud de las facultades extraordinarias concedidas por el Congreso, ejerció Portales la dictadura, sin querer ejercer la presidencia.

Portales retratado por el italiano Camilo DomeniconiPortales retratado por el italiano Camilo Domeniconi

De carácter práctico decidió prescindir de los ideólogos autores de las anteriores constituciones e imponer el respeto a la ley y evitar el desorden; republicano, era enemigo a un tiempo de la monarquía y de la democracia; empezó por combatir el militarismo, dando de baja a numerosos militares, y conteniendo el ejército con la guardia civil o milicia, que disciplinó, sometida al gobierno incondicionalmente. Prescindió de todos los liberales y o´higginistas y dio la exclusiva del gobierno a los conservadores; reprimió la libertad de prensa, y una Convención constituyente promulgó la constitución de 1833, de larga duración y que aseguró la estabilidad política de Chile para el resto del siglo.

En su elaboración influyeron Mariano Egaña, conservador, y Manuel José Gandarillas, más liberal. Era de carácter liberal, pero concedía al presidente amplias facultades: periodo de cinco años, reelegible otros tantos; el mando superior de todas las fuerzas armadas, posibilidad de facultades extraordinarias y de suspender la constitución declarando el estado de sitio; y la de nombrar las autoridades provinciales, incluso las judiciales; cámara de diputados de tres años de duración; senado elegido indirectamente como el presidente; de nueve años de duración el cargo, renovable por tercios cada tres; sufragio restringido. Pero el presidente tenía el freno del congreso en cuestión de presupuestos e impuestos y por la posibilidad de acusar a los ministros.

Socialmente mantenía el mayorazgo y se excluía el ejercicio público de toda religión que no fuera la católica. Este régimen, por un lado aseguró el predominio de las clases altas, aunque abierto a la capacidad, e implantaba la autoridad del Estado y del presidente como su representación. Independientemente de la persona, buscándose el orden y un gobierno fuerte y centralizado. La autoridad del presidente era enorme y análoga a la de un rey, aunque temporal. Pero no faltó flexibilidad en el porvenir, que permitió alternar personalidades y conductas diferentes. La obra de Portales fue duradera, a diferencia de otros dictadores americanos que no dejaron continuadores.

El nuevo régimen mantendría el predominio de la aristocracia y la sociedad colonial —con cambios inevitables derivados de la emancipación—, pero evitando la democracia a que habían tendido algunos de los elementos revolucionarios y el partido liberal. Las elecciones, dado el sistema, eran inevitablemente ganadas por el gobierno, que disponía siempre de un congreso adicto.

Completó Portales su obra con la reforma de la Hacienda, ya mejorada por el ministro liberal Ventura Blanco en el periodo 1827 a 1829; Portales colocó en el ministerio a Manuel Rengifo que ejerció d e1830 a 1835, y que introdujo economías, regularizó los impuestos, fomentó el comercio, reservando el cabotaje a la marina nacional y convirtiendo a Valparaíso en un puerto de gran importancia; e hizo frente al usurario empréstito negociado por Irisarri en Londres en 1822.

Aumentaron grandemente los ingresos y la economía recibió un buen impulso. Pero Rengifo se convirtió en la bandera de la oposición, muy reprimida entonces, opuesto a la estrecha unión del presidente con la Iglesia y se le unieron los postergados pipiolos, queriendo presentarlo candidato a la presidencia.

Portales no quiso que peligrara su obra y en 1835 fue nombrado ministro de la Guerra y de Hacienda Joaquín Tocornal, representante de la tendencia religiosa autoritaria. Ejerció así Portales la dictadura sin limitaciones; hizo reelegir presidente a su hechura a Prieto en 1836 y reprimió duramente las conspiraciones, en especial la de Freire, condenado a muerte, pero desterrado. Al acentuarse después la resistencia, dio medidas draconianas y multiplicó los consejos de guerra y la amenaza de la pena de muerte.

Estaba Portales en malas relaciones con el Perú por el apoyo dado a la tentativa de Freire y por otros motivos, haciéndose una especie de guerra económica. Al formarse la Confederación Perú-Boliviana por el general Santa Cruz en 1836, temió Portales la existencia de un Estado poderoso al Norte, porque podría poner en peligro a Chile y ser un foco de conspiraciones. Era, además, partidario de la plena independencia y opuesto a organismos supranacionales. (Chile no había concurrido al Congreso de Panamá).

Inmediatamente se propuso destruir el nuevo Estado y provocó la guerra contra él. Abundaban las conjuras contra Portales, quien agudizó la mencionada represión. Pero durante los preparativos militares al revistar las tropas en Quillota fue apresado por los conjurados y asesinado (6-VI-1837). El crimen fue inútil, pues careció de consecuencias, el régimen continuó firme y la obra de Portales tendría una larga existencia.

La República autoritaria

Prieto continuó la campaña contra la Confederación Perú-Boliviana, a pesar de la muerte de Portales, y envió a Blanco Encalada que tomó Arequipa, pero firmó con Santa Cruz el tratado de Paucarpata y se retiró; el gobierno chileno lo desaprobó y envió a Manuel Bulnes, acompañado por el ex presidente peruano Gamarra; tomó Lima, que hubo de evacuar, y al fin derrotó a Santa Cruz en Yungay (1839), disolviéndose la Confederación del Perú y Bolivia. Victoria que dio prestigio a Chile.

Se sucedieron con presidencias regulares y de diez años de duración Manuel Bulnes (1841), Manuel Montt (1851), y José Joaquín Pérez (1861-1871). La estabilidad política convertía a Chile en un país excepcional en la América española. Tras el férreo régimen de Portales, Bulnes gobernó con más suavidad y ya Prieto poco antes renunció a las facultades extraordinarias; se dio una amnistía y se reincorporaron los militares expulsados en 1830. Se autorizó a O´Higgins a regresar, pero moría en 1842.

La economía se desarrolló rápidamente, se fomentó la minería —hulla y cobre— y se estableció la primera línea de vapor con Europa (1840). Andrés Bello, inspirador del desarrollo de la cultura, fue el autor del Código Civil. Se abolió la vieja Universidad de San Felipe, sustituyéndola por la Universidad de Chile (1842) de tipo moderno y cuyo rector fue Bello; también se fundó la Escuela Normal, dirigida por el escritor y pedagogo Domingo Faustino Sarmiento, futuro presidente argentino, exiliado entonces en Chile; se fomentó la enseñanza primaria y se crearon otros centros técnicos y especiales; la enseñanza de la minería fue desenvuelta por el polaco Ignacio Domeyko, quien reformó también la enseñanza secundaria.

El movimiento intelectual favoreció la expansión de la ideología liberal, manifestada en las obras anticlericales de Bilbao y Lastarria. Rengifo, vuelto a Hacienda, arregló satisfactoriamente el empréstito inglés y se adoptó un moderado librecambio.

En 1843 se ocupó el estrecho de Magallanes, abandonado y expuesto a una ocupación extranjera, y se fundó Punta Arenas (1847), pero esto provocó un largo conflicto con la Argentina, que afirmaba pertenecerle aquellos territorios, mientras que Chile pretendía parte de Patagonia, y que no se zanjó hasta el tratado de límites de 1881, que colocó la frontera en los Andes y se reconoció a Chile el estrecho y la mitad de la Tierra del Fuego por el arbitraje de 1902. Se fomentó la inmigración extranjera en el Sur, en la región poco poblada de Valdivia, se establecieron numerosos alemanes.

Santiago fue elevado a arzobispado, pero a pesar del carácter católico del Estado, hubo choques por la difusión del espíritu liberal y medidas regalistas o contrarias a los privilegios de la Iglesia, como el matrimonio de disidentes o el mínimo de edad para la ordenación. Al acercarse el fin de la presidencia de Bulnes el partido liberal quiso oponerse al candidato conservador Montt; se había reforzado el tono del régimen, aumentando el poder del gobierno y una ley de imprenta restrictiva. Los liberales habían fundado el Club de la Reforma, y Francisco Bilbao la Sociedad de la Igualdad, de carácter socialista, que fue prohibida y desterrados Bilbao y Lastarria.

Triunfó Montt (1851) y estalló una sublevación liberal, dirigida por José María de la Cruz, vencida por Bulnes en la sangrienta batalla de Loncomilla (1851). Montt, de ascendencia catalana y origen modesto, conservador autoritario, hombre enérgico, del tipo de Portales, fue uno de los más activos y eficaces gobernantes chilenos. Su labor se extendió a todos los campos: la construcción de ferrocarriles, la fundación del primer Banco Público, de la Caja de Ahorros y de la Caja de Crédito Hipotecario; la abolición del diezmo y de los mayorazgos, la colonización (fundación de Puerto Montt), creación de centenares de escuelas, la elaboración del mapa del país por Passis y la promulgación del citado Código Civil (1855).

La prosperidad fue visible y Chile ya no era el país tan pobre de otros tiempos. El comercio exterior se había triplicado de 1845 a 1860 y habían crecido la minería y la agricultura. Había surgido una alta burguesía de los negocios y la intelectualidad y una clase media. Las ciudades mejoraban urbanamente; la cultura se había extendido y todo ello repercutiría en cambiar las ideas y la política.

El primer ministro de Montt fue Antonio Varas, gobernante con capacidad y su presunto sucesor. Pero frente a Montt, por un choque con la Iglesia, se separó del partido un grupo de extrema derecha que se unió con el liberalismo más avanzado, formando la Fusión Liberal-conservadora, mientras los demás conservadores y liberales moderados formaban el Partido Nacional; los primeros se sublevaron en 1859, siendo vencidos, lo cual se complicó con la rebelión de los araucanos, que seguían insumisos.

Para evitar nuevos disturbios renunció Varas a la presidencia y fue elegido José Joaquín Pérez, último presidente decenal. Bien visto por todos los partidos, pronto se rompió la armonía, constituyéndose el partido radical, partidario de la reforma constitucional y del fin del régimen autocrático; se separó de Pérez el Partido Nacional y tuvo que apoyarse en la Fusión. Bajo él continuó el progreso del país, expresado en el crecimiento constante de los ingresos fiscales; se fue colonizando el país de los indómitos araucanos, se promulgó el Código de Comercio (1865) y Barros Arana mejoró la enseñanza secundaria.

En este tiempo tuvo lugar el conflicto con España, a causa de la contienda de esta con el Perú, con el cual se solidarizó Chile (1864). El almirante Pareja declaró el bloqueo de las costas chilenas, tras un ultimátum, declarando Chile la guerra a España el 24-IX-1865, se hicieron bastantes esfuerzos internacionales para que no empeorara el conflicto, pero el 26-XI-1865 la corbeta chilena Esmeralda capturó al aviso español Covadonga, suicidándose Pareja.

Se consumó la alianza con el Perú, Bolivia y Ecuador, y Méndez Núñez se puso al frente de la escuadra española; se dio en Abtao un combate indeciso y Méndez Núñez bombardeó el 31-III-1866 Valparaíso, que era plaza abierta. No se firmó la paz hasta 1883 y en Lima, durante la ocupación.

Cambio de régimen

Los liberales consiguieron modificaciones en el régimen dominante; se estableció libertad de culto, en privado y con escuelas disidentes (1865), y en 1871 el Congreso prohibió la reelección presidencial inmediata, limitando el periodo a cinco años. Nacionales y radicales fracasaron ante la coalición gubernamental, que por muerte del jefe conservador Manuel Antonio Tocornal, presentó al viejo liberal Federico Errázuriz, que resultó elegido (1871).

Siguió una política liberal, que disolvió la Fusión y alejó a los conservadores, convertidos en partido confesional: supresión del fuero eclesiástico, y sección para los disidentes en los cementerios, a pesar de la oposición del arzobispo Valdivieso; se reformó el sistema electoral, haciendo más representativo el Senado, facilitando el acceso de las minorías a la Cámara y disminuyendo la presión oficial. Una grave crisis económica marcó el fin del gobierno de Errázuriz. Su sucesor, Aníbal Pinto (1876), para hacerle frente, impuso el curso forzoso de los billetes de banco sin convertibilidad metálica con la consiguiente inflación.

Dos años atrás empresas chilenas habían puesto en explotación los tesoros minerales del desierto de Atacama, perteneciente a Bolivia: guano, salitre, cobre y plata (caracoles) y fundaron Antofagasta y otras poblaciones; el tratado de 1866 fijo la frontera en 24° S., pero la explotación sería conjunta entre 23° y 25° S.; otro tratado en 1874 confirmó dicho límite y estipuló que no de aumentarían los impuestos en la zona boliviana, pero Bolivia introdujo uno nuevo en 1878, que acabó por ocasionar la rescisión del contrato con la Compañía de Salitre de Antofagasta.

Al mismo tiempo, Perú quería monopolizar el nitrato en su territorio para compensar la baja del guano, su principal ingreso, y necesitaba asociarse el de Bolivia, con la cual, además, firmó un tratado militar secreto en 1873, y los bancos de Lima anticiparon el empréstito para la compra de los yacimientos de salitre. Por otra parte Bolivia incumplía sus compromisos de participación chilena en los beneficios de la explotación y deseaba quedarse con los yacimientos, y Chile aspiraba a la anexión de un territorio valorizado por él.

La guerra del Pacífico

En febrero de 1879 tropas chilenas ocuparon Antofagasta y comenzó la guerra, extendida muy pronto al Perú. A pesar de la inferioridad numérica de su ejército, los chilenos ocuparon en muy poco tiempo el desierto de Atacama; con el Perú la campaña fue naval. El jefe peruano Miguel Grau con su buque acorazado Huáscar dio la batalla en Iquique (21-V-1879), en que pereció valientemente el capitán chileno Arturo Prat, pero la citada Covadonga hundió otro barco peruano; Grau dominó aquellos mares, hasta que pereció en el combate de Angamos en octubre, capturándose su buque, y quedando el mar señoreado por Chile.

Poco después desembarcaban los chilenos en Pisagua, conquistaban la provincia de Tarapacá y derrotaban a los peruanos en Dolores; en 1880 tomaron Moquegua y tras un mortífero combate, Tacna (26-V-1880), defendida por el presidente boliviano Campero; poco después caía Arica, defendida por Bolognesi. Rotas unas negociaciones en Arica, a iniciativa de los Estados Unidos, se realizó una última campaña, y el general Manuel Boquedano llevó el ejército por tierra y por mar a Lima, que fue tomada el 17-I-1881.

Hasta 1883 no se firmó la paz de Ancón, recibiendo Chile el territorio de Tarapacá y acordándose la ocupación de Tacna y Arica por diez años, resolviendo después un plebiscito su suerte. El tratado de tregua con Bolivia (1884) sancionó la anexión de Atacama a Chile. Desde entonces quedó flotando un estado de tensión entre los tres países, más grave entre Perú y Chile; el plebiscito no se efectuó y el conflicto que mantenía la rivalidad entre ambos países, no se solventó hasta 1929, en que el tratado de Lima devolvió a Tacna al Perú, quedándose Chile con Arica. Bolivia renunció definitivamente a Atacama en 1904.

El conflicto de 1891

No visto con simpatía Boquedano, a pesar de su prestigio militar, por ser conservador, los liberales eligieron a Domingo Santa María (1881). La anexión de los mencionados territorios aumentó en grandes proporciones la potencialidad económica de Chile, con la explotación de sus riquezas minerales, cuya exportación permitió el aumento de ingresos fiscales en gran proporción, obras públicas, el fomento de la economía y de la enseñanza. Los araucanos fueron sometidos definitivamente y se abrió su región a la colonización.

Un nuevo conflicto con la Iglesia surgió por la sucesión del enérgico y virtuoso Valdivieso; el Vaticano rechazó un candidato liberal, fue expulsado un delegado apostólico y el Congreso votó la laicización de los cementerios, el matrimonio y registro civiles. Se aumentaron las garantías individuales, se restringieron las facultades presidenciales, entre ellas la del veto, la de las autoridades locales y se llegó casi al sufragio universal., sin más restricción que la de saber leer y escribir y suprimiendo la condición de renta mínima (1883).

No obstante, Santa María gobernó bastante arbitrariamente. El candidato oficial para sucederle era el liberal José Manuel Balmaceda, cuya elección obstaculizaron al máximo los conservadores y los liberales no gubernamentales, pero fue elegido (1886). Intentó gobernar con los demás grupos liberales, sin conseguirlo, y pronto entró en conflicto con el Congreso, que luchaba por imponerle su hegemonía, a pesar de procurar que se eligiera a sus amigos, pero la oposición creció constantemente y la función gubernativa se desorganizó con cambios frecuentes de ministerios.

Sin embargo, procuró Balmaceda resolver la cuestión eclesiástica de acuerdo con la Santa Sede, y los enormes ingresos de la minería favorecieron un desarrollo rápido en todos los órdenes, construcciones, obras públicas, mejoras educativas y reformas administrativas de importancia, como el Tribunal de Cuentas y proyectó reformas electorales democráticas.

El desarrollo de la masa obrera hizo aparecer el partido demócrata. Pero se fueron concitando contra Balmaceda una serie de fuerzas: las empresas extranjeras —inglesas— que explotaban los yacimientos de salitre, por su propósito de nacionalizar estos y los ferrocarriles; los banqueros, por su proyecto de crear un Banco nacional que evitara la usura, y la aristocracia, enemiga de un poder presidencial fuerte, que ya no creía necesario, y deseosa de supeditarlo al Congreso. Balmaceda procuró favorecer a la reciente clase media, surgida por el desarrollo económico y la difusión de la cultura, lo que también le distanció de la vieja oligarquía, junto con su anterior actitud anticlerical.

La oposición estaba en guerra abierta con el presidente en el Congreso y formaba en él la mayoría. Sirvió para que la contienda derivara a la violencia la prórroga del presupuesto que hizo Balmaceda el 1-I-1891 sin convocar el Congreso. El día 7 se sublevó la escuadra al mando de Jorge Montt, acusando al presidente de violar la constitución y se formó un gobierno del Congreso en el Norte. Balmaceda, apoyado por el ejército, resistió, se prolongó la guerra civil y cundieron las violencias.

En agosto de 1891 los sublevados desembarcaron cerca de Valparaíso y derrotaron en dos sangrientas batallas a los leales; Valparaíso y Santiago fueron saqueados por las turbas. Hubo 10.000 muertos en esta guerra y enormes pérdidas oficiales. Dimitió Balmaceda el 29 de agosto y se refugió en una embajada, donde se suicidó el 19 de septiembre, al día siguiente de terminar su mandato legal.

El régimen parlamentario

Derrocado con Balmaceda el régimen dominante durante tantos años, sin alterar la constitución quedó sometido el presidente al Congreso, debiendo gobernar de acuerdo con él, y ya no lo elegía a su gusto como antes, ni podía imponer su sucesor. El nuevo régimen municipal dio libertad y amplias facultades a las comunas, que dirigían las elecciones y ya no dependían del presidente, y la ley de incompatibilidad parlamentaria impidió la elección de los funcionarios.

Pero esta independencia del poder legislativo condujo a numerosas crisis ministeriales, cambios frecuentes de gobierno e ineficacia de las Cámaras, con mayorías transitorias y ocasionales; prevalecieron los jefes de los partidos, la corrupción del sufragio como práctica normal, quedaron postergados los intereses generales a los particulares y aumentaron los partidos, por multiplicación de los de carácter liberal, siendo el más importante de estos el radical, nutrido por la clase media.

El principal elemento de separación entre este y el partido conservador consistía en la cuestión religiosa, teniendo aquel al laicismo, la libertad de cultos y la enseñanza estatal y el segundo a la libertad de enseñanza y la unión de la Iglesia y el Estado.

De menor relieve que los grandes presidentes del s. XIX fueron los del XX, desde Jorge Montt en 1891, disputándose el predominio de la Alianza Liberal; —de radicales, liberales doctrinarios y liberales democráticos— y la Coalición liberal-conservadora. Esta impuso a Federico Errázuriz (hijo) (1896), y aquella o combinaciones análogas a Germán Riesco (1901), Pedro Montt (1906), aunque conservador, y a Ramón Barros Luco (1910). Tras el presidente conservador José Luis Sanfuentes (1915) —manteniéndose Chile neutral durante la primera Guerra Mundial— la Alianza hizo triunfar en 1920 a Arturo de Alessandri. El presidente de Chile le había llevado a la agrupación llamada A. B. C., con Argentina y Brasil, aunque no fueron muchas su eficacia ni duración.

Alessandri representaba la clase media y las masas obreras y traía un programa de reformas sociales enfrentándose con las oligarquías. Pero careciendo de mayoría en el Senado, tropezó con su hostilidad y difícilmente logró la aprobación de algunas de sus leyes sociales. Un Congreso favorable estancó, sin embargo, los proyectos y un acuerdo de conceder dietas a los parlamentarios, dada la crisis de la hacienda, provocó la intervención del ejército (1924), que impuso al Congreso la aprobación de las leyes paralizadas; pero Alessandri, viéndose mediatizado, abandonó la presidencia, de la que se hizo cargo una Junta militar presidida por el general Luis Altamirano

Su política conservadora ocasionó que jóvenes oficiales dieran otro pronunciamiento que restableció a Alessandri (1925), quien elaboró una constitución el mismo año que sustituyera a la veterana de 1833; devolvió el nuevo código al presidente la autoridad de antaño, elevó a seis años su mandato y sería elegido por votación directa, sin reelección inmediata. Senado de ocho años, renovado por mitad cada cuatro y Cámara por otros cuatro; el sufragio universal para los no analfabetos y en 1949 se ha extendido a la mujer. Se separó la Iglesia del Estado y se otorgó la libertad de cultos y de conciencia, pero sin persecuciones a la Iglesia.

Se garantizaron las libertades individuales y se atendió a reformas sociales y se afirmó la función social de la propiedad. Un choque con el ministro de la Guerra Carlos Ibáñez obligó a Alessandri a dimitir de nuevo (1925), y aquel en 1927 hizo dimitir a su vez a su sucesor Emiliano Figueroa, siendo elegido presidente, desarrollando una política de renovación y social, reorganización de servicio y de construcción de obras públicas; se atendió al ejército y la enseñanza y se resolvió la cuestión de Tacna y Arica.

Pero esta política era cara y la crisis mundial de 1929 afectó a Chile, junto con la baja de la venta del salitre por el crecimiento de la industria del nitrato artificial en Europa. Ibáñez, que gobernaba en realidad dictatorialmente, aunque con el apoyo del Congreso, el ejército y las masas, perdió popularidad al no poder hacer frente a la crisis y acentuar su autoridad y una agitación, especialmente estudiantil, le obligó a dimitir en 1931.

Se volvió a un régimen civil y la Unión Cívica, de conservadores y parte de los radicales, dio en las elecciones la presidencia a Juan Esteban Montero, frente a Alessandri, candidato de las izquierdas. Seguían las crisis, el paro, la desvalorización de la moneda, la necesidad de restringir los gastos. Un motín militar derribó a Montero en 1932 y encumbró a una junta con el socialista Carlos Dávila, cuyos planes socializantes no prosiguieron al derribarlo otro golpe militar el mismo año.

La vuelta a la constitucionalidad, tras este periodo revuelto, trajo la elección una vez más de Alessandri (1932), pero sin su radicalismo anterior. La crisis económica era muy grave, había un cuantioso paro y la deuda pública había crecido enormemente. Actuó Alessandri en forma autoritaria, según las facultades del sistema presidencialista, y se apoyó en el cuerpo voluntario, la Milicia Republicana, formada para mantener el orden y que se disolvió en 1935.

El ministro de Hacienda Gustavo Ross se esforzó por remediar la situación económica, aunque a costa de la inflación; se disolvió la Cosach, compañía monopolizadora del salitre fundada por Ibáñez, se reanudó el trabajo en las salitreras y se extinguió casi el paro, coincidiendo con la mejora de la situación económica mundial, se reanudó el pago de la deuda exterior y aumentaron los ingresos; a pesar de las resistencias, se promulgaron algunas leyes sociales, como la del salario mínimo.

Pero la política más bien conservadora de Alessandri, el temor a que impusiera su dictadura y la escasez de reformas sociales, provocó con vistas a su sucesión la formación del Frente Popular, o alianza de las izquierdas, fórmula de moda entonces en otros países, y sostenida por los comunistas. Contribuyó a desprestigiar a Alessandri la matanza de 60 jóvenes rebelados de la Vanguardia Popular Socialista de tendencia totalitaria. En las elecciones d e1938 triunfó el candidato del Frente Popular, Pedro Aguirre Cerda, sobre el conservador Ross.

Los propósitos de Aguirre se vieron trabados por el catastrófico terremoto de 1939 y la Segunda Guerra Mundial, en la que Chile se mantuvo neutral hasta 1943. Practicó el intervencionismo oficial en la economía, con la Corporación de Fomento a la Producción para promover la industrialización y la economía en general. El Frente se disolvió en 1941 al retirarse los socialistas de él. Aguirre desarrolló una activa labor de enseñanza y de mejoras obreras, y en 1941 se reconocieron dos mil sindicatos. La economía realizó visibles progresos, pero no se pudo alterar el sistema de la propiedad rural, con el predominio del latifundio, el inquilinato y el peonaje.

Fallecido Aguirre antes de concluir su presidencia, lucharon Ibáñez, acusado de simpatías por el Eje, y Juan Antonio Ríos, radical, pero opuesto a los comunistas, y partidario de colaborar con los Estados Unidos en su lucha, y que fue el vencedor (1942). Rompió las relaciones con el Eje y prosiguió la política de fomento de la economía.

A su muerte fue elegido Gabriel González Videla (1946), que dio carteras a los comunistas, con quienes había simpatizado antes, pero acabó por proscribir el partido. Mantuvo buenas relaciones con los Estados Unidos que le proporcionaron abundantes empréstitos para el desarrollo económico. En su tiempo hizo ocupar una parte de la Antártida, al sur de Chile, a la que dio el nombre de Tierra de O´Higgins, reclamando la zona entre 53° y 90° W. Gr., considerada también en parte como dependencia británica.

Pero la inflación seguía siendo un problema muy grave y con el programa de combatirla y una política nacionalista triunfó de nuevo el general Ibáñez (1952). Gobernó sin acudir otra vez a la dictadura, pero no pudo nacionalizar la industria del cobre, ahora la más importante de Chile, desde la decadencia del salitre por la irresistible competencia del nitrato sintético; continuó la inflación, sin poder contenerla, y la devaluación del peso, y tuvo que buscar la colaboración de los demás partidos.

Le sucedió Jorge Alessandri (1958), bajo quien continuó la crisis financiera. Se había formado un partido cristianodemócrata de Eduardo Frei, con amplio programa de reformas sociales avanzadas y apertura a la izquierda. En la elecciones de 1964 lucharon el socialista Salvador Allende, candidato del Frente Popular restablecido, y Frei, que prometió reforma agraria, asentamiento de 100.000 campesinos dándoles tierras y movilizar la riqueza minera, triunfando Frei.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 1082-1088.