Historia de Bolivia

Índice

Época Prehispánica
Descubrimiento y Colonización
Época Colonial
Independencia de Bolivia
Época Independiente

Época Prehispánica.

La cultura más conocida e importante del actual territorio boliviano es la de Tiahuanaco y hasta los trabajos de Ibarra Grasso no se tenían noticias de culturas anteriores. Este investigador ha dado a conocer en 1956 la existencia de la cultura de los Túmulos o megalítica de Cochabamba anterior a Tiahuanaco.

Restos de esta cultura son montículos o túmulos de hasta 8 metros de altura y esculturas humanas y de animales, así como cerámica de decoración pobre o sin ninguna decoración. Sería también anterior a Tiahuanaco la cultura llamada Nazcoide, con cerámica polícroma brillante. La cultura Yampará es para Ibarra anterior e independiente a Tiahuanaco, aunque para otros sea ya contemporánea y derivada de aquella. Junto al lago Titicaca y en el gran valle de la Paz, se desarrolló una importante cultura cuya capital fue la ciudad de Tiahuanaco. De ella queda todavía un conjunto de ruinas, producto del abandono e inclemencias del tiempo, así como de la destrucción voluntaria del hombre.

Cerámica de ParitiCerámica de Pariti. huacos retratos

Cómo se construyó esta ciudad y con qué medios es uno de los grandes problemas históricos. Son diversas las teorías relativas a la época de su florecimiento. Según Max Uhle y la mayoría de los arqueólogos, la cultura de Tiahuanaco se extendió desde el 500 al 700 d. de C. (el llamado Tiahuanaco I) y del 700 al 1000 (Tiahuanaco II). Teniendo en cuenta que los incas llegaron a la región hacia 1300 d. de C. , se explica que en esta época la ciudad fuera ya solamente un conjunto de ruinas abandonadas.

Tiahuanaco fue ya desde la época incaica un lugar rodeado de misterio, promotor de mitos. Las tradiciones principales del pueblo inca, hicieron surgir la raza incaica del lago Titicaca, con lo que, implícitamente, se atribuían, como para ennoblecer la antigüedad de su estirpe, un enlace con las gentes de Tiahuanaco. Atribuyeron su construcción a cíclopes y semi-dioses, y la consideraron centro de peregrinación. Fue asombro para los españoles y Cieza de León la describió en su Crónica del Perú.

Los viajeros de los siglos XIX y XX se interesaron por ella y en especial Arturo Posnansky luchó por salvar los restos que aún quedaban y se convirtió en una autoridad en la materia, aunque dejándose llevar en ocasiones por el apasionamiento. La arquitectura de Tiahuanaco es de grandes bloques de piedra, plataformas, pirámides construidas que aprovechan montículos naturales, templos, escalinatas monumentales, construcciones subterráneas, etc.

Algunos bloques de pórfido —roca compacta y dura, formada por una sustancia amorfa, ordinariamente de color oscuro y con cristales de feldespato y cuarzo rojo— presentan hendiduras de poca profundidad en forma de H que pudieron haber servido para colocar grapas metálicas de unión. Los restos más conocidos son los conjuntos de Akapana y Kalasasaya, la Puerta del Sol, decorada con relieves, la de la Luna y el Puma Punku.

Tiahuanaco ofrece, además, una serie de esculturas o grandes monolitos en cuyas caras se han tallado la cabeza y brazos de figuras humanas o semihumanas. Las más conocidas son el Pachamama o monolito de Benet y el Fraile. Se han encontrado igualmente restos de cerámica que adoptan la forma de timbal acampanado, de pebeteros en forma de puma, o de vasijas abiertas en forma anular. Es una cerámica polícroma a base de los colores blanco, negro, amarillo, gris y rojo, con motivos característicos que se repiten en los tejidos. También se desarrolló la metalurgia de oro, plata y cobre.

La influencia de Tiahuanaco se extendió hasta la costa, lo que plantea el problema de que si este dominio cultural correspondió a un poder político, a una tendencia imperialista como en el caso del Imperio Incaico, o bien a una influencia ejercida por medio del comercio que se impuso a los demás por la superioridad técnica del tejido y de la cerámica.

En esta misma región de Titicaca, se desarrolló, después de un periodo que rompe toda relación con Tiahuanaco, otra cultura llamada Kolla, nombre tomado de una de las varias tribus que poblaban el altiplano Kollao. Denominador común de esta tribus es el empleo del aymará como lengua y en arquitectura la construcción de torres funerarias o chullpas en forma de cono invertido o prismáticas. Parece ser que estos habitantes del altiplano llegaron a constituir algo así como una confederación, especialmente para defenderse del poder creciente de los incas ante el que acabaron sucumbiendo pasando a formar parte de su imperio Tahuantinsuyu con la denominación de Kollasuyu.

MONTERO, Pilar, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E, págs. 549-550.