Bolivia Época Colonial

Índice

Los siglos XVI y XVII
Exploraciones y misiones
Potosí. La mita y los bandos
La cultura
El siglo XVIII
Las misiones
Sublevaciones
Economía
Cultura

Los siglos XVI y XVII

La Audiencia de Charcas —dependiente del virreinato del Perú— ejerció su autoridad sobre el Paraguay y el Río de la Plata; pero en 1661 se creó otra en Buenos Aires, suprimida en 1671, y fundada de nuevo en 1783, ya que se había erigido el país en virreinato. Siguió la fundación de ciudades: Mizque (1603); Oruro (1606) (San Felipe de Austria) en una región rica en plata y que creció rápidamente; y hacia 1608 Santa Cruz de la Sierra fue trasladada a San Lorenzo de la Barranca

Exploraciones y misiones

Continuaron las expediciones al Oriente. Lorenzo Suárez de Figueroa efectuó incursiones al país de los Chiquitos (1580-1583) y fundó poblaciones, luego destruidas por los indios, y la citada San Lorenzo. Otro gobernador de Santa Cruz, Juan de Mendoza Mate de Luna hizo una expedición a los Moxos y fundó una primera Trinidad. Otra expedición a los Moxos realizó el capitán Urquiza en 1615 y fundó otras poblaciones. Tuvieron en general más resultado las expediciones misioneras.

El franciscano padre Bolívar llegó a la confluencia de los ríos Beni y Madre de Dios (1620); efectuó otros viajes en 1627 y 1631, pereciendo en el último. Al Chaco fue el jesuita padre Alonso Bárzana (1587), que convirtió a los lules; en el siglo XVII penetraron otros jesuitas, que convivieron con los chiriguanos, mocovíes, mataguayos y guaicurúes.

En la última parte del XVII los franciscanos establecieron misiones en la región de Apolobamba, con más éxito desde 1677. Los jesuitas lograron establecerse entre los moxos, de un modo fijo desde 1675, por obra de los padres Cipriano Barace y Pedro Marbán (1713); en 1682 se fundó la misión de nuestra Señora de Loreto, que prosperó pronto y se introdujo el ganado vacuno en la región del Beni, donde se ha desarrollado considerablemente.

Barace fundó en 1686 Trinidad y permaneció entre los moxos veintisiete años, muriendo más tarde a manos de otros indios (1702); también se fundaron otras misiones, entre ellas San Francisco de Borja. A fines del siglo XVII las misiones de Moxos tenían ocho pueblos con unos catorce mil pobladores. Desde Tarija se intentaron también por los jesuitas misiones entre los chiriguanos y los chiquitos.

Del obispado de Chuquisaca se disgregaron los de Chile y Tucumán. En 1605 se erigió el obispado de La Paz y el de Santa Cruz de la Sierra, cuyos prelados residían en Mizque ordinariamente. En 1609 Chuquisaca fue elevada a sede arzobispal (sede de Charcas o La Plata), de la cual dependieron durante toda la época colonial, las de Paraguay, Tucumán y Buenos Aires, además de las dos mencionadas.

Potosí. La mita y los bandos

De las ciudades altoperuanas la que alcanzó un extraordinario desarrollo fue Potosí, gracias a la plata, en especial desde que hacia 1570 Enrique Garcés introdujo el tratamiento del mineral por el azogue, permitiendo un rendimiento mucho mayor, y fue puesto en práctica por Pedro Fernández de Velasco hacia 1574. En el siglo XVII el clérigo andaluz Álvaro Alonso Barba, que vivió en Caracas y obtuvo gran experiencia minera publicó su Arte de los metales (Madrid, 1640). El virrey Toledo estableció la Casa de la Moneda de Potosí, importantísimo centro de acuñación (1575).

La población creció enormemente, dado el ritmo de aquellos tiempos y el 1611 el censo ordenado por el virrey del Perú marqués de Montesclaros dio una cifra de 160.000 habitantes, contándose 60.000 indios, 40.000 españoles y extranjeros, 38.000 criollos y 6.000 negros. La ciudad era lijosa, viciosa y desordenada, como todas las ciudades de su género y se permitía todas las fantasías, como se reflejan en la viva y amena Historia de la villa imperial de Potosí, escrita en el s. XVIII por Bartolomé Martínez de Arzanz y Vela, aún inédita en parte.

La prosperidad se sostenía sobre la explotación del indio, que era el que trabajaba en el famoso cerro, por medio del duro reclutamiento de la mita, que era una fuente de despoblación y de mortalidad y que fue establecida por el virrey Toledo (1572); las quejas por los abusos y la opresión del indio motivaron que en 1685 el virrey duque de la Plata prohibiese la extensión de la mita a 14 provincias más de las 16 afectadas.

En 1691 el virrey conde de la Monclova libertó a muchos mitayos y ordenó que se pagasen jornales, como a los trabajadores voluntarios. En el s. XVIII decayó la explotación minera por el agotamiento, dado el excesivo aprovechamiento el siglo y medio anterior. Calcula Arzanz que de 1545 a 1705 salían 20.000.000 de pesos anuales, lo que daría un total de 3.200.000.000. Sabido es el efecto de esta corriente de plata sobre la economía europea.

La heterogénea y aventurera población de Potosí se dedicó a largas guerras civiles; desde fines del s. XVI (hacia 1582) comienzan los bandos de Vascongados y Vicuñas; los vascos predominaban por su actividad y mayor influjo económico y ciudadano; en los Vicuñas entraban andaluces, castellanos y criollos. Las luchas entre ambos causaron hechos violentos y peleas frecuentes, que se agudizaron en el s. XVII; así en 1617 en que hubo choque sangrientos y venganzas, teniendo que huir el corregidor Rafael Ortiz de Sotomayor.

En 1623 una sublevación de Vicuñas dirigida por Francisco Castillo, mató al corregidor, inclinado a los vascongados; se envió contra los rebeldes un ejército, pero hubo que llegar a un acuerdo con ellos en 1624, procurándose la reconciliación de los dos bandos. Otra guerra estalló entre ambos de 1635 a 1641, siendo derrotados los Vicuñas. Una terrible inundación, en 1626, destruyó gran parte de la ciudad con miles de víctimas, pero sirvió para reconstruirla y con más aire urbano.

No faltaron rebeldías de otro tipo: hubo una insurrección de indios de la comarca de la Paz, apaciguada por Bernardino de Cárdenas. En 1661 hubo una sublevación de mestizos en la Paz capitaneada por Juan de Vega y Antonio Gallardo —conocido por Pillhinco—, que mataron al corregidor y la masa saqueó la ciudad; ambos jefes con sus huestes atacaron Puno, donde perecieron y los rebeldes fueron vencidos y castigados.

Otra rebeldía ocurrió en la población minera de Laicacota, reflejo de las de Vascongados y Vicuñas, pero con intervención de los indios. Fue reprimida por el virrey conde de Lemos, con ejecución de jefes y despoblando dicho lugar (1665-1668). Aunque dependía de Charcas, se dio fuera de Bolivia la sublevación de Pedro Bohórquez con los calchaquíes, no terminada hasta 1665.

La cultura

En el aspecto cultural, hay que recordar la fundación de la Universidad de Chuquisaca por breve de Gregorio XV y confirmación de Felipe IV en 1621-22, abriéndose en 1624, a base del colegio de los jesuitas y con la denominación de San Francisco Javier; había cátedra de aimara y su facultad de derecho fue muy frecuentada por los argentinos, ya que no se enseñaban leyes en la Universidad de Córdoba.

Entre las figuras intelectuales de esta época que residieron en Charcas destaca fray Antonio de la Calancha, criollo, con su Crónica moralizada del Orden de San Agustín en el Perú (1638). Gaspar de Villarroel, arzobispo de Chuquisaca, autor del Gobierno eclesiástico pacífico (1656-57). El canónigo andaluz Martín del Barco Centenera compuso allí su poema Argentina y conquista del Río de la Plata. Allí vivió el poeta sevillano Luis de Ribera, elogiado por Menéndez Pelayo. Cabe recordar también a fray Diego de Mendoza, autor de una Crónica de la provincia de San Antonio de los Charcas (de la orden franciscana). Y Cervantes solicitó en vano el corregimiento de la Paz.

Floreció el teatro tanto en castellano como en las lenguas indígenas; en estas, las obras eran de carácter religioso y también escenificando las tradiciones indias; los jesuitas compusieron obras teatrales de carácter misional en lenguas indias. En Potosí existió un teatro desde comienzos del s. XVII. No existió imprenta en el Alto Perú en toda la época colonial, salvo a su final; pero los jesuitas de la misión de Juli (región del lago Titicaca, que entonces pertenecía a Charcas) publicaron en 1612 el Diccionario aymara del padre P. Ludovico Bertonio, aunque se duda, pese al pie de imprenta, si la tirada se hizo en Lima.

Floreció el arte en el Alto Perú durante los siglos XVII y XVIII con obras notables, Solo se recordará los cuarenta conventos e iglesias de la opulenta Potosí, como San Francisco, y luego la grandiosa estructura de la Casa de la Moneda, del s. XVIII (1732-1773). En la Paz hay un grandioso convento barroco de San Francisco, cuya construcción no terminó hasta 1768; en Chuquisaca, la catedral, cuya construcción duró todo el s. XVII; en ambas ciudades hubo otros numerosos templos y conventos y casas señoriales, como también estas en Potosí.

Domina el estilo Barroco, con influencias indígenas en la decoración. pero no faltan recuerdos platerescos en los primeros tiempos como en la región de el Lago y crucerías góticas en pleno XVII, siguiendo el Renacimiento y no faltan elementos mudéjares con los artesonados de la antigua iglesia de los jesuitas de Cuquisaca. El interior de muchas de estas iglesias era muy suntuoso en su decoración, como indicio de la riqueza de las clases altas, sobre todo en Potosí. Hubo pintores españoles, criollos e indios, e importación de pinturas y tallas españolas, y lógicamente floreció la platería, como en retablos y frontales. El indio Francisco Titi Yupanqui labró en 1582 la imagen de la virgen de Copacabana.

El siglo XVIII

Suceso transcendental para el Alto Perú en el siglo XVIII fue su segregación en el siglo XVIII del virreinato del Perú, con el que había estado unido étnica, geográfica y económicamente durante los siglos anteriores y en la época prehispánica. Por Real Cédula de 8-VIII-1776 se creó provisionalmente el virreinato del Río de la Plata en la persona de Pedro de Cevallos al darle el mando de la expedición contra los portugueses. A petición del mismo Cevallos se agregó a su jurisdicción el territorio de la Audiencia de Charcas; el virreinato con la extensión señalada para Cevallos quedó consolidado al nombrarse virrey a Vértiz.

El motivo de segregar Charcas del Perú respondió al deseo de proporcionar al nuevo virreinato del Plata los metales preciosos de que carecía. Unión artificial y forzada, como se percibió durante las guerras por la independencia y en la formación definitiva de una entidad política diferente al formarse el Estado boliviano. Se dividió el territorio altoperuano en las intendencias de Charcas (Chuquisaca), Potosí, La Paz y Cochabamaba, más las provincias de Moxos y Chiquitos. Se separó algo después Puno, unido al Perú. La Audiencia perdió su poder político y se redujo a funciones judiciales, supeditándose su presidente al virrey y adquiriendo más influjo los intendentes.

Las misiones

Consolidaron los jesuitas sus misiones de Moxos y Chuiquitos, empleando el sistema de reducciones y con prohibición de entrada a todos los ajenos a ellas (1700), especialmente tras una visita esclavista del gobernador de Santa Cruz a fines del s. XVII. Se extendieron las misiones a las tribues de los baures e itonamas en el Nordesta, pero no faltaron sublevaciones indias, con destrucción de misiones y muerte de misioneros, como ocurrió en Apolobamba, contra los franciscanos y en las misiones de los dominicos a fines del XVII y de los chiriguanos contra los jesuitas, que habían extendido su labor a ellos, en 1727 y 1735, como repercusión lejana de la insurrección de los Comuneros del Paraguay.

Lo que no se consiguió fue establecer un enlace entre las misiones chiriguanas y las paraguayas a través del Chaco —vasto territorio de más de 1.000.000 de Km2, situado entre Argentina, Bolivia, Paraguay y una pequeña parte del sur de Brasil—, a pesar de varias expediciones con ese objeto. La misiones de moxos eran las más florecientes, pero la labor quedó cortada con la expulsión de los jesuitas de 1767.

Sublevaciones

Se dieron en el s. XVIII varias rebeldías o conspiraciones, indicio de creciente descontento y rivalidad de criollos y mestizos contra el predominio de los peninsulares o de los indios contra los blancos. Los mestizos habían adquirido amplio desarrollo y ejercían las industrias y los oficios y ellos y los criollos soportaban mal el mantenimiento de la autoridad en manos de los españoles. Se hicieron esfuerzos por mejorar la suerte del indio.

El virrey Caracciolo pidió en 1718 la supresión de la mita, otorgándose la abolición de la forzada, pero con poco éxito por la oposición de los mineros de Potosí. El agotamiento de las minas impulsó a estos a aumentar la opresión de la mita, lo cual promovió a fin de siglo una viva polémica entre el fiscal de la Audiencia, Victorián de Villava, enemigo de la mita, y el intendente de Potosí, Francisco de Paula Sanz, defensor de ella (1793). Se suprimió la encomienda y continuaron como en toda la época colonial, los ayllus y la autoridad de los caciques indios.

Ante la sublevación de los Comuneros de Paraguay, la Audiencia favoreció durante algún tiempo a su miembro José de Antequera. En 1730 se alzó, en Cochabamba, Alejo Calatayud, en un movimiento tendente a dar los cargos de gobierno municipal a criollos y mestizos, pereciendo ese jefe. Otra conjura, fracasada antes de estallar, se preparó en Oruro en 1739.

La más importante rebelión y la más sangrienta fue la de los Catarís, en combinación con los de Tupac Amaru (1780-1781), de carácter indígena, cuyos hechos más salientes fueron el motín de la Paz, por motivos fiscales (marzo de 1780); la de Chayanta contra el corregidor Alós por Tomás Catarí y muerto en 1781 continuada por sus hermanos y sobre todo por Julián Apasa (Tupac Catarí), con la destrucción y exterminio de la población de Sorata por Andrés Tupac Amaru (5-VIII-1781); los dos sitios de la Paz, valientemente defendida por Sebastián de Segurola y socorrida por el presidente de la Audiencia, Ignacio Flores y luego por Reseguín, pereciendo Tupac Catarí, que había caído prisionero. Sanz acabó con la rebeldía de los hermanos del primer Catarí.

En Oruro la rebelión tuvo carácter general, sumándose a ella criollos y mestizos, e iniciada por Sebastián Pagador, con exterminio de los españoles (10-II-1781). Pero los excesos de los indios, que atacaban indistintamente a todo blanco, retrajeron a los otros elementos. Revelaba esta sangrienta rebelión, que causó numerosas víctimas, la mala situación del indio y su superficial asimilación.

Economía

Decayó enormemente Potosí por el agotamiento de los yacimientos tras una desenfrenada explotación de cerca de dos siglos y la población disminuyó, pero esa época fue precisamente la de construcciones más suntuosas. En cambio, aumentó la extracción de oro y comenzó a pensarse en el estaño. De desarrolló la agricultura y no solo para abastecer las ciudades del Altiplano, sino con cultivos rentables como la quina y el cacao; los jesuitas desarrollaron la ganadería en sus territorios de Moxos y Chiquitos.

La industria contó con obrajes de tejidos, no solo bastos, sino de más calidad, como en la población llamada Obrajes, no lejos de la Paz. Favoreció al Alto Perú el liber comercio decretado por Carlos III, como a los demás países americanos. Era el Alto Perú un importante nudo de comunicaciones entre el Perú y el Río de la Plata, como camino obligado y negocio de arriería; ya en la época en que el interior argentino dependía económicamente de Lima y luego hacia Buenos Aires, al girar Charcas en la órbita de la capital del nuevo virreinato.

Cultura

La Universidad de Chuquisaca con sus estudios de Derecho atraía a los argentinos y allí estudiaron varios caudillos patriotas, como Moreno, Castelli, Monteagudo, López Planes y otros. En 1780 se fundó allí la Academia Carolina, como centro de ampliación de la universidad para la práctica del Derecho. También se fundó una Escuela de metalurgia en Potosí (1790). Se destacaron dos ilustres arzobispos de Chuquisaca, Fray José Antonio de San Alberto y Benito María de Moxó.

Entrada del Virrey Arzobispo Morcillo en Potosí.Entrada del Virrey Arzobispo Morcillo en Potosí (1718), por Melchor Pérez Holguín

Por allí pasaron hombres de ciencia como el mineralogista barón de Nordenflycht y vivió bastantes años Tadeo Haenke. El funcionario realista Pedro Vicente Cañete escribió una Historia de Potosí, y ya se ha mencionado al cronista barroco del mismo Martínez de Arzanz; el intendente Francisco de Viedma escribió la Descripción de las provincias de Santa Cruz de la Sierra.

Prescindiendo de los altoperuanos cuya actuación pertenece a la Argentina a raíz de la independencia, solo cabe citar al intelectual de raza india Vicente Pazos Kanki, que también estuvo vinculado al Río de la Plata y perteneciente a la época de la emancipación y a la posterior. La imprenta se introdujo con fines propagandísticos a fines de la época de la emancipación, en 1822.

En Arte ya se han indicado antes algunos rasgos; predominó el barroco en la primera mitad del siglo, especialmente en Potosí, levantándose las iglesias de San Francisco y San Lorenzo, y en la región de Titicaca; en la segunda mitad prevaleció el estilo neoclásico, al que pertenecen las posteriores catedrales de la Paz y Potosí, y construcciones de Cochabamba y Chuquisaca. En pintura el mejor artista criollo fue Melchor Pérez Holguín, barroco, de comienzos del XVIII.

EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs.551-555.