Bolivia Época Independiente

Índice

Los comienzos de la Independencia
Santa Cruz y la Confederación Perú-Boliviana
Restauración y Regeneración
Los Caudillos bárbaros
La guerra del Pacífico
Conservadores y liberales
La guerra del Chaco
Presencia de lo social

La historia de Bolivia en el s. XIX y aún el XX ha sido una de las más agitadas y trágicas de Hispanoamérica; serie casi ininterrumpida de cuartelazos, motines y pronunciamientos llamados revoluciones en cantidad increíble, partidos que por mucho tiempo han sido enteramente personalistas a pesar de sus rótulos; elecciones organizadas por el gobierno en el poder; diecisiete constituciones y un continuo desfile de dictadores, algunos de ellos en el s. XIX de los de más bajo nivel en la gama americana, que merecen el apelativo de caudillos bárbaros con que los calificó el escritor boliviano Alcides Arguedas, acuñador de otra terrible frase Pueblo enfermo, título de una de sus más profundas y pesimistas obras (1911).

Caudillismo —bárbaro o letrado—, revoluciones, inestabilidad, militarismo, escaso desarrollo económico, acelerado algo más en tiempos recientes; pobreza, han sido rasgos permanentes. Una minoría criolla, de grandes propietarios o de dueños de minas y letrados, formó la clase alta y dirigente; una escasa clase media, y una masa india, que siguió en la situación colonial, de tipo feudal, sometida a la primera e indiferente a la política, manejada por los ambiciosos. La economía al proclamarse la independencia estaba arruinada tras dieciséis años de guerra.

Los comienzos de la indepencia

Bolívar en el Alto Perú impuso su constitución vitalicia o monocrática (1826) y dio leyes favorables a los indios, suprimiendo el tributo y quiso darles las tierras que usufructuaban, lo que no se efectuó.

El Perú reconoció a Bolivia, ya que Bolívar mandaba en ambos países, y al ausentarse dejó como presidente a Sucre, lo que ratificó la Asamblea Constituyente (1826) y que aprobó dicha constitución. Su ministro Facundo Infante —más tarde ministro en España con Espartero— introdujo en la enseñanza la llamada Ideología, de tipo racionalista, y se dieron medidas secularizadoras.

La unión Bolivariana quedó rota en 1827 al separar Santa Cruz el Perú del sistema bolivariano; inmediatamente comenzó a intrigar para unir Bolivia al Perú. Un motín (18-IV-1828) hirió a Sucre y se firmó el tratado de Piquiza (6-VII-1828), por el cual renunció Sucre, se suprimió la constitución monocrática y se acordó la salida de las tropas colombianas. Provisionalmente fue presidente Banco, que a los cinco día fue derribado y muerto.

Santa Cruz y la Confederación Perú-Boliviana

Andrés Santa Cruz (1792-1865) tomó posesión de la presidencia el 24-V-1829. Antiguo militar realista, aunque altoperuano aspiraba a regir el Perú donde ya había sido presidente, y para ello quería unir ambos países.

Mariscal Andrés de Santa Cruz, héroe nacional y 7.° Presidente de Bolivia.Mariscal Andrés de Santa Cruz, 7º Presidente de Bolivia.

Con dotes de organizador, promulgó medidas progresivas, restableció el orden, rebajó la ley de la moneda feble para obtener recursos con la diferencia; fundó en 1830 la Universidad de La Paz; protegió la industria nacional; y se promulgó un cuerpo entero de legislación, primer país que lo hizo en América; el código penal reprodujo el español de 1821.

La Asamblea General Constituyente elaboró otra constitución en 1831, que abolió la esclavitud. El ejército fue aumentado y bien armado. Gozó Bolivia de tranquilidad durante su gobierno, que gozó de prestigio en el extranjero; firmó tratados Santa Cruz con Inglaterra y Estados Unidos y entró en relaciones con la Santa Sede.

Con el Perú gobernado por Gamarra hubo una tensión concluida por un tratado en 1831. Derribado Gamarra por Orbegoso, se refugió en Bolivia y llegó a un acuerdo con Santa Cruz para efectuar la confederación de las dos naciones.

Llamado por Orbegoso, atacado por Salaverry, intervino Santa Cruz (1835); derrotó a Gamarra, de nuevo hostil, y en Socabaya a Salaberry al que hizo fusilar (1836) y organizó el nuevo Estado; para evitar un predominio peruano excesivo, el Perú fue dividido en dos Estados, Nor-peruano y Sur-peruano, formándose con los tres la Confederación Perú-Boliviana, organizada definitivamente en 1837 por el congreso de Tacna, eligiéndose Protector a Santa Cruz. Cada Estado tendría un puerto principal, pero dio tal carácter a Arica para el Sur del Perú, negándose Bolivia, que deseaba esa ciudad como salida marítima.

La Confederación fue efímera; a parte de su poco ambiente en las dos naciones contó enseguida con la hostilidad de Argentina —regida por Rosas— y de Chile, que temía la buena administración de Santa Cruz, el aumento de poder de sus vecinos y la competencia económica de los puertos peruanos. Para restablecer el equilibrio declaró la guerra a la Confederación; una primera expedición mandada por Blanco Encalada fracasó (1837); una segunda con Miguel Bulnes derrotó a Santa Cruz en Yungay (1839), quien fue desterrado y se disolvió la Confederación.

Restauración y Regeneración

Asumió el gobierno el vicepresidente José Miguel de Velasco, tomándose el nombre de Restauración y otro congreso dio una cuarta constitución y declaró capital de Bolivia a Chuquisaca, que tomó el nombre de Sucre (1839). Se persiguió a los partidarios de Santa Cruz. En 1841 hubo una sublevación en Cochabamba proclamando a Santa Cruz y la Regeneración, y otra de José Ballivián ayudado por Gamarra. Triunfante Ballivián, Gamarra invadió Bolivia, pereciendo en la batalla de Ingavi (1841).

Batalla de Ingavi y muerte de Gamarra de 1841.Batalla de Ingavi y muerte de Gamarra de 1841.

Ballivián efectuó una labor de reforma y mejora en el terreno hacendístico con buenos resultados, fomentó la minería, ordenó exploraciones hacia el río Paraguay y el Beni, buscando salida fluvial al país y procuró atraer técnicos. En 1847 José María Linares firmó con España un tratado de reconocimiento, no ratificado hasta 1861. En la enseñanza, el escritor español José Joaquín de Mora, llamado por Santa Cruz, había introducido la filosofía escocesa; Ballivián restableció el sentido católico.

Ante otra insurrección dimitió en 1847, sucediéndole Velasco, de quien fue ministro Casimiro Olañeta, que no había dejado de actuar en política desde la proclamación de la independencia. Derrotado al año siguiente por su otro ministro Belzu, se retiró.

Los Caudillos bárbaros

En 1848 concluyó este primer periodo, que no muy tranquilo ni estable, aún representó una época ilustrada y de algunos progresos. En ella había dominado la oligarquía latifundista y minera sin cortapisas Ahora comenzada la era de los caudillos salidos del cuartel, que era entonces en Bolivia foco de corrupción y vicio, y que han dejado un triste recuerdo.

Era de crudo militarismo, de perturbación constante y de ilegalidad. Hasta 1880 se sucederán Manuel Isidoro Belzu (1848), Jorge Córdova (1855), José María Linares (1857), José María de Achá (1861), Mariano Melgarejo (1864), Agustín Morales (1871), Adolfo Ballivián (1873), Tomás Frías (1874), Hilarión Daza (1876-1879).

No todos fueron generales: civiles eran Linares y Frías, no todos caen en las notas mencionadas o no faltaron algunos aspectos positivos. Belzu se apoyó en las masas, cultivando la demagogia y el odio a los ricos, pero aunque conocía a Proudhon, no tenía un verdadero pensamiento socialista, y fue el ídolo de ellas mientras le combatían la burguesía y los intelectuales; entre estos, en privado comenzaron a difundirse ideas hegelianas, krausistas e irreligiosas.

Pero Belzu no innovó nada en las estructuras económicas y sociales. Retirado voluntariamente, su yerno Córdova, que gobernó liberalmente, fue derribado por Linares, culto, rico y aristócrata, quien dictatorialmente intentó moralizar el país, redujo el ejército, reviso sus grados y restableció la disciplina; mejoró la hacienda a través de Frías, e intentó moralizar al clero; todo ello con severidad y rigor al punto de enajenarse a todas las clases, incluso la oligarquía.

Derribado por una traición, ya muy enfermo, falleció a poco desterrado. Bajo Achá hubo una matanza de partidarios de Belzu; sus proyectos económicos no tuvieron efectividad. Melgarejo representó lo peor del cuartel, el alcoholismo, la violencia y la mera arbitrariedad; declaró propiedad de los indios las tierras de comunidad, pero solo para acabar por despojarles enteramente en provecho propio y de sus amigos, reprimiendo sus alzamientos con matanzas. Se alió a Perú y Chile contra España y cedió al Brasil en 1867 más de 300.000 km2 de territorio disputado, anexionándose la margen derecha del río Paraguay y privando a Bolivia de salida al tramo navegable libremente del Madeira.

Morales, que lo derribó, representaba igualmente a la violencia y la incultura, aunque con mejores intenciones que sus antecesores; anuló la venta de las tierras de los indios, se fundó el Banco Nacional, y tuvo a raya a las grandes compañías mineras. Mató a Belzu, en una tentativa de este por apoderarse de la presidencia.

Adolfo Ballivián, militar, pero muy distinto de la casta dominante entonces, representante del elemento civil, perteneciente al partido llamado rojo y luego constitucionalista, intentó mejorar la economía, un empréstito para un ferrocarril en el Este, que resultó un fraude y aumentó los impuestos para las empresas. A su fallecimiento le sucedió Frías, asimismo civil, de larga experiencia, honrado y respetuoso con las libertades y leyes, del mismo partido que Ballivián; se devolvieron las tierras a los indios y se hizo un tratado de límites con Chile (1874).

Tras una violenta rebelión en 1875, por otra subió al año siguiente otro soldadote, Daza, que no estaba a la altura de las circunstancias en que cayó el país. Su ministro de hacienda Salvatierra, recogió la moneda feble, con grandes pérdidas para los tenedores y disminuyó la deuda pública.

La guerra del Pacífico

Bolivia padecía el problema de su salida al mar; privada de Arica, su salida natural, que pertenecía al Perú, poseía una faja costera en el desierto de Atacama, donde estaba el puerto de Cobija. En este desierto aparecieron minas de plata y luego la creciente industrialización de Europa y la necesidad de aumentar la producción de la agricultura para una población en rápido crecimiento, valorizaron los yacimientos de guano y salitre (nitrato sódico)

El mejor desarrollo de Chile causó que sus empresas explotaran las riquezas de Atacama. Melgarejo concedió (1868), a una empresa angloyanqui, en la que se interesó Chile, el derecho de explotar durante quince años todo el salitre y construir ferrocarriles en esta zona, concesión luego restringida en extensión; el mismo dictador firmó con Chile el tratado de 1866, por lo que se señalaba la frontera en 24° y se establecía como zona de explotación común la comprendida entre 23° y 25° S.; entre 24° y 25° Chile abonaría a Bolivia la mitad de los derechos de aduana más 40.000 pesos, otro tanto haría Bolivia con Chile entre 23° y 24°.

En 1874 el tratado de límites colocó definitivamente la frontera en el paralelo 24°, renunciando cada país al resto; pero continuaría la explotación minera conjunta en el territorio boliviano, sin aumentar los impuestos. En 1878 Bolivia impuso un 10% por quintal de salitre exportado; protestó la compañía y alegó el gobierno que no era un impuesto, sino una regalía; luego lo abolió, pero rescindió el contrato.

Chile ya hacía tiempo que se preparaba militarmente; a su vez Bolivia había firmado un tratado secreto con el Perú (1873), temeroso de la expansión chilena y que deseaba controlar el salitre boliviano para asegurar el rendimiento del peruano. Chile inició la guerra el 12-II-1879 ocupando Antofagasta y luego Mejillones y las minas de Caracoles. Pese a tantos años de militarismo, carecía Bolivia de un ejército eficaz y totalmente de marina.

En abril declaró la guerra Chile al Perú, cuya flota fue derrotada. Daza llevó el ejército a Tacna en el Perú, pero derrotó Chile en Pisagua a los aliados y una inoportuna retirada de Daza ocasionó la derrota de San Francisco (19-XI-1879); poco después Daza fue depuesto, asumiendo la presidencia Narciso Campero (Daza fue asesinado en 1893 al volver a su país); el desastre de Tacna (26-V-1880) consumó la victoria chilena, que se completó con la toma de Arica y de Lima.

En 1883 el tratado de Ancón entregaba Tarapacá a Chile, que además se quedaba provisionalmente con Tacna y Arica; Bolivia perdía su litoral Atacameño, quedando sin salida al mar, como se reconoció por la tregua de 1884. La paz no se firmó hasta 1904 y consagró la pérdida del litoral, hallándose Bolivia sin ningún apoyo exterior; en cambio Chile le construiría el ferrocarril de Arica a La Paz y permitiría el libre tránsito de comercio exterior.

La economía boliviana se había apoyado en la quina en el periodo entre 1847 y 1864; después en el salitre y en el guano hasta la pérdida de Atacama; d e1880 a 1890 vino el auge de la plata y después el del caucho, de la regiones amazónicas, hasta 1913.

Conservadores y liberales

Tras Campero gobernaron dos plutócratas civiles, Gregorio Pacheco (1884) y Aniceto Arce (1888), este gobernó severamente y fomentó la construcción de ferrocarriles; fundó el Colegio Militar y favoreció la enseñanza.

Aniceto Arce Ruiz.Aniceto Arce Ruiz. Presidente de la República de Bolivia 1888-1892

Igual carácter civil y conservador tuvieron Mariano Baptista (1892) y Severiano Fernández Alonso (1896), derribado por una revolución (1898), con motivo de pretender La Paz un régimen federal ante la capitalidad de Sucre. Triunfante el general liberal José Manuel Pando, se renunció al federalismo, pero el gobierno se instaló en la Paz. La zona amazónica de Acre había prosperado por la explotación del caucho, que beneficiaba más a Brasil que a Bolivia y en 1889 unos aventureros pretendieron erigir allí una república. Habiendo arrendado Bolivia ese territorio a una compañía internacional, Brasil fomentó disturbios y amenazó militarmente obligando a un acuerdo (1903), que le entregó ese territorio, por una indemnización empleada en aumentar la red ferroviaria.

Durante las presidencias de Ismael Montes (1904 y 1913), Eliodoro Villazón (1909) y Gutiérrez Guerra (1917), siguió gobernando el partido liberal, con reformas administrativas, fomento de la cultura y de la economía, elevación del nivel del ejército, libertad de cultos y matrimonio civil y construcción de ferrocarriles. Con la primera guerra mundial terminó la era del caucho y alcanzó la del estaño su auge, ya iniciada a comienzos de siglo y que se convirtió en el producto eje de la economía boliviana en adelante.

En 1920 un pronunciamiento acabó con el régimen liberal, trayendo al partido republicano, de conservadores y liberales disidentes, y al presidente Bautista Saavedra, que gobernó dictatorialmente ante la constante oposición, apoyándose en las masas obreras, alas que concedió mejoras sociales; también acabó por gobernar personalmente Hernando Siles (1926) a cuya caída (1930) gobernó Daniel Salamanca.

La guerra del Chaco

En tiempo de este estalló la guerra del Chaco, país casi despoblado y de malas condiciones físicas, pero en que ahora se esperaba hallar petróleo y por donde aspiraba Bolivia a una salida fluvial al río Paraguay.

Disputado entre Bolivia y Paraguay el Chaco Boreal había sido objeto de varios intentos de división, sin efectividad; así el presidente de los Estados Unidos Hayes lo había adjudicado al Paraguay (1878); el tratado Guijarro-Decoud (1879) trazó una frontera al sur del paralelo 22°; el tratado Ichazo-Benítez (1894) otra diagonal NE-SO, entre los ríos Paraguay y Pilcomayo, y se sucedieron otros muchos acuerdos y protocolos igualmente inútiles.

En 1928 el incidente del fortín Vanguardia estuvo a punto de provocar la guerra. Esta comenzó en 1932 y fueron vanos todos los esfuerzos para conseguir la paz entre ambas naciones. A pesar de haber organizado su ejército el general alemán Hans Kundt, llevó Bolivia la peor parte, con las derrotas de Campo Vía (1933) y Picuiba (1934) y la de Villamontes, ya en las estribaciones andinas. El agotamiento mutuo ocasionó el armisticio de Buenos Aires de 1935 y la paz de 1938, recibiendo Bolivia una salida al río Paraguay y parte del territorio en disputa, pero Paraguay se quedó con la mayor parte del Chaco.

Presencia de lo social

Derribado Salamanca durante la guerra, se sucedieron varios presidentes militares. Los sindicatos tenían cada vez más fuerza y los problemas y reformas sociales pasaron a primeros planos. Se recuperaron los yacimientos petrolíferos, adjudicándolos a una entidad oficial. Germán Busch (1937-1939) dio una constitución avanzada en el terreno social y representó el nacionalismo, que luego dio origen al Movimiento Nacionalista Revolucionario; de acuerdo con este, los militares jóvenes derribaron a Enrique Peñaranda, distinguido en el Chaco (1940-1943), alzando a Gualberto Villarroel, que llevó una política nacionalista, y social y fue tildado de fascista.

Perdida, sin embargo, su popularidad y sin apoyo del M.N.R., fue linchado por las turbas (1946). Se sucedieron Enrique Hertzog (1947) y Mamerto Urriolagoitia (1949), sustituido por una Junta Militar (1951). En 1952 subió al poder el M.N.R. con Víctor Paz Estensoro, continuado por Hernán Siles (1956). Realizaron una labor revolucionaria con la nacionalización de las minas de estaño de los tres poderosos magnates mineros Simón I Patiño, Mauricio Hochschild y Aramayo; se intentó la industrialización, se promulgó el sufragio universal, una reforma agraria en favor de la masa india y una avanzada constitución en 1961. En 1960 fue de nuevo presidente Paz Estensoro, pero el partido se dividió, separándose el dirigente sindical Juan Lechin.

Paz Estensoro fue derribado por un pronunciamiento militar en 1964, formándose una Junta Militar, presidida por René Barrientos, que abolió dicha constitución y volvió a la de 1947, disolviendo los sindicatos, muy poderosos y que disponían de milicias propias. Después dio otra constitución (1966) que recoge los principales avances exteriores.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs.557-560.